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CONTRA LA CORRIENTE

NEOLIBERALISMO: UN CAMINO SEGURO HACIA LA BARBARIE

            El neoliberalismo constituye la más avanzada expresión ideológica de la burguesía a nivel mundial, citamos aquí al inglés Perry Anderson quien nos indica que “...fue una vehemente reacción teórica y política contra el estado intervencionista y de bienestar... se trata de un ataque apasionado contra cualquier limitación a los mecanismos del mercado por parte del Estado, denunciada como una amenaza mortal a la libertad, no sólo a la libertad económica sino que también a la libertad política”. Los padres de esta ideología, incubada en la segunda mitad de la década del 40 en su gran mayoría economistas, fueron Friedrich Hayek (autor de la “biblia” neoliberal Camino de Servidumbre), Milton Friedman (el primer “Chicago Boy) y Karl Popper, entre otros, quienes explicaron que el principal obstáculo para la superación de la crisis capitalista (caída de las tasas de ganancia) era el excesivo poder de los sindicatos y el movimiento obrero que habían corroído las bases de acumulación capitalista con sus exigencias salariales y de aumento de gasto social.
            La crisis caracterizada por el neoliberalismo ya en esa época, se desató en toda su amplitud con la recesión mundial del año `73, signada por el estancamiento de la producción y la espiral inflacionaria. A partir de esa gigantesca crisis las ideas neoliberales comienzan a ganar progresivamente terreno. El “programa” neoliberal se impone en el gran capital que veía cómo el modelo keynesiano de posguerra se desplomaba de la mano de la crisis energética del petróleo. Este programa era muy ambicioso y exigía: 1.- Parar la inflación y reducir drásticamente el gasto social; 2.-Reducir  el  impuesto  sobre  rentas  y  utilidades  e  incrementar  el  impuesto  al  consumo; 3.-Generar  altas  tasas  de  cesantía  que  garanticen  la  quiebra  del  poder  de  los  sindicatos  y  la  caída  del  salario; 4.-  El  fortalecimiento  del  gran  capital  oligopólico  cuestión  que  supone  la  destrucción  masiva  de  fuerzas  productivas  en  aras  de  la  concentración  del  capital; y  5.-  La  privatización  de  los  servicios  y  empresas  del  estado,  con  ello  cae  el  salario  social  y  se  apuntalan  los  oligopolios.
La  materialización  de  este  proyecto  suponía  una  ofensiva  represiva  sobre  las  masas  para  sustentar  su  aplicación.  Efectivamente,  a  partir  de  esta  crisis  las  democracias  imperialistas  han  ido  socavando  con  rigurosidad  las  conquistas  democráticas  de  las  masas  y  en  las  semicolonias  el  gorilismo  y  luego  las  dictaduras  civiles  constituyen  la  expresión  más  patente  de  este  proceso.
Para  concluir,  desafiando  los  paradigmas  liberales  burgueses,  el  neoliberalismo  proclama  abiertamente  que  la  desigualdad  social  es  un  valor  positivo  para  las  sociedades  “occidentales”.  En  este  camino,  tanto  Hayek  como  Friedman  ,  sostuvieron  que  la  libertad    y  la  democracia  podían  fácilmente  hacerse  incompatibles,  si  una  mayoría  democrática  decidiera  interferir  los  derechos  absolutos  de  la  propiedad  privada  de  los  medios  de  producción.
Estos  planteamientos,  a  la  luz  de  historia,  no  tienen  nada  de  nuevos  son  la  simple  expresión  del  papel  contrarevolucionario  y  decadente  que  juega  la  burguesía  en  tanto  clase  explotadora.  Sin  embargo,  su  reedición  ideológica  constituye    la  formulación  más  genuina  y  vital  del  proceso  político  y  económico  que  vive  hoy  la  burguesía.  El  neoliberalismo  es  la  ideología  de  la  barbarie,  porque  es  la  ideología  no  de  grupos  de  exaltados  o  fanáticos,  sino  que  del  conjunto  de  la  burguesía  y  del  imperialismo. Al son de la música de Hayek, Friedman y Cía., bailan hoy día no sólo los conservadores tributarios de Regan y Thatcher, es el idioma de la socialdemocracia, de González y Mitterand, de la Democracia Cristiana de Kohl y Andreotti. En una palabra, es LA pòlítica de imperialismo, ante la cual se postran los restauradores del capitalismo como Yeltsin, Klaus y Fidel Castro; es , por supuesto, la política que impusiera a sangre y fuego Pinochet en Chile y que continuara aplicándose en América Latina por la totalidad de los gobiernos, es lo que hoy unifica en tanto lacayos del imperialismo a los Frei, Menem, Cardoso, Sánchez de Losada, Wasmosy, Durán Ballén, Samper, etc., etc.
            Este fenómeno, de común sintonía política ha hecho a algunos ver espejismos: se acabó la historia, la lucha de clases, el marxismo y la revolución. Sólo queda sentarse y esperar a que la televisión nos entregue los resultados de las elecciones burguesas. Es el camino que comienzan a tomar otrora pretendidos marxista y organizaciones que impropiamente han llegado incluso a reclamarse del trotskysmo. Ese camino ha llevado a diversas corrientes como las de los argentinos Moreno y Altamira, la de Mandel, Lambert y el SWP norteamericano a transitar hacia el terreno político de la burguesía en la cual ofician de bufones democratistas. También han sido arrastrados –aunque sea como wagón de cola- al neoliberalismo.
El neoliberalismo, en tanto ideología, actúa enérgicamente sobre la crisis del sistema dando consistencia al fascismo de los 90, el colonialismo e incluso la restauración capitalista en los Estados Obreros.

 

Crisis económica a escala mundial.
            Este fenómeno exige la crítica programática del marx-leninismo-trotskysta, el debate central en el terreno ideológico y en la lucha clasista debe partir de una caracterizacón del neoliberalismo. Una adecuada caracterización permitirá ordenar nuestras fuerzas militantes, esclarecer a la vanguardia embebida en la confusión reinante y dar pasos resueltos hacia la conducción de las masas. Corresponde, por tanto, señalar que el neoliberalismo no es más que la putrefacta expresión ideológica de la crisis capitalista, de la propiedad privada de los medios de producción, característica  del capitalismo, que se transforma –en esta fase decadente del capitalismo, el imperialismo-, en un obstáculo absoluto para el desarrollo de las fuerzas productivas.
            Esta crisis desatada a escala mundial en 1914, con la Primera Guerra Mundial, según la tesis leninista, se concreta en la incapacidad de la burguesía de seguir desarrollando su base económica, en términos de incorporar para la humanidad un superior control y aprovechamiento de la naturaleza. El gran desarrollo tecnológico experimentado  durante este siglo, no se ha traducido en un similar bienestar para la humanidad, por el contrario ha sido la propiedad privada la que ha servido de soporte material para una gigantesca destrucción de las fuerzas productivas. De manera más explícita: buena parte de los más importantes avances tecnológicos de este siglo se han derivado de la experimentación en armas nucleares y en la sofisticación de la carrera armamentista, es decir, ligados no a la producción sino que a la destrucción de las fuerzas productivas constituidas por la fuerza de trabajo, la naturaleza  y la tecnología.
            Esta formulación política resulta fundamental para comprender las características centrales de la actual situación mundial: la burguesía envuelta en esta profunda  crisis lleva a la humanidad a la barbarie en su desesperado intento por conservar su dominación de clase. Los hechos, los porfiados hechos, son contundentes. Más allá de las especualciones delirantes del post-modernismo, en orden a que ingresamos a una era de democracia liberal e infinito desarrollo de la empresa privada, lo concreto, lo real nos señala que el sistema capitalista nos lleva a pasos agigantados a la barbarie. Como señalara el Manifiesto del Congreso de Fundación de la IV Internacional: “En medio de la abundancia, con un aparato de producción que bien dirigido y organizado puede cubrir con exceso todas las necesidades actuales de la humanidad, el capitalismo condena a millones de hombres a la desocupación, a la vida miserable y al hambre. La clase dirigente que sacudió en otros tiempos las cadenas del feudalismo en nombre de la democracia y de la igualdad, combina en la actualidad las fuerzas más sombrías de la reacción y a los elementos más abyectos de los bajos fondos de la sociedad, para abolir todos los derechos democráticos conquistados con la sangre del pueblo... El capitalismo es completamente incapaz de garantizar la prosperidad de las masas, y es igualmente incapaz de asegurar la paz. El capitalismo está en bancarrota. Sus relaciones sociales, sus límites nacionales estrangulan el desarrollo económico y social del hombre... (el mundo) está más que maduro para la reorganización socialista. La prolongación (del capitalismo) sólo puede aumentar la miseria y el dolor sin fin”.
            El certero pronóstico del Programa de Transición, Socialismo o Barbarie, confirma su vigencia en la actual coyuntura. Para ello basta repasar los datos entregados por la propia ONU: “14 millones mueren antes de cumplir los cinco años. 1500 millones de personas (más de un tercio de la humanidad), carecen de asistencia médica. 1300 millones de seres humanos carecen de agua potable. 750 millones padecen de diarrea o disentería aguda. 135 millones viven amenazadas por la desertización. Un cuarto de la población carece de alimentos suficientes. Casi mil millones padecen hambre. // 100 millones fueron afectados por la hambruna de 1990. 180 millones de niños están desnutridos. Un millón de niños en África están afectados por el SIDA. Más de 300 millones de niños no van al colegio. Mil millones de adultos no saben leer ni escribir. 1200 millones de personas viven en la más completa miseria. 115 de cada mil nacidos vivos mueren en los países pobres. 75 millones son expulsados, refugiados, trabajadores ocasionales que cruzan las fronteras legal o ilegalmente”.
            En África existen dos millones de somalíes con riesgo de muerte por hambre. En África son 16 millones los que se encuentran en la misma situación y se espera que a mediano plazo esta cantidad se triplique. En Brasil, la potencia de América Latina, 38 millones de adolescentes viven en la más completa miseria; cerca de un millón van al mercado internacional de niños, en particular para el tráfico de órganos; las hambrunas a las que por décadas ha estado sometida la población, han dado lugar a razas de enanos que acompañan a su condición de tales una debilidad mental congénita.
            Lo cualitativo de esta debacle mundial es que esta vez la crisis ha entrado en el corazón de las potencias imperialistas. En Europa hay actualmente más de 50 millones de desocupados, un millón no tiene dónde vivir y hay 16 millones de analfabetos. Le Monde Diplomatique de enero, señalaba que en Alemania la cesantía alcanza un 10,2% (en la siderurgia llega a un 14%). En Inglaterra y Francia, las cifras más altas de la historia para este último país, hay seis millones de desocupados. En la pujante España de González la cesantía bordea el 22%. Las cantidades indicadas son las más altas desde los años treinta.
            El panorama descrito se corresponde a cabalidad con la crisis estructural del capitalismo, la crisis de sobreproducción revertida en recesión, típica de la fase monopólica, atraviesa la situación mundial. El Chicago Boy, Gary Becker, apologista del libre mercado, comentaba en su última visita a nuestro país que en el segundo semestre de 1992 los rasgos recesivos tendieron a consolidarse. Consecuencia de ello el ´93 se estima que la productividad de Alemania Unificada volvería a caer en un 1,2%. Este ha sido el precio de la anexión: ha pasado en dos años de tener uno de los superávit más importantes, a un déficit que alcanza a un 100% del producto. Este diagnóstico cubre al conjunto de la CEE.
            En EE.UU. la situación es aún más grave 35 millones de desocupados nos señalan un cuarto de la fuerza laboral; el 80% de la población carece de salud pública; la mortalidad infantil alcanza a 100 de cada 1000 nacidos vivos, lo que lo ubica al lado de los países semicoloniales. En 1981 el déficit en el presupuesto federal (diferencia gasto-recaudación pública) era 78,9 mil millones de dólares; en 1988, al final del mandato de Reagan, ya había alcanzado 151,1 mil millones de dólares. Bush en un solo mandato, se repitió el plato llevándolo  a 290,2 mil millones de dólares. La proyección optimista para este año fiscal previene un déficit de 341 mil millones. La deuda pública alcanza la astronómica cifra de 3,97 billones de dólares, de la cual el gobierno federal paga un 14% de su presupuesto en intereses, los que alcanzaron el 94 el 23%. El gasto militar en el período de Bush alcanzó el 26% del presupuesto y un 6% del PGB. Globalmente la economía ingresa en su cuarto año con un crecimiento de sólo un 0,7%.
            La importancia de lo señalado radica en que la economía norteamericana sigue siendo la más importante del mundo, no sólo por representar del 16 al 18% de la producción mundial y por su control de ramas claves de la economía mundial (tecnología, royalties), sino por su hegemonía política y militar consolidada desde la Segunda Guerra Mundial. Así la cifra descrita del 0,7% de crecimiento debe contratarse con el 3,45% de crecimiento promedio entre 1870 y 1988 de la economía de EE.UU.
            Japón ha experimentado un comportamiento similar ya que, aunque es el único que proyecta un crecimiento superior al 1% de su producción, ésta es de un 1,5%. Este índice se da en el marco de una vertiginosa caída. El crecimiento promedio entre 1950 y 1970 fue de un 10% , ya en el veintenio siguiente –70-90- fue de 3,5%, lo que nos permite dar el carácter crítico al referido 1,5%. La burbuja económica japonesa ha estallado  y arrastra los mismos males del viejo mundo. Como señalara El Mercurio (03.04.93): “cuando el crecimiento comienza a desacelerarse hay que mirar dónde se puede hacer un recorte. En el caso de Japón este recorte se está dando , en parte, a nivel de empresas. Existe  una serie de planes de despidos. Recién en Febrero de este año la compañía Nissan Motors, la segunda en importancia en Japón, vaticinó para el presente año fiscal mayores pérdidas de las que había pronosticado. Junto con ello se anunció que en los próximos tres años se eliminarían 5000 puestos de trabajo... las cifras entregadas por el Gobierno indican que el desempleo comienza a crecer por primer vez en los últimos siete años”. La situación descrita en este país debe motivar en lo sucesivo un mayor análisis de nuestra parte por la importancia política creciente que adquiere la guerra comercial de Japón con los EE.UU.
            Los ciclos económicos se encuentran conformados por procesos de expansión y de recesión, los que importan profundos cambios en la composición del capital en su relación con la fuerza de trabajo. Como indica Marx esto involucra una tendencia general a la monopolización e internacionalización de la producción. Estas tendencias desatadas anárquicamente, implican una masiva  destrucción de fuerzas productivas. Con precisión el Programa del POR boliviano plantea que: “ la burguesía sabe que no podrá escapar de la crisis económica mundial (la catástrofe adquirirá dimensiones descomunalmente mayores de las que tuvo la crisis de 1929) con simples manipuleos financieros, arrojando al mercado cerca de un centenar de toneladas de oro en el vano intento de darle al dólar su desaparecida estabilidad...(el gigante va eliminando rápidamente la grasa que ha acumulado durante varios decenios de saqueo y opresión mundiales), por eso no abandona sus planes belicistas como recurso favorito para desangrar las pletóricas fuerzas productiva”.
            Esta caracterización resulta de primer orden, ya que no sólo se trata de sostener la incapacidad histórica y definitiva de la burguesía de desarrollar las fuerzas productivas, sino de precisar que esa misma relación social capitalista conduce a crisis más profundas y devastadoras.
            Es tarea nuestra determinar las características de esta crisis con el objeto de definir una política al respecto. La expansión económica de la post guerra y que culmina con la recesión que acompaña la crisis del petróleo, se hace sobre la base de reconstruir lo destruido por la barbarie fascista y la Segunda Guerra Mundial. Esta expansión se hace en base a una mera reconstrucción, en la que los grandes monopolios norteamericanos llegan –al comenzar la década de los 50- a controlar cerca de la mitad de la producción mundial.
            Algo similar podemos constatar en el corto período de expansión económica del 83-89. Esta expansión no logró superar la crisis de regiones y ramas enteras de las economías de EE.UU., Japón y Europa: la zona agraria, la industria textil y el acero. La configuración de la estructura económica mundial se ordenó en función de dos palancas, con la finalidad de seguir aumentando o  al menos conservar las tasas de ganancia. El primero es el feroz saqueo a las semicolonias vía plan NAFTA. Este puede sintetizarse en lo que se llamó la capitalización de la Deuda Externa, o privatización de los servicios públicos y empresas del Estado. En este mismo plan operó la apertura de estas economías a los mercados mundiales. De esta forma, el capital de los 100 bancos más importantes del mundo se duplicó entre 1982 y 1987. Como correlato a este proceso, ha de señalarse que el año ´82 el flujo de capitales se revirtió  hacia las potencias imperialistas, las que comenzaron a concentrar las inversiones a nivel mundial. Esta fue la tempestad de dólares que arrasó América Latina en la perdida década de los ochenta.
            Otro aspecto característico de la crisis actual, radica en que mientras las ramas productivas de la economía se estancan o simplemente se caen a pedazos (ej. Industria automotriz y aeronáutica de los EE.UU.), la expansión económica se realiza en el período 83-89, en base a la inversión especulativa y en el sector Servicios. Un par de hechos que confirman lo señalado: la llamada  narcoeconomía (tráfico de drogas ilícitas) constituye la rama más importante de la economía norteamericana, concentrando el 5,3% del PNB, unos 240 mil millones de dólares, en la cual las utilidades son del orden del 3000% y en la que trabaja directa o supletoriamente 20 millones de personas (casi un cuarto de la fuerza laboral de los EE.UU.); en el área servicios, el 80% de las utilidades de las empresas de publicidad y contabilidad –también en EE.UU.- proviene del exterior; en 1986, a nivel mundial se invirtieron 21 mil millones de dólares en... DIAMANTES. Los datos son consistentes con la caracterización de estancamiento y caída de la productividad de la economía mundial, de ahí que como única salida para conservar las tasas de ganancia se encuentren el narcotráfico, ,los inmuebles, las obras de arte, acciones bursátiles que son las únicas inversiones más o menos seguras.
            Los dos elementos señalados, el saqueo a las semicolonias y la inversión especulativa o improductiva, son los cimientos sobre los cuales se construyó el castillo de naipes de la era Reagan, Thatcher, Mitterand y Cía.. Es el modelo que comienza a derrumbarse ante nuestros propios ojos.
            Ello puede sintetizarse en la crisis crónica que arrastran las tres áreas de las economías imperialistas: el problema energético vinculado al petróleo; la crisis cerealera y del agro en general y finalmente la industria manufacturera.
            Así, aún las ramas más dinámicas de la industria no logran romper la contracción generalizada de la productividad del sistema, en el área automotriz la tendencia sigue marcada por la sobreproducción, las consecuentes secuelas de despidos masivos y la creciente concentración de capital. Un ejemplo muy claro lo constituyen las más grandes industrias del rubro: al tiempo que la GMC, Nissan, Toyota o la Ford han comprado buena parte de la tradicional industria automotriz europea, todas estas empresas anuncian la continuación de los austeros planes de reducción de personal que las han caracterizado en el último período. La rama informática –que durante los 80 se proyectó como una alternativa de renovación- no ha alcanzado el desarrollo esperado. La propia IBM se ve forzada a un plan de reducción agudo en los próximos cinco años, ya que las pérdidas acumuladas de los últimos ejercicios y su baja de competitividad la ponían en riesgo de desaparecer. Este proceso de desindustrialización plantea toda un área en la que el movimiento obrero ya ha comenzado  a resistir, lo que constituye un desafío concreto para la estructuración partidaria ya que al calor de estas luchas se comienza a ordenar la vanguardia de la clase obrera.
            Particular importancia reviste la crisis sostenida que experimenta el agro. Este sector, en particular el cerealero, ostenta pasmosos índices de sobreproducción, por vía ejemplar se estima que cerca de un tercio de la producción de trigo en Europa se la comen las ratas ya que debe ser comprada por el Estado y almacenada indefinidamente para mantener los precios. El régimen de subsidios –que ha saltado a la palestra como uno de los problemas más explosivos de los tratados de integración económica- obedece a una razón de primer orden: la pequeña burguesía campesina ha sido el tradicional sector de apoyo social de los regímenes políticos imperialistas. De ahí que siempre la burguesía ha buscado a cualquier costo subsidiarla en aras de darle estabilidad y tener una base social que oponerle al movimiento obrero. Sin embargo, este largo idilio toca su fin ya que las necesidades de la monopolización y de la guerra comercial conspiran objetivamente contra las defensas y subsidios con los cuales el agro ha logrado sobrevivir. La amenaza de los intereses de este particular sector de la pequeña  burguesía y toda su raigambre social, ha impulsado dentro de sectores de la propia burguesía a reeditar el fascismo como una alternativa para conservar el apoyo de este sector dentro de la profunda decadencia de la democracia  burguesa y de la amenaza de la revolución proletaria. La recesión de este proceso de fascistización, dependerá de la capacidad que tenga el proletariado de formular una política resuelta por el poder que le permita ganarse a importantes sectores del campesinado y sacarlos del redil burgués.
            El problema energético que se arrastra desde hace casi veinte años, desde la recesión y crisis petrolera de 1974, es lo que ha desatado con mayor espectacularidad las tendencias recesivas, la guerra comercial y su reversión concreta en guerra bélica. La agresión sostenida al Mundo Árabe y la Guerra del Golfo no son otra cosa que la manifestación más acabada de este proceso estructural. El imperialismo en la implementación de sus planes ha contado con un aliado de primer orden: las rastreras burguesías de bazar árabes, las que con las banderas del nacionalismo fundamentalista chiíta de los ayatollah o el pacifísmo histérico de los Arafat, han sustentado la opresión y explotación imperialista. Desde un punto de vista económico la situación es muy clara, las llamadas Siete Hermanas, los siete consorcios que controlan el petróleo a nivel mundial establecieron sólidos lazos con los nacionalistas burgueses de la zona y han logrado consolidar el negocio desplazando la inversión, más bien las tasas de ganancia ya no a la extracción de crudo, sino que al transporte y distribución del crudo.

 

El Imperialismo con la bandera Neoliberal enfila resueltamente hacia el fascismo, el colonialismo y la restauración capitalista en los Estados Obreros.
            La crisis política, económica y social que atraviesa al capitalismo de modo alguno garantiza por sí misma el paso a una sociedad más avanzada, el socialismo. Ya lo planteara Trotsky en su ponencia titulada “Una Escuela de Estrategia Revolucionaria”, ante el Tercer Congreso de la Internacional Comunista: “La burguesía es una clase viva que ha retoñado sobre determinadas bases económico productivas. Esta clase no es un producto pasivo del desenvolvimiento económico, sino una fuerza histórica, activa y enérgica. Esta clase se ha sobrevivido, o sea que se ha hecho el más terrible freno de la evolución histórica. Lo cual no quiere decir que esta clase esté dispuesta a cometer un suicidio histórico ni que se disponga a decir: “Habiendo reconocido la teoría científica de la evolución que yo soy reaccionaria, abandono la escena”. Evidentemente, ¡esto es imposible!. Por otra parte, no es suficiente que el Partido Comunista reconozca a la clase burguesa como condenada y casi suprimida para considerar segura la victoria del proletariado. No. ¡Todavía hay que tirar abajo a la burguesía!. La guerra y sus terribles consecuencias –y la guerra era inevitable, porque las fuerzas productivas no cabían en el marco burgués- han descubierto ante la burguesía el amenazador peligro de su hundimiento. Tal hecho  ha agudizado hasta el infinito su instinto de conservación de clase. Cuanto más grande es el peligro, más una clase –como cualquier individuo- tiende con todas sus fuerzas a  la lucha por su instinto de conservación. No olvidemos que la burguesía se encuentra ante un peligro mortal, después de haber adquirido la mayor experiencia política. La burguesía creó y destruyó toda suerte de regímenes. Se desenvolvía en la época del más puro absolutismo, de la monarquía constitucional, de la monarquía parlamentaria, de la República democrática, de la Dictadura bonapartista, del Estado ligado a la Iglesia Católica, del Estado ligado a la Reforma, del Estado separado de la Iglesia, etc.. Toda esta experiencia, de lo más rico y variado, que penetró en la sangre y la médula de los medios dirigentes de la burguesía, le sirve para conservar a todo precio su poder”.
            La profundización de la crisis, la evidencia cada vez más patente de elementos de barbarie en la situación mundial, no hacen sino confirmar las caracterizaciones citadas. En ese orden hemos de puntualizar que el Imperialismo, esta fuerza viva, activa y enérgica conduce una feroz ofensiva política, económica y militar contra el proletariado y el conjunto de las masas oprimidas del mundo. En ellas combina la intervención de las direcciones contrarrevolucionarias. El electoralismo y el frente popular (ej. Los PT) con los métodos de guerra civil, invasiones militares y fascismo.
            En el plano económico se ha extendido la política del gran capital tendiente a fortificar sus respectivas economías constituyendo zonas económicas, las que lejos de debilitar el proceso de internacionalización y de concentración de capital no hacen sino acentuarlo. Los tratados del tipo Maastricht (CEE), NAFTA (EE.UU., Canadá y México) y los similares intentos del imperialismo nipón, constituyen la viga maestra de esta ofensiva económica y por lo mismo el centro sobre el cual debemos afinar nuestras caracterizaciones. El objeto que persiguen estos acuerdos es el posicionar las distintas facciones del gran capital imperialista con la perspectiva de enfrentar una verdadera guerra comercial. El efecto inmediato de esta orientación ya se ha hecho sentir en las principales concentraciones proletarias del planeta. Sobre ellas se ciernen no sólo los más altos índices de cesantía desde la postguerra, sino que además la perspectiva de una ofensiva aún mayor. En pocas palabras, hemos de definir que el ajuste o nivelación que importan las caídas de los aranceles aduaneros persigue la libre circulación de mercancías y muy especialmente de la fuerza de trabajo. Este proceso persigue nivelar las tasas de ganancias de los burgueses hacia arriba y los salarios hacia abajo, así Maastricht y NAFTA se proponen nivelar a los obreros alemanes con los griegos o españoles, o bien a los norteamericanos con los mexicanos o quizás los chilenos.

 

Avanza  la restauración capitalista en los Estados Obreros

            Otro de los instrumentos de esta ofensiva imperialista reside en las políticas restauradoras  del capitalismo en los Estados Obreros. Para ello se apoya en la burocracia, la cual en el marco de su crisis y la del capitalismo a nivel mundial, ha dado un salto en la tarea de restaurar el capitalismo. Ya lo planteara Trotsky, referiéndose a la URSS y la burocracia: “El régimen de la URSS encierra contradicciones amenazantes. Pero continúa siendo un régimen de Estado Obrero Degenerado”. Así, la propia categoría de Estado Obrero Degenerado  comprende el papel de la burocracia stalinista, la cual hace todos los esfuerzos por destruir las conquistas fundamentales de la Revolución de Octubre. Esta Dictadura del Proletariado logra la estatización de los medios de producción socializándolos, lo que desarrolla las fuerzas productivas llegando a la industrialización de la URSS, proceso ampliamente desarrollado en la ciudad.
            En el campo el desarrollo es más lento, lo que planteó la Nueva Política Económica (NEP), esto significaría  un afianzamiento de la economía y del régimen político en pos de la revolución socialista mundial. Coyunturalmente, sin embargo ello significaría un retroceso, ya que tenderían a afianzarse  de pequeña propiedad de raíz privada. Nacen los Nepman, en ellos está la base social del stalinismo. Esto potencia a la burocracia stalinista la que aprovecha estas contradicciones y el retroceso de la revolución mundial para arrancar el poder político a los trabajadores, estrangulando así el control de los obreros y su organización dada a través de los soviets.
            El régimen actual de la Rusia y en el conjunto de los Estados Obreros Degenerados de la postguerra, China, Yugoeslavia y Cuba no hacen más que confirmar el pronóstico político que Trotsky planteara con un carácter alternativo: “O la burocracia se transforma cada vez más en un órgano de la burguesía mundial dentro del Estado Obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre camino hacia el socialismo”.
            Este es el planteamiento estratégico de la Revolución Política como un conjunto de tareas programáticas para enfrentar a  la burocracia con el programa internacionalista del proletariado. La burocracia stalinista hoy defensora del libre mercado lleva a éste país directo a las garras del Imperialismo yanqui, para transformarla en una semicolonia. Yeltsin, Havel, Castro y Cía., aparecen abiertamente con Clinton planificando la restauración. Sus opositores que no son más que otra ala de burócratas siendo su único fin la disputa del control de la restauración. Se trata de una pugna entre bandos restauracionistas.
            A pesar de las bravatas de los burgueses, en los Estados Obreros no han logrado restaurar el capitalismo porque no han sido capaces de aplastar al Proletariado, el cual ha resistido tenazmente. Esto se agudiza aún más cuando la burocracia y el Imperialismo, bajo la fachada de gobiernos democratizantes y el electoralismo intenta aplicar los ajustes económicos para estos países; ya que independientemente de los planes de los gobiernos, en ninguna de estas naciones se ha logrado privatizar la industria pesada, las ramas estructurales de su economía. Esto es lo mismo que indicar que la burocracia sigue siendo una casta ligada al Estado y no una clase social, no es burguesía. Más allá de las primeras y más difíciles etapas iniciales, en todas partes las usinas de carbón, de acero y otras industrias pesadas que emplean a cientos de miles de trabajadores siguen siendo estatales, aunque ciertamente de un estado burocratizado, lo que las hace poco competitivas en el campo económico. Tanto Polonia y la República Eslovaca han logrado privatizar sólo las pequeñas empresas; en Rumanía, Bulgaria y Albania, el pronóstico del imperialismo, como lo explica el plan ECOM (Centro de Estudios con sede en Washington) es el siguiente: “después de tres años de fracaso y desaliento... se observa una abrumadora evidencia de que la segunda depresión está llegando a su fin. Hay pruebas contundentes de que a cuatro de los 7 países de Europa Oriental investigados, Polonia, Hungría y las Repúblicas Checa y Eslovaca se está iniciando la recuperación económica y es posible que durante 1993 se logre un significativo crecimiento económico”, crecimiento que sin duda irá al sector privado y a los inversionistas extranjeros.
            Estos gobiernos conducidos por distintas facciones de la burocracia stalinista, de unidad nacional, asentados en un fuerte y creciente bonapartismo, preparan, tras las mascaradas parlamentarias, el golpe militar y la represión sangrienta. El nombre y la figura de Pinochet se pasean por los Kremlin de los Estados Obreros. Todo esto indica que Europa Oriental es conducida directamente a la restauración capitalista, la polémica al interior de la burguesía reside en la ineludibilidad de una acción militar de mayor envergadura, la Guerra Civil en Yugoeslavia tiene este objetivo. La embestida económica se agudiza y sirve de antesala a la embestida militar. Cada vez se reduce más la ayuda financiera para las industrias estatales, esta crisis se agudizará ya que por ejemplo en Polonia, el desempleo se ha más que duplicado desde 1990, y el año pasado llegó a 2,5 millones de trabajadores (13,5% de la fuerza de trabajo), se pronostica que para fin de año la cifra puede aumentar en otro medio millón, esto no sólo para Polonia sino que es la perspectiva general para el resto de los Estados Obreros, de ahí se desprendería la miseria, el pauperismo y todo lo que engendra la crisis del sistema capitalista. Un elemento escalofriante: en China más de diez millones de personas trabajan en Campos de Concentración llamados Logai, los que sirven de soporte al desarrollo de las exportaciones. Es la llamada industria carcelaria.
            Este movimiento en los Estados Obreros pone a la orden del día el Programa Revolucionario de la Revolución Política, la Dictadura del Proletariado contra la Dictadura de la Burocracia y la Restauración burguesa. La falta de un partido revolucionario que fusione  el movimiento objetivo de resistencia del proletariado con su programa político, nos permite trazar una proyección sobre el convulsionado curso que adoptará este proceso. Bazyl Lipszyc, asesor de finanzas de Polonia, dice: “Nadie sabe a ciencia cierta si el sistema va a funcionar pero si yo no creyera en él, conseguiría un pasaporte y me largaría”.
            El imperialismo está dispuesto a arrasar con los Estados de Europa Oriental ayudado por estos gobiernos y sus burocracias, que están al completo servicio de las políticas de libre mercado y la expansión del capital financiero. La agudización de este conflicto y las luchas que de la clase obrera y las naciones oprimidas, serán el terreno para la construcción de la Internacional. La lucha contra la burocracia, contra los privilegios y contra la opresión nacional, son el terreno en el cual se delimitará la vanguardia y su expresión político-programática, la sección de la IV que lidere físicamente a las masas para imponer la Dictadura del Proletariado y la Revolución Socialista Mundial.

 

Aplastamiento de las libertades democráticas: antesala del fascismo

            Estos proyectos de recomposición económica, acompañan y explican toda la profunda reordenación política que prepara la burguesía. Las salidas en este terreno han estado marcadas por un signo dominante: crece el bonapartismo como mecanismo para salvar la crisis, lo que comienza a cuestionar el andamiaje ideológico-institucional de los regímenes imperialistas. Las libertades y derechos democráticos conquistados por décadas de luchas comienzan a ser severamente conculcados, esto ha acarreado que los gobiernos de EE.UU., Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Canadá y Japón sean de conjunto los más débiles desde la Segunda Guerra Mundial. Conjuntamente a lo indicado se desmoronan los tradicionales partidos de estos regímenes. El PS francés se cae a pedazos; en Italia el mismísimo Andreotti ha caído junto a la Democracia Cristiana por sus vinculaciones con la Mafia, sólo semanas antes de la disolución del PS y de la DC (la cual pasa a llamarse Partido Popular, igual que en 1945); Conservadores y Laboristas van juntos por el mismo camino en Inglaterra. Estos rasgos expresan el raquitismo político de la burguesía y su incapacidad de hacer frente a la crisis, de ahí que las pugnas interburguesas destapen escándalos de corrupción que persiguen precisamente salvar sus desprestigiadas instituciones. Todo un sector del Imperialismo, la Socialdemocracia, el Stalinismo y sus expresiones recicladas y en menor medida la Iglesia, se juegan la vía de las elecciones y el circo democrático burgués para contener la unidad política de la clase dominante y garantizar la estabilidad del sistema.
            Sin embargo, a pesar de ser minoritario, algunos sectores del Imperialismo, precisamente el más golpeado por la crisis económica, comienza a apostar por una salida de corte fascista. Tras los miles de atentados a grupos de inmigrantes –sólo en Alemania se registraron más de 7000 el año 92- se encubre un operativo gigantesco que persigue el aplastamiento sangriento de la clase obrera como línea central. Una cosa son las bandas de lúmpenes fascistas que se pasean por Berlín, Madrid, Londres o París, con sus cabezas rapadas y otra muy distinta son los partidos organizados sólidamente para hacer propaganda, para darle conducción política al descontento de la pequeñaburguesía. Estos últimos partidos comienzan  a ostentar importantes resultados electorales, hoy día controlan más del 30% del Parlamento de Frankfurt /M, utilizando para ello todo el vacío dejado por décadas por el electoralismo y democratismo de la socialdemocracia, el sta linismo y el pseudo-trotskysmo (especialmente el mandelismo y lambertismo). Ya lo planteó Trotsky en 1934, refiriéndose a Francia: “El viejo Amo de la sociedad está en quiebra. Hace falta un nuevo Amo. ¿Si el proletariado revolucionario no de hace dueño del poder lo hará inevitablemente el fascismo!... (más adelante) El desarrollo del fascismo es en sí  mismo, el testimonio irrefutable de que la clase obrera ha tardado terriblemente en cumplir la tarea puesta ante sí, desde hace mucho tiempo, por la declinación del capitalismo”.
            Sobre estas bases podemos afirmar de que efectivamente estamos a las puertas de una nueva intentona fascista. La capacidad que tenga la burguesía de llevarla a cabo, dependerá, eso sí, de la factibilidad política que tenga de frenar, neutralizar y en definitiva hacer retroceder al movimiento obrero, lo que en Europa resultará especialmente difícil ya que se trata del proletariado de mayor tradición, cuyas conquistas se encuentran sólidamente afincadas desde el siglo XIX. Sin embargo, para ello cuenta –por un lado- con el efecto desmoralizante del electoralismo que plantea como única salida, la defensa de la legalidad burguesa y el impotente pacifismo ante el desvergonzado avance del fascismo; por otro lado, su base social –la atrasada pequeñoburguesía agraria en particular- continuará expandiéndose vía crisis económica.
            Paralelo a este proceso, debemos seguir muy de cerca el fascistizante modelo japonés, extendido a los Tigres del Asia (Corea del Sur, Malasia, Taiwán, etc.). Se trata de una expèriencia política y económica riquísima que ha servido como puente para impulsar planes de superexplotación a nivel mundial. En la zona, en especial Japón se ha observado un espectacular desarrollo económico que ha ido a contrapelo  de la tendencia mundial. El punto central de este problema radica en que este desarrollo económico no ha significado un ulterior desarrollo de las fuerzas productivas, es decir un mayor control del hombre sobre la naturaleza; muy por el contrario  esta expansión se ha realizado a expensas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y del genocidio que importó la explosión nuclear sobre Hiroshima y Nagasaki. Ello ha servido  de soporte material para una ideología que pretende extender las particularidades  de esta política a escala mundial, es el Control Total o el llamado Toyotismo.
            Se trata de un superior estructura u ordenación del régimen de explotación, supera por su consistencia los niveles de explotación inaugurados por la Ford a comienzos de siglo con la producción en serie. La supera, fundamentalmente, porque supone una correlación de fuerzas desfavorable para la clase obrera, que se asemeja al aplastamiento físico propio de los regímenes corporativos del fascismo. Los trabajadores viven en casas de la empresa; estudian en escuelas, institutos técnicos o universidades de la empresa; visten el uniforme corporativo, en las mañanas cantan el himno de la empresa, etc., todo lo cual persigue el Control Total. Este último se optimiza ya que los trabajadores son organizados en cuadrillas de contratistas las que se encargan directamente de echar  a los menos productivos, con lo que se disfraza la relación patrón-trabajador, utilizando este artificio corporativo.
            En este marco las organizaciones de los trabajadores se encuentran totalmente asimiladas a las de la burguesía y a la empresa misma. Este modelo actualmente se encuentra en plena expansión en Europa y EE.UU., y hace algún tiempo que ha llegado a las semicolonias.

 

Neocolonialismo

            Junto a la restauración del Capitalismo en los Estados Obreros y el Fascismo, se perfila una tercera clara orientación por parte del Imperialismo: son las tendencias al neocolonialismo. Esta última la podemos observar en las más variadas experiencias políticas realizadas por EE.UU. en América Latina, África o el mundo Árabe. Aparece esta tendencia inserta en diversas variantes. El Imperialismo norteamericano busca por esta vía prolongar su dominio mundial y para pervivir aumenta la opresión nacional vía colonialismo.
            El caso chileno, junto al mexicano, constituyen dos de las más altas expresiones del avance de esta política en el terreno económico. En estos países, se ha tratado de desmontar y reconvertir la industria nacional, destruyéndose el mercado interno de forma de orientar la producción industrial y extractiva hacia el mercado mundial. Se conforman así como economías exportadoras cimentadas en un brutal aumento de las tasas de ganancia, lo que lleva aparejado la destrucción de los servicios públicos y /o su privatización. Las economías de estos países semicoloniales experimentan violentas concentraciones de capital a manos de grupos económicos transnacionales.
            Sin embargo, la continuidad en la aplicación de estos planes requiere modificar sustancialmente la estructura de los aparatos militares de las semicolonias. Esto es consecuencia del extremo debilitamiento de las burguesías nacionales, sojuzgadas políticamente y ahora virtualmente extinguidas y absorbidas por los consorcios transnacionales monopólico-financieros. De esta forma, el Imperialismo en los últimos cinco años ha impulsado y materializado múltiples invasiones militares (Irak, Panamá, Somalía, Ruanda, Haití) e intervenciones  (la DEA en Bolivia, Colombia, etc.) para lo cual busca de un modo sistemático la acción conjunta , rápida e incondicional ya de las fuerzas de OTAN y del Este Europeo, ya de las FFAA latinoamericanas. No se trata de un problema logístico –nada tiene que ver con la necesidad de aumentar la capacidad de fuego de las FFAA norteamericanas- , se trata de una cuestión política de primera magnitud: para su subsistencia la burguesía imperialista norteamericana tiene que reconstruir el imperio norteamericano como un imperio colonial.

 

Neoliberalismo y Socialismo

            En el marco descrito el neoliberalismo se anota –según ya dijimos en tanto ideología- importantes triunfos, sin lograr por ello frenar la crisis capitalista.
            El principal triunfo neoliberal radica en la capacidad de homogeneizar a la burguesía y todas sus expresiones políticas. La socialdemocracia por ejemplo, en principio la principal detractora en el marco burgués, terminó demostrando ser una de las fuerzas políticas que con más decisión en implacabilidad aplicaron el modelo. González, Mitterand, los gobiernos laboristas de Nueva Zelandia y Australia, figuran como paradigmas en ese sentido.
            En el terreno económico su principal logro lo constituye la contención de la inflación. Mientras en Europa la tasa inflacionaria promedio de los 70 era de un 8,8%, en los 80 esta bajó a un 5,2% manteniéndose hasta nuestros días una fuerte tendencia a la baja. Esto fue consecuencia en forma importante de la derrota que sufrió el movimiento obrero europeo (especialmente el inglés y francés), lo que se tradujo en una brusca caída en la tasa de huelgas y de afiliación a los sindicatos. Esto conllevó una consistente caída en los salarios y un extraordinario aumento de la cesantía, como hemos anotado más arriba.
            Sin embargo, el principal objetivo neoliberal, la reactivación del capitalismo y especialmente un aumento de las tasas de ganancia, está muy lejos de lograrse. Las actuales tasas de crecimiento económico de estas últimas dos décadas se diferencian muy poco de las de la época de la crisis de `73. Y de las excepcionalmente altas de los `50 sólo queda un recuerdo.
            En este último y trascendental objetivo podemos decir que el neoliberalismo ha fracasado, no ha logrado reactivar el capitalismo. Sin embargo esto es contradictorio, ya que cuenta con una extraordinaria y hegemónica influencia política. La confluencia de estos dos elementos, fracaso económico y victoria política nos da un resultado sumamente peligroso: el neoliberalismo se comporta como un animal herido, preñado de fascismo y represión. Esta última tendencia inequívoca de los últimos años a escala mundial. Golpes represivos en Bolivia y Brasil, guerras civiles, invasiones, etc..
            Este fenómeno político, ideológico, explica la forma precisa que asume la crisis de dirección del movimiento obrero en nuestros días, dando forma (más bien deformando) a la actividad de las masas. Estas últimas carentes de una dirección revolucionaria salen explosivamente, con rasgos insurreccionales a enfrentar la ofensiva burguesa, neoliberal. Esta explosividad se debe a dos factores: 1.- La violenta y abrupta ofensiva burguesa, materializda en tarifazos, cambios de moneda y medidas de ajuste y reconversión propias del modelo; 2.- El debilitamiento de las organizaciones tradicionales (sindicales) de las masas y el descrédito de sus expresiones políticas tradicionales (stalinismo y socialdemocracia) todos aparatos contrarrevolucionarios.
            El rasgo señalado nos indica la arena en que se han de enfrentar el neoliberalismo burgués y el marx-leninismo-trotskysta de la clase obrera: la lucha de clases a escala mundial. La formulación del Programa de la IV Internacional debe explicitar este enfrentamiento, potenciando sus rasgos progresivos: la encendida violencia de las masas; y combatiendo sus elementos regresivos consecuencia de la falta de dirección, el carácter episódico y esporádico de sus organismos e incluso de sus vanguardias. La Reconstrucción de la IV Internacional, cuyo germen incuba en el Comité de Enlace , arranca de la tradición marxista revolucionaria que encarnaran Marx, Engels, Lenin y Trotsky, expresada en su elaboración programática sintetizada en el Manifiesto Comunista, los Cuatro Primeros Congresos de la III Internacional, la tesis de la Revolución Permanente y el Programa de Transición. Por ello nuestro Comité de Enlace levanta orgulloso las banderas de la Revolución y Dictadura Proletarias, en una época en que la burguesía ha pretendido borrar de la conciencia  de los explotados del mundo esta tradición. Para ello la burguesía no sólo se ha valido de la socialdemocracia y el stalinismo –enemigos jurados de la revolución- sino que incluso de pretendidos pseudo-trotskystas y reformistas de todo pelaje.
            La reconstrucción de la IV Internacional, destruida programática y organizativamente por el reformismo (pablismo), constituye el punto de partida de este combate. Ya lo hemos demostrado, el imperialismo lleva a la humanidad por el camino de la barbarie que marca el neoliberalismo, ese camino ya lo hemos comenzado a transitar. Frente a ello ha demostrado su impotencia la  histeria pequeñoburguesa que aspira a humanizar o democratizar el capitalismo con gobiernos populares, de los de abajo. La historia nos impone a los trotskystas conducir el asalto al poder por la clase obrera, la revolución de los explotados, la violenta imposición de sus intereses como caudillo de las masas. Se nos exige un primer lugar en esta lucha, ese es nuestro programa: la destrucción revolucionaria del capitalismo.

 

Revolución Proletaria Nº7, Diciembre de 1995

 

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