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CONTRA LA CORRIENTE

LLAMADO A FORMAR UNA CORRIENTE SINDICAL CLASISTA Y REVOLUCIONARIA.

1.- La lucha que hoy día da la clase obrera y el pueblo en contra del plan imperialista que sostiene el Gobierno de Frei, exige una dirección clasista y revolucionaria que exprese auténticamente en el terreno sindical y político los intereses de los explotados.
2.-  El Gobierno,en la aplicación del plan imperialista, ha mantenido el régimen laboral impuesto a sangre y fuego por la dictadura pinochetista. La burguesía tiene claros sus objetivos: privatizar y entregar a los pulpos transnacionales los servicios y empresas del Estado y, permitir el irrestricto ingreso de capitales imperialistas de forma de garantizarles répidas y altas utilidades (éste es el sentido del NAFTA, MERCOSUR, y otros acuerdos comerciales). Para el cumplimiento de estos objetivos antiobreros y antinacionales, la burguesía debe  flexibilizar aún más las relaciones laborales de forma de facilitar los despidos masivos y las rebajas salariales que exigen las privatizaciones y los acuerdos comerciales. Este plan de “flexibilización” que pretende bajar los sueldos ligándolos a la “productividad”, requiere también de una clase obrera sin organizaciones y si las tiene ésta debe ser domesticada. El “sindicalismo moderno”, instrumento de este plan, es un sindicalismo servil, pasivo y dócil a la burguesía y al imperialismo.
3.- La dirigencia “moderna” de la CUT y de las principales organizaciones obreras y de masas, se encuentran usurpadas por las burocracias sindicales de los partidos sostenedores de este régimen (ya sean pinochetistas, de gobierno o del PC). Estos burócratas, los Alarcón, Ahumada, Pastene, Rozas, etc. y cía., han demostrado su carácter de simples instrumentos de los explotadores, por ello se han jugado criminalmente -como hoy- a mantener aislados los conflictos de forma de llevarlos a la derrota. Estos burócratas son mantenidos en esos puestos y “engrasados” con el dinero del gobierno y de los organismos internacionales. Los celulares, vehículos y guardaespaldas con que estos “dirigentes” se manejan, revelan su condición de sirvientes de la clase enemiga, luego de un paso por la cabeza de las organizaciones al poco tiempo el dinero amasado les permite a muchos oficiar de empresarios (ej. Bustos, etc.). LA BUROCRACIA SINDICAL CONSTITUYE HOY EL PRINCIPAL OBSTÁCULO PARA EL DESARROLLO Y POTENCIAMIENTO DE LAS LUCHAS, LA CLASE OBRERA RECLAMA UNA DIRECCIÓN CLASISTA Y REVOLUCIONARIA.
4.- Llamamos a dar cuerpo a una dirección consecuente con las bases y con los intereses históricos de la clase obrera. Llamamos a formar una corriente clasista y revolucionaria que se cimiente en los siguientes principios:
* LA INDEPENDENCIA DE CLASE: reivindicamos la independencia política de la clase obrera. Los intereses de la clase obrera son irreconciliables con los de la burguesía, el desarrollo de la crisis capitalista que hoy soportamos nos revela que lo único que pueden ofrecer los explotadores es hambre, miseria y represión creciente. La colaboración de clases, muchas veces encubierta con la idea de la defensa de la podrida democracia burguesa,  sólo persigue avasallar y subordinar a los explotados.
             La burguesía conduce en el mundo y en Chile, a la sociedad a su descomposición, corresponde por tanto a la clase obrera -sosteniendo su independencia política- expulsar a la burguesía del poder e imponer su propio gobierno, la Dictadura del Proletariado. Para consumar este objetivo histórico la clase obrera debe acaudillar a las masas explotadas y oprimidas del campo y la ciudad, en el logro de este objetivo se debe dar cuerpo al Frente Unico Antiimperialista. La independencia de clase es, por tanto, ante todo independencia política, conciencia de clase y no -como algunos han planteado en forma oportunista- el apoliticismo estéril con el que se pretende marginar a los trabajadores de la vida política, que es lo mismo que alejarlos del poder y del gobierno.
** ACCIÓN DIRECTA: reivindicamos los métodos históricos de lucha de la clase obrera, lo mejor de sus luchas, esto es la acción directa en la cual los explotados toman en sus propias manos la resolución de sus problemas y reivindicaciones, pasando por encima de la Justicia burguesa, del parlamento y de las leyes. Cuando señalamos acción directa nos referimos a las formas de lucha que en las distintas fases de sus movilizaciones adopten masivamente los explotados, como la huelga, el paro, los piquetes de autodefensa y las milicias en una fase insurreccional; en cuanto a las organizaciones también la experiencia del proletariado es vasta: desde la comisión de obra, el cuerpo de delegados, el sindicato y otros organizaciones de resistencia y lucha económica, hasta los Cordones industriales, expresiones embrionarias a través de las cuales, en el período de la UP, los obreros se dispusieron a disputar el poder.
            Afirmamos el método de la Acción directa y rechazamos el terrorismo pequeñoburgués que pretende reemplazar el accionar de las masas; asimismo, rechazamos las elecciones burguesas con las que los explotadores pretenden subordinar a los trabajadores creando espectativas en la resolución de las reivindicaciones obreras dentro del marco capitalista (esto no impide a los revolucionarios intervenir en las elecciones burguesas con el exclusivo objeto de que las masas superen sus ilusiones en la democracia burguesa).
*** DEMOCRACIA OBRERA: reivindicamos este accionar al interior de las organizaciones de masas. Esto significa que es la base la que debe tener el poder de decisión en las organizaciones, las que se deben expresar a través de asambleas siendo los dirigentes de las organizaciones sindicales mandatarios de lo resuelto en las asambleas y por tanto sus cargos revocables en cualquier momento. Todas las directivas de las organizaciones deben ser votadas por las bases, el sistema actual de elección a través de delegados constituye el soporte de la burocracia y la corrupción de los sindicatos.
            Democracia obrera significa además, el más amplio desarrollo de las organizaciones obreras. Rechazamos el régimen de atomización sindical que ha impuesto el plan laboral, reivindicamos por tanto la existencia de un régimen de sindicato único y obligatorio, la llamada “libertad sindical” sólo sirve a la división de nuestra clase. Democracia obrera significa hoy en día principalmente la realización de un Congreso de Bases del Movimiento Obrero, que expulse a la burocracia de la CUT y ponga a este organismo al servicio de la lucha de los explotados.
5.- La formación de esta Corriente Sindical Clasista que llamamos a conformar, abrirá paso a la unificación de las luchas en un solo torrente que haga saltar en pedazos el plan imperialista al que sirve Frei. Sin embargo, como militantes revolucionarios, estamos conscientes que para la conducción de este proceso y su proyección como lucha por el poder, los explotados debemos dotarnos de un Estado Mayor, de un Partido Obrero Revolucionario, que sintetice programáticamente los intereses generales de la clase obrera. La ausencia de este partido ha impedido hasta este momento la liberación de las cadenas de la explotación capitalista. La Corriente Sindical Clasista que llamamos a conformar debe ser la expresión del programa revolucionario en la arena sindical, pero no resuelve por sí solo el problema de dirección de los explotados. A las direcciones traidoras del PS y PC, como aquellas abiertamente enemigas que son de la burguesía (DC, PPD, fachos, etc.) sólo lograremos extirparlas del movimiento de masas a condición de que los trabajadores estructuremos nuestra propia dirección política.
6.-  Sobre estas bases, llamamos a unificar las luchas de todos los sectores que actualmente se encuentran movilizados en un Frente Unico Antiimperialista, que se estructure en torno a un Pliego Nacional de Reivindicaciones que contenga la exigencia de un salario y pensión jubilatoria mínimos equivalente a la Canasta Familiar de $300.000.-; el derecho irrestricto a sindicalizarse, a negociar colectivamente y a la huelga por rama de producción; la lucha en contra de las privatizaciones y el plan laboral, etc.; en general todas aquellas reivindicaciones que actualmente están levantando las masas en sus luchas y que chocan objetivamente con el plan gubernamental, para proyectar la lucha hacia el poder. Convocamos a discutir en las bases este petitorio y a dar cuerpo a la unidad de las luchas, a la preparación de una Huelga General Indefinida con ocupación de lugares de trabajo, a luchar sin cuartel contra la barbarie capitalista, a golpear con un solo puño a Frei, a la levantar las banderas rojas de la Revolución Proletaria.
                                                                       Valparaíso, 10 de Diciembre de 1996.

 

 

NEOLIBERALISMO: UN CAMINO SEGURO HACIA LA BARBARIE

            El neoliberalismo constituye la más avanzada expresión ideológica de la burguesía a nivel mundial, citamos aquí al inglés Perry Anderson quien nos indica que “...fue una vehemente reacción teórica y política contra el estado intervencionista y de bienestar... se trata de un ataque apasionado contra cualquier limitación a los mecanismos del mercado por parte del Estado, denunciada como una amenaza mortal a la libertad, no sólo a la libertad económica sino que también a la libertad política”. Los padres de esta ideología, incubada en la segunda mitad de la década del 40 en su gran mayoría economistas, fueron Friedrich Hayek (autor de la “biblia” neoliberal Camino de Servidumbre), Milton Friedman (el primer “Chicago Boy) y Karl Popper, entre otros, quienes explicaron que el principal obstáculo para la superación de la crisis capitalista (caída de las tasas de ganancia) era el excesivo poder de los sindicatos y el movimiento obrero que habían corroído las bases de acumulación capitalista con sus exigencias salariales y de aumento de gasto social.
            La crisis caracterizada por el neoliberalismo ya en esa época, se desató en toda su amplitud con la recesión mundial del año `73, signada por el estancamiento de la producción y la espiral inflacionaria. A partir de esa gigantesca crisis las ideas neoliberales comienzan a ganar progresivamente terreno. El “programa” neoliberal se impone en el gran capital que veía cómo el modelo keynesiano de posguerra se desplomaba de la mano de la crisis energética del petróleo. Este programa era muy ambicioso y exigía: 1.- Parar la inflación y reducir drásticamente el gasto social; 2.-Reducir  el  impuesto  sobre  rentas  y  utilidades  e  incrementar  el  impuesto  al  consumo; 3.-Generar  altas  tasas  de  cesantía  que  garanticen  la  quiebra  del  poder  de  los  sindicatos  y  la  caída  del  salario; 4.-  El  fortalecimiento  del  gran  capital  oligopólico  cuestión  que  supone  la  destrucción  masiva  de  fuerzas  productivas  en  aras  de  la  concentración  del  capital; y  5.-  La  privatización  de  los  servicios  y  empresas  del  estado,  con  ello  cae  el  salario  social  y  se  apuntalan  los  oligopolios.
La  materialización  de  este  proyecto  suponía  una  ofensiva  represiva  sobre  las  masas  para  sustentar  su  aplicación.  Efectivamente,  a  partir  de  esta  crisis  las  democracias  imperialistas  han  ido  socavando  con  rigurosidad  las  conquistas  democráticas  de  las  masas  y  en  las  semicolonias  el  gorilismo  y  luego  las  dictaduras  civiles  constituyen  la  expresión  más  patente  de  este  proceso.
Para  concluir,  desafiando  los  paradigmas  liberales  burgueses,  el  neoliberalismo  proclama  abiertamente  que  la  desigualdad  social  es  un  valor  positivo  para  las  sociedades  “occidentales”.  En  este  camino,  tanto  Hayek  como  Friedman  ,  sostuvieron  que  la  libertad    y  la  democracia  podían  fácilmente  hacerse  incompatibles,  si  una  mayoría  democrática  decidiera  interferir  los  derechos  absolutos  de  la  propiedad  privada  de  los  medios  de  producción.
Estos  planteamientos,  a  la  luz  de  historia,  no  tienen  nada  de  nuevos  son  la  simple  expresión  del  papel  contrarevolucionario  y  decadente  que  juega  la  burguesía  en  tanto  clase  explotadora.  Sin  embargo,  su  reedición  ideológica  constituye    la  formulación  más  genuina  y  vital  del  proceso  político  y  económico  que  vive  hoy  la  burguesía.  El  neoliberalismo  es  la  ideología  de  la  barbarie,  porque  es  la  ideología  no  de  grupos  de  exaltados  o  fanáticos,  sino  que  del  conjunto  de  la  burguesía  y  del  imperialismo. Al son de la música de Hayek, Friedman y Cía., bailan hoy día no sólo los conservadores tributarios de Regan y Thatcher, es el idioma de la socialdemocracia, de González y Mitterand, de la Democracia Cristiana de Kohl y Andreotti. En una palabra, es LA pòlítica de imperialismo, ante la cual se postran los restauradores del capitalismo como Yeltsin, Klaus y Fidel Castro; es , por supuesto, la política que impusiera a sangre y fuego Pinochet en Chile y que continuara aplicándose en América Latina por la totalidad de los gobiernos, es lo que hoy unifica en tanto lacayos del imperialismo a los Frei, Menem, Cardoso, Sánchez de Losada, Wasmosy, Durán Ballén, Samper, etc., etc.
            Este fenómeno, de común sintonía política ha hecho a algunos ver espejismos: se acabó la historia, la lucha de clases, el marxismo y la revolución. Sólo queda sentarse y esperar a que la televisión nos entregue los resultados de las elecciones burguesas. Es el camino que comienzan a tomar otrora pretendidos marxista y organizaciones que impropiamente han llegado incluso a reclamarse del trotskysmo. Ese camino ha llevado a diversas corrientes como las de los argentinos Moreno y Altamira, la de Mandel, Lambert y el SWP norteamericano a transitar hacia el terreno político de la burguesía en la cual ofician de bufones democratistas. También han sido arrastrados –aunque sea como wagón de cola- al neoliberalismo.
El neoliberalismo, en tanto ideología, actúa enérgicamente sobre la crisis del sistema dando consistencia al fascismo de los 90, el colonialismo e incluso la restauración capitalista en los Estados Obreros.

 

Crisis económica a escala mundial.
            Este fenómeno exige la crítica programática del marx-leninismo-trotskysta, el debate central en el terreno ideológico y en la lucha clasista debe partir de una caracterizacón del neoliberalismo. Una adecuada caracterización permitirá ordenar nuestras fuerzas militantes, esclarecer a la vanguardia embebida en la confusión reinante y dar pasos resueltos hacia la conducción de las masas. Corresponde, por tanto, señalar que el neoliberalismo no es más que la putrefacta expresión ideológica de la crisis capitalista, de la propiedad privada de los medios de producción, característica  del capitalismo, que se transforma –en esta fase decadente del capitalismo, el imperialismo-, en un obstáculo absoluto para el desarrollo de las fuerzas productivas.
            Esta crisis desatada a escala mundial en 1914, con la Primera Guerra Mundial, según la tesis leninista, se concreta en la incapacidad de la burguesía de seguir desarrollando su base económica, en términos de incorporar para la humanidad un superior control y aprovechamiento de la naturaleza. El gran desarrollo tecnológico experimentado  durante este siglo, no se ha traducido en un similar bienestar para la humanidad, por el contrario ha sido la propiedad privada la que ha servido de soporte material para una gigantesca destrucción de las fuerzas productivas. De manera más explícita: buena parte de los más importantes avances tecnológicos de este siglo se han derivado de la experimentación en armas nucleares y en la sofisticación de la carrera armamentista, es decir, ligados no a la producción sino que a la destrucción de las fuerzas productivas constituidas por la fuerza de trabajo, la naturaleza  y la tecnología.
            Esta formulación política resulta fundamental para comprender las características centrales de la actual situación mundial: la burguesía envuelta en esta profunda  crisis lleva a la humanidad a la barbarie en su desesperado intento por conservar su dominación de clase. Los hechos, los porfiados hechos, son contundentes. Más allá de las especualciones delirantes del post-modernismo, en orden a que ingresamos a una era de democracia liberal e infinito desarrollo de la empresa privada, lo concreto, lo real nos señala que el sistema capitalista nos lleva a pasos agigantados a la barbarie. Como señalara el Manifiesto del Congreso de Fundación de la IV Internacional: “En medio de la abundancia, con un aparato de producción que bien dirigido y organizado puede cubrir con exceso todas las necesidades actuales de la humanidad, el capitalismo condena a millones de hombres a la desocupación, a la vida miserable y al hambre. La clase dirigente que sacudió en otros tiempos las cadenas del feudalismo en nombre de la democracia y de la igualdad, combina en la actualidad las fuerzas más sombrías de la reacción y a los elementos más abyectos de los bajos fondos de la sociedad, para abolir todos los derechos democráticos conquistados con la sangre del pueblo... El capitalismo es completamente incapaz de garantizar la prosperidad de las masas, y es igualmente incapaz de asegurar la paz. El capitalismo está en bancarrota. Sus relaciones sociales, sus límites nacionales estrangulan el desarrollo económico y social del hombre... (el mundo) está más que maduro para la reorganización socialista. La prolongación (del capitalismo) sólo puede aumentar la miseria y el dolor sin fin”.
            El certero pronóstico del Programa de Transición, Socialismo o Barbarie, confirma su vigencia en la actual coyuntura. Para ello basta repasar los datos entregados por la propia ONU: “14 millones mueren antes de cumplir los cinco años. 1500 millones de personas (más de un tercio de la humanidad), carecen de asistencia médica. 1300 millones de seres humanos carecen de agua potable. 750 millones padecen de diarrea o disentería aguda. 135 millones viven amenazadas por la desertización. Un cuarto de la población carece de alimentos suficientes. Casi mil millones padecen hambre. // 100 millones fueron afectados por la hambruna de 1990. 180 millones de niños están desnutridos. Un millón de niños en África están afectados por el SIDA. Más de 300 millones de niños no van al colegio. Mil millones de adultos no saben leer ni escribir. 1200 millones de personas viven en la más completa miseria. 115 de cada mil nacidos vivos mueren en los países pobres. 75 millones son expulsados, refugiados, trabajadores ocasionales que cruzan las fronteras legal o ilegalmente”.
            En África existen dos millones de somalíes con riesgo de muerte por hambre. En África son 16 millones los que se encuentran en la misma situación y se espera que a mediano plazo esta cantidad se triplique. En Brasil, la potencia de América Latina, 38 millones de adolescentes viven en la más completa miseria; cerca de un millón van al mercado internacional de niños, en particular para el tráfico de órganos; las hambrunas a las que por décadas ha estado sometida la población, han dado lugar a razas de enanos que acompañan a su condición de tales una debilidad mental congénita.
            Lo cualitativo de esta debacle mundial es que esta vez la crisis ha entrado en el corazón de las potencias imperialistas. En Europa hay actualmente más de 50 millones de desocupados, un millón no tiene dónde vivir y hay 16 millones de analfabetos. Le Monde Diplomatique de enero, señalaba que en Alemania la cesantía alcanza un 10,2% (en la siderurgia llega a un 14%). En Inglaterra y Francia, las cifras más altas de la historia para este último país, hay seis millones de desocupados. En la pujante España de González la cesantía bordea el 22%. Las cantidades indicadas son las más altas desde los años treinta.
            El panorama descrito se corresponde a cabalidad con la crisis estructural del capitalismo, la crisis de sobreproducción revertida en recesión, típica de la fase monopólica, atraviesa la situación mundial. El Chicago Boy, Gary Becker, apologista del libre mercado, comentaba en su última visita a nuestro país que en el segundo semestre de 1992 los rasgos recesivos tendieron a consolidarse. Consecuencia de ello el ´93 se estima que la productividad de Alemania Unificada volvería a caer en un 1,2%. Este ha sido el precio de la anexión: ha pasado en dos años de tener uno de los superávit más importantes, a un déficit que alcanza a un 100% del producto. Este diagnóstico cubre al conjunto de la CEE.
            En EE.UU. la situación es aún más grave 35 millones de desocupados nos señalan un cuarto de la fuerza laboral; el 80% de la población carece de salud pública; la mortalidad infantil alcanza a 100 de cada 1000 nacidos vivos, lo que lo ubica al lado de los países semicoloniales. En 1981 el déficit en el presupuesto federal (diferencia gasto-recaudación pública) era 78,9 mil millones de dólares; en 1988, al final del mandato de Reagan, ya había alcanzado 151,1 mil millones de dólares. Bush en un solo mandato, se repitió el plato llevándolo  a 290,2 mil millones de dólares. La proyección optimista para este año fiscal previene un déficit de 341 mil millones. La deuda pública alcanza la astronómica cifra de 3,97 billones de dólares, de la cual el gobierno federal paga un 14% de su presupuesto en intereses, los que alcanzaron el 94 el 23%. El gasto militar en el período de Bush alcanzó el 26% del presupuesto y un 6% del PGB. Globalmente la economía ingresa en su cuarto año con un crecimiento de sólo un 0,7%.
            La importancia de lo señalado radica en que la economía norteamericana sigue siendo la más importante del mundo, no sólo por representar del 16 al 18% de la producción mundial y por su control de ramas claves de la economía mundial (tecnología, royalties), sino por su hegemonía política y militar consolidada desde la Segunda Guerra Mundial. Así la cifra descrita del 0,7% de crecimiento debe contratarse con el 3,45% de crecimiento promedio entre 1870 y 1988 de la economía de EE.UU.
            Japón ha experimentado un comportamiento similar ya que, aunque es el único que proyecta un crecimiento superior al 1% de su producción, ésta es de un 1,5%. Este índice se da en el marco de una vertiginosa caída. El crecimiento promedio entre 1950 y 1970 fue de un 10% , ya en el veintenio siguiente –70-90- fue de 3,5%, lo que nos permite dar el carácter crítico al referido 1,5%. La burbuja económica japonesa ha estallado  y arrastra los mismos males del viejo mundo. Como señalara El Mercurio (03.04.93): “cuando el crecimiento comienza a desacelerarse hay que mirar dónde se puede hacer un recorte. En el caso de Japón este recorte se está dando , en parte, a nivel de empresas. Existe  una serie de planes de despidos. Recién en Febrero de este año la compañía Nissan Motors, la segunda en importancia en Japón, vaticinó para el presente año fiscal mayores pérdidas de las que había pronosticado. Junto con ello se anunció que en los próximos tres años se eliminarían 5000 puestos de trabajo... las cifras entregadas por el Gobierno indican que el desempleo comienza a crecer por primer vez en los últimos siete años”. La situación descrita en este país debe motivar en lo sucesivo un mayor análisis de nuestra parte por la importancia política creciente que adquiere la guerra comercial de Japón con los EE.UU.
            Los ciclos económicos se encuentran conformados por procesos de expansión y de recesión, los que importan profundos cambios en la composición del capital en su relación con la fuerza de trabajo. Como indica Marx esto involucra una tendencia general a la monopolización e internacionalización de la producción. Estas tendencias desatadas anárquicamente, implican una masiva  destrucción de fuerzas productivas. Con precisión el Programa del POR boliviano plantea que: “ la burguesía sabe que no podrá escapar de la crisis económica mundial (la catástrofe adquirirá dimensiones descomunalmente mayores de las que tuvo la crisis de 1929) con simples manipuleos financieros, arrojando al mercado cerca de un centenar de toneladas de oro en el vano intento de darle al dólar su desaparecida estabilidad...(el gigante va eliminando rápidamente la grasa que ha acumulado durante varios decenios de saqueo y opresión mundiales), por eso no abandona sus planes belicistas como recurso favorito para desangrar las pletóricas fuerzas productiva”.
            Esta caracterización resulta de primer orden, ya que no sólo se trata de sostener la incapacidad histórica y definitiva de la burguesía de desarrollar las fuerzas productivas, sino de precisar que esa misma relación social capitalista conduce a crisis más profundas y devastadoras.
            Es tarea nuestra determinar las características de esta crisis con el objeto de definir una política al respecto. La expansión económica de la post guerra y que culmina con la recesión que acompaña la crisis del petróleo, se hace sobre la base de reconstruir lo destruido por la barbarie fascista y la Segunda Guerra Mundial. Esta expansión se hace en base a una mera reconstrucción, en la que los grandes monopolios norteamericanos llegan –al comenzar la década de los 50- a controlar cerca de la mitad de la producción mundial.
            Algo similar podemos constatar en el corto período de expansión económica del 83-89. Esta expansión no logró superar la crisis de regiones y ramas enteras de las economías de EE.UU., Japón y Europa: la zona agraria, la industria textil y el acero. La configuración de la estructura económica mundial se ordenó en función de dos palancas, con la finalidad de seguir aumentando o  al menos conservar las tasas de ganancia. El primero es el feroz saqueo a las semicolonias vía plan NAFTA. Este puede sintetizarse en lo que se llamó la capitalización de la Deuda Externa, o privatización de los servicios públicos y empresas del Estado. En este mismo plan operó la apertura de estas economías a los mercados mundiales. De esta forma, el capital de los 100 bancos más importantes del mundo se duplicó entre 1982 y 1987. Como correlato a este proceso, ha de señalarse que el año ´82 el flujo de capitales se revirtió  hacia las potencias imperialistas, las que comenzaron a concentrar las inversiones a nivel mundial. Esta fue la tempestad de dólares que arrasó América Latina en la perdida década de los ochenta.
            Otro aspecto característico de la crisis actual, radica en que mientras las ramas productivas de la economía se estancan o simplemente se caen a pedazos (ej. Industria automotriz y aeronáutica de los EE.UU.), la expansión económica se realiza en el período 83-89, en base a la inversión especulativa y en el sector Servicios. Un par de hechos que confirman lo señalado: la llamada  narcoeconomía (tráfico de drogas ilícitas) constituye la rama más importante de la economía norteamericana, concentrando el 5,3% del PNB, unos 240 mil millones de dólares, en la cual las utilidades son del orden del 3000% y en la que trabaja directa o supletoriamente 20 millones de personas (casi un cuarto de la fuerza laboral de los EE.UU.); en el área servicios, el 80% de las utilidades de las empresas de publicidad y contabilidad –también en EE.UU.- proviene del exterior; en 1986, a nivel mundial se invirtieron 21 mil millones de dólares en... DIAMANTES. Los datos son consistentes con la caracterización de estancamiento y caída de la productividad de la economía mundial, de ahí que como única salida para conservar las tasas de ganancia se encuentren el narcotráfico, ,los inmuebles, las obras de arte, acciones bursátiles que son las únicas inversiones más o menos seguras.
            Los dos elementos señalados, el saqueo a las semicolonias y la inversión especulativa o improductiva, son los cimientos sobre los cuales se construyó el castillo de naipes de la era Reagan, Thatcher, Mitterand y Cía.. Es el modelo que comienza a derrumbarse ante nuestros propios ojos.
            Ello puede sintetizarse en la crisis crónica que arrastran las tres áreas de las economías imperialistas: el problema energético vinculado al petróleo; la crisis cerealera y del agro en general y finalmente la industria manufacturera.
            Así, aún las ramas más dinámicas de la industria no logran romper la contracción generalizada de la productividad del sistema, en el área automotriz la tendencia sigue marcada por la sobreproducción, las consecuentes secuelas de despidos masivos y la creciente concentración de capital. Un ejemplo muy claro lo constituyen las más grandes industrias del rubro: al tiempo que la GMC, Nissan, Toyota o la Ford han comprado buena parte de la tradicional industria automotriz europea, todas estas empresas anuncian la continuación de los austeros planes de reducción de personal que las han caracterizado en el último período. La rama informática –que durante los 80 se proyectó como una alternativa de renovación- no ha alcanzado el desarrollo esperado. La propia IBM se ve forzada a un plan de reducción agudo en los próximos cinco años, ya que las pérdidas acumuladas de los últimos ejercicios y su baja de competitividad la ponían en riesgo de desaparecer. Este proceso de desindustrialización plantea toda un área en la que el movimiento obrero ya ha comenzado  a resistir, lo que constituye un desafío concreto para la estructuración partidaria ya que al calor de estas luchas se comienza a ordenar la vanguardia de la clase obrera.
            Particular importancia reviste la crisis sostenida que experimenta el agro. Este sector, en particular el cerealero, ostenta pasmosos índices de sobreproducción, por vía ejemplar se estima que cerca de un tercio de la producción de trigo en Europa se la comen las ratas ya que debe ser comprada por el Estado y almacenada indefinidamente para mantener los precios. El régimen de subsidios –que ha saltado a la palestra como uno de los problemas más explosivos de los tratados de integración económica- obedece a una razón de primer orden: la pequeña burguesía campesina ha sido el tradicional sector de apoyo social de los regímenes políticos imperialistas. De ahí que siempre la burguesía ha buscado a cualquier costo subsidiarla en aras de darle estabilidad y tener una base social que oponerle al movimiento obrero. Sin embargo, este largo idilio toca su fin ya que las necesidades de la monopolización y de la guerra comercial conspiran objetivamente contra las defensas y subsidios con los cuales el agro ha logrado sobrevivir. La amenaza de los intereses de este particular sector de la pequeña  burguesía y toda su raigambre social, ha impulsado dentro de sectores de la propia burguesía a reeditar el fascismo como una alternativa para conservar el apoyo de este sector dentro de la profunda decadencia de la democracia  burguesa y de la amenaza de la revolución proletaria. La recesión de este proceso de fascistización, dependerá de la capacidad que tenga el proletariado de formular una política resuelta por el poder que le permita ganarse a importantes sectores del campesinado y sacarlos del redil burgués.
            El problema energético que se arrastra desde hace casi veinte años, desde la recesión y crisis petrolera de 1974, es lo que ha desatado con mayor espectacularidad las tendencias recesivas, la guerra comercial y su reversión concreta en guerra bélica. La agresión sostenida al Mundo Árabe y la Guerra del Golfo no son otra cosa que la manifestación más acabada de este proceso estructural. El imperialismo en la implementación de sus planes ha contado con un aliado de primer orden: las rastreras burguesías de bazar árabes, las que con las banderas del nacionalismo fundamentalista chiíta de los ayatollah o el pacifísmo histérico de los Arafat, han sustentado la opresión y explotación imperialista. Desde un punto de vista económico la situación es muy clara, las llamadas Siete Hermanas, los siete consorcios que controlan el petróleo a nivel mundial establecieron sólidos lazos con los nacionalistas burgueses de la zona y han logrado consolidar el negocio desplazando la inversión, más bien las tasas de ganancia ya no a la extracción de crudo, sino que al transporte y distribución del crudo.

 

El Imperialismo con la bandera Neoliberal enfila resueltamente hacia el fascismo, el colonialismo y la restauración capitalista en los Estados Obreros.
            La crisis política, económica y social que atraviesa al capitalismo de modo alguno garantiza por sí misma el paso a una sociedad más avanzada, el socialismo. Ya lo planteara Trotsky en su ponencia titulada “Una Escuela de Estrategia Revolucionaria”, ante el Tercer Congreso de la Internacional Comunista: “La burguesía es una clase viva que ha retoñado sobre determinadas bases económico productivas. Esta clase no es un producto pasivo del desenvolvimiento económico, sino una fuerza histórica, activa y enérgica. Esta clase se ha sobrevivido, o sea que se ha hecho el más terrible freno de la evolución histórica. Lo cual no quiere decir que esta clase esté dispuesta a cometer un suicidio histórico ni que se disponga a decir: “Habiendo reconocido la teoría científica de la evolución que yo soy reaccionaria, abandono la escena”. Evidentemente, ¡esto es imposible!. Por otra parte, no es suficiente que el Partido Comunista reconozca a la clase burguesa como condenada y casi suprimida para considerar segura la victoria del proletariado. No. ¡Todavía hay que tirar abajo a la burguesía!. La guerra y sus terribles consecuencias –y la guerra era inevitable, porque las fuerzas productivas no cabían en el marco burgués- han descubierto ante la burguesía el amenazador peligro de su hundimiento. Tal hecho  ha agudizado hasta el infinito su instinto de conservación de clase. Cuanto más grande es el peligro, más una clase –como cualquier individuo- tiende con todas sus fuerzas a  la lucha por su instinto de conservación. No olvidemos que la burguesía se encuentra ante un peligro mortal, después de haber adquirido la mayor experiencia política. La burguesía creó y destruyó toda suerte de regímenes. Se desenvolvía en la época del más puro absolutismo, de la monarquía constitucional, de la monarquía parlamentaria, de la República democrática, de la Dictadura bonapartista, del Estado ligado a la Iglesia Católica, del Estado ligado a la Reforma, del Estado separado de la Iglesia, etc.. Toda esta experiencia, de lo más rico y variado, que penetró en la sangre y la médula de los medios dirigentes de la burguesía, le sirve para conservar a todo precio su poder”.
            La profundización de la crisis, la evidencia cada vez más patente de elementos de barbarie en la situación mundial, no hacen sino confirmar las caracterizaciones citadas. En ese orden hemos de puntualizar que el Imperialismo, esta fuerza viva, activa y enérgica conduce una feroz ofensiva política, económica y militar contra el proletariado y el conjunto de las masas oprimidas del mundo. En ellas combina la intervención de las direcciones contrarrevolucionarias. El electoralismo y el frente popular (ej. Los PT) con los métodos de guerra civil, invasiones militares y fascismo.
            En el plano económico se ha extendido la política del gran capital tendiente a fortificar sus respectivas economías constituyendo zonas económicas, las que lejos de debilitar el proceso de internacionalización y de concentración de capital no hacen sino acentuarlo. Los tratados del tipo Maastricht (CEE), NAFTA (EE.UU., Canadá y México) y los similares intentos del imperialismo nipón, constituyen la viga maestra de esta ofensiva económica y por lo mismo el centro sobre el cual debemos afinar nuestras caracterizaciones. El objeto que persiguen estos acuerdos es el posicionar las distintas facciones del gran capital imperialista con la perspectiva de enfrentar una verdadera guerra comercial. El efecto inmediato de esta orientación ya se ha hecho sentir en las principales concentraciones proletarias del planeta. Sobre ellas se ciernen no sólo los más altos índices de cesantía desde la postguerra, sino que además la perspectiva de una ofensiva aún mayor. En pocas palabras, hemos de definir que el ajuste o nivelación que importan las caídas de los aranceles aduaneros persigue la libre circulación de mercancías y muy especialmente de la fuerza de trabajo. Este proceso persigue nivelar las tasas de ganancias de los burgueses hacia arriba y los salarios hacia abajo, así Maastricht y NAFTA se proponen nivelar a los obreros alemanes con los griegos o españoles, o bien a los norteamericanos con los mexicanos o quizás los chilenos.

 

Avanza  la restauración capitalista en los Estados Obreros

            Otro de los instrumentos de esta ofensiva imperialista reside en las políticas restauradoras  del capitalismo en los Estados Obreros. Para ello se apoya en la burocracia, la cual en el marco de su crisis y la del capitalismo a nivel mundial, ha dado un salto en la tarea de restaurar el capitalismo. Ya lo planteara Trotsky, referiéndose a la URSS y la burocracia: “El régimen de la URSS encierra contradicciones amenazantes. Pero continúa siendo un régimen de Estado Obrero Degenerado”. Así, la propia categoría de Estado Obrero Degenerado  comprende el papel de la burocracia stalinista, la cual hace todos los esfuerzos por destruir las conquistas fundamentales de la Revolución de Octubre. Esta Dictadura del Proletariado logra la estatización de los medios de producción socializándolos, lo que desarrolla las fuerzas productivas llegando a la industrialización de la URSS, proceso ampliamente desarrollado en la ciudad.
            En el campo el desarrollo es más lento, lo que planteó la Nueva Política Económica (NEP), esto significaría  un afianzamiento de la economía y del régimen político en pos de la revolución socialista mundial. Coyunturalmente, sin embargo ello significaría un retroceso, ya que tenderían a afianzarse  de pequeña propiedad de raíz privada. Nacen los Nepman, en ellos está la base social del stalinismo. Esto potencia a la burocracia stalinista la que aprovecha estas contradicciones y el retroceso de la revolución mundial para arrancar el poder político a los trabajadores, estrangulando así el control de los obreros y su organización dada a través de los soviets.
            El régimen actual de la Rusia y en el conjunto de los Estados Obreros Degenerados de la postguerra, China, Yugoeslavia y Cuba no hacen más que confirmar el pronóstico político que Trotsky planteara con un carácter alternativo: “O la burocracia se transforma cada vez más en un órgano de la burguesía mundial dentro del Estado Obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre camino hacia el socialismo”.
            Este es el planteamiento estratégico de la Revolución Política como un conjunto de tareas programáticas para enfrentar a  la burocracia con el programa internacionalista del proletariado. La burocracia stalinista hoy defensora del libre mercado lleva a éste país directo a las garras del Imperialismo yanqui, para transformarla en una semicolonia. Yeltsin, Havel, Castro y Cía., aparecen abiertamente con Clinton planificando la restauración. Sus opositores que no son más que otra ala de burócratas siendo su único fin la disputa del control de la restauración. Se trata de una pugna entre bandos restauracionistas.
            A pesar de las bravatas de los burgueses, en los Estados Obreros no han logrado restaurar el capitalismo porque no han sido capaces de aplastar al Proletariado, el cual ha resistido tenazmente. Esto se agudiza aún más cuando la burocracia y el Imperialismo, bajo la fachada de gobiernos democratizantes y el electoralismo intenta aplicar los ajustes económicos para estos países; ya que independientemente de los planes de los gobiernos, en ninguna de estas naciones se ha logrado privatizar la industria pesada, las ramas estructurales de su economía. Esto es lo mismo que indicar que la burocracia sigue siendo una casta ligada al Estado y no una clase social, no es burguesía. Más allá de las primeras y más difíciles etapas iniciales, en todas partes las usinas de carbón, de acero y otras industrias pesadas que emplean a cientos de miles de trabajadores siguen siendo estatales, aunque ciertamente de un estado burocratizado, lo que las hace poco competitivas en el campo económico. Tanto Polonia y la República Eslovaca han logrado privatizar sólo las pequeñas empresas; en Rumanía, Bulgaria y Albania, el pronóstico del imperialismo, como lo explica el plan ECOM (Centro de Estudios con sede en Washington) es el siguiente: “después de tres años de fracaso y desaliento... se observa una abrumadora evidencia de que la segunda depresión está llegando a su fin. Hay pruebas contundentes de que a cuatro de los 7 países de Europa Oriental investigados, Polonia, Hungría y las Repúblicas Checa y Eslovaca se está iniciando la recuperación económica y es posible que durante 1993 se logre un significativo crecimiento económico”, crecimiento que sin duda irá al sector privado y a los inversionistas extranjeros.
            Estos gobiernos conducidos por distintas facciones de la burocracia stalinista, de unidad nacional, asentados en un fuerte y creciente bonapartismo, preparan, tras las mascaradas parlamentarias, el golpe militar y la represión sangrienta. El nombre y la figura de Pinochet se pasean por los Kremlin de los Estados Obreros. Todo esto indica que Europa Oriental es conducida directamente a la restauración capitalista, la polémica al interior de la burguesía reside en la ineludibilidad de una acción militar de mayor envergadura, la Guerra Civil en Yugoeslavia tiene este objetivo. La embestida económica se agudiza y sirve de antesala a la embestida militar. Cada vez se reduce más la ayuda financiera para las industrias estatales, esta crisis se agudizará ya que por ejemplo en Polonia, el desempleo se ha más que duplicado desde 1990, y el año pasado llegó a 2,5 millones de trabajadores (13,5% de la fuerza de trabajo), se pronostica que para fin de año la cifra puede aumentar en otro medio millón, esto no sólo para Polonia sino que es la perspectiva general para el resto de los Estados Obreros, de ahí se desprendería la miseria, el pauperismo y todo lo que engendra la crisis del sistema capitalista. Un elemento escalofriante: en China más de diez millones de personas trabajan en Campos de Concentración llamados Logai, los que sirven de soporte al desarrollo de las exportaciones. Es la llamada industria carcelaria.
            Este movimiento en los Estados Obreros pone a la orden del día el Programa Revolucionario de la Revolución Política, la Dictadura del Proletariado contra la Dictadura de la Burocracia y la Restauración burguesa. La falta de un partido revolucionario que fusione  el movimiento objetivo de resistencia del proletariado con su programa político, nos permite trazar una proyección sobre el convulsionado curso que adoptará este proceso. Bazyl Lipszyc, asesor de finanzas de Polonia, dice: “Nadie sabe a ciencia cierta si el sistema va a funcionar pero si yo no creyera en él, conseguiría un pasaporte y me largaría”.
            El imperialismo está dispuesto a arrasar con los Estados de Europa Oriental ayudado por estos gobiernos y sus burocracias, que están al completo servicio de las políticas de libre mercado y la expansión del capital financiero. La agudización de este conflicto y las luchas que de la clase obrera y las naciones oprimidas, serán el terreno para la construcción de la Internacional. La lucha contra la burocracia, contra los privilegios y contra la opresión nacional, son el terreno en el cual se delimitará la vanguardia y su expresión político-programática, la sección de la IV que lidere físicamente a las masas para imponer la Dictadura del Proletariado y la Revolución Socialista Mundial.

 

Aplastamiento de las libertades democráticas: antesala del fascismo

            Estos proyectos de recomposición económica, acompañan y explican toda la profunda reordenación política que prepara la burguesía. Las salidas en este terreno han estado marcadas por un signo dominante: crece el bonapartismo como mecanismo para salvar la crisis, lo que comienza a cuestionar el andamiaje ideológico-institucional de los regímenes imperialistas. Las libertades y derechos democráticos conquistados por décadas de luchas comienzan a ser severamente conculcados, esto ha acarreado que los gobiernos de EE.UU., Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Canadá y Japón sean de conjunto los más débiles desde la Segunda Guerra Mundial. Conjuntamente a lo indicado se desmoronan los tradicionales partidos de estos regímenes. El PS francés se cae a pedazos; en Italia el mismísimo Andreotti ha caído junto a la Democracia Cristiana por sus vinculaciones con la Mafia, sólo semanas antes de la disolución del PS y de la DC (la cual pasa a llamarse Partido Popular, igual que en 1945); Conservadores y Laboristas van juntos por el mismo camino en Inglaterra. Estos rasgos expresan el raquitismo político de la burguesía y su incapacidad de hacer frente a la crisis, de ahí que las pugnas interburguesas destapen escándalos de corrupción que persiguen precisamente salvar sus desprestigiadas instituciones. Todo un sector del Imperialismo, la Socialdemocracia, el Stalinismo y sus expresiones recicladas y en menor medida la Iglesia, se juegan la vía de las elecciones y el circo democrático burgués para contener la unidad política de la clase dominante y garantizar la estabilidad del sistema.
            Sin embargo, a pesar de ser minoritario, algunos sectores del Imperialismo, precisamente el más golpeado por la crisis económica, comienza a apostar por una salida de corte fascista. Tras los miles de atentados a grupos de inmigrantes –sólo en Alemania se registraron más de 7000 el año 92- se encubre un operativo gigantesco que persigue el aplastamiento sangriento de la clase obrera como línea central. Una cosa son las bandas de lúmpenes fascistas que se pasean por Berlín, Madrid, Londres o París, con sus cabezas rapadas y otra muy distinta son los partidos organizados sólidamente para hacer propaganda, para darle conducción política al descontento de la pequeñaburguesía. Estos últimos partidos comienzan  a ostentar importantes resultados electorales, hoy día controlan más del 30% del Parlamento de Frankfurt /M, utilizando para ello todo el vacío dejado por décadas por el electoralismo y democratismo de la socialdemocracia, el sta linismo y el pseudo-trotskysmo (especialmente el mandelismo y lambertismo). Ya lo planteó Trotsky en 1934, refiriéndose a Francia: “El viejo Amo de la sociedad está en quiebra. Hace falta un nuevo Amo. ¿Si el proletariado revolucionario no de hace dueño del poder lo hará inevitablemente el fascismo!... (más adelante) El desarrollo del fascismo es en sí  mismo, el testimonio irrefutable de que la clase obrera ha tardado terriblemente en cumplir la tarea puesta ante sí, desde hace mucho tiempo, por la declinación del capitalismo”.
            Sobre estas bases podemos afirmar de que efectivamente estamos a las puertas de una nueva intentona fascista. La capacidad que tenga la burguesía de llevarla a cabo, dependerá, eso sí, de la factibilidad política que tenga de frenar, neutralizar y en definitiva hacer retroceder al movimiento obrero, lo que en Europa resultará especialmente difícil ya que se trata del proletariado de mayor tradición, cuyas conquistas se encuentran sólidamente afincadas desde el siglo XIX. Sin embargo, para ello cuenta –por un lado- con el efecto desmoralizante del electoralismo que plantea como única salida, la defensa de la legalidad burguesa y el impotente pacifismo ante el desvergonzado avance del fascismo; por otro lado, su base social –la atrasada pequeñoburguesía agraria en particular- continuará expandiéndose vía crisis económica.
            Paralelo a este proceso, debemos seguir muy de cerca el fascistizante modelo japonés, extendido a los Tigres del Asia (Corea del Sur, Malasia, Taiwán, etc.). Se trata de una expèriencia política y económica riquísima que ha servido como puente para impulsar planes de superexplotación a nivel mundial. En la zona, en especial Japón se ha observado un espectacular desarrollo económico que ha ido a contrapelo  de la tendencia mundial. El punto central de este problema radica en que este desarrollo económico no ha significado un ulterior desarrollo de las fuerzas productivas, es decir un mayor control del hombre sobre la naturaleza; muy por el contrario  esta expansión se ha realizado a expensas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y del genocidio que importó la explosión nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki. Ello ha servido  de soporte material para una ideología que pretende extender las particularidades  de esta política a escala mundial, es el Control Total o el llamado Toyotismo.
            Se trata de un superior estructura u ordenación del régimen de explotación, supera por su consistencia los niveles de explotación inaugurados por la Ford a comienzos de siglo con la producción en serie. La supera, fundamentalmente, porque supone una correlación de fuerzas desfavorable para la clase obrera, que se asemeja al aplastamiento físico propio de los regímenes corporativos del fascismo. Los trabajadores viven en casas de la empresa; estudian en escuelas, institutos técnicos o universidades de la empresa; visten el uniforme corporativo, en las mañanas cantan el himno de la empresa, etc., todo lo cual persigue el Control Total. Este último se optimiza ya que los trabajadores son organizados en cuadrillas de contratistas las que se encargan directamente de echar  a los menos productivos, con lo que se disfraza la relación patrón-trabajador, utilizando este artificio corporativo.
            En este marco las organizaciones de los trabajadores se encuentran totalmente asimiladas a las de la burguesía y a la empresa misma. Este modelo actualmente se encuentra en plena expansión en Europa y EE.UU., y hace algún tiempo que ha llegado a las semicolonias.

 

Neocolonialismo

            Junto a la restauración del Capitalismo en los Estados Obreros y el Fascismo, se perfila una tercera clara orientación por parte del Imperialismo: son las tendencias al neocolonialismo. Esta última la podemos observar en las más variadas experiencias políticas realizadas por EE.UU. en América Latina, África o el mundo Árabe. Aparece esta tendencia inserta en diversas variantes. El Imperialismo norteamericano busca por esta vía prolongar su dominio mundial y para pervivir aumenta la opresión nacional vía colonialismo.
            El caso chileno, junto al mexicano, constituyen dos de las más altas expresiones del avance de esta política en el terreno económico. En estos países, se ha tratado de desmontar y reconvertir la industria nacional, destruyéndose el mercado interno de forma de orientar la producción industrial y extractiva hacia el mercado mundial. Se conforman así como economías exportadoras cimentadas en un brutal aumento de las tasas de ganancia, lo que lleva aparejado la destrucción de los servicios públicos y /o su privatización. Las economías de estos países semicoloniales experimentan violentas concentraciones de capital a manos de grupos económicos transnacionales.
            Sin embargo, la continuidad en la aplicación de estos planes requiere modificar sustancialmente la estructura de los aparatos militares de las semicolonias. Esto es consecuencia del extremo debilitamiento de las burguesías nacionales, sojuzgadas políticamente y ahora virtualmente extinguidas y absorbidas por los consorcios transnacionales monopólico-financieros. De esta forma, el Imperialismo en los últimos cinco años ha impulsado y materializado múltiples invasiones militares (Irak, Panamá, Somalía, Ruanda, Haití) e intervenciones  (la DEA en Bolivia, Colombia, etc.) para lo cual busca de un modo sistemático la acción conjunta , rápida e incondicional ya de las fuerzas de OTAN y del Este Europeo, ya de las FFAA latinoamericanas. No se trata de un problema logístico –nada tiene que ver con la necesidad de aumentar la capacidad de fuego de las FFAA norteamericanas- , se trata de una cuestión política de primera magnitud: para su subsistencia la burguesía imperialista norteamericana tiene que reconstruir el imperio norteamericano como un imperio colonial.

 

Neoliberalismo y Socialismo

            En el marco descrito el neoliberalismo se anota –según ya dijimos en tanto ideología- importantes triunfos, sin lograr por ello frenar la crisis capitalista.
            El principal triunfo neoliberal radica en la capacidad de homogeneizar a la burguesía y todas sus expresiones políticas. La socialdemocracia por ejemplo, en principio la principal detractora en el marco burgués, terminó demostrando ser una de las fuerzas políticas que con más decisión en implacabilidad aplicaron el modelo. González, Mitterand, los gobiernos laboristas de Nueva Zelandia y Australia, figuran como paradigmas en ese sentido.
            En el terreno económico su principal logro lo constituye la contención de la inflación. Mientras en Europa la tasa inflacionaria promedio de los 70 era de un 8,8%, en los 80 esta bajó a un 5,2% manteniéndose hasta nuestros días una fuerte tendencia a la baja. Esto fue consecuencia en forma importante de la derrota que sufrió el movimiento obrero europeo (especialmente el inglés y francés), lo que se tradujo en una brusca caída en la tasa de huelgas y de afiliación a los sindicatos. Esto conllevó una consistente caída en los salarios y un extraordinario aumento de la cesantía, como hemos anotado más arriba.
            Sin embargo, el principal objetivo neoliberal, la reactivación del capitalismo y especialmente un aumento de las tasas de ganancia, está muy lejos de lograrse. Las actuales tasas de crecimiento económico de estas últimas dos décadas se diferencian muy poco de las de la época de la crisis de `73. Y de las excepcionalmente altas de los `50 sólo queda un recuerdo.
            En este último y trascendental objetivo podemos decir que el neoliberalismo ha fracasado, no ha logrado reactivar el capitalismo. Sin embargo esto es contradictorio, ya que cuenta con una extraordinaria y hegemónica influencia política. La confluencia de estos dos elementos, fracaso económico y victoria política nos da un resultado sumamente peligroso: el neoliberalismo se comporta como un animal herido, preñado de fascismo y represión. Esta última tendencia inequívoca de los últimos años a escala mundial. Golpes represivos en Bolivia y Brasil, guerras civiles, invasiones, etc..
            Este fenómeno político, ideológico, explica la forma precisa que asume la crisis de dirección del movimiento obrero en nuestros días, dando forma (más bien deformando) a la actividad de las masas. Estas últimas carentes de una dirección revolucionaria salen explosivamente, con rasgos insurreccionales a enfrentar la ofensiva burguesa, neoliberal. Esta explosividad se debe a dos factores: 1.- La violenta y abrupta ofensiva burguesa, materializda en tarifazos, cambios de moneda y medidas de ajuste y reconversión propias del modelo; 2.- El debilitamiento de las organizaciones tradicionales (sindicales) de las masas y el descrédito de sus expresiones políticas tradicionales (stalinismo y socialdemocracia) todos aparatos contrarrevolucionarios.
            El rasgo señalado nos indica la arena en que se han de enfrentar el neoliberalismo burgués y el marx-leninismo-trotskysta de la clase obrera: la lucha de clases a escala mundial. La formulación del Programa de la IV Internacional debe explicitar este enfrentamiento, potenciando sus rasgos progresivos: la encendida violencia de las masas; y combatiendo sus elementos regresivos consecuencia de la falta de dirección, el carácter episódico y esporádico de sus organismos e incluso de sus vanguardias. La Reconstrucción de la IV Internacional, cuyo germen incuba en el Comité de Enlace , arranca de la tradición marxista revolucionaria que encarnaran Marx, Engels, Lenin y Trotsky, expresada en su elaboración programática sintetizada en el Manifiesto Comunista, los Cuatro Primeros Congresos de la III Internacional, la tesis de la Revolución Permanente y el Programa de Transición. Por ello nuestro Comité de Enlace levanta orgulloso las banderas de la Revolución y Dictadura Proletarias, en una época en que la burguesía ha pretendido borrar de la conciencia  de los explotados del mundo esta tradición. Para ello la burguesía no sólo se ha valido de la socialdemocracia y el stalinismo –enemigos jurados de la revolución- sino que incluso de pretendidos pseudo-trotskystas y reformistas de todo pelaje.
            La reconstrucción de la IV Internacional, destruida programática y organizativamente por el reformismo (pablismo), constituye el punto de partida de este combate. Ya lo hemos demostrado, el imperialismo lleva a la humanidad por el camino de la barbarie que marca el neoliberalismo, ese camino ya lo hemos comenzado a transitar. Frente a ello ha demostrado su impotencia la  histeria pequeñoburguesa que aspira a humanizar o democratizar el capitalismo con gobiernos populares, de los de abajo. La historia nos impone a los trotskystas conducir el asalto al poder por la clase obrera, la revolución de los explotados, la violenta imposición de sus intereses como caudillo de las masas. Se nos exige un primer lugar en esta lucha, ese es nuestro programa: la destrucción revolucionaria del capitalismo.

 

Revolución Proletaria Nº7, Diciembre de 1995

 

¡¡ TRIBUNALES POPULARES PARA CASTIGAR A PINOCHET Y A TODOS LOS GENOCIDAS!!

La lucha por el castigo a los genocidas de la dictadura pinochetista constituye una tarea democrática que sólo puede ser resuelta por la revolución proletaria en nuestro país.
            Quienes plantean el problema de “los DD.HH.” en Chile, al margen del programa revolucionario, invariablemente caerán en el reformismo y la colaboración de clases, para terminar en la necesaria capitulación de esta elemental tarea de las masas, ello por supuesto, en aras de la estabilidad y defensa de la democracia. Tal miserable espectáculo es el que por diversas vías observamos no sólo en el gobierno concertacionista sino también, en el Partido Comunista y la izquierda “extraparlamentaria”.
            La irrisoria condena a Contreras y Espinoza a 7 años de cárcel!, por el asesinato del ex canciller de Allende, Orlando Letelier en Washington hace más de 17 años, pretende servir de soporte para dar “vuelta la hoja” y cubrir con el manto de la impunidad a los genocidas. El fallo condenatorio en definitiva ha sido el resultado de un acuerdo sellado entre e imperialismo, las FFAA y el Gobierno. Por eso, desde el primer momento, la postura de nuestra organización fue la de denunciar esta maniobra de forma de utilizar este fallo como un instrumento que permita nuclear a la vanguardia e impulsar la lucha de masas hasta imponer, vía acción directa el castigo a todos los responsables del genocidio empezando por Pinochet y sus continuadores, Aylwin y Frei.
            Estas concepciones nos obligan a esclarecer con el programa de la clase obrera el debate que se ha instalado en la vanguardia de forma de potenciar ESTRATÉGICAMENTE el combate a los genocidas, a la represión burguesa y la defensa de las libertades democráticas.

 

EL GENOCIDIO CONSTITUYE UN SOPORTE HISTÓRICO DEL RÉGIMEN

            En la medida que las masas - al terminar la década del 60’ hasta la UP - generalizaban y radicalizaban su enfrentamiento con el régimen capitalista, la crisis al interior de la burguesía se profundizaba y esta terminó dividida en dos bandos: un sector minoritario se incorporó a la alianza frentepopulista de la UP que encabezó Allende, mientras la mayoría se alineaba con la DC y la derecha que desconfiaba en la capacidad del PS y el PC para contener el ascenso de las luchas y por tanto, desde el mismo día de la elección de Allende comenzó a proyectar una salida contrarevolucionaria de la mano de las FFAA.
            El primer síntoma de esta crisis abierta lo constituyó la formación del Grupo Móvil de Carabineros, al cual le correspondió la violenta represión de obreros y campesinos en los últimos días del gobierno de Frei Montalva. El secuestro y asesinato del “constitucionalista” Comandante en Jefe del Ejército, René Schneider, fue la respuesta a la victoria electoral de la UP. Durante la propia UP se ensayaron varios intentos para aplastar a las masas, en ellos sobresalió el gorila Viaux Marambio y altos oficiales de la Armada. El último y exitoso intento se consumó el 11 de Septiembre del 73’, conducido por la Junta Militar de Pinochet.
            Ya hemos indicado el corte histórico que significó para la clase obrera y las masas este Golpe Militar. Se trató de una profunda derrota cuyas consecuencias seguimos viviendo hoy. Más de 30.000 luchadores, toda una generación cayeron bajo el inclemente fuego de los fusiles de la burguesía. Mientras se dinamitaban por miles los cadáveres para ser echados al Mapocho, la DC y el PN celebraron con champaña la acción “liberadora” de los militares. El propio Frei Montalva - junto a Alessandri – se abrazaron en cadena televisiva con quien aparecía como el transitorio Gobernante, un inexpresivo Pinochet. Los partidos del CODE esperaban que rápidamente se les entregara el Gobierno y se restableciera el funcionamiento de las instituciones parlamentarias.
            La situación en que se encontraba el régimen burgués hicieron imposible que tal medida se concretara. Los partidos burgueses habían demostrado su impotencia y la clase explotadora cohesionada por su victoria frente a las masas, optó por el proyecto contrarevolucionario que encarnaba la Junta Militar y que se presentaba como el único camino para cerrar una etapa de más de cuatro décadas de crisis y convulsiones sociales. El Genocidio en curso constituía la única herramienta que garantizaba la estabilidad del orden burgués. Por ello sostenemos que el genocidio constituye un soporte histórico del Régimen que hasta nuestros días define la relación que existe entre éste y las masas.

 

LA REPRESIÓN SE DESARROLLÓ EN TRES ETAPAS

            La primera se caracterizó por su masiva brutalidad y por la aguda violencia desatada en contra de las masas de un modo abierto. La Junta Militar sancionó los arrestos ilegales, ejecuciones y torturas masivas. Los principales objetivos de esta primera etapa eran la vanguardia de activistas que alimentaba el amplio movimiento de masas, gran parte de los cuales militaba en los partidos de la UP. La represión en esta etapa tuvo características de imprevisible y caótica. Diferentes ramas de las FFAA luchaban a menudo unas contra otras para liderar el proceso de destrucción de la base social de apoyo a la UP.  Los métodos utilizados por la dictadura militar prueban la intensidad de resistencia que esperaba encontrar una burguesía aterrorizada por las masas. En realidad, la resistencia a la imposición militar fue mínima, el control total sobre el país se estableció en menos de una semana. Esta etapa represiva contó con el apoyo unánime de la burguesía, imperialismo y la iglesia Católica que por medio de la Conferencia Episcopal apoyó la “noble causa del gobierno militar para prevenir la consolidación de un Estado Marxista Ateista” (sic). Por lo mismo, prevaleció la represión pública - que hasta hoy reivindican abiertamente – adornada con juicios oficiales y cortes marciales concebidos para validar la represión ante la propia burguesía y para aterrorizar a las masas. Informaciones contradictorias indican que en los dos primeros meses fueron ejecutadas entre 3.000 a 20.000 personas; 5.000 personas fueron sacadas del país por el Comisionado de Refugiados de la ONU.
            La creación de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional), en junio de 1974 señala el comienzo de la disconformidad de partidarios del régimen con la forma de enfrentar la creciente solidaridad proletaria internacional que se alzaba contra la Junta Militar. La DC, la Iglesia y un ala del Imperialismo - sin romper - comienzan a distanciarse ambiguamente. La respuesta militar con Pinochet a la cabeza, fue la de centralizar  las operaciones clandestinas de la DINA, marcando una segunda etapa represiva. Mientras la intensidad de la represión aumentaba, ella llegaba a ser más selectiva, cuidadosamente dirigida a la “desaparición” y muerte de los líderes políticos que quedaban en el país, todo ello ahora en el más riguroso secreto. En 1974 la mayoría de esos objetivos eran miembros del MIR, en 1975, los socialistas fueron foco de la represión, entre 1976 al 78’, los desaparecidos eran comunistas de un total de 693. A través, de estas tácticas (secuestros en toque de queda, grupos encapuchados, vehículos sin distintivos) mientras se acrecentaba el terror, se trataba de esconder los abusos y proyectar la ilusión de normalidad social. La creación de la DINA, también acrecentó la influencia de Pinochet en la Junta. Así, mientras por una parte, la DINA reducía el problema de la redundancia de distintas ramas de la inteligencia militar, por otra, la centralización produjo una fuerza clandestina autónoma - tipo Gestapo - que podía amenazar la seguridad de cualquiera de los miembros del Gobierno Militar. De esta época data el aislamiento de Contreras - es lo que explica su actual situación – ya que en repetidas oportunidades sus acciones tenían la cerrada oposición de oficiales de inteligencia de la Armada y la Fuerza Aérea, e incluso del Ejercito, no porque tuvieran objetivos distintos, sino porque el poder concentrado por Contreras ponía en tela de juicio la propia jerarquía Militar.
            A fines de 1977, el aparato represivo sufrió una importante transformación como consecuencia de la disolución de la DINA. Esto fue prioritariamente el resultado de las presiones de los Estados Unidos que veía en este aparato una fuerza explosiva, incontrolada y autónoma que no sólo dificultaba la institucionalización del régimen en Chile, sino que además aparecía como un elemento de desorden a escala mundial como consecuencia de sus atentados en Washington (Letelier), Roma (Leighton) y Buenos Aires (Prats). La disolución de la DINA y la creación de la Central Nacional de Informaciones (CNI), marca un cambio en la política represiva - su tercera etapa – la cual ya no se dispone el aniquilamiento de los opositores sino que su “contención”. Los casos abiertos disminuyeron y las desapariciones se detuvieron totalmente; la represión comenzó a expresarse mediante relegaciones y detenciones en masa, los asesinatos comienzan a ser presentados como “enfrentamientos armados”. Es la forma represiva que permaneció inalterable hasta 1989 y con la cual Pinochet enfrenta la lucha de masas que se desata a partir de 1983.
            Este último vuelco caracteriza a la Dictadura Militar en su fase de institucionalización. Pinochet concentrando el poder - se hace llamar Presidente de la República y echa al “duro” Leigh – ve la necesidad de juridizar su régimen. Ello supone juridizar también su represión, de ahí que dicte en abril de 1978 la Ley de Amnistía que cubre los hechos de violencia política desde el Golpe hasta la fecha... con la expresa excepción del caso Letelier.
            A partir de estos antecedentes, debemos concluir:
1.      Que el Genocidio perpetrado por la Dictadura Pinochetista constituyó una respuesta BURGUESA que buscó aniquilar al movimiento obrero y de masas, para salvar el orden capitalista.
2.      Que ya sean los 3.500 ejecutados que consigna en 1990 en Informe Rettig o los 30.000 que consignaron en la época las organizaciones internacionales, este genocidio constituye la más violenta y brutal represión desatada en la historia de la lucha de clases en Chile. Ello por haberse extendido por todo el país, por haberse dirigido a aniquilar todas las expresiones clasistas y de la lucha de las masas y, por haber tenido una continuidad en el tiempo que en sus diversas fases se extendió por 17 años, perpetuándose hasta nuestros días.
3.      Que la impunidad para los responsables de este genocidio es un presupuesto necesario e insoslayable del régimen capitalista en Chile. Sólo por esta vía - conculcando el más elemental de los derechos de las masas, la vida – la burguesía puede garantizar la solidez de sus FFAA. Ello, ya que el castigo a los genocidas importa desmantelar las FFAA las que INSTITUCIONALMENTE, de un modo centralizado, salieron a ahogar en sangre a la revolución proletaria.

 

LA RESISTENCIA A LA REPRESIÓN, LA LUCHA POR EL CASTIGO A LOS CULPABLES, Y EL MOVIMIENTO PRO DD.HH.
            Desde el mismo 11 de Septiembre de 1973, las masas comienza a resistir la embestida gorila de la Junta Militar. Un registro de toda esa experiencia quedó en los sindicatos, cordones industriales, organizaciones campesinas, federaciones estudiantiles, etc., que ese día esperaron las armas para enfrentar al fascismo y en lugar de ello, sólo encontraron fusilamientos, tortura, campos de concentración, encarcelamiento y exilio. Sólo focos aislados - por fuera de la UP - lograron oponer algún grado de resistencia armada, siendo prontamente acallados.
            Es así, que la resistencia a poco andar se transformó en organizaciones de diverso tipo que buscaban cautelar la vida y las más elementales libertades. Instintivamente los sectores aislados que realizaban algún tipo de resistencia buscaron a las iglesias - especialmente la Católica – las cuales a pesar de haber apoyado el Golpe en su mayoría, se vieron  obligada a asilar a grupos de perseguidos los que a pesar de su natural dispersión eran muy numerosos. En 1973, el primer organismo que surge es el Comité 1 (asilo a  los extranjeros) y Comité 2, a los chilenos, luego al coordinarse toman el nombre de Comité de Coordinación para la Paz en Chile (COPACHI). Esto se explica porque, a diferencia de las iglesias argentina y uruguaya, la iglesia Católica chilena no participó directamente en tareas de represión, ello por cuanto la gran radicalización del período de la UP penetró a la propia iglesia, la cual se encontraba en una crisis profunda que le impidió dar un vuelco de este tipo sin sacrificar su integridad. De aquí se desprenden posteriormente un conjunto de organismos como el FASIC, SERPAJ, y la de mayor desarrollo la Vicaría de la Solidaridad.
            Luego en 1974, en una segunda etapa comenzó a actuar organizadamente un grupo de familiares de miembros de la Fuerza Aérea que fueron sometidos y posteriormente ejecutados por tribunales de guerra. Esto sirvió como antecedente para el posterior desarrollo de múltiples Agrupaciones de Familiares: la de Detenidos Desaparecidos, la de Presos Políticos, la de Ejecutados Políticos.
            En este período los sindicatos no cumplieron ningún papel, aplastados como estaban por la bota militar y la cesantía ocasionada por la recesión del 74’. Los organismos de esta primera etapa (73-78) cumplieron, por lo mismo, una valiosa tarea mientras arreciaba la represión y fueron el fruto directo de la resistencia espontánea de la vanguardia y sectores de masas. Con todo, no disponemos de información que permita determinar qué  grado de elaboración programática alcanzaron estas organizaciones, pero, es claro que cumplieron una función humanitaria y asistencial, llegando en algunos casos a realizar una importante actividad de denuncia, a través, de la red de exiliados que comenzaba a dispersarse por el mundo.
            Desde 1978, de la mano de las fricciones de la Dictadura con el imperialismo y de la “distensión” propia del giro político que adoptó la Junta en este período, comenzaron a copar este espacio los partidos políticos. La burguesía y el imperialismo, conscientes de la necesidad de institucionalizar el Régimen, comenzó a “sacarse el traje de campaña” y a impulsar el accionar de sus partidos en esta área. Nacen dos organizaciones que ya en esa época indicaban con claridad la orientación de las corrientes políticas burguesas y pro-burguesas.
            Por un lado nace, en diciembre del 78’, la Comisión Chilena de Derechos Humanos que conducida por ex-Ministros de Frei (DC) y los primeros “renovados” del PS. Su acta constitutiva nos dice que la comisión “trabaja... en forma pluralista, libre y autónoma por la vigencia efectiva de los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos consagrados en la Carta Internacional de DD.HH. y demás acuerdos de la ONU”. Más adelante, se indica que la comisión - en clara postura anticomunista - participan “todas las formas de ideológicas que existen... con excepción de aquellas que son antagónicas a la filosofía de los DD.HH.”.
            Esta organización llegó en 1985 a contar con más de 1.500 miembros activos y filiales en más de treinta ciudades y su actividad se concentró en asistencia jurídica y en la edición de un limitadísimo informe mensual para ser distribuido tanto dentro como fuera del país. La filosofía de la Comisión era “no militante y no violenta”. De ahí que se disolviera en 1990, al asumir Aylwin, por ser innecesaria en las “actuales” circunstancias.
            Por otro lado, en 1980, cuando grupos del PC, PS (Almeyda) y  del MIR inician su accionar hacia las masas en Chile, conforman el Comité de Defensa de los Derechos del Pueblo (CODEPU). Esta entidad pretende asumir un papel movilizador y organizador en la lucha por los DD.HH. Su  documento de constitución permite caracterizarlo como un grupo que expresa la línea democratizante de los partidos que lo conformaron. Efectivamente, éste reseña que CODEPU lucha por “el derecho de todo un pueblo a un régimen democrático que represente a todos los ciudadanos”. Sin embargo, su punto de ruptura, forzado por el anticomunismo de la Comisión de DD.HH., se define por la adhesión de CODEPU a la declaración de los Derechos de los Pueblos, proclamada en Argelia en el 76’, la cual reafirma “el derecho a la autodeterminación; la solidaridad entre los pueblos y el derecho fundamental a la rebelión”. La pretendida definición “clasista” del CODEPU la expresó la abogada Fabiola Letelier (MIR), en 1983 cuando dice que “entendemos que esta nueva sociedad se construye con el aporte de todos, pero reunidos en torno a la clase social (?) que tienen la misión histórica de producir el cambio hacia nuevas formas de vida más justas, libres e iguales”. Es decir, el clásico y burgués “libertad, igualdad y fraternidad”.
            CODEPU logró nuclear - a partir del 83’ - a un segmento importante del activismo izquierdista en plena lucha antidictatorial. Varias docenas de sus miembros fueron relegados y encarcelados. Los locales de CODEPU habitualmente eran allanados y el algunos casos incendiados. Los asesinatos de sus dirigentes Patricio Sobarzo y José Manuel Parada hablan de la intensidad de la represión sobre este organismo, la que buscaba desarticular al activismo que aquí se expresaba. Esto último forzó a la dirección reformista de CODEPU a organizar los Comités Anti Represivos (CAR). Sin embargo, y a poco andar, estos organismos con base en las poblaciones fueron disueltos por la propia dirigencia de CODEPU por resultar evidentemente contradictorios al proyecto del alicaído MDP (PC, PS; MIR) de embarcarse en la transición en el año 87’.
            A partir de estos elementos podemos caracterizar el movimiento de resistencia a la represión y defensa de las libertades democráticas de la siguiente forma:
1.      En toda su evolución, hasta nuestros días, ha sido enmarcado por los aparatos burgueses y pro burgueses (DC, PS, PC) en un exclusivo carácter defensivo, “pro DD.HH.”. De esta forma la lucha de las masas de resistencia a la represión quedó enmarcada en los límites de una mera aspiración democrática, que significó a la postre el abandono de la acción directa y la movilización a cambio de las gestiones judiciales seguidas ante la corrupta justicia burguesa.
2.      Que este carácter meramente defensivo que se le impuso al movimiento, terminó por traicionarlo. Esto por cuanto está demostrado que las direcciones de las diversas organizaciones terminaron abandonando la lucha “por la justicia”, “la vida”, “la verdad”, e incluso “el castigo” desde el momento que aceptaron la transición pactada con Pinochet. Este abandono significó en la práctica – más allá de las declaraciones de buenos modales – la aceptación de la Ley de Amnistía del 78’ y todo el sistema legal armado para garantizar la impunidad para los genocidas. Clara expresión de ello es el silencio cómplice que guardan los partidos frente a los ejecutados, torturados y presos políticos tanto Aylwin como Frei.
3.      Esto explica, que actualmente el “emblema de los DD.HH. sea agitado demagógicamente frente a las masas  por los partidos del régimen, para posar de antipinochetista y tratar por esa vía de mantener vivas las ilusiones en la democracia burguesa y en sus instituciones.
4.      Lo expuesto nos demuestra con toda claridad que en el movimiento de resistencia a la represión, de defensa de las libertades democráticas y pro-castigo a los asesinos, se ha encontrado del todo ausente el partido, el programa y la estrategia del proletariado. Por ello, este movimiento ha resultado aislado y reducido a lo que pueda entregarles la justicia burguesa.

 

LA POLÍTICA DEL PROLETARIADO

            De lo expuesto, podemos concluir que dentro de los marcos capitalistas es imposible que reivindicaciones democráticas tan elementales como el derecho a la vida, a las libertades individuales y el castigo a los genocidas sean resueltas. El decadente régimen burgués semicolonial chileno es enteramente inoperante para dar respuesta a este problema, castigar a los genocidas y renunciar a la represión fascista equivaldría a ponerse la soga al cuello. Significaría para la clase explotadora destruir su aparato represivo y atarse de manos frente a la revolución. Los reformistas del stalinismo y la socialdemocracia, cuando plantean la posibilidad de una “democracia auténtica”, “popular”, etc., resuelva esta cuestión, no hacen más que alimentar vanamente la vieja ilusión de que la Justicia, la putrefacta burguesía criolla y el imperialismo puedan jugar en determinadas condiciones un rol progresivo para la humanidad.
            Sólo la revolución obrera y campesina y su gobierno de dictadura proletaria será capaz de dar solución a este importante problema. Ello en tanto, esta lucha debemos describirla dentro de la política obrera de armamento de las masas y de destrucción de las FFAA de la burguesía. Sostenemos por tanto, de que es una capitulación plantear esta lucha como meramente defensiva y como una reivindicación abstracta de los DD.HH. Por el contrario, debemos potenciar este movimiento incorporándolo al conjunto de luchas que diariamente da la clase obrera y las masas, para liberarse del yugo burgués. Buscamos que esta lucha se potencie al incorporarla en el Frente Único Antiimperialista, como una lucha ofensiva que busca destruir los aparatos de represión y que cimienta la posibilidad de castigar a los genocidas en la acción directa, en la violencia revolucionaria y en los Tribunales Populares, expresión con la cual designamos a los órganos que,  en el marco de un gobierno de dictadura proletaria, se encargarán de centralizar el cumplimiento material de esta reivindicación. Esto en tanto el gobierno fruto de la revolución será una despiadada dictadura para los explotadores y un régimen de amplias libertades democráticas para las masas, como no ha conocido nuestra historia.
            Este es el programa que reivindicamos en la lucha anti-represiva, para unificarla y proyectarla políticamente como una lucha SUBVERSIVA para acabar con el orden burgués.
            Mientras se escriben estas líneas, la segunda antigüedad del ejército chileno, en servicio activo después de Pinochet, el asesino, Pedro Espinoza, se encuentra encarcelado en Punta Peuco. En el hospital naval de Talcahuano el ex - jefe de la DINA, el siniestro Manuel Contreras agota sus instancias para dilatar el cumplimiento de su pena mediante argucias médicas. Hoy se conoció en nuestro país, que el mismo Contreras, junto a Iturriaga Neumann, han sido condenados en primera instancia por la justicia italiana por su responsabilidad en el homicidio frustrado del democratacristiano Bernardo Leighton.
            Ante esto, no podemos sino ratificar los conceptos expuestos al comienzo de este artículo: la condena a Contreras y Espinoza por el homicidio de Letelier, es el fruto de un acuerdo sellado entre el Imperialismo y el Gobierno de un lado y el Ejercito del otro, con miras a consumar la impunidad vía otra ley de amnistía o una fórmula de iguales efectos. Pinochet, cuando debió pronunciarse indicó que “se respetará la ley”, lo que no impidió que luego saliera denostando el fallo y quejándose por la campaña de “hostilización” vertida sobre el Ejército y las FFAA. Las caras pintadas, los operativos, los F-16 sobre Santiago, los problemas médicos, los “Nuremberg” y otros, son sólo eso: maniobras concebidas por el Alto Mando Castrense para mantener tranquila a la oficialidad simulando una actitud beligerante de forma de no debilitar el ascendiente corporativo y de casta que ejerce Pinochet sobre los milicos.
            Lo que está imponiendo en definitiva es el proyecto burgués servil al imperialismo. Por un lado, se pretende avanzar sustantivamente en cerrar los “casos de DD.HH.”, ratificando - con estos chivos expiatorios - la impunidad para los genocidas y para los principales responsables Pinochet, Aylwin y Frei. Por el otro lado, se impone también la tesis imperialista en orden a desmantelar el complejo militar – industrial pinochetista y se avanza en su reemplazo por una fuerza liviana, “helicopterizada”, concebida exclusivamente para la represión interna. Pinochet ha concurrido a este acuerdo y el nerviosismo radica en la capacidad de liderazgo de Pinochet para imponer estos acuerdos al conjunto de las FFAA. Esto explica los reiterados e inusitados respaldos a Pinochet, realizados por los principales dirigentes de gobierno e inclusive por el hijo del Canciller asesinado, Juan Pablo Letelier, quien no despreció oportunidad para indicar que el fallo “en nada responsabiliza a Pinochet”. En definitiva, con este fallo se busca estabilizar el Régimen, especialmente a sus FFAA y el imperialismo a logrado que Pinochet se aleje de su imagen de el “Saddam Husein” de América Latina.
            A la crisis interburguesa abierta debemos oponerle el programa revolucionario, trotskista, de la clase obrera.  Por ello, debemos ocupar un lugar en primera fila en la lucha par exigir el castigo de todos los responsables del genocidio y acabar con la impunidad. En esta lucha desplegaremos nuestra táctica: la acción directa y frontal en contra de la institucionalidad burguesa, su podrida justicia y sus FFAA genocidas. Pero, esta táctica se subordina a esta estrategia; ni las libertades democráticas, ni el castigo, tienen lugar en la “democracia” burguesa, por esto en el combate levantamos las banderas de la Revolución Proletarias. A nuestros caídos, los caídos en la lucha por la revolución, los vengará la propia revolución.
Revolución Proletaria Nº6, Julio de 1995

 

 

EN MEDIO DE LA CRISIS BURGUESA DE LA CLASE OBRERA RESISTE EL PLAN NAFTA Y SE PREPARA PARA MAYORES ENFRENTAMIENTOS.

 

La lucha de clases en Chile evoluciona conforme se desarrollan dos procesos. Del lado de la burguesía, ésta procesa su crisis como consecuencia de la aplicación del Plan NAFTA. Del lado de la clase obrera y de las masas, éstas comienzan a despertar de un prolongado reflujo, protagonizando una extensa fase de reorganización.

 

1.- * EL CUENTO DEL “TIGRE”
            Chile atraviesa por una etapa de gran crecimiento en sus volúmenes de producción. En los últimos cuatro años la tasa de crecimiento del PGB (Producto Geográfico Bruto) se empina en promedio sobre el 6% y la inversión extranjera es de las más altas en toda la historia del país. Según la CEPAL el ingreso per cápita de nuestro país alcanza los US$ 2.800, superado sólo por Venezuela y México en el subcontinente.
            La inversión Extranjera Directa en los últimos tres años es superior a la materializada en nuestro país entre 1970  y 1990, constituyendo por tanto el elemento más dinámico de nuestra economía. Ello es observable en el hecho de que la Inversión Extranjera constituye un 20% de la Inversión Nacional, estos capitales provienen prioritariamente de USA (36.9 %) y Canadá (11.9%). La consecuencia es que de las 80 empresas más grandes del país, el 51% es íntegramente propiedad extranjera. La transnacionalización es mayor en el sistema bancario, el cual en un 72% es íntegramente extranjero.
            Vivimos por tanto, una etapa de “oro” en cuanto a inversión internacional. Así, el Gobierno de Frei se encuentra a las puertas de subscribir el Tratado de Libre Comercio -NAFTA- con USA, Canadá y México. Esta “excelencia” es ratificada por las preferentes ubicaciones con las que ha sido clasificada la economía chilena por las consultoras Salomón Brothers  y la Standards & Poor’s, que la ubican en el primer lugar para invertir en América Latina.
            Chile pasaría así, a jugar un rol de potencia “subimperialista”, una especie de Suiza de Latinoamérica, un centro financiero para la inversión en la zona. Luego de la fase privatizadora de servicios y empresas del Estado, le siguió una segunda, caracterizada por la expansión y diversificación de las exportaciones, esta tercera fase se sintetiza en la incorporación al NAFTA y en la virtual absorción de nuestra economía por el capital transnacional.
            Este es un proceso en curso en el que adquieren mayor desarrollo algunas ramas, como la minería, en que las principales empresas mineras a nivel mundial son a su vez propietarias de las mayores empresas mineras privadas del país, aportando el 50% de las exportaciones del rubro (Broken Hill, Río Tinto Zinc, Mitsubishi, propietarias de La Escondida; Exxon propietaria de la Diputada de Las Condes). En el campo de la Industria Alimentaria, las multinacionales Nestlé, Unilever y Parmalat son propietarias de la totalidad de las empresas del rubro de significación nacional.
            El sustento de la transformación de esta “Tercera Fase” se encuentra en el descomunal desarrollo del sistema financiero (dominantemente norteamericano y español) y de las telecomunicaciones. Ambas áreas han alcanzado el mayor grado de desarrollo de la región, y sirven por tanto, de soporte para la expansión del modelo, aún cuando quedan pendientes algunas reformas al sistema financiero (secreto bancario), los pasos fundamentales para la apertura de la cuenta de capitales se encuentra casi enteramente realizados. Esto ha permitido a los cuatro principales grupos económicos locales formalizar inversiones en el exterior por más de cinco mil millones de dólares, capitalizando parte de la privatizaciones en los países de América del Sur (Argentina, Perú, etc.).
            Más o menos de esta forma es como nos viene presentando la prensa oficialista el proceso económico que vive Chile.
            Este “cuento” es el que da cuerpo a la ofensiva ideológica del imperialismo y que logra devoción en las capas superiores de la clase media, la que en forma importante sirve hoy de sostén social del régimen.
            Esto es lo que ha hecho ver espejismos de “desarrollo capitalista” a la izquierda “renovada” (PS), como a la “consecuente” (PC y satélites), las que consienten en la idea de que “ el discurso clasista” se encuentra agotado y que “nuevos actores sociales” han emergido en la realidad nacional y consecuentemente “nuevos problemas” han surgido (ecología, minorías, etc.). Se distinguen –estas raleas de izquierdistas sólo en su grado de adhesión al modelo económico respecto del cual no existe una posición proletaria, vertiéndose la crítica en el terreno burgués.

 

* LA CRISIS INTERBURGUESA
            La aplicación de los planes imperialistas, aunque “El Mercurio” lo desee con fervor, no será sin roces, choques y hasta enfrentamientos entre los sectores burgueses que comandan este proceso y los que sufrirán sus consecuencias. Ello dentro del marco del sometimiento de ambos sectores burgueses al imperialismo.
            La crisis reconoce dos aristas: por un lado, el cumplimiento del plan NAFTA -de absorción por parte de las transnacionales de la economía chilena- supone que los sectores burgueses industriales desarrollados al amparo de la “sustitución de importaciones” de los años 30-40 y aquellos ligados a la agroganadería tradicional, deberían tarde o temprano desaparecer. Por otro lado, emerge como consecuencia de la necesaria privatización de CODELCO, la crisis de las FFAA.

 

* EL CHOQUE EMPRESARIAL
            Como ya se ha indicado, las transformaciones económicas que impulsa actualmente el imperialismo -a través, del servil gobierno concertacionista- buscan consolidar un modelo exportador, que haciendo pie en exportaciones que en un 60% son mera extracción y un 31% de procesamiento primario, sirva como base para la especulación financiera en la región.
            En efecto, el comercio exterior que antes del 82’-83’ equivalía a un 53% del PGB, en 1992 pasó a representar un 75% del mismo. Las exportaciones alcanzaron el 37% del producto, mientras las importaciones llegaban a ser el 38% del gasto de los residentes. Aún en plena fase recesiva y mientras caían los precios de las exportaciones chilenas, estas alcanzaron un 32% del PGB y los saldos fueron positivos para la economía y las ganancias fueron aún mayores. En los últimos diez años, la tasa de crecimiento de las exportaciones ha superado la del crecimiento de la producción.
            Esta evolución exportadora se explica además en el hecho de que las elevadas tasas de ganancias en nuestro país -por regla general- no se sustentan en el avance tecnológico, sino que en la disminución de los costos salariales y en la intensificación del uso de la fuerza de trabajo, reorganizándola y elevando sus ritmos.
            La estructura tradicional del capital, viene siendo golpeada sistemáticamente dando lugar a una hiperconcentración de capitales, tal como el que hoy reúnen los grupos Luksic, Matte, Angelini y Yaruszeck. Estos grupos aparecen asociados umbilicalmentea la banca mundial y se dotan para ello de una estructura horizontal (abarcando gran variedad de ramas de la producción) y operando desconcentradamente mediante filiales y subcontrataciones de cada parte del proceso de producción y distribución, hegenonizadas todas por el capital oligopólico (financiero).
            Estos grupos golpean a los menores y devastan a la mediana y pequeña empresa volcada al mercado interno. Ramas tradicionales de la industria como el calzado, textil, siderurgia y metalmecánica se encuentran en vías de extinción en la medida de que sigan bajando los aranceles aduaneros.
            En la agricultura tradicional el cuadro es similar, los cultivos de maíz, trigo, papas, arroz vienen en caída libre, ello, mientras se desarrolla la agroindustria orientada a la exportación. En el área tradicional sólo en los dos últimos años se han perdido 50 mil puestos de trabajo.
            Esta situación, está ocasionando resistencia, la cual hasta el momento viene siendo procesada dentro de las válvulas de seguridad del régimen, sin embargo, es difícil que estas válvulas - esencialmente políticas – puedan seguir operando a mediano plazo cuando el plan de entrega al imperialismo se siga desarrollando. La pretendida gradualidad del NAFTA no solucionará la necesaria desaparición de estos sectores. Hoy son cortes de caminos simbólicos, pero, la desesperada subsistencia de estos sectores necesariamente se hará sentir.

 

* DESMONTAR LAS FFAA Y ACABAR CON CODELCO
            Este problema es el que involucra mayor dificultad y es el que ha motorizado hasta la fecha las crisis más serias del régimen. La privatización de CODELCO - la empresa  cuprera más grande del planeta – es uno de los necesarios pasos que se han de dar “en la senda del NAFTA”. Esto, no sólo por su relevancia económica significativa de por sí, sino porque su privatización importará un signo inequívoco de que la sumisión de la burguesía chilena al imperialismo ha alcanzado su virtual absorción económica transformándose nuestro país en una “neo” colonia yanqui.
            Concretar este objetivo busca demás disciplinar, reordenar, las FFAA chilenas y su complejo militar industrial, los cuales son consecuencia de su hiperdesarrollo durante la dictadura pinochetista, han pasado a jugar un papel de relativa independencia y resistencia al plan imperialista. Ello por cuanto las FFAAA se financian con un 10% de las ventas de CODELCO, empresa que el año 94’ obtuvo utilidades del orden de los US$1.100 millones. Esto le ha permitido a las FFAA ocupar el segundo lugar en América Latina no sólo en capacidad de fuego, sino que en producción y exportación de armamento liviano y mediano.
            Se trata entonces – vía privatizar CODELCO – de cortarles su principal fuente de financiamiento y autonomía. Esto significa que las FFAA de conscripción regular, deberán ser reemplazadas por una fuerza profesionalizada, de elite, al estilo argentino o de la Guardia Nacional somocista. Por su parte, la industria armamentista, de no ser privatizada, deberá enfrentar su desmantelamiento.
            De ahí las giras del genocida por el mundo, y de ahí la circunstancia de que aún Pinochet permanezca al mando del Ejército. La resistencia es al estilo gorila, no se observa ni un asomo de lo que pudiera (así sea formalmente) constituir un enfrentamiento al imperialismo, ni menos de que pudiera buscar un espacio en las masas con una demagogia de última hora. La resistencia de Pinochet se mueve por el riguroso espacio que le permite defender su aparato y no es observable un grado mayor de beligerancia. No obstante ello, se trata de un aspecto especialmente sensible en el régimen y que persiste como foco permanente de tensión, lo que impide a la burguesía homogeneizar criterios y la mantiene hasta hoy dividida.

 

 

II.- * EL LENTO DESPERTAR DEL MOVIMIENTO OBRERO

            El movimiento obrero se encuentra atomizado e incapaz de dar una lucha a escala nacional de forma de voltear los planes del gobierno de Frei.
            Esto es algo que se enraíza en la crisis de dirección revolucionaria de la clase obrera la cual ha dado curso a una profunda transformación en la estructura de la clase obrera chilena. Ello, como consecuencia de los cambios operados en el patrón de acumulación de capital propio del Modelo Económico pinochetista.
La clase obrera ha experimentado una gran concentración en aquellas áreas productivas volcadas a la exportación, ello tiene como contrapartida la “reconversión” – destrucción de área textil y otros sectores industriales que se desarrollaron como sustitutivos de importaciones, produciendo por tanto para el mercado interno.
            Producto de los hechos expuestos, si bien aumenta la sobreexplotación a niveles siderales (la Tasa de Ganancia se empina sobre el 30%, es lo que hace atractivo invertir en Chile); si el sueldo mínimo cubre escasamente una CUARTA parte de la canasta familiar; si se desmantelan los servicios públicos y crece el déficit habitacional; si, hasta como el propio gobierno reconoce, 4.5 millones de chilenos vivimos en la pobreza, cabe preguntarse entonces, ¿POR QUÉ LA CLASE OBRERA NO SE MOVILIZA. QUÉ OCURRE CON SUS LUCHAS?.
            Trataremos de responder esta interrogante, partiendo de la premisa de que el elemento decisivo en este reflujo es político. Esto es, que la crisis de nuestra sociedad - como del capitalismo a escala mundial - es consecuencia de la falta de una dirección revolucionaria enraizada en el proletariado. Sin embargo, este elemento no puede agotar nuestro análisis. Revertir la crisis de dirección supone conocer la realidad que aspiramos a transformar y para ello, debemos conocer lo que concretamente esta ocurriendo en las bases obreras.

 

 

* LA CLASE OBRERA SE ENCUENTRA EN MINORÍA
            El proletariado, clase que por su ubicación en el proceso productivo, es revolucionaria por excelencia, se encuentra en manifiesta minoría. Cuestión propia de un país de capitalismo atrasado en el cual se combinan modos de producción capitalistas, con modos precapitalisrtas (pequeños productores, indios, etc.).
            Los datos que arroja el último censo poblacional del año 92’ e información estadística de la dirección d.3...el trabajo, demuestran que de los 13.6 millones de habitantes, 5.3 constituyen la fuerza de trabajo. Dentro de ella, la pequeña burguesía urbana tiene un peso descomunal. Efectivamente, el 48.2% de la fuerza de trabajo, labora en el sector terciario de la economía. Sólo un 18.1% de la fuerza de trabajo se ubica en el sector primario (agricultura, silvicultura, pesca y minería), mientras un 31.7% lo hace en el sector secundario: industria, construcción, transporte.
Este dato estructural, pone de manifiesto que nuestra minoritaria clase obrera deberá arrastrar a las masas empobrecidas urbanas, incluyendo a la baja clase media, para efectivizar el Frente Único Antiimperialista y consumar su estrategia expulsando a la burguesía del poder.

 

* EL DESEMPLEO Y LA SUBOCUPACIÓN SUSTENTAN EL MODELO ECONÓMICO
            En el primer trimestre de este año la tasa de desocupación alcanzaba el 5.2% afectando alrededor de 272.000 trabajadores. Al término del 94’ la desocupación subió afectando prioritariamente al sector industrial (textil y calzado). La lucha en contra de este verdadero flagelo que azota a los trabajadores debe servir para orientar la movilización a partir de las huelgas sectorizadas, hacia un enfrentamiento de clase contra clase.
            Pero, las cifras absolutas de desempleo deben ser observadas con distancia, la información disponible considera como ocupados a miles de trabajadores que se desempeñan ya esporádicamente, o bien, vendiendo en la calle. Los trabajadores por cuenta propia y el servicio doméstico correspondían al 15.6% y 5.1% de la fuerza de trabajo respectivamente, agrupando a 956.186 personas. Si consideramos esos datos, podemos concluir que la cesantía y la sub- ocupación bordean el 15% del total de la fuerza de trabajo. Esta masa constituye una presión muy fuerte que es utilizada por el empresariado para desarmar los movimientos huelguísticos, especialmente en áreas de baja calificación de la mano de obra (construcción, agroindustria).

 

* UN MOVIMIENTO OBRERO ATOMIZADO Y MANIATADO
            La legislación laboral está concebida para impedir la organización de los trabajadores. Su efecto ha sido demoledor en el movimiento obrero, la clase ha experimentado en este terreno un retroceso histórico. Las cifras del 94’ evidencian una brusca caída en la tasa de sindicalización llegando hasta el nivel del año 90’. En términos absolutos, la situación es mucho más preocupante, ya que esta disminución corresponde con una caída de 40.000 trabajadores menos que dejaron de estar sindicalizados, esta situación no ocurría desde la crisis de los años 82’-83’.
            Así, podemos indicar que el año 93’ aumenta el número de sindicatos - 633 nuevos - pero, el número promedio de trabajadores por sindicatos baja. En otras palabras, hay más sindicatos, mayor división y disminuye bruscamente la fuerza de las organizaciones laborales. Basta señalar -reforzando este planteamiento- que un 30% de los sindicatos vigentes al año 93’ se encontraban en receso. La proporción de sindicatos inactivos ha venido aumentando de año en año.
            El movimiento obrero refleja a nivel organizativo ciertas particularidades según sea la rama de la producción  que se observa y la regla parece ser la siguiente: a mayor concentración de la fuerza de trabajo, la sindicalización es menor. En la minería, que concentra sólo un 1.9% de la fuerza de trabajo la sindicalización - una de las más bajas en la historia de esta rama fundamental en el proletariado chileno - alcanza un 56.7%. Por contrapartida la agricultura y los servicios (excluido el comercio) presentan tasas de sindicalización al 10%, en circunstancias que en esta rama se concentra un 47% de la fuerza de trabajo.
            El sindicato de empresa es la forma predominante de organización en la minería y la industria. En la agricultura y el comercio la forma principal de organización son los sindicatos de trabajadores independientes. La escasa fuerza organizada en la construcción está constituida por sindicatos transitorios. El 81% de los sindicatos activos tiene menos de 100 socios, sólo a este nivel puede ejercerse el derecho a huelga.
            Se impone, por tanto, la lucha por estructurar sindicatos que agrupen a las diversas ramas de la producción SINDICATOS ÚNICOS controlados por sus bases, para el combate. Para ello es necesario organizar ahí donde no hay sindicatos, y allí donde estos organismos existan, debemos luchar por su  más amplia unificación.

 

* VIVIMOS UN PERIODO DE REORGANIZACIÓN
            Hasta 1973, la clase obrera chilena se caracterizó por la existencia de poderosas organizaciones sindicales. Por esta vía y a través, de otros organismos que se fueron creando en la propia lucha, el proletariado protagonizó toda una etapa en su desarrollo político. La más alta expresión de este proceso lo constituyeron los Cordones Industriales, que durante la U.P el 72’-73’, desafiaron a la burguesía y al gobierno de colaboración de clases que encabezó Allende, y se dispusieron a  expulsar del poder a los explotadores y al imperialismo de  nuestras tierras. El Golpe, significó un corte en la continuidad de esta experiencia casi tan aguda como lo fue la Guerra Civil para la clase obrera española.
            Ya sabemos que si el proletariado no logró consumar esta tarea se debe a que faltó un partido revolucionario capaz de conducir ese proceso político hacia la revolución proletaria..
            El 80% de los actuales sindicatos tiene menos de 10 años de antigüedad.
            El 29.5% de la fuerza de trabajo está constituida por mujeres en circunstancia de que constituyen el 50% de la población. El 52.1% de la fuerza de trabajo tiene menos de 35 años de edad. El 23.4% tiene entre 35 y 44 años. Entre los 45 y los 54 hay un 14% y sólo un 9.5% de la fuerza de trabajo tiene más de 54 años.
            Vivimos, es evidente, un proceso de reorganización que caracterizamos como el necesario reordenamiento de un movimiento obrero fundamentalmente de resistencia y que prepara sus herramientas para dar grande luchas. La juventud y la pobreza económica de sus organizaciones hace que en su interior no hayan cristalizado grandes aparatos de burócratas sindicales del tipo argentino o de los “pelegos” brasileños. Sin embargo, debido al predominio del “apoliticismo” en las filas sindicales, los burócratas logran imponer la línea de colaboración de clases que le imprimen los partidos del régimen (Concertación y PC). Esto permite a una organización minoritaria como la CUT (escasamente nuclea el 10% de la masa sindicalizada) ejercer una importante influencia desmovilizadora hacia el interior del movimiento obrero.

 

* LA CONSTRUCCIÓN DEL P.O.R.
            La actual situación de reflujo del movimiento obrero es transitoria, así como lo es la pretendida estabilidad del régimen. La principal responsabilidad de los revolucionarios es la de construir el Partido Obrero Revolucionario. Debemos luchar incansablemente por estructurar a la vanguardia proletaria en torno al programa de la Revolución y Dictadura Proletaria.
            Esto significa, unificar las luchas de resistencia en curso, darles expresión organizativa y proyectarlas al enfrentamiento con el proyecto se sumisión al imperialismo del Gobierno de Frei. Debemos poner en claro que esto es algo concreto y que comienza con poner al centro del debate la necesidad de preparar una HUELGA GENERAL PARA APLASTAR AL GOBIERNO Y SU PLAN NAFTA. Al centro de esta lucha hemos de ubicar la estrategía obrera.
Las principales movilizaciones a nivel nacional del último año que ha realizado la Salud, el Colegio de Profesores, la Asociación de Empleados del Poder Judicial e incluso la reciente movilización de los mineros de Schwagger han sido movimientos que resisten la aplicación del                proyecto imperialista OBJETIVAMENTE. Si estas luchas no han logrado imponerse ello es consecuencia del aislamiento y traición ha que han sido sometidas por parte de los burócratas, sean estos de la Concertación o del PC. FALTA UNA DIRECCIÓN REVOLUCIONARIA, su construcción supone la expulsión de los burócratas de la CUT y la recuperación de este organismo de la clase obrera para las propias bases.
            La unificación de las luchas de obreros, empleados estatales, campesinos, mapuches y masas pobres del campo y la ciudad debe realizarse bajo el liderazgo del proletariado. Esto significa que la unidad que buscamos es para el combate anticapitalista y asume forma organizativa en el Frente Único Antiimperialista que llamamos a conformar. Este debe partir de la lucha  por las reivindicaciones más elementales de las masas: Salario y Pensión mínima igual a LA Canasta Familiar de US $500; Derecho irrestricto de Huelga y Sindicalización por Rama de Producción; Escala Móvil de horas de trabajo para absorber la cesantía; et. Para proyectarlas a la Revolución Proletaria.
Lucha Obrera, 6 de Abril de 1995, Valparaíso.

EN ESTE ENGAÑO ELECTORAL:FREI, ALESSANDRI, PIZARRO, REITZE, PIÑERA Y MAX-NEEF SON LO MISMO

Las elecciones apuntalan la explotación capitalista
            A través de estas páginas y en su intervención diaria, nuestra organización ha combatido incansablemente al circo electoral, desenmascarando el carácter de clase de esta “democracia” burguesa e indicando  el camino que enfrentan los explotados frente a este gigantesco engaño: rechazar este proceso con el que se pretende disfrazar la dictadura que la burguesía nacional, sirviente del imperialismo, ejerce sobre el proletariado chileno y la mayoría nacional oprimida.
            Esta Dictadura mal disfrazada de Democracia, ha significado durante estos cuatro años de gobierno “concertacionista”, hambre, miseria y represión crecientes: los salarios desde 1990 han caído en casi un tercio de su poder adquisitivo; se ha encarcelado a más de un centenar de presos políticos y han sido asesinados en supuestos “enfrentamientos” más de sesenta personas; a cuanta huelga se ha levantado contra los planes pro-imperialistas de Aylwin se les ha acusado de irracionales, antidemocráticos y se les ha amenazado con la represión vía Ley de Seguridad Interior del Estado (Profesores, Salud, Carbón, Universitarios, etc.).
            La lucha contra el engaño electoral, es indispensable no sólo para despertar la independencia de clase en las masas. Resulta además de primer orden para poner en pie en nuestro país el Partido Obrero Revolucionario y estructurar su Programa. Esto lo hacemos partiendo de un balance histórico y político central: el electoralismo, ligado al frentepopulismo han sido los tradicionales estandartes que han levantado en nuestro país el Partido Comunista y Socialista –liderando al conjunto de la Izquierda democratizante- para sellar su colaboración con la burguesía.
            Esta falta de una dirección revolucionaria, ha significado grandes derrotas para nuestra clase, la que se ha visto sistemáticamente traicionada en sus luchas precisamente por el cretinismo parlamentario y legalista de sus direcciones tradicionales. El stalinismo (PC) y la socialdermocracia (PS) han cumplido un deleznable papel en la contención de las luchas y en la defensa del orden burgués. Esta circunstancia explica la crónica crisis de la Izquierda chilena la que deviene por un lado de su carácter sostenedor de la explotación capitalista y por otro lado -lo que es lo mismo- de su incapacidad para formular un programa revolucionario que arrancando de las particularidades nacionales, plantee con claridad la necesidad estratégica de imponer, mediante una violenta insurrección, la revolución y dictadura Proletarias que potencie la emancipación y la lucha antiimperialista a escala mundial.
            Sin embargo, en esta durísima tarea al interior de las luchas obreras y de masas, por construir esa dirección que logre implantar el Programa Revolucionario no podemos ignorar el hecho de que en nuestros días la clase obrera debido al nefasto papel de las direcciones políticas y al accionar igualmente traidor de la burocracia sindical –mantiene aunque menguadas- importantes ilusiones en la democracia burguesa y en las elecciones.
            Las masas en Chile concurrirán a las urnas aunque no vean en el acto eleccionario mismo más que distintas variantes de un mismo proyecto político todas al servicio de los explotadores y el imperialismo. Las masas concurrirán a votar porque en definitiva aún creen que con el voto “algo” se podrá hacer... por lo menos no están los milicos pensarán otros. Este desgano y confusión se ha traducido en que el candidato de la coalición gobernante, se ha logrado imponer sin contrapeso. La falta de una alternativa política que exprese los intereses de las masas explotadas, se corresponde con la generalizada percepción de que todos son lo mismo. Y es que efectivamente lo son.
Los seis payasos y sus partidos, desde distintas posiciones, sirven al amo imperialista y a la burguesía.
            No obstante poseer una estrategia común, la defensa del orden burgués – las candidaturas de los seis payasos y sus respectivos acuerdos electorales expresan acomodos y contradicciones en el interior de la burguesía y de los partidos que sustentan este régimen político.
            Corresponde entonces a los revolucionarios, aprovechar estas contradicciones y sus raíces con el objetivo de explotarlas al máximo e impulsar la acción directa de masas. Se trata de aprovechar las contradicciones de la burguesía para combatirla y expulsarla del poder y no como predica la Izquierda democratizante (MIDA), la cual descubre las contradicciones en la burguesía para salir corriendo y apoyar al sector “democrático”, “progresista”, “antioligárquico”, en nombre de la profundización de la democracia.
            Veremos cómo se ha preparado la clase dominante para avivar la cueca de esta decaída y podrida campaña electoral.

Frei y la Concertación, pilar de sustentación del régimen

            La candidatura de Frei representa al bloque gobernante, articulada en torno a la alianza DC-PS y se sustenta en las ilusiones democráticas de las masas, en lo que llamamos antipinochetismo. Este es el principal capital político de la coalición gobernante, el haber conducido el recambio “democrático” y sacado a Pinochet.
            Sin embargo, este prestigio y su consiguiente peso electoral, es sólo eso ya que no cuenta con el febril apoyo del movimiento de masas organizado como lo tuvieron por ejemplo Frei el 64 o Allende el 70, los cuales no por ello fueron menos traidores o proburgueses. La Concertación se para – en cambio- sobre el reflujo del movimiento de masas, gobiernan porque la situación de aplastamiento del movimiento de masas en general se lo permite. La gran votación de la Concertación además de reflejar las ilusiones democráticas, son consistentes con un movimiento que ha sufrido una profunda derrota y que ve aquí un mal menor. Ello explica la total continuidad del  Gobierno de Aylwin con la Dictadura, el cual no solo utiliza y defiende la misma estructura jurídica y modelo económico, sino que reprime con igual ferocidad.
            La candidatura de Eduardo Frei R-T, sintetiza estos elementos. No se trata de un dirigente de masas, Aylwin tampoco lo fue, sino que está ahí esperando una montaña de votos porque los aparatos, los empresarios y el Imperialismo lo han querido así. Ganará las elecciones, no hay duda, desde hace más de un año que la burguesía ha cerrado filas en torno a él.

Alessandri y la Derecha: tambaleándose en los hombros de Pinochet

            A diferencia del denominado “centro” político (en el cual se agrupan partidos igualmente burgueses pero que habiendo logrado penetrar en el movimiento de masas utilizan esta presencia para controlar y mejor traicionar los movimientos que encabeza, como la DC, los radicales), la Derecha agrupa a aquellos partidos que expresando directamente los intereses de los explotadores, no logran -ni se proponen- empalmar con el movimiento obrero y de masas, a los cuales no aspira a dirigir sino que enfrentar directamente para de esta forma negociar con ellos o simplemente sojuzgarlos. Esta función en el interior del régimen es la que han desempeñado deficitariamente durante este siglo, los partidos de Derecha ya que no han logrado estructurar grandes y sólidas organizaciones por no existir bases económicas ni una poderosa clase media que sirviendo de colchón entre las clases , le de estabilidad al régimen engrosando las filas de sus partidos, como pueden hacer el Partido Republicano y Demócrata en los EE.UU..
            Esta circunstancia conlleva la crisis crónica del sector, que desde los dorados años 20 del “León” Alessandri, se ha pasado haciendo proclamas grandilocuentes de unidad para terminar a la vuelta de la esquina en los escándalos y fracasos más absolutos y con sus otrora flamantes partidos totalmente desechos. Así terminaron el Partido Conservador, el Agrario Laborista, el Partido Nacional y por el mismo camino va Renovación Nacional luego de poco más de cinco convulsionados años de existencia.
            Hoy, la Derecha agrupada en el bloque RN-UDI, más la recientemente incorporada UCC, ha levantado la candidatura de Arturo Alessandri B., lo que ha confirmado la orientación tradicional del sector que ahora se conoce como “más” pinochetista en la Derecha y que plantea seguir jugando el papel de siempre y sacar partido de los “éxitos” de la dictadura, aquí están los UDI y el ala Jarpa de RN. Por el otro lado y en pugna permanente, está el sector de Allamand y Sebastián Piñera que postula un acercamiento con la DC y la coalición gobernante para pasar a un régimen de tipo parlamentarista (cuestión totalmente ilusoria en un país atrasado y semicolonial como Chile), terminando así con el fuerte presidencialismo vigente. En este grupo se apiñan liberales de mala muerte que aspiran mayor holgura y mejores espacios en el aparato estatal.
            Alessandri, como expresamente lo declara no aspira a otra cosa que mantener cohesionados a los partidos de la Derecha y conservar los “equilibrios” del régimen.

 

Piñera, el fascista de siempre, totalmente solo

            José Piñera, se reivindica como el mejor pinochetista haciendo una campaña fascista criticando la democracia burguesa y sus partidos por ser blandos con la “delincuencia”, y prometiendo “mano dura”, penas de muerte y represión a destajo. No hay espacio –por ahora- para una opción de su tipo en la actual situación política, lejanos están los días en que Piñera junto a Guzmán fueran los delfines del imperialismo y los “creadores” del modelo de Pinochet. Priman actualmente las políticas de consenso, transaccionales, a las cuales el grueso de la burguesía ha concurrido. Prueba de ello es que este miserable candidato no sólo va colista en las encuestas –con las que la propia burguesía enjuicia las opciones electorales- sino que además cuenta con UNA sola sede a nivel nacional y carece de lista parlamentaria.
            No habiendo facción burguesa tras suyo, no cuestiona ninguna cuestión relevante del modelo imperante. Cumple eso sí una función ordenadora para los grupos fascistizantes, llevándolos al terreno legalista.

 

Max-Neef, un guardaespaldas “alternativo” para los socialistas

            Mucho se ha escrito de Max-Neef, cuenta con simpatía y “buena onda” de todos lados, de este Nobel Alternativo que posando de excéntrico ha logrado cautivar a cierto sector de las capas medias –especialmente profesionales- que tradicionalmente sirvieron de base electoral a la Izquierda.
            A levantar su candidatura ha concurrido el agrupamiento de burócratas corruptos denominado “Partido de los Trabajadores” (PT), y algún sector de  ecologistas. Sin lista parlamentaria, plantea vagamente preocuparse de los problemas “micro” y desarrollar un engendro de economía “regional”  y a “escala humana”. Por si asustara a alguien con su crítica mojigata al régimen, aclara que no quiere ser Presidente e indica sin ningún rubor que en una eventual segunda vuelta votaría por Frei.
            ¡Qué bien se acomoda a los prejuicios de la pequeñaburguesía acomodada y gobiernista!. No se trata de un “político”, es un “intelectual” que hace críticas interesantes al “sistema” y ... usa barba. ¡Qué más! Se puede ser un funcionario del Gobierno y votar por él.
            Tras toda la basura burguesa y su presunto alternativismo no hay otra cosa que la defensa del proyecto imperialista y una maniobra del PS y otros sectores socialdemócratas, para crear una dispersión electoral en la “Izquierda” e impedir que el electorero MIDA capitalice el descontento de las masas con el Gobierno. De esta forma la Concertación conserva su calidad hegemónica indiscutida, sin amenazas, y de paso se da vida a un sector de reformistas que en futuro puede servir para cobijar al PS.

 

Reitze y la Alianza Humanista- Verde: “Verdes” porque quedaron fuera de la Concertación.
            La Alianza Humanista-Verde, porque tenía muy cupos pocos parlamentarios y cargos en el diseño del próximo Gobierno, se retira de la Concertación. Como tiene aún funcionarios trabajando para el Gobierno y ellos no dejarían sus puestos, dicen que siguen apoyando a Aylwin. Difícil ser más oportunistas, ellos dijeron retirarse “sin pegar portazo” en La Moneda.
            Es tan evidente y confesa, su carácter de gobiernistas que cuesta distinguir en la candidatura de Reitze algo que no sean los desenfrenados apetitos por ocupar un puestecito en la institucionalidad.
            La demagogia de Reitze es casi pueril, como cuando aparece reivindicando las minorías oprimidas, a las mujeres, mapuches, o se hace fotografiar cubierto de frazadas (obviamente acompañado del Cura Pizarro) junto a los familiares de los Detenidos Desaparecidos. Es el plato recalentado y podrido del esotérico SILO y sus hippies de pasado fascista.
            Ni las minorías a las que dice representar, ni la Ecología pueden esperar algo de este agente del “Gran Capital” al cual ridícula y demagógicamente simula amenazar. Esta candidatura no expresa nada que no sea la sorda lucha de los distintos aparatos de la Concertación por sobrevivir y disputar un espacio en el Parlamento.

 

El frentepopulismo y la colaboración de clases del MIDA se viste con la sotana del Cura Pizarro

            Desde su proclamación en la Asamblea del Pueblo,  en la cual la Gladys Marín le cede su puesto, la Candidatura de Pizarro ha sido una nueva versión de las clásicas maniobras del stalinismo para tenderle un puente a  la burguesía. Aunque en esta oportunidad se trate de hacer este puente utilizando la ya pasada de moda “Teología de la Liberación”, apelando a los “Cristianos por el Socialismo” y sus comunidades de Base. No sólo por Nicaragua y El Salvador, sabemos que esta “Iglesia del Pueblo” sirve los intereses de la burguesía aquí en Chile – a través de la Vicaría de la Solidaridad- se ha dado el respaldo moral a la impunidad para los genocidas.
            Con un programa de reformas, el MIDA pretende maquillar el régimen para fortalecerlo. Como dijo Gladys Marín en un foro televisivo donde se recibían los resultados de las elecciones municipales: “Es importante nuestra incorporación, no podemos seguir siendo marginados, ya que eso le daría inestabilidad al régimen”. En la misma línea el Cura Pizarro promete poner fin –si ganan en las elecciones- al “capitalismo salvaje” y reemplazarlo por uno de rostro humano.
            En resumen, el MIDA propone estabilizar al régimen haciendo “reconciliación en justicia” en materia de DD.HH., de acuerdo a las normas e la Justicia burguesa, vale decir IMPUNIDAD; propone seguir con el modelo exportador, eso sí aumentándoles el valor agregado, revisar algunas privatizaciones y ... suprimir el cargo fijo en el cobro de servicio, esto es CONSERVAR EL MODELO ECONÓMICO; finalmente plantea profundizar la Democracia, nadie puede “profundizar” una democracia (dictadura de la burguesía) sin antes defenderla y eso es lo que hace el MIDA, DEFENDER EL RÉGIMEN.  En todo caso son muy explícitos en condenar la violencia –cuando proviene de grupos guerrilleristas, a los que Pizarro se permitió delatar como homicidas en TV- de esta forma estos “democráticos allendistas” ofrecen una carta de buena conducta a la burguesía y dejan muy en claro solo se proponen hacer leyes y por lo mismo respetarán las vigentes.
            Lamentablemente para estos electoreros y oportunistas , la burguesía aún no requiere de sus servicios. De todos modos ello no les ha impedido traicionar todas las luchas en las que han quedado encaramados, traicionaron la lucha de la Salud, de Profesores, del Carbón, por mencionar las más relevantes, porque estos movimientos avanzaban instintivamente contra el régimen y el circo electoral del que ellos participan.

 

Luchar contra el Circo Electoral

            Cuando el propio Cura Pizarro fue expulsado a botellazos en la Concentración de Trabajadores de la Salud, en plena Huelga, no hacían otra cosa que constatar en la práctica el hecho incuestionable de que todas las opciones electorales (MIDA incluido) actualmente presentes represenmtan un mismo proyecto imperialista, antiobrero y antinacional. Esto no significa que debamos adoptar ante las elecciones una actitud pasiva o escéptica. Todo lo contrario, lo que se trata es de combatir a muerte el Circo Electoral.
            Por ello los trotskystas del POR llamamos a la formación de un amplio Frente de Lucha Contra el Circo Electoral y la Represión, éste es el contenido del Voto Nulo, de la Abstención. Esta tarea comienza hoy denunciando el carácter fraudulento y antiobrero de estas elecciones y debe apuntar a la politización, unificación de las luchas contra el Gobierno. En esta lucha debemos tener siempre a la vista una de las expresiones de mayor unificación y que plantea la lucha por el poder político: la HUELGA GENERAL.
            No cabe duda de que el Gobierno de Frei será una continuación del de Aylwin, como el de este último ni fue otra cosa que la continuación del de Pinochet. Todos son Gobiernos burgueses, qué duda cabe. Sin embargo hay un punto en que esto no se cumple: las masas no serán las mismas éstas ya han iniciado el camino de la lucha y enfrentamiento con el Régimen, lentamente prueban a sus direcciones, se preparan para nuevos y mucho mayores enfrentamientos, los propios políticos burgueses lo reconocen con preocupación.
            Es este el proceso de luchas, en que el Imperialismo pretenderá imponer la sumisión del proletariado y de nuestra nación a niveles cercanos al vasallaje colonial. Es este el proceso, el período que viene es el que será clave para construir el Partido Obrero Revolucionario, estructurarlo organizativa y programáticamente, resolver la crisis de dirección e imponer con ello violentamente la Revolución y Dictadura Proletarias.

 

Lucha Obrera Nº7, 22 de Noviembre de 1993, Valparaíso.

 

VEINTE AÑOS: 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973

Hace veinte años la clase obrera chilena tuvo en sus manos la posibilidad de destruir el orden burgués y de imponer su propio gobierno de Dictadura Proletaria. Sin embargo, mientras la clase obrera realizaba junto a las masas oprimidas y explotadas, las más heroicas luchas de su historia –consumadas mediante la acción directa en la toma de fundos, minas y fábricas, construyendo esos embriones de Poder Obrero que fueron los Cordones Industriales- un amplio frente contrarrevolucionario urdía una salida para salvar el orden capitalista cuestionado por la movilización de las masas.

            La elección de Allende y el ascenso de la Unidad Popular al Gobierno, fue el fruto de un complejo proceso de ascenso en las luchas del proletariado, en el cual la falta de un partido revolucionario determinó que estas movilizaciones fuesen controladas y llevadas a la vía muerta del parlamentarismo.

 

Más de treinta años de frentepopulismo

            La U.P. es expresión de la política general de Frente Popular con que el Partido Comunista y el Partido Socialista venían impulsando la colaboración de clases desde los años treinta. Esta política sirvió de soporte a los gobiernos de Frente Popular, en los cuales el campesinado se vio sistemáticamente reprimido y en el que los salarios del `40 al m`53, caen de 27% a un 21% de la Renta Nacional. Todo esto desembocó en la escalada represiva de González Videla –“Ley Maldita” de Defensa de la Democracia (contra el propio PC que hasta ese entonces formaba parte del Gobierno), los Campos de Concentración en Pisagua- que buscó desarticular a la vanguardia proletaria que comenzaba a agruparse y constituyó una ratificación más de los nefastos resultados de la política de Frente Popular, en una época en que aún estaban tibios los cadáveres de los cientos de miles de obreros españoles de vanguardia que cayeron aplastados por la reacción franquista en la Guerra Civil (36-39), y traicionados por el Frente Popular de Largo Caballero, propugnado por el stalinismo. La represión de González Videla constituyó además, un anticipo del baño de sangre que la propia clase obrera chilena habría sufrir casi un cuarto de siglo después con Pinochet.

 

Nace la Unidad Popular

 

En este contexto, la U.P., constituye una reformulación del Frente Popular, luego que esta alternativa fuera desahuciada por la facción burguesa terrateniente agrupada tras el Partido radical, que condujo la catastrófica  experiencia del Frente Popular de González Videla. La U.P. se articuló electoralmente en torno al eje de partidos obreros PC-PS, al cual se sumaban un conjunto de pequeños partidos burgueses –como el Partido Radical, API, MAPU y el PSD- que representaban –parafraseando a Trotsky al definir el Frente Popular español- así fuera la “sombra”, que la burguesía necesitaba para garantizar que la UP no saldría de los marcos de dominación burguesa.
            Esta política de colaboración de clases, se suelda con la burguesía desde el momento en que es elegido Allende. Así, la Unidad Popular suscribe a instancias de la Democracia Cristiana el “Estatuto de Garantías Constitucionales”, por el cual la Unidad Popular  se comprometía a mantener los marcos de dominación burguesa. En particular se compromete a mantener  inalterable la carrera militar y las instituciones castrenses y a reprimir con la ilegalidad a las milicias privadas, esto es, en la práctica, todo intento de los trabajadores de organizar milicias obreras. En este momento la burguesía veía con pavor que las ascendentes movilizaciones apuntaban a cuestionar su dominación, de ahí que se hiciera necesario formalizar un acuerdo de esta naturaleza con el nuevo gobierno.
            Para clarificar esta concepción traidora y reformista, dejemos hablar al propio Allende en su primer Mensaje al Congreso (1970): “ ... nuestro método revolucionario, el método pluralista, fue anticipado por los teóricos marxistas clásicos pero nunca ha sido puesto en práctica antes... los escépticos y profetas de la ruina dirán que esto no es posible. Dirán que un parlamento  que ha servido a las clases dirigentes con tanta eficacia no puede transformarse en el Parlamento del Pueblo chileno. Aún más han declarado enfáticamente que las FFAA y el cuerpo de Carabineros... no consentirían en garantizar la voluntad del pueblo si éste decidiera el establecimiento del Socialismo en nuestro país...” // “Ya que el Congreso Nacional está basado en el voto del pueblo, no existe nada en su naturaleza que impida que se transforme de hecho, en el Parlamento del Pueblo. Las FFAA y los Carabineros, fieles a su deber y a su tradición de no intervención en el proceso político, apoyarán a una organización que corresponde con la voluntad del pueblo...” // “Si no se desata la violencia contra el pueblo, seremos capaces de cambiar las estructuras básicas sobre las que descansa el sistema capitalista en una sociedad democrática, pluralista y libre y de hacer esto sin la innecesaria fuerza física, sin desorden en las instituciones, sin desorganizar la producción...”

 

La lucha anticapitalista de las masas chocó con el Programa de Colaboración de con la burguesía que planteaba la U.P.
            Desde un comienzo las masas demostraron que el entusiasmo que mostraron en la propia campaña electoral, se orientaba instintivamente contra el orden capitalista que Allende se proponía maquillar. Así por ejemplo, el programa contemplaba exclusivamente la “nacionalización” de 91 empresas monopólicas, sin embargo, antes de que asumiera el Gobierno de la UP los obreros ya habían ocupado por medio de la acción directa más de un centenar; en el agro los campesinos ya habían protagonizado  más de 300 ocupaciones de tierras. El empuje de las masas llegó hasta el seno de la tropa de las FFAA. No hace mucho el decrépito y alcoholizado Almte. Merino reconoció que junto a Viaux habían intentado un Golpe para impedir que asumiera Allende, sin embargo ello fue imposible ya que a lo largo de todo el país diversas guarniciones habían iniciado sus actividades, luego de conocerse el triunfo de la UP, gritando “Viva el compañero Allende”.

 

Allende combate al Poder Obrero

            El Programa de la UP planteaba un conjunto de medidas que se oponían a la formación del Poder Obrero y de la Revolución Proletaria. Esta política se desarrolló en tres áreas
·        en primer lugar, mediante un plan de nacionalizaciones, creación de una “área mixta” e intervenciones, de forma de impedir el Control Obrero de la producción y la expropiación de la burguesía;
·        en segundo, dotándose de una política de asimilación de los sindicatos al Estado (vía CUT) y de combate sistemático a toda expresión de doble poder, como fueron los Cordones Industriales, oponiéndoles además una reforma constitucional que reemplazara el Parlamento por una Asamblea Popular. Se trataba de –en el contexto de la polarización- hacer pervivir  las ilusiones de las masas en las tambaleantes instituciones democrático-burguesas. Se hablaba del “copamiento gradual del Estado”.
·        Finalmente, como ya se ratificara en la firma del “Estatuto de Garantías Constitucionales”, la UP exhibió en todo momento una oposición tenaz a la destrucción de las FFAA y al armamento del proletariado y a las milicias obreras. Por esta razón, en Octubre de 1972 se promulga la Ley de Control de Armas por la que se entrega directamente a las FFAA la desarticulación y desarme de los “grupos armados”, sin que Allende ejerciera su “constitucional” derecho a veto, con el silencio criminal de la totalidad de los partidos de la UP.

 

Las Nacionalizaciones y los “Interventores” se opusieron a la expropiación de la burguesía

            El empuje revolucionario del proletariado se vio entonces sistemáticamente coartado  por los estrechos marcos que le impusiera Allende. De esta forma mientras los obreros se tomaban las fábricas o los fundos, la UP se encargaba de nombrar “interventores” que representaban al Estado y que impedían –haciendo uso de un viejo aparataje jurídico heredado de los años treinta- que los trabajadores ejercieran de un modo directo el control obrero de la producción, con lo que en definitiva se mantuvieron estos medios de producción en manos del Estado burgués.

            El Programa de la Unidad Popular de 1970, repudiaba la expropiación de la burguesía en cuanto clase explotadora a manos del proletariado. Por esta razón reemplazaba esta tarea política central de la Revolución Proletaria, por un conjunto de “nacionalizaciones”, las que planteaba de esta forma:
            Las fuerzas populares unidas buscan como objeto central de su política reemplazar la actual estrucutura económica, terminando con el poder del capital monopolista nacional y extranjero del latifundio, para iniciar la construcción del socialismo...”// “El proceso de transformación de nuestra economía se inicia con una política destinada a configurar un área estatal dominante... Así quedarán, integrando este sector de actividades nacionalizadas las siguientes:
1.- La Gran Minería del Cobre, Salitre, Yodo, Hierro y Carbón Mineral.
2.- El sistema financiero del país, en especial la banca privada  y Seguros.
3.- El Comercio Exterior.
4.- Las grandes empresas y monopolios de distribución.
5.- Los monopolios industriales estratégicos.
6.- En general aquellas actividades que condicionen el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución de petróleo y sus derivados incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, petroquímica y química pesada, la celulosa, el papel ”.
            Sin embargo este Programa no sobrepasaba los marcos del capitalismo, la UP se había visto obligada a levantar un conjunto de medidas que el propio movimiento obrero estaba imponiendo en la práctica, de ahí que el PC y el PS se apresuraran a levantar esta plataforma de manera de “encauzar” este movimiento dentro de los marcos del parlamentarismo. Si observamos la cita comentada, podemos ver que no se plantea la expropiación de la burguesía sino que muy por el contrario “reemplazar la actual estructura económica (obviamente por la vía electoral)...creando un área estatal dominante... e iniciar el camino al Socialismo”. No hay en este planteamiento –ni en todo el Programa- una sola palabra que explique cuál es el instrumento con que los trabajadores realizarán esta tarea. De hecho, las nacionalizaciones no cambian el carácter de clase del Estado, hasta hace muy poco, en Italia, gran parte de la industria estuvo y está concentrada en gigantescos trust del Estado, el IRI y el ENI, como herencia del fascismo pero esto no ha cambiado el carácter de clase del Estado italiano ni lo ha hecho menos imperialista.
            La UP había llegado a este planteamiento presionada por el poderoso impulso del movimiento obrero viéndose obligada a tomar algunas medidas para lograr el control de la situación (por ejemplo, no indemnizar a la Kennecot y Anaconda, dueñas de la Gran Minería del Cobre). Pero no dio ningún paso que le significara romper con la burguesía. Así lo entendieron los sectores más lúcidos de la burguesía (que ya habían impuesto el Estatuto de Garantías Democráticas), y la nacionalización de la Gran Minería – el “logro” de la UP- contó, de esta forma con el apoyo de todas las facciones burguesas representadas en el Parlamento. La Reforma Constitucional y Ley de Nacionalización, fue votada en forma UNÁNIME. La industria quedaría en gran parte intacta, el mismo Programa enfatiza que no se nacionalizarán más de 150 de las 30.500 empresas y que los dueños serán compensados. La Ley de Reforma Agraria, tampoco se plantea ir mucho más allá de Frei, no se tocarán los predios de menos de 80 hectáreas de regadío en el Centro y de menos de 800 en el Sur. Estas nacionalizaciones eran congruentes con una de las formas predominantes de acumulación de capital, que caracterizaron la “sustitución” de importaciones, de hecho en 1969 la inversión estatal había alcanzado a cerca de un 75% de la Inversión Geográfica Bruta del Capital Fijo.
            En general este Programa de nacionalizaciones se asentaba en una vieja utopía reaccionaria acuñada por el stalinismo y que sirve de base teórica al Frente Popular, esta es la idea de que existe un sector de la burguesía progresista, antioligárquica y antiimperialista: la divina burguesía industrial. Esta formulación ahistórica y anticientífica, pretende ignorar que nos encontramos en la fase decadente, monopólica e imperialista del sistema capitalista y que en nuestro país la burguesía se encuentra históricamente incapacitada de realizar ninguna tarea anitiimperialista, por cuanto su sojuzgamiento y asimilación política al imperialismo es absoluto.

 

 

 

1972: la UP pavimenta el camino a la reacción.
            En mayo del 72, en Concepción, se evidencia la quiebra irremediable  del frentepopulismo. La formación de la Asamblea Popular, el quiebre de la UP regional, las milicias obreras y estudiantiles que comienzan a disputarse a las incipientes bandas fascistas, expresan el abierto cuestionamiento de las masas a las instituciones democrático-burguesas, lo que pone en jaque el proyecto de Allende. En febrero ya Allende paga US$ 85 millones al control, financiero del FMI; en abril se compromete a indemnizar las nacionalizaciones, siendo alabado por el propio New York Times, esto desemboca en el Cónclave de Lo Curro, del cual se resolvió la línea política que conduciría al proletariado a su derrota final, los “dirigentes” acuerdan impedir la ruptura del Estado de Derecho, propiciar un entendimiento con la DC y orientarse hacia una estabilización económica.
            Se le entregó la iniciativa a la burguesía, lo que permitió a la DC y al PN salir de su desconcierto y dar cuerpo a la Confederación Democrática (CODE), aparecen en escena los rastreros pro-imperialistas de siempre: Alessandri, Jarpa, Frei y Aylwin, este último se transforma en el portavoz de los explotadores. La Derecha logró golpear y aprovechando el espacio cedido por la UP y agrupar tras de sí a los desclasados, a la pequeña burguesía acomodada, los profesionales, los comerciantes detallistas y fundamentalmente a los Camioneros protagonizando el llamado Paro Patronal en Octubre del 72. Para ello contó con fondos de la CIA y la ITT.
            Este hecho ocasiona un quiebre en la situación política, la cual pasa a tomar un carácter francamente revolucionario, con tendencias directas al enfrentamiento físico entre las masas y el régimen burgués, de tipo insurreccional. Se forman –en respuesta al golpismo- los Cordones Industriales, organismos semi-soviéticos, de carácter permanente que aunque regionales, expresaban organizativamente el doble poder y el Control Obrero de la producción. Contra toda la basura democratizante de la UP y el centrismo, la clase obrera logró en el desarrollo de su acción directa dar cuerpo a estos organismos que se planteaban oponerle a la contrarrevolución burguesa en marcha, la Revolución Obrera.
            En Octubre del 72 se delimitan con claridad los campos de clase: la respuesta de la UP se orienta a desarmar a la vanguardia proletaria, vía Ley de Control de Armas y entregando al control de las FFAA el país mediante Estado de Emergencia constitucional. Allende aspira a una tregua política con la CODE y conforma el Gabinete Cívico Militar. Incorporándose a los Comandantes en Jefe de las ramas de las FFAA a asumir cargos ministeriales, especialmente Interior a manos de Carlos Prats. En las altas esferas el frentepopulismo y la reacción burguesa se comienza a urdir una salida a la situación.
            Mientras Allende se ponía de rodillas ante la burguesía, reprimía con violencia la acción directa de las masas. Se combate a los Cordones Industriales acusándoles de hacer paralelismo a la CUT; un sector de la tropa de la Armada de Valparaíso que se preparaba para enfrentar una intentona golpista con las armas en la mano, es detenido por la oficialidad, torturados y encarcelados ante la mirada complaciente de la UP; los 13.000 mineros del Cobre de la mina El Teniente –declarados en Huelga exigiendo escala móvil de salarios- son violentamente reprimidos, la mina es ocupada por Carabineros y la UP la combate desembozadamente caracterizando esta huelga obrera como un instrumento de la Derecha.

 

Se impone la salida burguesa

            En la fase final, la política de la UP, inducida en buena medida por su ala drecha, el PC se reduce a “denunciar a los sediciosos”, a pedirle a las propias FFAA de la burguesía que desarmen al fascismo y a los golpistas. Esto equivalía  en esas circunstancias a maniatar a la clase obrera para que fuera masacrada. En lugar de orientarse a preparar la insurrección –con toda la influencia que tenían sobre los trabajadores-  se limitan a levantar los brazos y a gritar histéricamente: ¡No a la Guerra Civil!. Desde abril del 73, ante la arremetida feroz de Patria y Libertad, los recurrentes allanamientos a los sindicatos y Cordones por parte del Ejército, y ante la abierta conspiración del Congreso y la Corte Suprema, el PC comienza a plantear que el objetivo es ganar la mayoría electoral el 76. ¡Esta es la política con que los castrados stalinistas entregaron a la vanguardia proletaria a la contrarrevolucvión pinochetista!.
            Ese lejano martes 11 de Septiembre de 1973, la reacción se encontrará con un movimiento obrero desmoralizado, incapaz de ofrecer resistencia alguna al Golope Militar. Allende, quien había conducido al proletariado a la derrota, mientras los Hawker Hunter de la FACH bombardean no sólo La Moneda sino que las poblaciones y los Cordones Industrialñes, muere jurando lealtad a la Constitución y legalidad burguesas, cumple –por última vez- con el deber de decirles a los trabajdaores que confíen en la democracia burguesa y que esperen pasivamente en sus lugares de trabajo. A contar de ese día, se comenzaron a escribir las páginas más negras de la historia de la clase obrera chilena. Más de 30.000 luchadores –toda una generación- caen masacrados a manos de la contrarrevolución sumiendo al proletariado en la más profunda derrota de su historia. Ello no habría sido posible sin la política capituladora de la UP, su frentepopulismo, constituyó en ese momento el último resguardo del orden capitalista antes del Golpe Militar. La UP como expresión del colaboracionismo de clases del stalinismo y la socialdemocracia, impidió que se realizaran las tareas de liberación nacional y anticapitalistas que la clase obrera se encontraba llamada a realizar sobre las cenizas del capitalismo.
            Se pagó muy caro la ausencia de un partido revolucionario. Por fuera de la UP sólo se encontraba la histeria pequeñoburguesa del MIR, el cual apoyó críticamente al “Gobierno Popular” de Allende, negándose a desenmascararlo y combatirlo por ser un gobierno al servicio de la burguesía.

 

Recordar a los caídos construyendo la IV Internacional

            A veinte años del sangriento Golpe Militar del 11 de Septiembre de 1973, las circunstancias políticas que permitieron esta derrota para el proletariado, permanecen intactas. Sigue en desarrollo, por lo mismo, la crisis histórica de la clase obrera chilena consecuencia de la falta de un partido obrero revolucionario y cuartainternacionalista. Asimilar críticamente esta dolorosa experiencia, debe traducirse en la construcción del partido y de su Programa, en el cual la lucha contra la socialdemocracia, el stalinismo y el frentepopulismo, adquiere un lugar estratégico de primera magnitud .

 

Lucha Obrera Nº6, 8 de Septiembre de 1993, Valparaíso.

 

 

5 RAZONES PARA COMBATIRPARA COMBATIR A LOS FRENTES DE IZQUIERDA ELECTOREROS Y DEMOCRATIZANTES: POR UNA SALIDA REVOLUCIONARIA A LA CRISIS DEL MOVIMIENTO OBRERO, POR UN FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA

Normalmente en los foros, actos y en la propia prensa de la “Izquierda”, podemos ver como todo el mundo rasga vestiduras en aras de la “unidad” y la “recomposición” del sector. Parte de nuestro diálogo con la vanguardia consiste en  encarar resueltamente esta cuestión, sin centrismos, yendo al fondo de los problemas. Creemos que el raquitismo político y la miseria teórica de la Izquierda llamada “extraparlamentaria”, puede sintetizarse en los siguientes aspectos:
1.- El Frentepopulismo: el conjunto de la llamada izquierda ya sea la electorera agrupada en torno al MIDA o al PT o incluso la guerrillerista del tipo Lautaro, comparten un patrimonio común: reivindicarse y defender  a Allende y al Gobierno de la Unidad Popular. Dicho de otra forma, se niegan a reconocer  el hecho de que la UP era un frente de colaboración con la burguesía y con el  imperialismo y que fue eeso lo que condujo al proletariado a la derrota histórica del `73. Se niegan a hacer este balance ya que ello importaría reconocer que actualmente  siguen en lo mismo: envenenando  la conciencia  de los obreros con su electoralismo y planteando no la destrucción, sino que la reforma, la “humanización” del capitalismo.
2.- La contradicción entre Dictadura Militar o Democracia: su cretinismo parlamentario los hace definirse  como  “democráticos”,  por  esta  razón  no  pierden  oportunidad  de  salir  a  defender  este  gobierno,  ya  que  insuficiente  “es  mejor  que  la  Dictadura”.  Ellos  abandonan  con  esto  un  principio  que  ha  inspirado  al  marxismo  revolucionario  desde  sus  orígenes  ,  así  lo  entendió  nuestro  Luis  Emilio  Recabarren  ,  que  la  más  liberal  de  las  democracias  burguesas  siempre  será  lo  mismo  para  los  obreros  : un  instrumento  más  de  la  burguesía  para  someter  el  orden  capitalista  que  se  basa  en  la  gran  propiedad  privada  y  en  la  creciente  explotación  de  los  trabajadores.  En  otras  palabras,  la  más  liberal  de  las  democracias  burguesas  siempre  será  una  dictadura  para  la  clase  obrera. En  situaciones  de  crisis  y  de  división  en  la  burguesía  los  revolucionarios  debemos  levantar  el  Programa  Revolucionario  de  la  clase  obrera,  sólo  así  explotamos  las  divisiones  en  la  clase  enemiga;  nada  esto  lo  entienden  los  democratizantes  los  que  ante  estas  situaciones  salen  corriendo  tras  el  sector  “democrático”  de  la  burguesía  con  lo  que  cierran  el  camino  a  la  Revolución  y  apuntalan  de  paso  el  orden  capitalista.
3.- EL  reformismo  y  el  electoralismo:  para  ellos  la  revolución  es  una  palabra  dominguera  para  sacarla  a  pasear  cuando  el  calendario  de  las  elecciones  así  lo  exija,  aunque  con  los  aires  renovados  ni  siquiera  eso.  La acción directa de las masas y la autodeterminación de las basess no tienen cabida en las políticas de esta izquierda amansada durante largos años por la patronal. Todos los problemas y las reivindicaciones de la clase obrera tienen un espacio dentro de la legalidad burguesa, lo que no se arregla con impuestos o reformas constitucionales, se soluciona con el santo  y bendito sufragio universal. Como lo señalara el mismísimo Cura Pizarro, frente al reciente “boinazo” de los milicos, la respuesta del MIDA no fue salir a impulsar la movilización  para echar abajo los planes de impunidad Aylwin-Pinochet; muy por el contrario salieron a defender “su” gobierno democrático y le rogaron de rodillas a  la propia burguesía para que haga un “plebiscito” para sacar a Pinochet. Son electoreros porque sólo les interesan los votos para hacerse de un espacio dentro de la institucionalidad burguesa, no les interesa la unidad del proletariado sino que los amontonamientos electorales y los cuoteos.
4.- Los Gobiernos Obrero-Populares, de la Izquierda, simplemente Democráticos o de Transición: esta Izquierda confiesa su carácter pro-burgués al momento de exhibir su consigna de Gobierno. En sus Programas, desde los años 30 podemos ver sus distintas variantes, primero fueron los Frentes Populares que rubricaron el largo romance del stalinismo con los latifundistas del Partido Radical; luego fue el Gobierno Popular que encabezó Allende, la UP; finalmente el Gobierno Democrático Provisional que reivindicó el Movimiento Democrático Popular (MDP). Estas fórmulas de Gobierno tienen un elemento en común: son todos gobiernos burgueses que por lo mismo garantizan la estabilidad de sus instituciones y de la propiedad privada de los medios de producción. Se trata de variantes “de Izquierda” de la Dictadura que la burguesía ejerce sobre el proletariado.
            A estas políticas oportunistas y capituladoras los revolucionarios le oponemos el Gobierno de la clase Obrera y de las masas explotadas y oprimidas: la DICTADURA DEL PROLETARIADO,  dictadura para los explotadores y el Imperialismo. Este Gobierno no se elige con votos ni sometiéndose a la legalidad burguesa, este Gobierno es fruto de la acción directa de las masas, de la acción resuelta de su partido revolucionario y de la Internacional, de la violencia revolucionaria para destruir el Estado Burgués –muy especialmente su aparato militar- ; la Dictadura del Proletariado es un instrumento fundamental para expropiar a la burguesía, combatir el Imperialismo e impulasr la Revolución Socialista Mundial. Por estas razones los electoreros prefieren agachar la cabeza y seguir hablando de sus gobiernos “populares y democráticos”.
5.- Una crítica mojigata al “Modelo Económico Neoliberal”: los democratizantes, como buenos reformistas, en ningún momento se les ocurriría cuestionar la dominación que ejerce la burguesía, ya que ellos se conforman con reformarla, en definitiva con mejorarla. Por esta razón a la hora de hacer críticas para ganar votos  van contra el “Neoliberalismo” y a él le atribuyen todos los males, no cuestionan la explotación capitalista sino que una de sus formas cual es la vigente hoy. Por lo mismo su Programa no plantea la expropiación de la burguesía, la planificación de la aproducción, el control obrero ni el monopolio del Comercio Exterior. Sin embargo, su crítica al Modelo Económico vigente tiene patas cortas, no llegan muy lejos ya que en la práctica no cuestionan ni las privatizaciones ni el vuelco de producción a la exportación, en desmedro del mercado interno. Aclaremos esto con algunos ejemplos: frente a la privatización de los servicios públicos como la luz, agua y teléfonos ellos no plantean la expropiación de estas empresas nacionalizándose bajo control obrero, se limitan a “exigir que se termine con el cargo fijo”; ante la estructura exportadora de materias primas de nuestra economía, en lugar de reivindicar la conformación de un mercado interno (se produce para satisfacer en primer lugar las necesidades del país) y la industrialización del país, los democratizantes sólo piden una posición más agresiva en el mercado internacional para frenar el deterioro de los precios de nuestras exportaciones, agregándoles algún valor.
            Estas son, esquemáticamente, las razones por las cuales la crisis de la Izquierda –que no es otra cosa que la quiebra del stalinismo- se profundiza día a día. Por su resistencia histórica a asumir como propios los intereses del proletariado y su incapacidad de formular el Programa Revolucionario de la Clase Obrera.
            Sobre estas bases el Comité Constructor del POR llama a la conformación de un Frente Único Antiimperialista, que en lo inmediato se dirija a combatir el Circo Electoral y la Represión.
            Para nosotros el Frente Único Antiimperialista y la posibilidad de realización del mismo sólo puede consumarsde a través de la lucha, movilización y acción directa de las masas, así lo oponemos a un frente de componendas entre los raquíticos aparatos de la Izquierda. En base a este frente la clase obrera puede forjar la unidad de los explotados, como nación oprimida , contra el imperialismo y la burguesía nativa, a fin de desenmascarar los planteamientos stalinistas, socialdemócrtasa, nacionalistas burgueses o pequeñoburgueses.
            La posibilidad de la concresión de este Frente –que puede expresarse de las formas más variadas: soviets, asambleas populares, Congreso de Bases, Coordinadoras- está determinado por dos aspectos fundamentales: la existencia del partido obrero revolucionario, insertado profundamente en las masas y en su vanguardia.

 

Lucha Obrera Nº5, 6 de Julio de 1993, Valparaíso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A COMBATIR AL FASCISMO

Se ha hecho lugar común identificar al fascismo como un fenómeno aislado de la lucha de clases, atribuido a “locos” como Horty, Hitler o Mussolini. Al hablar de él la prensa burguesa o stalinista, saca a relucir –con el ataque a los “excesos” de estos regímenes- una desfachatada defensa de las instituciones parlamentarias democrático-burguesas.
            En pocas palabras se trata de plantear que el fascismo es una especie de enfermedad de la democracia. Los hechos históricos desmienten categóricamente estas afirmaciones, ya que el fascismo en cualquiera de sus formas tiene como elemento de continuidad el ser una expresión más de la dominación burguesa, particularmente a su crisis propia de su fase imperialista. La democracia liberal o el fascismo, son dos formas de dictadura burguesa sobre el proletariado.
            Sin embargo, si bien es cierto es el fascismo una política que defiende los intereses de la burguesía, requiere de ciertas condiciones para que pueda desarrollarse como movimiento. Más allá de sus rapadas, de si usen o no svásticas, lo que nos debe importar es su incidencia en la lucha de clases.
            Para su desarrollo –entonces- como movimiento, es necesario y en primer lugar y como marco general, una extrema agudización de la lucha de clases y la ausencia de un partido revolucionario, que permita en esta crisis el acceso al poder de los explotados, la revolución proletaria. En segundo lugar, que un sector del imperialismo y de la propia burguesía apoye un proyecto político fascista; es decir, que la burguesía se oriente políticamente a  la destrucción física de las organizaciones obreras, o bien su cooptación por las instituciones del Estadio Burgués (sindicatos estatales, “Estado Corporativo”). Esto responde a la necesidad de canalizar el descontento de la pequeñaburguesía, que en períodos de crisis se ve forzada a posicionarse del lado de la burguesía o del proletariado (ello dependerá, entre otros factores, de la existencia o no de un partido revolucionario).
            Ya sea que se identifiquen mediante la discriminación racial, religiosa o moral, la política que hay tras sus inmundas banderas es la misma: la desesperada defensa del orden social que se levanta sobre la gran propiedad privada de los medios de producción. Claro ejemplo de lo anterior lo ofrece  el llamado Frente Negro de Otto Strasser, cuya verborrea socializante y anticapitalista les significó el exilio de la Alemania Nazi.
            Sobre estas premisas debemos observar, el caso del fascismo en Italia o Alemania, que se inscriben dentro de las más elevadas expresiones de la barbarie capitalista. Los obreros debemos analizar estas experiencias para sacar conclusiones que nos permitan enfrentar política y militarmente al fascismo. No para defender la democracia burguesa –como plantea el stalinismo- sino que para instaurar la Dictadura Proletaria y el Socialismo.
            La ofensiva imperialista mundial contra el nivel de vida de las masas, se ha expresado en Europa en crecientes índices de cesantía. Se acerca al 10% en Alemania y bordea el 20% en España. A esta ofensiva sirve de telón de fondo el Tratado de Maastricht y toda la parafernalia sobre la “Unidad Europea”.
            Este panorama, junto a la confusión reinante en las filas del movimiento obrero, comienza a perfilar el fenómeno del fascismo. Con el bombo de la prensa imperialista, comienzan a rondar por toda Europa. Tan sólo en Alemania, en el `92, se realizaron más de 7.000 atentados contra grupos de inmigrantes, totalizando un número de 37 muertos a manos de las bandas neo-Nazis. En Francia, el Frente Nacional de Le-Pen, hace algunos meses desenterró un cadáver recién sepultado en un cementerio judío, para después crucificarlo.

El caso alemán

            En la Alemania del 33, la crisis económica golpeó a la pequeña burguesía, consecuencia del acelerado proceso de concentración capitalista. A esa clase dirigió su discurso radical y ultrareaccionario el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores (NSDAP, sigla en alemán), expresión organizada del movimiento Nazi. Lo Nacional venía de su planteamiento de que era imprescindible defender lo propio, contra la amenaza extranjera, base ideológica de la xenofobia, del odio a los extranjeros. Del mismo modo planteaban el odio a la burguesía, por ser una clase explotadora que los tenía en la miseria, de ahí su demagogia “socialista”. En Italia el fascismo lo impulsó un ex socialista, Mussolini.

            Con lo planteado , no podemos igualar el triunfo , con el del ascenso a de la pequeña burguesía al poder. Aquí debemos ser tajantes y decir que el fascismo es la forma más clara de la dictadura monopolista de la burguesía imperialista, que con la explotación y su total odio y pavor al proletariado y a la revolución, son los más claros defensores y sostenedores del régimen hitleriano, del estrangulamiento del proletariado, del genocidio.

Stalin prepara el camino de Hitler al poder.

            A pesar del avance fascista, fue sostenido también el enfrentamiento y resistencia de la clase obrera alemana. ¿Qué hizo entonces la Internacional Comunista, controlada por la burocracia stalinista, de la cual el PC alemán era parte?. Ésta se transformó en un freno, impidiendo la acción directa de las masas obreras. Claro ejemplo se dio en 1923, ya en ese entonces se pudo observar, en que elo PC fue incapaz de conducir a la vanguardia obrera y de llevar a la clase al poder, ello debido a su adaptación a las políticas de la socialdemocracia alemana.
            Con posterioridad, las “geniales” cabezas de la Cimtern conciben la teoría del “Social-Fascismo”. Se iguala al fascismo con la socialdemocracia, ello ocasionó la división de las filas del movimiento obrero.
            Esta política de “Social-Fascismo”, se complementó con la otra del Pacifismo, política imperialista fortalecida por el stalinismo, lo cual tornó a las masas proletrias en abúlicas y temerosas dse la fanfarronería fascista y de sus “operaciones de castigo”.

Racismo

            Fue otra característica del nazismo, sostenía que la raza aria se encontraba por encima de la historia. Más bien sostenía que la historia era una emanación de la raza, hasta el punto que hacía creer que la raza pura mejoraba las condiciones sociales de vida.
            Durante años lops extranjeros, en particular los Judíos fueron obteniendo una serie de conquistas, como el derecho a participar en el ejército, en actividades intelectuales. Todo este proceso fue cortado con la “Noche de los Cristales”, las SS, Campos de Concentración y Castración, prohibiciones del derecho de reunión, circulación, opinión, etc..Se forzó a los judíos a llevar en el pecho una estrella de David, del tamaño de un plato con la palabra “JUDE” y el que tuvieran que agregarse un nombre propiamente judío como Sara o Israel.
            Los criminales que organizaron este genocidio en Alemania pasaron sin problema el juicio de Nüremberg. Buena parte del Alto Mando de la Gestapo fue a parar a la policía política de la RFA o de la Stassi de la RDA. El verdadero juicio a la barbarie Nazi sigue pendiente, será la clase obrera en el poder la única capaz de llevarlo adelante extirpando la base de sustentación del fascismo: la burguesía imperialista.
            Aún cuando son grupos marginales, los que se encuentran al acentuado antifascismo engendrado por la clase obrera y las  masas de la Post Guerra, las bases que permitieron el ascenso fascista permanecen intactas: la falta de un partido revolucionario, la crisis política, económica y social del sistema capitalista.
            En este orden debemos denunciar el profundo contenido contrarrevolucionario del pretendido pacifismo democratista, con que la Socialdemocracia y el Stalinismo europeos han pretendido enfrentar al fascismo. De una forma refleja las masas han repudiado multitudinariamente lasa agresiones xenófobas y homófobas de las bandas fascistas. Sin embargo estas grandes manifestaciones se han tornado impotentes debido a la política democratista y de colaboración de clase de sus direcciones.

En América Latina

            En la misma línea, las corrientes fascistizantes en América Latina deambulan en torno al MIR boliviano, el MNR, los coroneles de Chávez en Venezuela, Fujimori, Pinochet, Cristiani en el Salvador. Sin embargo, al igual que sus congéneres europeos, no logran cristalizar en movimientos amplios por la resistencia del movimiento obrero. La falta de base social en la pequeña burguesía y además debido a que no existe actualmente ninguna facción del Imperialismo y consecuencialmente de las burguesías nativas, que apueste al proyecto fascista.
            Lo anterior no significa que la amenaza fascista no exista, por el contrario, mientras subsista el decadente sistema capitalista, la burguesía seguirá conspirando en contra del proletariado. Sin embargo, no aplastaremos al fascismo ni con palomas ni con serpentinas. Sólo la clase obrera férreamente unida en torno a un frente antifascista podrá realizar esta tarea. En ello será imprescindible que este frente se plantee, acaudillado por un partido revolucionario, la lucha implacable contra la burguesía, el Imperialismo y sus instituciones.
            De lo que se trata es de barrer las pestilentes bandas fascistas política y militarmente, sobre la base de las milicias obreras y arrancarlas de raíz con la Revolución Proletaria y la IV Internacional.

 

Lucha Obrera Nº4, 23 de Febrero de 1993, Valparaíso.