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CONTRA LA CORRIENTE

A 25 años del GOLPE recordamos a los caídos, luchando por la revolución proletaria

            Este 11 de Septiembre, a 25 años del sangriento Golpe de Estado que derrocara a la Unidad Popular y perpetrara el más grande genocidio sobre nuestro pueblo, nuestra organización, el Comité Constructor del Partido Obrero Revolucionario levanta las banderas de la Revolución y Dictadura Proletarias, la estrategia de los explotados y pueblos oprimidos, la estrategia de la liberación de los trabajadores de la explotación burguesa, la estrategia de la Revolución Socialista Mundial.
            Hoy día los principales partidos de la izquierda, PC y PS, pretenden transformar este nuevo aniversario del Golpe en una oportunidad para resaltar la “ilegalidad” de los golpistas y la  “constitucionalidad” del Gobierno de Allende, mostrando una vez más su sumisión al orden e institucionalidad burguesas. Fue exactamente este legalismo, este culto a las elecciones, este rechazo a pasar a la lucha revolucionaria contra la patronal, lo que permitió que la UP entregara maniatados a obreros, campesinos y explotados, a la reacción burguesa y a la bota militar.
            No fue la traición de Pinochet a Allende lo que expuso a nuestro pueblo a la represión desatada y el genocidio. Fue la incapacidad y el colaboracionismo de clases de la UP lo que dividió a los trabajadores e impidió que estos pasaran por sobre las instituciones parlamentarias, para defender su único derecho: expulsar a la burguesía del poder, el de gobernar esta sociedad al servicio de la amplias mayorías y de los obreros del mundo entero.
            Los reformistas que ayer  juraban lealtad a la Constitución que terminó con la muerte de miles, hoy día pretenden llevarnos una vez más al degolladero y nos dicen que votando por Ricardo Lagos o la Gladys Marín se “avanzará en la recuperación de la democracia”. Los burócratas reformistas que ocupan las direcciones del PC y el PS, siguen jugando el mismo miserable papel que hace  25 años, embelleciendo el capitalismo y condenando a las masas a esperar que su liberación provenga de las urnas y del calendario electoral de los patrones.
            Nosotros, los trotskystas del POR, junto a los obreros del carbón, a los empleados fiscales, a las decenas de miles de cesantes, a los mapuches que hace unos días inundaron las principales calles de Concepción, Santiago, Temuco y Valparaíso protestando contra la represa de Ralco, a los más de 100 presos políticos de Pinochet-Aylwin-Frei, junto a la vanguardia de izquierda que se reclama de la revolución socialista, alzamos el puño en homenaje a las decenas de miles de luchadores que cayeron combatiendo por la revolución el 11 de Septiembre de 1973.
            A los asesinos, que son la misma clase explotadora de empresarios y patrones que hoy día nos gobierna les decimos: no habrá otro golpe reaccionario, no volverán a masacrar a los explotados, hoy día nos estamos preparando, estamos uniendo nuestras fuerzas porque mañana será la violencia multitudinaria de los explotados la que expulsará a la burguesía del poder e instaurará un gobierno obrero y de los explotados de la ciudad y el campo.
            A los traidores, a los electoreros, los mandaremos al basurero de la historia, a los asesinos, explotadores, generales y grandes empresarios, a los imperialistas les decimos claramente: ha llegado la hora de la revolución de obrera, ahora nos toca a nosotros golpear y extirpar de cuajo el cáncer burgués que hunde a nuestra sociedad en el hambre, la miseria y la represión.
            Compañeros caídos: la Revolución Obrera y nuestro combate diario a asesinos y explotadores, es nuestro único homenaje.
¡HASTA EL SOCIALISMO, SIEMPRE! ¡VENCEREMOS!.

 

STALINISMO ANTESALA DEL PINOCHETISMO Crítica al folleto del PC (AP) “Reformismo antesala del fascismo”, de Eduardo Artes.

            Si hay algo que debemos reconocerle a los stalinistas del PC (AP), es que han tenido la valentía de poner por escrito su posición frente a la Unidad Popular, cuestión que no hacen la mayoría de las tiendas políticas de la izquierda, las que optan simplemente por callar. Sin embargo calladas o no estas tendencias extrañas al marxismo -tal es la definición que cabe al PC(AP)- están apostando siempre al mismo negocio: actuar como intermediarios en tenderle un puente a la burguesía, de forma de darle estabilidad al capitalismo, el que llaman “democracia popular”, gobierno de “los de abajo”, etc.. Artes lamentablemente, como todo stalinista, no escapa a esta caracterización y, como veremos, en su inútil esfuerzo de separarse de la política traidora de la Unidad Popular, termina sosteniendo su esencia, el Frente Popular, política emblemática con que el stalinismo desde los años 30 viene bautizando la colaboración de clases.

 

LAS PINTORESCAS TESIS  DEL PC(AP)
            En su planteamiento Artes no hace otra cosa que recalentar la vieja y podrida comida del frentepopulismo, agregándole eso sí cierta radicalidad formal al analizar el problema de las armas. Con esta mescolanza Artes termina enredándose y cayéndose de bruces, pues califica como traidora y reaccionaria la política de Frente Popular sostenida por el PC durante el reinado de Stalin en el aparato burocrático de la III Internacional.
            Podemos sintetizar estas tesis del modo que sigue:
1.- Se define a la Unidad Popular (UP) como “el resultado de un largo trabajo del reformismo y revisionismo, el cual tuvo como soporte internacional en la política revisionista instaurada en la ex-Unión Soviética después de la muerte del camarada José Stalin y del golpe de Estado Jruchovista.” Más adelante se la califica como “el resumidero del pensamiento pequeñoburgués
2.- Se rechaza la vía pacífica al socialismo a la que se califica como “traición consciente del revisionismo”, por negar  la verdad revolucionaria de la inevitabilidad del enfrentamiento armado... cuando se plantea la definición del problema del poder”. Se concluye que el revisionismo (como llama el PC(AP) al stalinismo del PC oficial) “entregó el pueblo desarmado a sus enemigos”.
3.- Se critica al PC y PS por no expresar los intereses de la clase obrera, por ser revisionista el primero y socialdemócrata y anticomunista el segundo. Ambos ataron a las masas a la institucionalidad burguesa y jugaron por lo mismo un papel contrarrevolucionario.
4.- Se valora el papel de la izquierda “anti-reformista” -afortunadamente excluyen de esta alabanza al trotskismo- por cuanto “más allá de sus errores ideológicos y políticos es donde se puede encontrar la posición más consecuente” frente al reformismo.
5.- Se califica como un triunfo de las masas “el atesorar valiosas enseñanzas aprendidas con esfuerzos” las que se resumen en el PC(AP). La existencia del PC(AP), permite avanzar “tras la demanda histórica de la Democracia Popular y Socialismo”. Se subraya que “la calidad (sic) del factor subjetivo es siempre de primera importancia, y de él depende fundamentalmente el triunfo o derrota”, de ahí que la ausencia de una dirección que se defina por “la Liberación Nacional y Social, la revolución Democrática, Popular y Socialista” haya ocasionado la derrota del 73.

 

EL PC(AP) ES FRENTEPOPULISTA

            De una forma hábil, no lo suficiente como para ocultar lo inocultable, esta secta autoproclamatoria pretende lavarle la cara a la política de colaboración de clases de Frente Popular, dándose un maquillaje (más parecido a la poco graciosa pintura de los payasos) de izquierdismo.
            Debemos comenzar señalando que pese a toda su radicalidad, Artes sólo logra definir a la UP por su praxis política, por su método: el reformismo. Sin embargo no logra explicarnos cuál es la raíz de clase de este reformismo. Dicho de otro modo se limita a decirnos qué hizo la UP, ello aún está presente en la conciencia de las masas y repetirlo no contribuye a ningún esclarecimiento político, y no nos dice por qué lo hizo,  lo que realmente permite armar a la vanguardia y a las masas en su lucha.
            La razón es muy simple: la Unidad Popular se inscribe dentro de la línea general de colaboración de clases que venía impulsando el stalinismo desde 1935, bajo la tesis Stalin-Dimitrov, esto consiste en plantear la necesidad de una revolución por etapas: primero una revolución democrático burguesa en la que el proletariado debe aliarse con la burguesía “progresista, antioligárquica y antiimperialista”; para luego, una vez desarrollado el capitalismo hacer la Revolución Socialista. El PC(AP) no puede explicar qué era la UP precisamente porque ellos son defensores de esta política bastarda y fracasada de colaboración con los patrones.
            Esta concepción etapista fue impuesta a los partidos comunistas por el Jefe Stalin, quien la aplicó por primera vez en China presionando al PC para que llegara a un acuerdo con el  Kuomintang de Chiang Kai-chek, a pesar que la burguesía “nacionalista” y “progresista” terminó masacrando en 1926 a los militantes comunistas de Shanghai y Cantón, el stalinismo siguió empecinado en su estrategia liquidadora.
            Esta política toma el nombre de Frente Popular con Dimitrov, encontrando su justificación en la necesidad de ampliar las alianzas para luchar contra el fascismo, vale decir cuando ante la amenaza fascista se hacía necesaria la sólida unidad de la clase obrera, el stalinismo dividió al proletariado con esta política de alianzas con los sostenedores del fascismo: la burguesía “progresista”. El resultado fue trágico, millones de obreros en todo el mundo cayeron masacrados por la reacción burguesa en Europa, España en 1936 y Francia, aquí fue verdaderamente el Frentepopulismo la antesala del fascismo.
            Esta misma política se sostuvo en Chile por los stalinistas, los que desde 1936 llevaron adelante una política de colaboración frentepopulista, ello se expresó en el Frente Popular en que los obreros agrupados en el PC y PS, apoyaran la candidatura del reaccionario latifundista Pedro Aguirre Cerda. Los comunistas y socialistas apoyaron, con algunas variantes, durante más de diez años los gobiernos burgueses que encabezaba el Partido Radical. Este largo romance con los radicales termina abruptamente en la posguerra cuando González Videla (del ala izquierda de los radicales) declara al PC enemigo de la democracia y lo proscribe legalmente.
            Lo expuesto es un hecho tan contundente que el propio Artes debe reconocer el carácter contrarrevolucionario de esta política de Stalin, cuando nos dice textualmente que a mediados de los 40 (mientras Stalin roncaba en la Comitern y entregaba la revolución europea con los pactos de Yalta y Postdam), el PC  busca y logra por un corto período ingresar al Gobierno de González Videla, quién electo con los votos del P “C” revisionista, expulsa a estos del gobierno y los coloca fuera de la ley, todo lo cual, sin embargo, no fue problema para que la dirección oportunista del P “C” en un primer momento desconociendo la naturaleza de lo acontecido, ofreciera incluso “su apoyo constructivo” al gobierno” (sic).

 

SIGNIFICADO DE ESTA IMPOSTURA

            Artes no logra explicar qué es la UP, por supuesto no puede hacerlo porque como se ha demostrado, es sostenedor de la misma política que encabezara Allende hasta el trágico 11 de Septiembre de 1973. Es un minúsculo y habilidoso reproductor de la misma política colaboracionista que dice criticar. Pero en su propia crítica se observa el significado de esta impostura y la maniobra que ella importa.

 

UNA MANIOBRA INCONSISTENTE

            En primer lugar, Artes al criticar a la UP ni siquiera menciona al Partido Radical, organización burguesa que precisamente definía el carácter de clase de la UP. Los radicales eran la garantía otorgada a los patrones, de que no se saldrían de los marcos de dominación burguesa. El hecho -en realidad grosero- de que en un documento que se pretende esclarecedor de una política revolucionaria frente a la UP, no se mencione a uno de los principales partidos de la alianza no puede interpretarse más que como una maniobra. Con ello este poco riguroso stalinista, trata inútilmente de diferenciar entre la criticada UP y la defendida concepción de Frente Popular, que dicho sea de paso -más allá de la soltada de trenzas respecto a González Videla- ni siquiera se da el trabajo de explicitar, toda vez que se reclama defensor de la política del “camarada Stalin”.

 

UNA PIZCA DE RADICALISMO PEQUEÑOBURGUÉS POST-MAOÍSTA

            Con esta falsificación, con este disimulo casi de tanguero, el PC(AP), pretende hacerse pasar por revolucionario, por defensor del carácter insurreccional de la revolución. Por lo mismo toda su crítica está centrada en la falta de una política insurreccional de la UP, con lo que -y en esto estamos de acuerdo- la UP entregó maniatados a los obreros a la reacción golpista. Sin embargo no basta con reclamarse de los fusiles, hace falta saber hacia dónde se apuntan, quiénes los portan y con qué objetivos. Estas son preguntas que debe hacerse todo revolucionario, y por supuesto deben encontrarse esclarecidas en el programa obrero.
            La gran conclusión de Artes es que no se debe creer en las elecciones y se debe impulsar la lucha insurreccional. Para alguien que está haciendo sus primeras armas en política no está nada de mal. Pero para un partido, para alguien que se reclama de varias décadas en la lucha revolucionaria, para alguien que pretende desde un punto de vista “sano y correcto” expresar la línea de una organización que se pretende una verdadera conquista política de las masas, debemos decir que o se trata de una broma o se ha renunciado abiertamente al marxismo revolucionario (tal cosa es el stalinismo).
            Efectivamente se parte de una crítica sólida, el rechazo al legalismo y al cretinismo parlamentario, pero esto se vuelca al desarrollo de una estrategia burguesa: la Revolución Democrática Popular. Es decir se plantea el mismo objetivo estratégico que el PC oficial, la Revolución Democrática (el adjetivo popular sólo encubre su carácter burgués ya que huye de una delimitación de clase). El PC(AP) sostiene por lo mismo una estrategia colaboracionista de clases, por ello sigue reclamándose del Frente Popular stalinista, por ello sigue pugnando por la “primera” etapa de la revolución chilena, aquella que con empanadas y vino tinto, preparó la más grande de las masacres que hayan vivido los explotados en nuestro país.
            Es precisamente por esto, que sostenemos que fue el stalinismo (sus concepciones etapistas de la revolución y la colaboración con la burguesía) las que abrieron las compuertas a la reacción burguesa que aniquiló a miles de obreros con el espejismo de la revolución bajo sus párpados. El stalinismo, la socialdemocracia, el frentepopulismo fueron efectivamente la antesala del fascismo.
            Lo que faltó de verdad el 73 fue un auténtico partido obrero revolucionario, un partido programa, una sección chilena de la IV Internacional que enraizada en las masas, las unificara frente a la reacción burguesa (la gorila de Pinochet y la frentepopulista de Allende) planteando resueltamente la lucha insurreccional para expulsar a la burguesía del poder, para imponer vía acción directa el auténtico gobierno de los explotados, el gobierno de los obreros y de los explotados del campo y la ciudad, el gobierno que emerje de la Revolución obrera, el gobierno de la Dictadura del Proletariado de sus organismos poder tal y como se insinuó en los Cordones Industriales.
Santiago, Noviembre de 1998

TROTSKYSMO Y ANARQUISMOLa lucha entre el programa revolucionario del proletariado y el diletantismo de la pequeñaburguesía liberal

El debate político, la discusión ha enriquecido y dado cuerpo a la teoría del proletariado: no otra cosa es el materialismo histórico. La descomunal obra de Marx, El Capital, es una polémica con el liberalismo burgués, en la cual se desnuda la incapacidad histórica de la burguesía de seguir resolviendo los problemas que planteaba el desarrollo productivo mundial, el destino de la humanidad.
            En esta polémica, hace más de un siglo Marx se trenzó en una inclemente disputa  con una tendencia que calificó de burguesa: el anarquismo de Bakunin. Esta tendencia -infiltración burguesa en la I Internacional- mereció toneladas artículos que sirvieron de base programática para la  estructuración de la II Internacional. El propio Marx definió el papel del anarquismo, luego de ser éste expulsado de la Asociación Internacional de Trabajadores (1ª Int).
            Efectivamente, así se expresa en su folleto “Supuestas escisiones de la Internacional”: “Y, como en toda fase histórica resurgen por un momento los viejos errores, para volver a desaparecer poco después, vemos cómo en el seno de la Internacional nacen también Secciones sectarias... el tiempo (de las sectas) ha pasado ya. Pues, si en un pasado pudieron contener elementos de progreso, el programa de la Alianza (Alianza Internacional de la Democracia Socialista, así se llamaba la fracción anarquista, LO), que camina a rastras en las andaderas de un “Mahoma sin Corán” (Bakunin), no es más que un cúmulo de ideas hace tiempo superadas, que, envueltas en frases altisonantes, sólo pueden asustar a idiotas burgueses o suministrar a los fiscales bonapartistas o de otra calaña elementos de prueba contra la Internacional... la fraseología de estos sectarios, cuyo radicalismo reside solamente en las palabras, presta un servicio excelente a los designios de la reacción”. Más adelante define al propio anarquismo: “La anarquía, he aquí el gran caballo de batalla de su maestro Bakunin, quién de todos los sistemas socialistas ha tomado los epígrafes... (volviendo, LO) las cosas la revés, proclama la anarquía (comunismo libertario, LO) en las filas de los revolucionarios como el medio más infalible para destruir los formidables medios de poder social y político concentrados en manos de los explotadores. Y, bajo este pretexto, exige de la Internacional, en el momento mismo en que el viejo mundo trata de aplastarla, que sustituya su organización por la anarquía. Tampoco la policía internacional exige otra cosa, para eternizar la República de Thiers, cubriéndola con el manto del emperador”.
            Debe concluirse que el origen histórico del anarquismo es precisamente el de una tendencia burguesa que pugna por desintegrar la organización centralizada y de combate, de que se dotó el proletariado europeo con la I Internacional. Esta es la esencia del anarquismo: la destrucción, la putrefacción de las organizaciones obreras en el diletantismo. Este diletantismo, esta incapacidad para proyectar políticamente el accionar de las masas en lucha, es lo que estúpidamente se bautiza como “comunismo libertario”.

 

¿QUÉ ES EL ANARQUISMO?
            Para sustentar su accionar desintegrador, los anarquistas se presentan vestidos con ropa prestada del liberalismo burgués, sus pilares ideológicos no alcanzan ni para un chiste:

 

· El ANTIPARTIDISMO, antiautoritarismo o la libertad del individuo como mascarada del burocratismo y la colaboración de clases. Esto se opone a la dirección y programa proletarios, resulta ser no más que una mascarada para el accionar de facto de entidades secretas, sectas, como la fracción bakuninista o la FAI española, que por estructurarse de espaldas a las bases obreras, engañándolas, se pronuncian en contra de la abierta y declarada formación del partido revolucionario oponiéndole ni más ni menos que la impotente asamblea de un sindicato, la que se bautiza como “prefigurativa” del socialismo.
            Este “antiautoritarismo”, “libertarismo”, nosotros leemos aquí simplemente liberalismo, encubre la práctica burocrática de entidades secretas que se limitan a “controlar” los organismos obreros, de forma de contenerlos dentro de los marcos burgueses. Su carácter secreto no tiene que ver con su clandestinidad frente a la burguesía, es la impostura del estafador. Este carácter “secreto” le permite a la FAI (Federación Anarquista Ibérica), lavarse las manos hasta el día de hoy, negando toda responsabilidad en la derrota de la Revolución en la Guerra Civil española, en circunstancias que su supuesto radicalismo (que se limitaba a quemar iglesias) encubría el colaboracionismo de clases que suponía el integrar el gobierno burgués del Frente Popular que abrió las puertas a la reacción franquista.
            En definitiva el antipartidismo anarquista condena a los obreros a la parálisis política, impidiendo que se expresen sus intereses históricos como lucha por el poder. Muy por el contrario, la simple asamblea sindical es en realidad prefigurativa del economicismo, del gremialismo, arena en la cual la burguesía se empeña se movilicen disciplinados los obreros, de forma de impedir que éstos emerjan en la lucha de clases como la clase que acaudille la insurrección de los explotados. El antipartidismo, es por lo mismo esencial y radicalmente burgués, toda vez que persigue impedir el desarrollo de la conciencia política de los expotados. El anarquismo tiene acá un punto de encuentro con el fascismo y las expresiones políticas más reaccionarias de la burguesía, toda vez que se pretende como articulador del desarme político, organizativo y programático del proletariado.

 

· El APOLITICISMO y espontaneísmo. Los anarquistas consecuentes con su lucha en contra de la formación del partido revolucionario, lo son también del programa y de la teoría revolucionaria. Sin embargo, debido a que esta postura resulta impresentable, optan por una postura más “combativa”, se nos presentan como cultores de la “acción directa” a la cual por sí sola atribuyen la propiedad de resolver todos los problemas sociales por conducir inevitablemente a la “Revolución Social”.
Para abordar esta cuestión, de el papel de la acción directa en el proceso  revolucionario hemos de remitirnos a nuestro programa partidario, el cual señala en su Tesis IV que:
“20 ‑ Como marxistas excluimos por principio la pacÍfica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista, no existen por tanto posibilidades de acomodar las relaciones de producción imperantes a las necesidades de la humanidad. Es imperioso destruir estas relaciones de producción mediante el uso de la violencia revolucionaria. Esta violencia, expresión política de la presión de las fuerzas Productivas por liberarse de la propiedad privada de los medios de producción, se expresa mediante la acción directa de las masas y se consuma en la lucha armada e insurreccional de las mismas contra el Estado burgués.
       La experiencia histórica de nuestra clase y de las masas oprimidas ha revelado que es el proletariado ‑a partir de sus propios métodos de lucha cimentados en la acción directa quien ha logrado definir los contornos de estas acciones imponiéndoles la impronta multitudinaria de sus luchas. Es importante consignar que debido al pesado lastre de los partidos obreros democratizantes, persiste abrumadoramente en las masas el parlamentarismo en el cual durante este siglo ha realizado el grueso de su experiencia política la clase obrera. Este factor actúa de un modo dominante en el retardo de la formación de la conciencia política del proletariado.
       Esta realidad nos obliga a participar de esta experiencia de las masas para ayudarlas a destruir sus ilusiones en el parlamento, las elecciones y la democracia burguesa en su conjunto. Iremos, entonces, a participar en las elecciones en que tienen puesta su atención las masas para exponerles nuestro programa revolucionario y convocarlas a echar abajo ‑ con la acción directa de las masas‑ la institucionalidad de los explotadores.
       Finalmente, debemos señalar que el parlamentarismo de las masas, su ilusión en la democracia burguesa, además de la repercusión en el retraso en la formación de la conciencia política del proletariado (la construcción de su propio programa y partido), ha incidido también en la radicalidad de las acciones de las mismas masas, Desde los años veinte, de un modo más marcado, la historia del movimiento obrero y de masas desconoce grandes alzamientos insurreccionales que hayan logrado desbaratar ‑así sea transitoriamente‑ el Estado y el aparato militar burgués. Nuestra historia desconoce movimientos como los de Bolivia el 52 o Nicaragua cl 79, así como tampoco hay registro de Guerra Civil. En definitiva, el contacto de las masas con las armas ha sido accidental, parcial y de corto aliento. Ello no ha impedido que en determinados periodos (1931 en Concepción; 1973 en Viña del Mar) la clase obrera haya logrado quebrar parcialmente a las FFAA ‑especialmente a la Marina‑ y, si estas tendencias no lograron desarrollarse se debe a la tarea pacifista o a veces ultraizquierdista, pero siempre desmovilizadora y colaboracionista de clases del stalinismo y la socialdemocracia. Corresponde a los revolucionarios ayudar a que las masas asimilen críticamente estas altas experiencias de sus propias luchas, para impulsar sobre estos cimientos su embestida revolucionaria sobre el régimen capitalista.
21.‑ La lucha de clases, el choque de clases antagónicas dentro de la sociedad, la lucha de las fuerzas productivas por libertase de relaciones de producción que se han vuelto reaccionarias, constituyen el motor de la historia la que avanza críticamente en medio de revoluciones.
      Sin embargo, en el interior de este proceso, los explotados dicen su palabra mediante la acción directa. Entendemos por tal a todo movimiento en que las masas toman en sus propias manos la lucha por imposición de sus intereses y reivindicaciones, pasando por encima de la legalidad y las instituciones burguesas. Se trata de un accionar que tiene por sujeto a las masas y que persigue la imposición directa, violenta, de sus intereses. Hay acción directa, por tanto, aún sin partido revolucionario por cuanto ella emana la más de las veces de un modo espontáneo, sin que en ello intervenga una mayor maduración política. Hay acción directa sin partido, pero no al revés, por cuanto es sólo a través de la intervención en la acción directa de las masas que el partido revolucionario podrá construirse, a condición de que busque forjar en dicha intervención el programa del proletariado. En consecuencia la acción directa, la multitudinaria fuerza de las masas en su lucha, constituye el hábitat de todo revolucionario, el suelo en el que germinará el partido revolucionario, el único camino que conecta a las masas con su programa y con la revolución, es el camino que comienza con caceroleos, brazos caídos, marchas, huelgas, pasando a paros, piquetes, soviets y encontrando su máxima expresión en la insurrección. Salvo excepcionalidades históricas, la acción directa en gran medida tiene lugar con independencia de la voluntad del partido, sin embargo la única posibilidad de que ésta se proyecte hacia la concientización de la clase radica en la insustituible y abnegada militancia de los revolucionarios”.
            Queda entonces de manifiesto, que desde una perspectiva proletaria, trotskista, la acción directa -la toma en sus propias manos de los explotados de la resolución de sus conflictos por encima de la legalidad burguesa- es sólo el terreno en que el programa revolucionario puede desarrollarse y enriquecerse. La estructuración del partido obrero revolucionario es la condición necesaria, imprescindible para que esa acción directa se proyecte como lucha de clases, como enfrentamiento a la burguesía. La sola acción directa, tomada como un hecho inevitable del desarrollo de las contradicciones sociales, carente de dirección revolucionaria resulta por lo mismo impotente en términos revolucionarios.
            Para concluir se debe señalar que el recurrente rechazo a la discusión política por parte de los anarquistas, algunos de sus militantes se jactan de ni siquiera leer el diario, es una manifestación adicional de su raquitismo política y teórico. También lo es su infantil rechazo a la “política burguesa” que se traduce en esconder la cabeza ante la lucha de clases. Son cuestiones que de conjunto retratan la indigencia ideológica, teórica, programática, del activismo que se reclama anarquista. Con ello pretenden ocultar su indisimulada pasividad ante el orden burgués, dentro del cual aspiran a representar la extrema izquierda del liberalismo burgués. Tal cosa es la única sobrevivencia del anarquismo hoy, el anarcosindicalismo.
            Este apoliticismo, que profesa un culto religioso por el simple accionar de las masas, despreciando la teoría, como ya hemos demostrado se transforma en burocratismo ya que pretende imponer esta concepción cavernaria y gorila, impidiendo todo debate político con la excusa de que impide la “lucha”. Esta es una típica concepción burocrática, de cuño stalinista, con la que se busca impedir la politización de la vanguardia de forma de contenerla en los estrechísimos marcos del espontaneísmo como hemos apuntado más arriba.

 

· La concepción IDEALISTA Y UTÓPICA del socialismo (¿disolución del Estado o de la Revolución?)
            La “gran” contribución teórica del anarquismo (del específico, sindicalista, ecologista, homosexual, punk, etc.) lo constituye, ¡oh sorpresa!, el planteamiento disolucionista del Estado.
            En realidad, esta concepción presente ya en los primeros materialistas griegos, es distintiva de todo cuerpo ideológico que se pretenda subversivo, contrario al orden establecido. Sin embargo es en el Manifiesto Comunista, donde adquiere su potencial revolucionario como contenido del programa proletario y de su sociedad sin clases, de productores libres asociados, el comunismo.
            Si esta concepción, se encuentra marcada a fuego por los clásicos del marxismo  (magistralmente desarrollada por Lenin en “El Estado y la Revolución”, y por Trotsky en “La Revolución Traicionada”), de la cual se desprende el planteamiento disolucionista del Estado del materialismo histórico; cabe preguntarse, a qué viene esta idea del “comunismo libertario” y la autoproclamación antiestatista, que tan majadera y superficialmente  repiten como un rezo los anarquistas.
            En este punto es necesario retomar polémicas del siglo XIX que fundaron la delimitación entre el socialismo utópico burgués y el socialismo científico del proletariado.
            La postura proletaria, desarrollada por Marx ya en el Manifiesto, pone de relieve que el Estado es por definición un organismo represivo de clase, que ubicado en la superestructura social es creado por la clase dominante a objeto preservar la integridad de las relaciones de producción que existen objetivamente en la estructura social. Por lo mismo, la principal institución estatal son las FFAA, al punto que Engels, ironizando, llegó a definir al Estado como “una banda de matones al servicio del capital”.
            De esta concepción histórica, científica, se debe concluir que la lucha contra el orden burgués -en la etapa capitalista que vivimos- se traduce principalmente como una lucha contra el Estado burgués. Por lo mismo desde el punto de vista del gobierno, la lucha revolucionaria de los obreros, se traduce en la expulsión del poder de los explotadores, la destrucción de su Estado y la formación -asentada en los órganos de doble poder desarrollados por las masas en el período pre-revolucionario- de un Estado obrero. La disolución del Estado por el Comunismo, requiere dialécticamente de un Estado Obrero (el primero en la historia en poder de los explotados), que impulse la revolución a escala mundial.  Tal es el contenido general que asignamos los marxistas, desde hace más de 150 años, a la revolución proletaria, a su gobierno la dictadura del proletariado.
            La materialización del programa proletario, que se consuma repetimos con la disolución del Estado y de las clases sociales en el Comunismo, sólo es posible a condición de que la clase obrera, liderando al conjunto de las masas explotadas, destruya las viejas relaciones de producción para reemplazarlas por las distintivas del socialismo en que los medios de producción se han socializado. Tal proceso sólo puede concebirse en términos mundiales, si bien es cierto la revolución nace -por el desarrollo desigual de los obreros de los distintos países- en las fronteras nacionales, ella se desarrolla en la internacional y se remata como revolución mundial. La extrema internacionalización de las clases sociales, resultado de la producción en su fase imperialista, no permite otro tipo de revolución ni siquiera la coexistencia de dos sistemas sociales antagónicos, como proclamara el stalinismo.
            Consumar esta descomunal tarea requiere no sólo contar con un partido mundial de la revolución socialista, se hace necesario movilizar y armar a vastos sectores explotados, hacer la revolución productiva, contener la reacción imperialista interna y externa, impulsar la lucha de clases a escala mundial en defensa de la revolución, etc., las tareas propias de un proceso convulsivo y naciente que enfrentará la reacción a toda escala. Para realizar estas tareas se requiere de una organización  que permita a las masas salir del atraso y la opresión y centralizar su lucha contra los explotadores, los que seguirán conspirando mientras no sean aniquilados política, militar y económicamente, en ese orden. La realización de estas tareas supone la creación de un Estado obrero, ejecutor de la dictadura proletaria sobre la burguesía y el imperialismo y garante de las más amplias libertades de expresión política y armamento de las masas explotadas.
            Sólo un imbécil, un idealista o francamente un reaccionario puede pretender que las masas consumen sus aspiraciones revolucionarias y derroten a la burguesía sin estructurar su propio Estado Obrero. El planteamiento anarquista de que la revolución debe disolver todo estado, consumada que sea la derrota de la burguesía es revelador de su concepción idealista y utópica de la revolución. Este planteamiento supuestamente “disolucionista” del Estado lo es en realidad de la Revolución. El “disolucionismo” anarquista nada tiene de revolucionario, y sólo sirve a la reacción. La concepción infantil de los anarquistas, de que los obreros luego de derrotar a la burguesía deben dedicarse sólo a producir, es reveladora de los temores y aprehensiones de la pequeña burguesía que pretende evitar que los obreros “se contaminen” con el poder. Esta concepción, fruto de la ignorancia, cobardía y pedantería de las capas medias de la sociedad, arranca de la idea de que los obreros no pueden gobernar. Bajo esta concepción fueron llevados a la muerte miles de obreros catalanes en la Guerra Civil española, a los que los anarquistas condenaron al aislamiento en un primer momento, para luego ponerlos bajo la tutela del Frente Popular. Esta tesis liquidacionista de la revolución está manchada con la sangre de los obreros de Barcelona. Por lo mismo se castra el proceso revolucionario y se impide su desarrollo a escala mundial.
            En resumen, el “disolucionismo” anarquista plantea: 1.- Que los obreros no deben luchar por el poder;  2.- Que la revolución termina en la esfera nacional. Con estos planteamientos, todas las radicales gárgaras sobre la revolución, la democracia de las bases, el socialismo, etc., terminan en algo muy simple, liberalismo barato, democratismo, nacionalismo, y en el mejor de los casos socialismo utópico.
            Nada tienen en común anarquismo y trotskismo, aunque con mayor o menor interés la prensa nos confunda. El anarquismo es una ideología de la pequeña burguesía radicalizada; el trotskysmo, por el contrario, es el programa de la Revolución y Dictadura Proletarias, es la ideología de los explotados, de sus capas más oprimidas, contra la opresión burguesa.
            Entre ambas corrientes existe pues una delimitación de clase, estratégica. Los trotskystas luchamos por el poder, por la revolución mundial, por el partido revolucionario, por su programa, por la politización de la vanguardia. Los anarquistas en contrario no quieren el poder, ni la revolución mundial, ni el partido, ni el programa, ni la politización de la vanguardia. Nosotros encarnamos el combate revolucionario de las masas, preparamos la victoria. Los anarquistas encarnan la disolución de los organismos de clase y diletantismo, preparan a su manera la derrota del proletariado no otra cosa puede esperarse de la clase media.
            En este mismo sentido Trotsky, en su folleto “La revolución española y la táctica de los comunistas” escrito en marzo de 1931 señaló que “no debemos hacernos ninguna ilusión respecto a la suerte del anarcosindicalismo como doctrina y como método revolucionario. El anarcosindicalismo, con su carencia de programa revolucionario y su incomprensión del papel del partido, desarma al proletariado. Los anarquistas "niegan" la política hasta que ésta les coge por el pescuezo: entonces dejan el sitio libre para el desarrollo de la política de la clase enemiga.”

 

POR QUÉ HABLAR DE UNA TENDENCIA MUERTA

            Hacemos esta delimitación de principios y estratégica con el anarquismo por varios motivos. Primero, porque se trata de una corriente viva sobre todo en los medios universitarios y con la cual nos encontramos realizando un trabajo común en el desarrollo del Comité de Solidaridad Obrera.  Consecuentes con la concepción leninista de frentes esta crítica se encuadra en la concepción de unidad-enfrentamiento, que persigue la imposición del programa partidario en toda actividad que realicemos, con entera libertad de crítica.
            Segundo, porque se trata de una discusión que no hacían los marxistas -es lo que hemos podido indagar- desde hace más de 60 años, precisamente porque luego de la Guerra Civil española, la política frentepopulista y traidora de la FAI, especialmente en Cataluña, hizo desaparecer al anarcosindicalismo de la faz de la tierra. En Chile llegando a nuestro país por la vía de obreros inmigrantes españoles e italianos, el anarcosindicalismo fue derrotado por su incapacidad de dar respuesta política a las necesidades de organización del movimiento obrero de la época, sepultándolo en definitiva el marxismo de Recabarren.
            Con todo el anarquismo que vuelve a Chile en nuestros días, no escapa a la debacle del conjunto de la izquierda mundial. El reciente “Encuentro Libertario”, lamentable e irresponsablemente convocado por el propio CSO puso de manifiesto que esta corriente es predominantemente estudiantil y a guisa del propio aviso convocante, se trata de grupos contestatarios “contraculturales”, sin ninguna perspectiva seria de estructuración en el movimiento obrero. En un sentido general, la existencia de estos grupos revela nuestra propia impotencia para estructurarnos como partido-programa enraízados en las masas. Nosotros integramos el CSO y rechazamos que aparezca convocando un encuentro signado por una tendencia pequeño burguesa como el anarquismo.
            Tercero, porque por olvido o por este carácter de “pieza de museo” que ostenta hasta nuestros días el anarquismo, se ha deslizado en muchos grupos, incluso aquellos que se reclaman trotskystas, que el anarquismo es una corriente revolucionaria, que contribuyó progresivamente a la estructuración del movimiento obrero, etc.. Es un poco, la vieja costumbre católica de hablar bien de los muertos, aunque como en este caso se trate de un muerto muy bien muerto.
            Con esta nota queremos comenzar a actualizar el debate con una corriente que el propio Marx calificó de burguesa. Esto no significa que debamos abandonar el trabajo del CSO -eso sería sectarismo- pero el trabajo debe orientarse sobre su militancia, en abierta polémica con sus archiderrotadas concepciones que ni aún la caída del Muro de Berlín, ni la descomunal crisis de la izquierda marxista, han logrado mínimamente rehabilitar. Anarquismo, stalinismo, castrismo, etc. son todas corrientes extrañas al proletariado y deben ser combatidas como tales, cuestión que no nos libra ni del debate, ni del trabajo codo a codo con sus militantes en las luchas.
           

LOS ANARQUISTAS PRETENDEN SACARNOS DE LA LUCHA CONTRA FREI

            En su planteamiento los anarcos del CSO nos dicen que no debemos proclamar abiertamente la lucha contra el gobierno pro-imperialista de Frei, por cuanto esto introduce un elemento de división innecesaria, bastando sólo la convocatoria general a la lucha contra el capital. Ya hemos señalado las raíces teóricas de este planteamiento, baste confirmar que en el caso en particular esta posición representa una cómoda adaptación a la postura “apolítica” del anarquismo.
            Sin embargo debemos profundizar aún más, en nuestra consigna contra el gobierno y el papel que a ella le cabe en nuestra política. Consecuentes con nuestra caracterización del Gobierno y del Régimen, en esta etapa sostenemos la consigna de “UNIR LAS LUCHAS CONTRA EL GOBIERNO PRO-IMPERIALISTA DE FREI”. La necesidad de este planteamiento descansa sobre la base de preparar a las masas para enfrentar la ofensiva imperialista que operatiza el gobierno concertacionista, partimos pues del supuesto de que asistimos a un proceso desarticulado de luchas sectoriales cuya principal debilidad es la falta de una referencia unificadora de sus combates. En ese mismo sentido esta consigna, además de señalar una tarea concreta a la vanguardia (se vincula a la de “PREPARA LA HUELGA GENERAL”),  caracteriza al gobierno como servil instrumento del imperialismo. El Gobierno lo designamos por FREI, ya que su persona sintetiza las facultades gubernamentales de un modo más preciso.
            La necesidad de ir más allá de la sola denuncia al régimen capitalista en abstracto, nos obliga a precisar a las masas una concreta consigna frente al gobierno burgués de turno. La falta de esta consigna, de esta política, puede volver impotente la política general de una organización. Efectivamente, es la definición precisa y clara frente al Gobierno lo que permite a las masas acercarse al programa revolucionario. Las referencias generales a la revolución, a la lucha contra la burguesía, si no están conectadas al accionar real de las masas las deja a estas sin orientación y hace sucumbir a la vanguardia en una tarea estéril.
            Tal es el papel del oportunismo de “izquierda” del anarquismo dentro del CSO, el que se niega a denunciar abiertamente al gobierno de Frei, incluso frente a medidas tan impopulares como los recortes presupuestarios de Julio. Esta impostura del CSO, lo hizo quedar a la derecha de burócratas como Acorssi, Maturana, Pavez y cía. los que sí llamaron a movilizarse contra el Gobierno. Pero los anarquistas del CSO prefieren mantener la pureza de su principios, prefieren evitar ensuciarse con la politiquería burguesa. De esta forma se divide el trabajo para estos aprendices de oportunistas: a los obreros sólo les corresponde luchar (jamás gobernar), el gobierno (y la explotación) son cosas propias de los patrones. Con estos revolucionarios Luksic, Angelini y otras linduras por el estilo pueden seguir durmiendo plácidamente sin que ninguna lucha les perturbe el sueño.

 

EL COMITÉ DE SOLIDARIDAD OBRERA DEBE SER UN PUNTO DE PARTIDA PARA EL DESARROLLO DE UNA CORRIENTE SINDICAL CLASISTA Y REVOLUCIONARIA
            A partir de que el CSO aparece convocando al reciente “Encuentro Libertario” junto a otros “Colectivos” anarquistas, se pretende constituirlo formalmente como un agrupamiento anarcosindicalista. Ello es el resultado de las capitulaciones del colectivo del CSO favor de esta tendencia. Tal capitulación ha tenido como resultado: que no se pueda cuestionar la política del CSO con la excusa burocrática de que es un organismo de lucha y no de discusión, razón por la cual no se pueden cuestionar las políticas del mismo lo que ha tenido como resultado que el organismo se defina anarquista; que se desvirtúe el carácter de organismo de lucha que dimos hace años al Comité y se comience a discriminar ideológicamente.
            Esta situación debe cuestionar nuestra participación en el CSO ya que en la práctica estamos poniendo nuestras fuerzas militantes y las de otros compañeros de izquierda independientes al servicio de una política anti-marxista y sectaria. Debe restableciese nuestra presencia política en el interior del CSO sobre las siguientes bases: absoluta libertad de crítica y expresión, no a la censura ideológica; el CSO debe volver a ser un referente para los luchadores de izquierda, por ser un centro de activistas en él -y no afuera- se deben discutir las políticas que se impulsen por simple mayoría; sobre estas bases el CSO volverá a ser un referente para irradiar la política revolucionaria sobre la vanguardia sindical de la zona, única forma de que efectivamente se materialice su objetivo de contribuir al desarrollo de organizaciones sindicales, y de una corriente sindical clasista, esta última postura vetada por los anarcos.

 

Valparaíso, Septiembre de 1998

 

REVOLUCIÓN Y CONSTITUCIÓN

1.- POR QUÉ ENTRAMOS EN EL DEBATE CONSTITUCIONAL (NUESTRA LUCHA CONTRA LOS REFORMISTAS)
            En los círculos de izquierda, es frecuente escuchar, frente a los ampulosos y circenses debates políticos de los patrones, que nada de eso nos interesa. Que lo que ocurra en el Congreso, en el Gobierno o el Poder Judicial, en nada nos debe preocupar y que la respuesta la debemos encontrar en los problemas “concretos” de los trabajadores. Se pretende por esta vía delimitar la política de los patrones con la de los explotados, limitando las preocupaciones, reclamos y discusiones de la izquierda al entorno doméstico de los trabajadores. Se dice que no debe interesarnos el destino de los senadores designados, ni el debate tributario ni las posibles reformas a la Constitución.
            Esta postura, debemos admitir, en principio es correcta en cuanto de un modo muy prosaico se trata de esbozar una política clasista. Con esta posición, en verdad, se trata de rechazar la política traidora y colaboracionista de clases de los principales partidos de la izquierda, el PS y el PC. La apelación tan frecuente a los problemas “concretos”, se opone al seguidismo electorero y democratizante (culto a la democracia burguesa) de los reformistas.
            Sin embargo, esta delimitación rudimentaria y a veces instintiva, no alcanza a conformarse como una política coherente que exprese los intereses generales de los explotados en el marco de la lucha de clases. La política del proletariado, de los explotados, debe expresarse en todos los planos. Si se trata del Gobierno y organización del país, de las reformas constitucionales,  esta obligación es doble.
            La  propaganda alrededor de las reformas constitucionales, o incluso -como plantean sectores del PC- la creación de una nueva con una Asamblea Constituyente,  desorienta a cerca de su significado y alcance. Para sus sostenedores este camino conduce nada menos que a la transformación social, a la democratización del país, a la masiva participación en las decisiones de “las bases”, a la redistribución de la riqueza, respeto de los DDHH, etc.. Todo ni más ni menos que con una reforma constitucional.
            El Comité Constructor del POR -trotskista- busca, como instrumento consciente de las leyes de la historia, la transformación radical de la estructura económica y social de este país y no la sustituye  con un cambio en la Constitución por muy importante que pueda ser ésta. Algo más, sostenemos que la transformación cualitativa de la sociedad o la superación de la contradicción fundamental de su estructura económica, sólo podrán lograrse por la vía insurreccional y de ninguna manera por la vía parlamentaria o constitucional. Sin embargo, consideramos fundamental pronunciarnos sobre este debate constitucional, en torno al cual, desde hace varios años diversos círculos de la izquierda vienen alimentando ilusiones en la democracia.
            La política del proletariado engloba todos los aspectos de la vida social, incluyendo por supuesto los emergentes de la Constitución, del poder político burgués. No podría ser de otra forma si se trata de una clase social que históricamente lucha precisamente por el poder político y la expulsión de la burguesía, lo que importará destruir su poder económico -la gran propiedad de los medios de producción- el aparato estatal y el ordenamiento jurídico, incluyendo la Constitución Política imperantes. Esto permite comprender que la política, de manera inexcusable, está obligada a dar respuesta a los problemas que se plantean a los hombres en su actividad social cotidiana.
            La revolución social supone las reformas, y la lucha por éstas puede llevar en determinadas condiciones, a la transformación cualitativa de la sociedad.  Por ello es equivocado sostener que el cuantitativo aumento de reformas jurídicas a la Constitución contribuyen al cambio social, que “hacen avanzar”, “ganar espacios”, etc.. Nada se obtiene con reformas constitucionales, las que en último término son letra muerta al lado de la descomunal crisis que atraviesa el capitalismo a escala mundial, crisis que efectivamente contribuye a definir la relación entre burguesía y proletariado, no otra cosa define los rasgos del actual régimen político. Las letritas en papel son sólo adorno.
            La cuestión radica en que la lucha alrededor de las respuestas de las necesidades inmediatas se proyecta hacia la transformación radical de la sociedad, hacia la conquista del poder por los explotados. Tratándose de reformas constitucionales, su análisis y la campaña sobre ellas deben ayudar a las masas a comprender que no es revisando la Constitución de Pinochet, que se transformará la sociedad o la estructura económica. Debe en primer lugar transformarse la estructura social, económica del país; el proletariado debe tomar el poder, y esto se proyectará en una nueva constitución.
            Para comprender debidamente nuestra participación en el debate constitucional y nuestras propuestas al respecto, no se puede soslayar lo indicado, que no es la simple acumulación de reformas lo que ocasiona cambios en el régimen y la sociedad. El cambio social, debe darse en la base económica y es esta crisis económica -producción social versus apropiación privada de la misma- la que sirve de base para el salto en la transformación social. La lucha  por las demandas inmediatas prepara la lucha que busca la destrucción de la vieja sociedad. Es en este marco que planteamos nuestra propuesta constitucional, lo que no supone que acatemos la actual constitución o que creamos que algunas enmiendas puedan llevarnos al socialismo.

 

2.- ¿QUÉ ES EL DERECHO?
                        Marx ha definido el derecho como la voluntad de la clase dominante convertida en ley. En este marco, Lenin, al definir a la Constitución Política o Ley Fundamental del Estado, nos indicaba que “la esencia de la Constitución consiste en que las leyes del Estado en general y las que atañen el derecho a elegir los componentes de las instituciones representativas, a sus funciones, etc., expresan la verdadera correlación de fuerzas en la lucha de clases. Una constitución es ficticia cuando le ley y la realidad divergen y no lo es cuando coinciden”. No solamente la constitución sino todas las leyes burguesas se empeñan en disimular el poder de la burguesía y su dominio económico y político sobre la mayoría nacional.
            El trotskista boliviano Guillermo Lora nos dice que “El Estado es la organización del poder político en la sociedad dividida en clases. El Estado se expresa y actúa a través de diversas formas gubernamentales”. Marx dijo que el gobierno es el administrador de los intereses generales de la clase dominante. Por su parte, según Lenin “el Estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra”.
            De esta forma se concluye que en realidad el derecho es el estatuto normativo por medio del cual la burguesía ordena las potestades compulsivas del estado (violencia), con la finalidad de preservar su dominio sobre el conjunto de la sociedad. Se garantiza con ello especialmente la propiedad privada de los medios de producción (“propiedad”), la libertad de explotación de la fuerza de trabajo (“libertad e igualdad”) y el monopolio de las armas (“fuerza pública”).
            Este estatuto, cualquiera sea la forma que asuma, se limita a regimentar el regular funcionamiento del orden capitalista en períodos de estabilidad social. Por el contrario, la agudización de la lucha de clases en tanto cuestione las bases de dominación burguesa (“propiedad, libertad, igualdad, fuerza pública), por la propia mecánica social llevará a la burguesía a prescindir del derecho, a utilizar con toda “libertad” a su aparato armado, con la finalidad de doblegar la rebelión de los explotados. Estos períodos, que llamamos de guerra civil, insurreccionales, de agudas convulsiones, literalmente suspenden la vigencia del derecho en toda la amplitud que lo requieran las necesidades represivas de la burguesía. En estos períodos el Estado se nos presenta en su verdadera dimensión: una mera organización represiva al servicio de la gran propiedad privada,
            Los genocidios que sumieron en un baño de sangre a los explotados en América del Sur durante la década del 70, se hicieron en su totalidad bajo el dominio de Estados que sustentaban los principios del liberalismo burgués. Ni Pinochet, ni Barrientos, ni Videla, ni Stroessner, necesitaron de alguna facultad o potestad que no emanara de las armas que conducían. Su poder emergió precisamente de los fusiles, bastando para ello que sirvieran con la brutalidad que exigían los hechos, los intereses del empresariado y las transnacionales. Pinochet incurrió en el formalismo de derogar la Constitución del 25 en Chile (el legalismo de nuestros pagos lo impuso así), pero la Junta Argentina de 1976 hizo desaparecer a 30.000 personas, bajo el supuesto imperio de una Constitución que reconocía y protegía el derecho a la vida.
            Sin embargo, a pesar de lo demoledora que resulta nuestra propia experiencia histórica, y amparándose en las fricciones que se dan entre el ordenamiento jurídico, las disposiciones gubernamentales y los intereses particulares de los empresarios capitalistas, muchos llegan a sostener que el Estado sería un mediador entre las clases sociales en pugna. El reformismo y la izquierda proburguesa (PS, PC) se diluyen en estas especulaciones, consideran que conversando con el instrumento de dominación de la burguesía se le puede convencer a que se dedique a defender los intereses de los explotados y hasta contribuya a su liberación. Este es el fundamento “teórico” de la idea de que la democracia burguesa se debe profundizar, y -graciosamente- se nos dice que ello pasaría por barrer con los enclaves dictatoriales del pinochetismo.

 

3.- ¿QUÉ ES LA CONSTITUCIÓN? (Apariencia y esencia)
            El derecho, también el derecho constitucional, es la voluntad de la clase dominante convertida en ley.  El objetivo central de la actual Constitución Política es la preservación, a cualquier costo, de la propiedad privada de los medios de producción. De un modo más preciso lo que consagra la Constitución pinochetista, es un estatuto jurídico que expresa el triunfo de la burguesía y el imperialismo sobre las masas explotadas en Chile, en septiembre del 73. La finalidad de los resguardos castrenses (Consejo Seguridad, Tribunal Constitucional, irreformabilidad del sistema electoral y de la propia institucionalidad), se encuentran al servicio de la preservación de la propiedad. El extenso Nº24 del artículo 19 de la Constitución, regula de forma reglamentaria la protección a la propiedad privada y consagra un ultra protector sistema expropiatorio. Sólo a vía ilustrativa puede señalarse que mientras el derecho a la vida ocupa un párrafo, la protección de la propiedad ocupa tres páginas.
            Esta Constitución es la reacción ante la poderosa ofensiva obrera del 70-73 en la que la ocupación de fábricas y los cordones industriales fueron motorizando la lucha obrera por el poder. La Constitución del 80 pretende borrar ese pasado y representa la experiencia aquilatada de los explotadores en la materia. Si guardamos las debidas distancias, la Constitución representa una especie de programa burgués, en el que se plantea un orden social, un régimen de participación “democrática”, que sirve de un modo exclusivo a su proyecto.
            En este sentido Lora apunta que lo señalado “nos demuestra que no es la Constitución la que crea la propiedad privada y a la clase social de los propietarios, sino que son éstas, precisamente, las que dan origen a las normas constitucionales”.
            Eso de que existe una Constitución única, un derecho constitucional inalterable, no es más que fetichismo que tan generosamente propaga la burguesía, buscando justificar la pretendida validez universal y eterna de su dominio sobre la sociedad, la intangibilidad de su “derecho” de oprimir y explotar a la mayoría de la población. La historia constitucional chilena es la sucesión de las innumerables constituciones y reformas que constantemente se vieron superadas por los hechos. La cambiante realidad social, que se levanta sobre el contradictorio y crítico basamento económico, nunca llega a ser aprehendida ni siquiera por la mejor constitución y aparece siempre deformada por ésta, porque pretende vanamente inmovilizarla. La realidad concreta se convierte en una abstracción, en la idea constitucional que se pretende imponer mediante la violencia.
            De allí que mostrar el verdadero rostro de la Constitución es parte de esta subversión contra la gran propiedad privada, que supone la opresión imperialista, y contra toda la superestructura ideológica que se levanta sobre aquella. La rebelión contra el orden social imperante, es también rebelión contra su ordenamiento jurídico, y por supuesto contra su Constitución.
            La Constitución Política, aprobada en el fraudulento plebiscito pinochetista de 1980, ha demostrado ser eficiente en el empeño burgués de legalizar el genocidio que barrió con decenas de miles de lo mejor de vanguardia obrera y su objetivo final de sostener la podredumbre y la explotación capitalista y la entrega al imperialismo. A este respecto debemos clarificar que no son sólo los llamados “enclaves pinochetistas” los que transforman en reaccionario a este cuerpo constitucional. Su carácter reaccionario se desprende de su esencia, en la medida que consagra la gran propiedad privada burguesa y actualmente impide el desarrollo de las fuerzas productivas y que hunde a la mayoría nacional en el hambre y la miseria. La Constitución del 80 es reaccionaria no sólo por ser un engendro de un gorila como Pinochet, sino en primer lugar por dar expresión jurídica (con lo que se ordenan las facultades compulsivas del Estado) a un orden social caduco, en creciente descomposición y que sólo muestra capacidad para desatar represión y barbarie.
            En un segundo orden, debemos indicar que es también reaccionaria la Constitución del 80 por cuanto es la viva manifestación de la opresión imperialista. Ello por cuanto más allá de sus enunciados explícitos, que ya hemos dicho sólo persiguen “legalizar” la explotación capitalista, en su articulado encontramos sólo un catálogo de enunciados líricos, teóricos, desmentidos diariamente por la realidad. Ellos están impresos en las páginas constitucionales, como una elocuente demostración de la sumisión ideológica de la burguesía criolla, la que toma prestados preceptos de constituciones expresivas de formaciones sociales capitalistas desarrolladas, fruto en definitiva de revoluciones burguesas.
            Los derechos y la institucionalidad “democrática” que establece son letra muerta, por no corresponder a la realidad que pretende regir. Soberanía, democracia, libertades individuales, son en realidad “valores” que deben ser diariamente pisoteados por el régimen burgués con la finalidad de aferrarse al poder, mientras con ello se arrastra al conjunto de nuestra sociedad a la barbarie. Esta especie de “esquizofrenia”, que atraviesa el alma de la burguesía chilena en modo alguno puede atribuirse a una cuestión meramente ideológica, de tradición o racial (el peso español). El hecho indesmentible de que el régimen burgués atrasado, semicolonial, chileno levante constituciones liberales y que luego se vea obligado a ignorarlas o violarlas, resulta del precario desarrollo de las fuerzas productivas en nuestro país que impide a la burguesía realizar las más elementales tareas revolucionarias como: la ruptura con el imperialismo (la burguesía chilena se limita a parasitar del capital transnacional); el pleno desarrollo capitalista de la industria y el agro, la formación de un mercado interno (la producción está al servicio de los requerimientos de insumos de la moribunda industria imperialista); y, el florecimiento de un régimen de democracia burguesa (formal representativa). La incapacidad histórica de la burguesía chilena de realizar estas tareas -propias de las revoluciones burguesas- deja en evidencia su incapacidad para sacar el país del atraso, explotación y miseria y, por supuesto, de que bajo su dominación pueda surgir la democracia burguesa. En este marco, hablar de “profundizar” la democracia es postrarse de rodillas ante los explotadores y el imperialismo, es cerrar los ojos a la realidad, es traicionar la lucha de los explotados.
            En este contexto pasaremos a demostrar cómo la Constitución pinochetista -por ser burguesa- no pasa de ser un conjunto de abstracciones sobre la democracia y que encarna el papel reaccionario de la burguesía. Sus bases institucionales sólo consagran la entrega al imperialismo y la explotación capitalista, como se pasa a demostrar de una breve visión de su articulado en la que revisaremos apariencia y esencia de su orden constitucional.
· APARIENCIA
a.- LA SUPUESTA SOBERANÍA DEL ESTADO: “Art. 5º: La soberanía reside esencialmente en la nación” Nuestros constitucionalistas, ej. Silva Bascuñán, Bertelsen, etc., de todo el arco político, sostienen que el Estado Democrático Moderno se sustenta en la soberanía de la constitución (debemos leer: “soberanía de la burguesía chilena”). Pero la realidad nos enseña que nuestro país sólo conoce gobiernos y soberanías, sometidos a la voluntad de la metrópoli imperialista, lo que constituye la negación de la soberanía del Estado, considerada en el mundo de abstracciones como la encarnación de la soberanía de la Constitución.
b.- DEMOCRACIA REPRESENTATIVA: “Art. 4º: Chile es una república democrática”, es decir, formal burguesa. Los hechos se han encargado de demostrar que el poco desarrollo del capitalismo, que se expresa como atraso, pobreza, extrema agudización de la lucha de clases, no permiten el pleno desarrollo de la democracia burguesa, inconcebible sin la presencia, por ej., de un vigoroso parlamento que no sólo fabrique leyes, sino que tenga capacidad y fuerza para controlar el poder ejecutivo. De esta manera, son las propias autoridades gubernamentales las que a diario se encargan de violar las normas constitucionales o de ignorarlas.
c.- IGUALDAD ANTE LA LEY: “Art. 19:  La Constitución asegura a todas las personas... Nº2 La igualdad ante la ley. En Chile no hay persona ni grupos privilegiados” . El precepto, arrancado de la tradición liberal, descansa sobre la idea de negar la existencia de clases sociales amparándose en la supuesta igualdad ante la ley. Negar la desigualdades para conservar la dominación de clase. La idea de que no existan grupos privilegiados resulta absurda en un país en que el 60% de la renta nacional se la apropia menos de un 10% de la población. Lo que se puede corroborar si se observa que la economía del país es controlada por cuatro grupos: Luksic, Matte, Angelini y Yaruszeck. Estos dueños del país, en la ridícula ficción constitucional, carecerían de todo privilegio.
ch.- EL DERECHO A LA EDUCACIÓN, A LA SALUD Y A LA SEGURIDAD SOCIAL: “Art. 19:  La Constitución asegura a todas las personas...  9º El derecho a la protección de la salud”; 10º El derecho a la educación. La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida”; 18º El derecho a la seguridad social.  Debe señalarse que estos derechos tan pomposamente enunciados, jurídicamente son sólo eso, ya que el Estado chileno no contrae obligación en garantizar estos supuestos derechos garantidos. Esto significa que el ordenamiento institucional no establece ningún mecanismo para hacer efectivo este derecho que se enuncia. Vale decir: aún en el papel son letra muerta. “Los amos son incapaces de mantener a sus esclavos” reflexionaba Marx, señalando que a esta conclusión sigue la necesidad de expulsar a la burguesía del poder por constituirse en un obstáculo absoluto para el desarrollo de la sociedad, la cual por tanto debe ser subvertida llevándose a los obreros al poder. Este planteamiento adquiere especial validez en este punto, toda vez que la educación, la salud y la seguridad social -únicos derechos sociales garantidos por esta Constitución- aparecen enunciados como meros “valores” que en la práctica -debido al brutal proceso de privatización de estos otrora servicios estatales, resultan actualmente conculcados del todo. Ni la educación, ni la salud, ni la jubilación, constituyen derechos de los trabajadores en Chile, el ordenamiento jurídico se limita aquí a conculcar -bajo la apariencia de garantizar- derechos con la finalidad de mantener su tasa de ganancia y hacer atractivo el mercado laboral a las compañías monopólicas.
D.- EL DERECHO A SINDICALIZARSE:  Art. 19:  La Constitución asegura a todas las personas... Nº19 El derecho a sindicarse en los casos y forma que señale la ley. La afiliación sindical será siempre voluntaria... las organizaciones sindicales no podrán intervenir en actividades político partidistas”.   Con exterminio de las organizaciones sindicales por parte de la Dictadura Militar, se pretendió sacar a los sindicatos del arena política. Ese es el único sentido del gremialismo pinochetista, sacar a los trabajadores del debate político, de su lucha por el poder. La falta de este análisis lleva muchos sectores de izquierda (stalinistas, anarquistas, etc.) a plantear, desde una óptica de izquierda la no injerencia de los obreros en lo que llaman la politiquería burguesa. A ellos debemos decirles que la propia Constitución genocida, ratifica su posición, y que con ello sólo se sirve a los intereses de los explotadores. Reconocer, en definitiva, el derecho a sindicalizarse y negar su accionar político constituye una negación del sindicato toda vez que el accionar sindical -en el marco de la lucha de clases- necesariamente adquiere una dimensión política, ya que la lucha que se despliega se resume en la lucha por el poder. En el mismo sentido debe figurar la supuesta “libertad” de filiación sindical, la que sólo persigue atomizar, dividir, debilitar, los organismos de base de la clase obrera.

 

· ESENCIA
a.- MONOPOLIO DE LAS ARMAS: “Artículo 90 inciso 2º: Las Fuerzas Armadas están integradas sólo por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, existen para la defensa de la patria, son esenciales para la seguridad nacional y garantizan el orden institucional de la República... inciso 4º: Las Fuerzas Armadas y Carabineros, como cuerpos armados, son esencialmente obedientes y no deliberantes. Las fuerzas dependientes del Ministerio encargado de la Defensa Nacional son además profesionales, jerarquizadas y disciplinadas”. Aquí encontramos la verdadera esencia del “orden institucional consagrado  en la carta fundamental” como gustan decir pomposamente los juristas, a esto se resume toda la palabrería hueca sobre la separación de poderes y la participación. Aquí está el Estado Moderno, Democrático, etc., esto es el Estado de Derecho, la mascarada y la hipocresía hecha norma : el poder militar monopolizado para los explotadores, ese es el único poder del Estado, es falso lo predicado incluso por los reformistas en orden a la existencia de tres poderes, el único poder estadual es aquél sustentado en las armas, es lo único que puede sustentar el poder de una minoría explotadora sobre la amplia mayoría nacional.
            El Estado es, ya lo dijo Engels, no más “que una banda de matones al servicio de la gran propiedad privada”. El Estado no es “la nación organizada, y su esencia está confesada en el propio texto Constitucional, es simplemente un organismo represivo de clase sobre el conjunto de la sociedad, de ahí que su carácter “no deliberante” es una pantalla. Es de esencia de las FFAA no sólo deliberar, sino que afirmar el dominio de los explotadores, por ello el proletariado debe pugnar por explicitar este hecho reclamando el derecho a sindicalización de la tropa, punto de entrada de las ideas revolucionarias a las instituciones castrenses la que debe buscar la insubordinación de la tropa en favor de los explotados. Esto último unido al armamento de las masas, son condiciones para el desarrollo de la lucha insurreccional.
b.- PROPIEDAD PRIVADA DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN: “Art. 19: Nº3. Libertad para adquirir toda clase de bienes... Nº24. El derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes corporales e incorporales... inciso 6º : El Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas...”. En estas normas, ya hemos indicado aparece lejos como el derecho de mayor protección, se consagra también la esencia de la dominación burguesa. La expresión normativa pareciera consagrar “todo tipo de propiedad”, pero en la realidad social debe observarse que este es un derecho que sólo puede ejercer la clase dominante. La verdadera propiedad que se protege no es aquella que tiene la mayoría sobre su entorno doméstico (vivienda, mobiliario, vestuario, etc.), que podemos llamar individual, ya que para su expropiación no es necesaria una ley (basta el embargo judicial, a petición de un banco); la propiedad que aquí se protege es la de los medios de producción: la industria, el latifundio y -como veremos- de los yacimientos minerales.        La norma que consagra el dominio estatal de la minería, no es más que un eufemismo violentado por la propia legalidad (régimen de concesiones mineras). La verdad es que esta norma ha sido puesta para ser incumplida -pensamos para garantizar financiamiento a las FFAA- toda vez que desde su dictación el país ha podido ver cómo sus riquezas minerales han sido expropiadas al Estado, por el capital transnacional que desde 1995 extrae más de la mitad de los minerales en nuestro suelo. Ello es la expresión viva de la sumisión y entrega al imperialismo.
c.- AUSENCIA DE DEMOCRACIA FORMAL, LA DICTADURA CIVIL: No haremos una enumeración de normas, pero hemos de referir, que la democracia representativa, formal burguesa, no alcanza en realidad a estar consagrada siquiera por nuestro orden institucional, habiendo ya anotado más arriba que esta democracia no tiene, no ha tenido, ni tendrá expresión bajo el orden burgués en Chile (no hay “Revolución Democrática” posible). Las atribuciones plenipotenciarias del Presidente de la República, dejan al parlamento como un órgano decorativo al que sólo le compete conservar el orden institucional. Importantes atribuciones y funciones estaduales, emanan no de órganos cuyos integrantes han sido generados electoralmente, sino que provienen del propio aparato burocrático, así son “autónomos” el Tribunal Constitucional, el Consejo de Seguridad, las FFAA y parte importante del Senado. Es más, allí donde se hace presente el sufragio, éste resulta deformado por el sistema binominal.
            Estos elementos, reformas más o menos, son la explícita refrendación de la falta aún de democracia formal y representativa. Por ello, y con la exclusiva finalidad de popularizar esta cuestión, hablamos de que este régimen institucional consagra una verdadera “Dictadura Civil”. No pretendemos embellecer con esta crítica a la democracia burguesa, por cuanto sabemos que aún la mejor de las democracias burguesas constituirán siempre una dictadura para la mayoría explotada. Lo que queremos apuntar con esta concepción, es que resulta indudable  que, más allá de si estas instituciones siguen o no en la Constitución, son por sí mismas expresivas de la dominación burguesa en Chile, país en que la burguesía no puede -por su propia decadencia- dominar de otro modo. Por eso agrupamos estas normas en aquellas que son de la “esencia” de la Constitución. Ni una reforma constitucional, ni una Asamblea Constituyente, pueden cambiar este hecho indesmentible que caracteriza el régimen capitalista en nuestro país. La Constitución del 25 no difería en mucho de la actual, por ello, cuando se habla de Prats, Schneider y otros como militares “constitucionalistas”, (o cuando el propio Allende muere jurando lealtad a la Constitución burguesa) no sabemos si tal epíteto  es un elogio o una denuncia.

 

4.- POR QUÉ RECHAZAMOS LA IDEA DE LA REFORMA O DE LA CONVOCATORIA A UNA CONSTITUYENTE.
                        Ya hemos demostrado suficientemente el carácter reaccionario de la Constitución, y cuáles son precisamente los fundamentos para sostener tal posición. Desde este punto de vista concordamos con todos aquellos que impulsan la lucha contra esta Constitución. Aquí estamos en un solo frente de lucha, lucha que entendemos como necesaria en el enfrentamiento al orden capitalista. Por ello, por ejemplo, desplegamos como organización todos nuestros esfuerzos en la lucha contra la entronización de Pinochet en el Senado como vitalicio, el pasado 11 de marzo. Lo hemos señalado, no sólo estamos “en contra”, en realidad luchamos contra esta Constitución y no podemos eludir este combate con el estúpido argumento de que con esta lucha se capitula al legalismo burgués.
            Sin embargo, debemos señalar que la pretensión de cambiar esta Constitución o incluso cambiarla por una nueva, con reformas o una Asamblea Constituyente, representa en la actualidad una capitulación al régimen.  Esto no significa que menospreciemos el potencial movilizador que puedan conllevar la lucha por ciertas reformas, pero, lamentablemente, la conducta que observamos en importantes sectores de la llamada “izquierda” consiste en aprisionar a las masas a la ley y pretender que éstas se disciplinen a los procedimientos de la democracia burguesa. La idea de formar un frente contra el binominalismo del sistema electoral planteada por el PC, de formar un Frente por una Asamblea Constituyente,  o de juntar firmas para que se convoque a un Plebiscito con idéntico propósito, carece de todo destino en términos de fortalecer al movimiento de masas.
            En realidad, con estas propuestas sólo se pretende alimentar ilusiones en la democracia o retardar el proceso de rompimiento de las masas con el electoralismo. Justo cuando millones comienzan a abstenerse, o a votar nulo, lo que en sí mismo es expresivo de un agudo decaimiento en las ilusiones democráticas, salen los “izquierdistas” de siempre a apuntalar estas ilusiones, precisamente para sostener el orden burgués.
            La idea tan en boga -tal es el tenor de lo sostenido al interior de Frente Amplio al menos en Valparaíso- de juntar firmas o “movilizarse” en pos de un Plebiscito que prepare una Asamblea Constituyente o bien que vote directamente una nueva Constitución, debe ser rechazada tajantemente.  Para sostener esto nos basamos en lo siguiente:
A.- La hipotética convocatoria a un Plebiscito bloquea el desarrollo de la movilización. Este es -objetivamente- el papel que le cupo al Plebiscito “del NO” en 1988. Más allá de si se planteó un NO rupturista (“hasta vencer”), o si se sostenía un NO más moderado (con arcoiris), los cantitos y la franja televisiva terminaron por doblegar el ímpetu de lucha de las masas y sumieron a éstas en un letargo -que tras diez años- no se ha logrado revertir. El Plebiscito “del NO”, fue objetivamente la bisagra que permitió un la transición, la continuidad del régimen, el pinochetismo sin Pinochet, no otra cosa es la actual Dictadura Civil como hemos tenido oportunidad de indicar. Plantear un Plebiscito para salir de este estado de cosas resulta, por decir lo menos, una garrafal equivocación, es curar a un enfermo con el mismo veneno de ayer.
B.- Sobre la Asamblea Constituyente, debemos también basarnos también, en la experiencia histórica. Son los hechos, la realidad de los procesos históricos y de la lucha de clases, los que deben servirnos como guía para la acción. La opinión pública y el sentido común son sólo expresión de la chatura y mediocridad intelectual de la burguesía, no podemos pretender que el proletariado -la única clase social capaz de liderar el derrocamiento de la vieja sociedad- se guíe por las percepciones de un patrón que si no está contando billetes mete su dedo en la nariz.
            Este tema, de la Asamblea Constituyente (AC), exige que nos remontemos a la experiencia bolchevique. Fue precisamente Lenin quien planteó, en medio de la convulsionada Rusia de la 1ª Guerra Imperialista, la consigna de la AC como un medio de unificar las luchas contra el régimen de la autocracia zarista lo que en definitiva ayudó al proceso revolucionario poniendo al desnudo la incapacidad de la burguesía rusa para hacer su propia revolución (burguesa), y potenciando el torrente revolucionario hacia la revolución proletaria y su gobierno Obrero-Campesino (dictadura proletaria).
            Sin embargo, ello no significa que siempre y en todo lugar los revolucionarios debamos plantear la AC como parte del reclamo de los explotados. Los bolcheviques supieron -en un país sin tradición parlamentaria- utilizar esta consigna para ayudar a las masas a romper con la burguesía y sus partidos que en aquél entonces se postraban frente al zarismo y su régimen, ahí radicó la explosividad revolucionaria de esta consigna.
            Efectivamente, en la actualidad en un país como Chile, a fines del Siglo XX, con una secular tradición parlamentaria y electoral, la consigna de la AC sólo contribuye a aprisionar a las masas al yugo patronal, al electoralismo, toda vez que se señala un camino de sufragio -dentro del marco capitalista- para resolver sus reclamos. Además no se nos dice quién convoca esa AC, ni cómo se eligen sus componentes, tampoco se señala cuál es la propuesta constitucional que se pretende llevar a esa Asambleas. Planteada en los términos que se señala la consigna AC se hiergue como un puntal sostenedor del régimen, tal y como fue en Argentina con Menem, en Colombia, en el Perú de Fujimori, en Brasil, etc., durante los últimos años. En todos estos países, la AC convocada ha servido para descarrilar las movilizaciones y servir los planes del imperialismo. Este es el papel histórico, concreto, actual de la AC en Chile, de ahí que su convocatoria en definitiva sólo sea expresiva de un reformismo y electoralismos incurables.
C.- Por lo dicho se debe rechazar toda forma de electoralismo. Las masas no pueden organizarse en torno a las convocatorias de la burguesía, ni menos confiar en la legalidad, en las instituciones o en el sufragio de los patrones. Reformas Constitucionales, Plebiscito, Asamblea Constituyente, dan cuerpo a una política en la que lo fundamental es el desprecio por el potencial revolucionario de los trabajadores, de su acción directa, la única capaz de subvertir este orden social. El potenciamiento del accionar de las masas, en definitiva, no pasa por respetar la ley sino muy por el contrario, por unificar los conflictos, fortalecer las organizaciones obreras y reivindicar el clasismo revolucionario en la política.
            Haciendo esta salvedad, finalmente, debemos apuntar que todo este electoralismo (AC, Plebiscito, etc.) ni siquiera tiene sustento dentro del actual orden institucional. Es decir carece de vigencia aún dentro de las propias reglas impuestas por los patrones. Esto es así, y el Capítulo XIV, que trata de la Reforma Constitucional, normas por la que debe pasar cualquiera de las propuestas reformistas ya analizadas, impide que la Constitución sea modificada.
            En este sentido el artículo 116 inciso 2º indica que “El proyecto de reforma necesitará para ser aprobado en cada Cámara el voto conforme de las tres quintas partes de los senadores o diputados en ejercicio. Si la reforma recayere sobre los capítulos I, III, VII, X, XI, o XIV, necesitará, en cada Cámara, la aprobación de las dos terceras partes de los diputados y senadores en ejercicio”.  Es decir si lo que quiere reformarse son las Bases de la Institucionalidad (Cap.I), Los Derechos y Deberes Constitucionales (Cap. III), Tribunal Constitucional (Cap. VII), FFAA y Seg. Pública (Cap. X), Consejo de Seguridad Nacional (Cap. XI) y, las normas para Reformar la Constitución (Cap. XIV), se requiere -hablando en claro- el apoyo de la derecha, la que por el sistema electoral como mínimo tiene más de dos quintos o un tercio en el Senado. Dicho de otra forma no hay posibilidad “parlamentaria” de reformar la Constitución o convocar una AC.
            Pero nos queda todavía la cuestión del Plebiscito, que tanto se ha mencionado recientemente. Con esta fórmula mágica se pretende “destrabar” la Constitución. Repetimos aquí lo anteriormente expuesto, los reformistas que creen en el Plebiscito ni siquiera tienen espacio en la institucionalidad burguesa que tanto adoran. Efectivamente, el inciso 4º del Artículo 117 establece que “Si el Presidente de la República rechazare totalmente un proyecto de reforma aprobado por el Congreso y éste insistiere en su totalidad por las dos terceras partes de los miembros en ejercicio de cada Cámara, el Presidente deberá promulgar dicho proyecto, a menos que consulte a la ciudadanía mediante plebiscito”. Nuevamente la derecha debe convocar este plebiscito.
            El derecho burgués al que pretenden someternos ni siquiera formalmente abre esta vía, por ello el propio Frei en marzo pasado se planteaba demagógicamente luchar por un plebiscito, con lo que la política del PC fue “robada” ni más ni menos que por Frei. No por nada nosotros acostumbramos a decir que la Concertación, la Derecha y el PC son lo mismo, porque en definitiva frente al movimiento de los explotados persiguen lo mismo: someterlos a la ley -de alguna forma- que es lo mismo que decir al poder patronal.

 

5.- NUESTRA PROPUESTA
                        El verdadero desarrollo de la base económica chilena -en el marco de su economía capitalista combinada- exige la sustitución de la propiedad privada por la propiedad social, a fin de hacer posible el desarrollo global de la economía nacional. En este preciso contexto planteamos nuestra nueva Constitución. Se debe entender que esta profunda transformación, fruto del accionar revolucionario, transformador, de las masas en lucha, será la que definirá el contenido de esta nuevo orden constitucional, el que no será sino un reflejo de las profundas transformaciones operadas en la estructura económica y social, y por supuesto en el poder político. Nuestra Constitución no será hija de las urnas y del sufragio burgués, la Constitución del proletariado, de su gobierno, será parida por los fusiles y el poder aplastante y subversivo de los explotados.
            A partir de estas definiciones se debe concluir que nuestra propuesta Constitucional no hace sino resumir, con la forma de un planteamiento de Gobierno el programa y la estrategia proletarias, del modo que se pasa a exponer:

 

PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES
I. EL ESTADO. Chile es una república proletaria, su gobierno lo ejerce la clase obrera apoyada en los explotados de la ciudad y el campo, su objetivo fundamental es la derrota de la burguesía consolidando la dictadura del proletariado, en tanto instrumento para impulsar la revolución socialista mundial. El Estado obrero chileno es internacionalista, por lo que está al servicio de la revolución y de la clase obrera mundiales, único marco dentro del cual es concebible la instauración del socialismo. Todo vínculo diplomático con otras potencias será público, se abole la diplomacia secreta y se desconoce toda obligación política, militar o financiera con el imperialismo.
II. EL PODER OBRERO. Se encuentra radicado en los organismos de lucha de las masas, cuya centralización a escala nacional da expresión al Gobierno obrero. Estos organismos de poder reúnen en sí facultades legislativas, judiciales y ejecutivas, siendo su sustento el armamento general de la población, el pueblo en armas. El sistema de generación de los órganos de poder debe garantizar la más amplia participación popular, otorgándose un voto ponderado en favor del proletariado de forma de garantizar la preeminencia obrera en el poder estatal. Toda autoridad estatal o funcionario de su burocracia percibirá un ingreso no superior al de un obrero calificado, siendo sus cargos esencialmente revocables por los órganos de poder obrero.
III. EL PODER MILITAR. Todo grupo armado existente debe disciplinarse a las directivas del Gobierno obrero y a su programa revolucionario. Quedan disueltas las FFAA burguesas y el armamento, por fuera de las bases del poder obrero, se considerará un delito contrarrevolucionario cuya sanción quedará entregada a los Tribunales Populares competentes. El Estado deberá propender al desarrollo de una industria de armamento de toda especie, sea éste nuclear, químico o bacteriológico, conforme lo exija la defensa del proceso revolucionario.
IV. LA PROPIEDAD. Queda abolida toda forma de propiedad privada sobre los medios de producción tales como industrias, minas, latifundio cualquiera sea su aptitud y bienes de capital en general. Estos medios de producción quedan expropiados a la minoría capitalista, y su gestión, producción y distribución se organizará con arreglo a un plan gestionado y controlado por los trabajadores. Queda ex Subsistirá, sin embargo, la pequeña propiedad sobre parcelas, talleres y otros medios de producción en tanto no empleen mano de obra explotada y organicen su gestión armónicamente con la producción socializada, mediante estructuras cooperativas o de autogestión.
V. AUTONOMÍA DE LOS SINDICATOS y CONTRATACIÓN COLECTIVA. El Estado reconoce la autonomía de la organizaciones de trabajadores, como asimismo su derecho a movilizarse, a hacer huelga y a presentar sus reclamos para ante las autoridades del Estado. Toda contratación tendrá el carácter de colectiva y la organización sindical será única y de filiación obligatoria. El Estado debe estar al servicio de los obreros y es la autonomía de estos últimos la que garantizará un control sobre la burocracia estatal.
VI. DERECHOS CIUDADANOS. El estado garantizará a todas las personas la posibilidad de que con su trabajo y estudio logre un ámbito de seguridad y libertad que le permita crecer como persona, educar a sus hijos conforme a sus convicciones, para satisfacer sus necesidades espirituales y materiales. Se garantiza el libre, gratuito e igualitario acceso a la salud y educación en cualquiera de sus grados, las que deberán propender al desarrollo integral del individuo y contribuir a la liberación social y nacional. Se garantiza un salario y pensión jubilatoria mínima equivalente al costo de la canasta familiar y el acceso gratuito a vivienda. El trabajo es un derecho y un deber revolucionario de todo ciudadano. Se garantiza la irrestricta libertad de conciencia y culto, su ejercicio se arreglará a los preceptos de esta carta.
VII. TRIBUNALES POPULARES. La administración de la justicia corresponderá a los tribunales populares, generados asambleariamente, por las unidades comunales en que se dividirá administrativamente el país. Ellos velarán por el respeto de los derechos constitucionales, la propiedad individual, el derecho a la vida y a su integridad física y psíquica, la violación de los mismos hará obligará civil y criminalmente al responsable. Se reconoce el derecho a sancionar retroactivamente conductas delictivas que hayan atentado en contra del proceso revolucionario. El sistema penal contemplará penas privativas de libertad exclusivamente para la sanción de delitos políticos contrarrevolucionarios. Se garantizará a todo individuo el derecho a un debido proceso y defensa.
VIII. COMERCIO INTERNACIONAL. Queda sin efecto todos los tratados de libre comercio suscritos a la fecha. Corresponderá al Estado el monopolio del comercio exterior y la fijación de aranceles aduaneros que protejan la industria nacional. Se liberan de aranceles aduaneros los bienes de capital y el armamento. Se desconoce toda deuda externa pública o privada contraída durante el antiguo régimen.
IX. PARTIDOS POLÍTICOS. Se reconoce existencia a toda organización política que adhiera a los principios revolucionarios expuestos en esta constitución, tal reconocimiento no estará sujeto a formalidad alguna y dependerá del grado de arraigo con que cuente en el interior de las masas. Se proscribe toda organización que accione o propague ideas contrarrevolucionarias, esto es que propugnen el derrocamiento del poder obrero y el restablecimiento de la explotación capitalista.
X. CARÁCTER MULTINACIONAL DEL ESTADO. Se reconoce el derecho a las nacionalidades aborígenes el derecho a la autodeterminación política, conforme a sus propias tradiciones e intereses. A este respecto el Estado chileno tomará las medidas tendientes a la devolución de sus territorios como asimismo a prestarles el apoyo tendiente a obtener su completa unidad nacional si ella excediere las actuales fronteras chilenas.
XI. RELACIONES INTERNACIONALES. El Estado sostendrá relaciones diplomáticas con entera libertad, buscando con ello el fortalecimiento de la revolución mundial. En el concierto latinoamericano propugnará la formación de una federación de repúblicas socialistas de América latina. Se reconoce como sujeto de derecho internacional a todo movimiento de liberación, organismo sindical o de base, agrupamiento guerrillero, en tanto contribuya al proceso general de liberación de los explotados

 

6.- CONSIDERACIONES FINALES.
                        Los principios expuestos pretenden servir como referencia en el debate constitucional que se ha abierto. Con ellos pretendemos significar que la discusión sobre el poder, sobre la revolución, debe ser abordada en toda su integridad. El desenvolvimiento del proceso revolucionario y la construcción del Partido Obrero Revolucionario, son dos puntas de un mismo hilo que da continuidad al gobierno de los explotados.
            Cuando hablamos de Revolución Proletaria, de Dictadura del Proletariado, no sólo hacemos referencia en abstracto a la subversión radical del orden establecido. Decimos Revolución y con ello estamos hablando de un GOBIERNO, que se opone frontalmente a toda forma de Gobierno burgués. El Gobierno Obrero y de los explotados de la ciudad y el campo -Dictadura Proletaria- por el que luchamos, representa la única salida a la profunda crisis a la que la burguesía arrastra el país. Es así, no hay otro camino, no hay posibilidad de democratizar la barbarie capitalista. Los explotados tenemos voz, es nuestra propia acción directa la que abrirá el camino de la liberación.
            Asumimos las aspiraciones de libertad, igualdad, trabajo, alimento y paz. La justicia y la libertad, son valores a los que aspiramos pero no como utopía, sino como resultado de haber removido las causas que hoy impiden -en Chile y el mundo- la concreción de tal aspiración: esto es, la explotación del hombre por el hombre, esencia del decadente sistema capitalista, que niega todos los días y a toda hora la coexistencia pacífica de los habitantes, la justicia y la libertad.
            Para acabar con la explotación, para barrer con los explotadores y con los castrados que ofician de sirvientes, debemos poner en alto las banderas de la revolución obrera. No podemos permitir que los que hoy día están destruyendo el país, reprimiendo a los luchadores, sumiendo en la miseria a la mayoría nacional y entregándonos a los intereses de los yanquis, pretendan pontificar hoy día sobre “igualdad, libertad, democracia y racionalidad”. No podemos permitirlo porque es la presencia de esos explotadores y sus inmundos sirvientes, los que impiden la satisfacción de los más elementales reclamos de la mayoría nacional. Nos hablan de libertad y han encarcelado a más de 100 presos políticos; nos hablan de desarrollo y son millones los niños que hoy en Chile padecen de desnutrición; nos hablan de crecimiento y son miles los trabajadores que van a la cesantía mientras se cierran fábricas y servicios.
            Los capitalistas no pueden gobernar, si están en el poder se debe exclusivamente a la incapacidad de la clase obrera de expulsarlos de una buena vez del poder. Luchamos por el poder para subvertir esta sociedad, para transformarla al servicio de los intereses de las amplias mayorías, para liberarnos de la explotación. Luchamos por el socialismo mundial (no existe en un solo país) y nuestra postura en medio del debate constitucional es la expresión patente de que no cejaremos en nuestro empeño, no cederemos un milímetro a nuestros enemigos en la finalidad de desenmascararlos. Los reformistas, los que viven pendientes de la ley y de  cómo sobrevivir a su amparo, los que dicen a los explotados que de nada sirve luchar y que el único camino son las elecciones, a esos reformistas les decimos también que su hora ha llegado, que la vanguardia obrera dotada de su propio partido, de su propia estrategia no permitirá otro 11 de Septiembre, no lo permitiremos porque esta vez portaremos nosotros las armas, esta vez asaltaremos el poder.
            La consecución de esta estrategia, la revolución proletaria, pasa necesariamente por la estructuración del partido del proletariado, la vanguardia que lidere a las masas insurrectas. Es esa la responsabilidad que hemos asumido los militantes del Comité Constructor del POR.

 

Valparaíso, 5 de Julio de 1998.

 

SINDICATO, PARTIDO Y REVOLUCIÓN•

Hablar de sindicalismo en Chile hoy en día, es hablar de su profunda crisis. Ella arranca de dos hechos de la realidad política que se nos presentan de forma demoledora: primero, cerca de un 80% de la masa asalariada (quizás más) carece de todo tipo de organización; segundo, los minoritarios sectores organizados, que cuentan con algún tipo de organización, se encuentran controlados por la burocracia sindical de orientación pro-burguesa y pro-imperialista.
            Dicho de otra manera, allí donde la burguesía no logró aplastar a los trabajadores física o ideológicamente, logró infiltrar sus organizaciones de forma de someterlas a su control.
            Este cuadro, por cierto desolador, ha generado viva polémica en la vanguardia que se reclama de la izquierda y de la clase obrera. En ella se observan las mismas tendencias que dan vida a las discusiones sobre los problemas de la revolución y el socialismo.
            Están quienes, siguiendo de cerca los planteamientos del PC y sectores del PS, sostienen que la salida a esta situación está por generar un movimiento de base, independiente de los partidos, autónomo. Nos hablan de un nuevo sindicalismo, y con ello se refieren a cuestiones puramente formales como el lenguaje, los símbolos y todo aquello que diga relación con la tradición de un sindicalismo que se les presenta como fracasado. Sin embargo, sus políticas siguen rigurosamente las corrientes y “cúpulas” que dicen criticar. Se trata de aspirantes a burócratas, que financiados por alguna ONG, aspiran a ocupar algún puesto en la CUT. Claro ejemplo de estos “alternativos” lo constituye el Movimiento de Autonomía Sindical (MAS) y el grupo que estuvo -sin mucha perseverancia- tras la idea de formar un Partido de los Trabajadores del tipo Lula, en Brasil.
            Hay otros que comparten, parcialmente, nuestra crítica a la burocracia sindical. Pero se limitan a criticar la falta de democracia, restándole toda importancia al contenido político de la misma.
            En estas líneas queremos abrir una polémica con todas estas concepciones de forma de dejar nítidamente delineadas las posiciones políticas del proletariado sobre el problema sindical.
            En primer lugar debemos señalar que, los sindicatos constituyen la forma elemental del frente único de la clase obrera. Esto supone que coexisten en su seno las tendencias más diversas del movimiento obrero y que pueden expresar libremente sus ideas y realizar una activa propaganda alrededor de ellas. La unidad se consigue rodeando a esas tendencias de todas las garantías para sus actividades, en ningún caso persiguiendo a dichas tendencias. En esto consiste la base de la democracia sindical.
            No somos partidarios de que la discusión sobre el porvenir de la revolución se margine a los sindicatos; por medio de esa discusión debe imponerse la auténtica vanguardia revolucionaria.
            La unidad y la democracia no quiere decir que los sindicatos vivan alejados de la actividad política y que los revolucionarios renuncien a sus ideas. De manera opuesta, sostenemos que los defensores de la clase obrera tienen el deber de exponer sus ideas ante las masas y que no debe temerse a sembrar discrepancias dentro de las organizaciones sindicales. La bien entendida democracia obrera debe permitir la unidad por encima de las discrepancias y a pesar de ellas. Las verdaderas discrepancias -cuando se enraízan en cuestiones de clase- no dividen sino que ayudan a superar políticamente el actual movimiento sindical contribuyendo a su verdadera unidad.
            Los trabajadores canalizan su actividad a través de dos organizaciones que le son propias: el sindicato y su partido político.
            El Sindicato aparece como consecuencia inevitable del desarrollo de la sociedad capitalista.  En escala mundial, el sindicato aparece con el avance de las consecuencias del divorcio entre la fuerza de trabajo (proletariado) y la propiedad de los medios de producción monopolizada por la burguesía.
            Como se ve, el Sindicato aparece por el impulso instintivo del asalariado, como ORGANISMO DE RESISTENCIA. De lo dicho se desprende que el Sindicato nace de manera necesaria e inevitable, como consecuencia de la propia evolución de la sociedad capitalista.
            Marx nos indica, en su obra “Miseria de la Filosofía”, que “ La gran industria aglomera en un mismo lugar a una masa de personas que no se conocen mutuamente. La concurrencia separa sus intereses. Pero un interés, común a todos y opuesto al patrón, evita que baje el salario y une a los obreros en un mismo pensamiento de resistencia: la coalición (sindicato, Edit). Por tanto esta persigue siempre un doble objetivo: acabar con la competencia entre los obreros, a fin de ponerse en estado de competir con el capitalista mediante el esfuerzo común. Si el primer objetivo de resistencia no ha sido otro que el de mantener inalterables los salarios, luego, a medida que se unen los propios capitalistas con el objetivo de frenar a los obreros, las distintas coaliciones de éstos últimos se forman en grupos, y, ante el capital siempre unido, la conservación de la sociedad de resistencia se convierte para ellos en más necesaria que el propio mantenimiento del nivel de los salarios... En esta lucha, verdadera guerra civil, se unen  y desarrollan todos los elementos necesarios de los combates futuros... Al llegar a esta fase, la coalición toma un carácter político”.
            La necesidad de la estructuración de un organismo superior al sindicato, que permita contener programáticamente la lucha de los explotados por su liberación, se desprende del carácter político de toda lucha obrera. En este sentido el “Manifiesto Comunista”, señala que la lucha sindical a menudo puede arrojar victorias para los obreros, “pero no por mucho tiempo. El resultado substancial de su lucha no es el éxito inmediato, sino una cohesión cada vez más creciente entre ellos... No se necesita más que este contacto para que la lucha de los obreros de las distintas localidades, que tiene el mismo carácter en todas partes, se convierta en lucha de clases en todo el pueblo. Pero, toda lucha de clases es una lucha política”.
            La importancia del sindicato no es otra que el ser el medio organizador de la clase obrera -si se quiere el medio natural y elemental- y la escuela en que aprende la solidaridad, aprende a luchar por sus intereses y madura para poder asimilar la política socialista.  Es en este sentido que Marx y Lenin dicen que los sindicatos son verdaderas escuelas de comunismo.

 

· LA TRANSFORMACIÓN DE LA CLASE EN SÍ, EN CLASE PARA SÍ.
            No olvidemos el papel que juega el sindicato en esta evolución, hemos indicado más arriba que los sindicatos nacen como consecuencia de los movimientos espontáneos de los trabajadores y centran casi toda su actividad a los aspectos limitadamente económicos. Se puede decir que en sus albores el sindicalismo no es más que la expresión de la espontaneidad de los trabajadores.
            Sin embargo, no debe olvidarse que toda acción espontánea ya contiene en su seno elementos que, al desarrollarse, concluyen sentando las bases de la conciencia de clase de los explotados. En otras palabras, el sindicato al agrupar a los obreros y al colocarse como una potencia frente al patrón, define a la clase en sí.
            Toda la historia del movimiento sindical mundial enseña que los sindicatos tienden a permanecer indefinidamente en esta etapa primitiva y sobre ella se levanta esa desviación que proclama el neutralismo político de las organizaciones obreras y la necesidad de que únicamente se limiten a la lucha por mejores salarios.
            A pesar de todo esto, como quiera que los sindicatos agrupan a los trabajadores para la lucha diaria, les permite educarse, aprender a ser solidarios y les plantea problemas que necesariamente concluyen por colocarlos frente a las cuestiones básicas de la política, entre ellas la del poder.
            Hemos ya indicado que el sindicato, sin dejar todavía de ser el centro vital de la lucha económica, permite que los trabajadores eleven su conciencia hacia el programa socialista. Por ello decimos que el sindicato juega un papel de primer orden en el proceso de politización de la clase obrera. Para esta politización es imprescindible la intervención del partido revolucionario, el que no podrá cumplir su papel de tal sino a condición de intervenir en las propias organizaciones de masas.
            Por ello es tarea de todos los revolucionarios, un deber elemental, el contribuir a la formación de sindicatos -en tanto organizaciones de resistencia de las masas, no hacemos fetiche del nombre- y ayudarles a superar  las limitaciones del economicismo inicial.
            La transformación del proletariado en clase para sí, quiere decir que adquiere conciencia de su fuerza y de sus intereses históricos, que se plantea la necesidad de desarrollar una política de clase consecuente e independiente. Esto importa que la lucha económica se transforma necesariamente en política y que el deber revolucionario consiste en acelerar esa transformación. La lucha económica debe transformarse en lucha política y ambas deben dar cuerpo a una lucha única de clase, del proletariado.
            Es necesario que los revolucionarios intervengan resueltamente en la lucha sindical de tipo económica, desplegando en ella de forma clara e inequívoca la estrategia de la Revolución y la Dictadura Proletarias. Ello no significa que mecánicamente debamos plantear tal consigna frente a cada paso que de una lucha determinada, la tarea es muy superior: consiste en explicar creadoramente a los obreros que su organización, su reclamo salarial o de condiciones laborales, que la simple lucha por zapatos de seguridad y capa para la lluvia (llueve en estos momentos copiosamente sobre Valparaíso), se conecta transicionalmente con el poder. Que el más elemental de sus reclamos, si es sostenido con consecuencia, ha de llevarle al proletariado a un enfrentamiento de la clase por el poder social.

 

· SOBRE EL APOLITICISMO FASCISTA Y APOLITICISMO “DE IZQUIERDA”
            Uno de los “aportes” del pinochetismo, y que ha impregnado a la totalidad de los aparatos sindicales desde el gremialismo al stalinismo, lo constituye la idea de que el éxito de todo sindicato radicará en su “independencia”, la “no injerencia de la política partidista” y ese tipo de lindezas, con las que con total descaro se pretende castrar a los obreros de toda capacidad para pensar en algo que vaya más allá de su taller. Se pretende embrutecer al obrero en su entorno doméstico, cercenándosele su carácter de clase social con aspiraciones e intereses propios y antagónicos con los de la clase dominante.
            Hay quienes, de manera imperceptible, al no plantear la tarea del proletariado de construir su propio partido político (como es el caso del llamado Comité de Unidad Sindical (CUS)), decaen en concepciones sindicaleristas las que han sido utilizadas por todos los enemigos de la actividad política de los sindicatos.
            Así, la vieja consigna marxista de que “LA EMANCIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES SERÁ OBRA DE ELLOS MISMOS”, es prostituida y desvirtuada de su carácter revolucionario, para pretender sostener que con ella Marx hubiese aconsejado a los trabajadores que rechacen a todos los elementos políticos.
            Algo más, se ha pretendido interpretar tal sentencia como si quisiese significar que las organizaciones obreras deben únicamente limitarse a la lucha por mejores condiciones de vida y trabajo.
            Lo que verdaderamente se sostiene con la ya aludida consigna, es que la clase obrera debe emanciparse totalmente de la influencia ideológica de la burguesía y de las otras clases sociales (los planteamientos sobre la supuesta prioridad del “trabajo poblacional”), para poder constituirse como partido político independiente de las mismas .
            LA EMANCIPACIÓN DE LOS TRABAJADORES SERÁ OBRA DE ELLOS MISMOS” quiere decir, pues, que esa emancipación será dirigida por el partido político del proletariado y no por ningún otro. Esas palabras fueron escritas para la I Internacional -madre ideológica de la IV Internacional, cuya reconstrucción propugnamos-, el primer intento de poner en pie el Partido Mundial de la Revolución Socialista.
            En escala internacional, se han liberado descomunales batallas por parte de los marxistas contra quienes sostenían la peregrina tesis de que los sindicatos debían mantenerse neutrales con referencia al partido del proletariado inclusive. Esta postura oculta, en definitiva, que nunca ha existido un verdadero apoliticismo en el campo sindical; de un modo consciente o inconsciente, siempre se ha adoptado o apoyado una determinada posición en el plano político.
            La CUT, portavoz del apoliticismo e independencia de la Central respecto del Gobierno, no ha hecho otra cosa que seguir rigurosamente la POLÍTICA del imperialismo, lo que han calificado, no sin cierta burla, como “sindicalismo moderno”. La campeona en estos planteamientos lo fue, ¿existe aún?, la fascista CDT del chupasables Hernol Flores. En realidad, la historia así lo ha demostrado, son precisamente los sectores reaccionarios -inclusive anti-sindicales- los que piden a los sindicatos que sean neutrales... ante sus enemigos.
            Combatiendo contra el apoliticismo, debemos sostener que el sindicato debe ser organizativamente independiente, pero no neutral, no “asexuado” en materia política. El apoliticismo, que aleja a los obreros del programa y estrategias que les son propias, sólo sirve a los reaccionarios.
            El apoliticismo en cualquiera de sus vertientes, inclusive las “buena onda” (que repugnan inclusive ser llamadas de izquierda, como si ese apelativo les cupiera, tipo filo zapatistas o Mov. Autonomía Sindical); inclusive las que cuentan en sus filas con supuestos “trotskistas” (tipo Jean Massa); inclusive el ya mencionado CUS que no toma posición frente al problema del partido y prefiere hablar en el aire de “dirección”; todos ellos, en definitiva, se orientan ideológicamente conforme a los intereses de la burguesía aunque algunos de sus militantes  honestamente piensen lo contrario.

 

· LUCHA ECONÓMICA Y LUCHA POLÍTICA.
            Hay quienes gustan de establecer una barrera infranqueable entre la lucha económica de la política y, basándose en este absurdo, plantean la necesidad de introducir la división del trabajo entre el sindicato y el partido político, de manera de que no se interfieran las referidas organizaciones.
            Este es precisamente el planteamiento que han venido agitando como novedad los reformistas desde el siglo XIX, desde la Socialdemocracia (quebrada definitivamente en 1914 cuando este mismo reformismo los lleva a votar favorablemente los créditos de guerra de sus respectivas burguesías, sirviendo a los intereses de “sus” burguesías), hasta el stalinismo de todo pelaje. La supuesta incompatibilidad entre ambas luchas económica y política, más bien dicho, su supuesta falta de continuidad, descansa sobre la premisa teórica de la revolución por etapas; primero se han de agotar las tareas democráticas (lucha económica) y luego (ese luego debe leerse como “nunca”) se han de realizar las tareas socialistas (lucha política).
            Por nuestra parte, reivindicamos la línea de Marx, Lenin y Trotsky sobre la materia. La lucha de clases comprende de forma indisoluble y permanente, tanto la lucha económica como la lucha política, y son los revolucionarios los que deben ir moldeando la conciencia de los explotados, interviniendo en sus sindicatos y en la experiencia diaria de su lucha, de forma de potenciar ambas luchas como LUCHA DE CLASES. Es por esto que, en último término, el partido del proletariado debe imprimir un carácter político a la lucha sindical y dirigir la lucha económica.
            En este orden resulta especialmente ilustrativo el acuerdo del Congreso de La Haya (1872), congreso en el que la I Internacional escinde a los bakuninistas (anarquistas):
“ En su lucha contra el poder colectivo de las clases poseedoras, el proletariado no puede obrar como clase sino constituyéndose él mismo en partido político distinto, opuesto a todos los antiguos partidos formados por las clases poseedoras.
“ Esta constitución del proletariado en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y de su fin supremo: la abolición de las clases
“ La coalición (sindicato,Edit.) de las fuerzas obreras obtenida ya por medio de la lucha económica, debe servir también de palanca en manos de esta clase en su lucha contra el poder político de sus explotadores.
“... la conquista del poder político viene a ser el primer y gran deber del proletariado”.
            De este modo, debemos concluir que el marxismo ligó en un solo haz inseparable las luchas económicas y políticas de la clase obrera.
            No ignoramos -en nuestra concepción permanentista de la revolución- la lucha por las reformas o reivindicaciones inmediatas, las apoyamos incondicionalmente. Donde nos diferenciamos con los “sindicaleros” de todos colores -en estricto rigor estos últimos ni siquiera defienden consecuentemente las luchas “inmediatas”- es que transformamos estos reclamos en palancas en la lucha por el poder político, les damos el carácter de transicionales, las politizamos.
            En extricto rigor, la mentada independencia de clase del proletariado, únicamente puede efectivizarse a través de su propio partido y programa políticos. Sin partido, aún con los sindicatos más “revolucionarios”, la clase obrera no logrará emanciparse de la tutela ideológica de la burguesía. Tal ocurrió, por ejemplo, en la Bolivia del 52 con Tesis de Pulacayo y todo.

 

· LAS TAREAS DE LA NACIENTE FEDERACIÓN SINDICAL DE TRABAJADORES (FST)
            Desde su constitución, la cual ha sido apoyada incondicionalmente por nuestro Comité Constructor del POR,  la FST se ha planteado como un organismo que aspira a agrupar a los trabajadores bajo sus propias banderas e intereses, en la perspectiva de dar nacimiento a un auténtico sindicato: de masas, asambleario, clasista y movilizador. En este orden su necesidad histórica no puede ser menos que imprescindible si atendemos al nivel de desarrollo de la organización y movilización obrera, especialmente en Valparaíso.
            Sin embargo, debemos hacernos cargo de un conjunto de problemas cuya resolución permitirá seguir avanzando en la ruta que nos hemos trazado. Tales cuestiones son:
1.- DEBEMOS RECHAZAR TODO FETICHISMO EN MATERIA ORGANIZATIVA, vale decir, debemos procurar en todo momento ver la REALIDAD del movimiento obrero a objeto de darle una expresión sindical y política de corte revolucionario. Esto supone estar atento a las luchas concretas que se den los trabajadores y no sólo seguir, sino que estimular, las organizaciones que se generen en las mismas.
            Ello por cuanto hay que ver el contenido y carácter de las organizaciones obreras más que a su denominación o manifestación jurídica, esto es especialmente válido si se tiene en cuenta que en la medida que los trabajadores van saliendo de su letargo, van ocupando los diversos espacios que obtiene en sus luchas, sin que obligatoriamente se deba seguir una senda lineal. No olvidemos que en sus orígenes el movimiento obrero, arrancó utilizando en sus luchas los Socorros Mutuos, Clubes Sociales, Ateneos, etc. y lo que permitió su potenciamiento fue que la vanguardia de aquél entonces, los Olea, Escobar, hasta Recabarren (su máxima figura), supo reconocer su carácter e impulsar las Sociedades en Resistencia, Mancomunales, Federaciones, todos auténticos organismos sindicales, de resistencia y lucha.
            En este marco, la FST debe ser planteada principalmente como un referente en el proceso de reorganización del Mov. Obrero, especialmente su vanguardia, pero no podemos excusarnos de ir a las luchas e inclusive debemos abandonar formalmente a la FST, para proseguir el proyecto de fondo en otro organismo que haya logrado nuclear a la masa obrera en lucha. Nuestra estrategia no puede ser la FST en sí, sino que su contenido programático que le da vida.
2.- DEBEMOS PROMOVER LA UNIDAD SINDICAL Y COMBATIR EL SINDICALISMO DE TIPO “IDEOLÓGICO”, con ello queremos significar que la FST, respecto de los trabajadores organizados, debe presentarse principalmente como una CORRIENTE SINDICAL CLASISTA Y REVOLUCIONARIA, instando a los activistas de las organizaciones existentes a fortalecerlas proclamando la lucha antiburocrática y la defensa inquebrantable de la unidad obrera. No nos interesa la conformación de un sindicato “rojo”, como planteó Stalin en el tercer período.
            La base de la politización sindical que defendemos, es a partir de este principio, la de la unidad obrera. Resulta indesmentible que la generación de organismos sindicales “ideológicos”, que a algunos “izquierdistas” pueda parecer políticamente puro, constituye en sí mismo una derrota paralizante para los trabajadores.
            El imperialismo, desde hace mucho tiempo trabaja en esta perspectiva, dando el vamos a múltiples centrales (CDT, CAT, etc.) que responden a diversas capillas burocráticas socialcristianas, socialdemócratas, stalinistas, “buena onda”, etc.. El ejemplo argentino y más lejos, el español, donde existe este sindicalismo “ideológico” son elocuentes y hablan por sí solos de la parálisis que han importado para el movimiento obrero.
3.- DEBEMOS ABORDAR EN LO INMEDIATO LA CONSTITUCIÓN DE UN ORGANISMO CON EXISTENCIA LEGAL, ello nos permite mayor libertad de movimiento para nuestra actividad de propaganda y nos permite nuclear desde ahora a los trabajadores que estamos comprometidos en este proyecto.
            Por su naturaleza debe ser un sindicato de trabajadores interempresa, que acepte a independientes y que se vaya planteando vías de acción para su diversificación en las distintas ramas productivas. Como hemos apuntado más arriba, este espacio es gigantesco y tiene como límite nuestra propia capacidad y entrega militante.
            Existen sectores especialmente aptos para este trabajo, en el que se debe aprovechar a los compañeros que están con nosotros, tal como ocurre en el gigantesco y desorganizado gremio de la construcción que en nuestra zona congrega a varios miles de obreros de forma estable desde hace unos diez años. El boom inmobiliario, que partió quizás con la folklórica construcción del Congreso Nacional en el puerto, no ha parado y no parece reflejar una contracción fuerte en el corto plazo. Hay que discutir esto minuciosamente, para no repetir errores que se han cometido en el pasado (trabajo clandestino, semiclandestino y legal).
4.- DEBEMOS DESARROLLAR UN PLANTEAMIENTO DE ORGANIZACIÓN PARA LOS CESANTES, las tasas de cesantía (sin considerar las tasas encubiertas) son en nuestra zona de las más altas del país junto con Concepción. Nuestra clase obrera y la sociedad ya tienen antecedentes traumáticos (crisis del 81), de las terribles convulsiones, que se reeditan cíclicamente, pero nos acercan cada vez más a la barbarie.
            La crisis mundial a la que asistimos hoy, la del “Sudeste Asiático”, es una de estas crisis y no sabemos como terminará. Estas crisis brutales son imparables y se originan en el ya caduco y obsoleto régimen capitalista. Esto es lo que hunde en la putrefacción al conjunto de la sociedad, los mercados mundiales (incluido el MERCOSUR), están abarrotados por la competencia entre las facciones capitalistas, lo que ocasiona sobreproducción y recesión económica.
            Esta crisis se descargará sobre las espaldas de los trabajadores y ya lo estamos viendo dramáticamente en casi todas las áreas de la producción, especialmente la industrial. Ello significa despidos masivos, suspensión de relaciones laborales, trabajo por pieza, y en general aumento de la explotación.
            La cesantía no es coyuntural o transitoria -por cierto nada tiene que ver con la “flojera” del chileno, como estúpidamente se afirma- ella está en las raíces del capitalismo. Por lo tanto no hay planes ocupacionales, innovaciones técnicas que puedan “erradicar esta lacra”. La cesantía crecerá y se mantendrá por años haciéndose crónica, no hablamos de un ejército industrial de reserva, sino de una masa creciente de fuerza de trabajo crónicamente excedentaria (ahí están los cantores de micro, los ambulantes, parquimetreros, etc.).
            No hay Lavín capaz, con sus ridículos planes de empleo juvenil, de encubrir la total incapacidad de la burguesía y su Gobierno, para resolver su propia enfermedad: EL CAPITALISMO YA NO ASEGURA EL TRABAJO A SUS ESCLAVOS.
            La única salida es la organización de los propios cesantes y la lucha para imponer sus reclamos, la defensa del PLENO EMPLEO y un salario acorde al costo de la vida, son banderas que jamás debemos arriar y serán los ejes de los reclamos. En lo inmediato subsidio general de $300.000.- sin límite de tiempo a todos los cesantes sin prestación de servicios. Ante los posibles despidos, reducción de la jornada de trabajo sin afectar el salario. Si una empresa quiebra, que siga funcionando bajo control obrero.
            Es necesario dar cuerpo a un  plan de lucha con tales objetivos, la experiencia argentina del Neuquén (Pza. Huincul, Cutral-Co) debe servirnos como referencia, allí los desocupados (piqueteros, fogoneros) estuvieron a la cabeza.
· CONCLUSIÓN
            Sobra decirlo, la tarea recién comienza, pero ha comenzado por lo que debemos ser responsables con los compromisos que ya hemos asumido y que están reflejadas en los documentos que expresan la intensa discusión sobre estas cuestiones.
            Sindicato, Partido y Revolución, pretendieron ser extirpados de la conciencia política de los obreros en Chile. Pero el capitalismo está herido de muerte y nada puede detener el incontenible poderío del proletariado cuando este se alza en contra de sus explotadores.
¡ MUERTE A LOS CAPITALISTAS CHUPASANGRES Y PARÁSITOS!
¡ VIVA EL PROLETARIADO, VIVAN LA REVOLUCIÓN OBRERA Y EL SOCIALISMO MUNDIAL!

Valparaíso, abril de 1998

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿QUÉ QUIERE EL P.C. AHORA?

            La edición del 13 de Febrero de “El Siglo”, se vuelca extensamente a plantear la necesidad de la formación de un tal “Frente Amplio por un Chile Democrático”. La convocatoria a tal iniciativa aparece realizada por la CUT  (se entrevista al encargado de conflictos de la central, Adrián Fuentes) y por el  CONFECH (se entrevista al Secretario General de la FECH, Iván Mlynarz). Obviamente, ante tales convocantes, el carácter que pretende darse a esta iniciativa es la de haber surgido de las bases y de gozar de un amplio respaldo masivo.
            El sentido de esta convocatoria, es el mismo que ha animado al PC desde mediados de la década del 70: la formación de un frente “antifascista”, que es el nombre que han dado a su política de colaboración de clases y que hasta el 73 llamaron de “Frente Popular”. La base teórica de estas políticas es la misma, el proletariado es minoritario, no están dadas las condiciones para la revolución socialista, por lo que el camino que queda es el de soldarse con los burgueses democráticos, para sumar fuerzas contra la reacción, los “enclaves dictatoriales” como acostumbran a decir ahora.
            En este camino han llevado a las masas de derrota en derrota, convirtiéndose, por esto, el PC en uno de los pilares de sustentación del régimen  burgués.
            Son estas las concepciones que se hacen evidentes una y otra vez. Mlynarz por su parte nos dice que la idea de este Frente “es agrupar a todos los sectores demócratas (??) del país que hoy quieren o tienen la necesidad de luchar porque este sistema impuesto por Pinochet y su dictadura sea modificado, para lograr los cambios democráticos que necesita Chile, en términos político administrativos, como económicos referidos a la distribución de los ingresos, la propiedad y otra serie de cosas que están mal en el país”. Más adelante este burócrata estudiantil nos plantea que el Frente Amplio en realidad no plantea nada en el terreno programático y que en este sentido “no quiere disputar terreno a nadie, sino que quiere coordinar y lograr la unidad en torno a este tema (los cambios democráticos. Ned)”.
            En el mismo sentido Adrián Fuentes nos maravilla con un nuevo pastelito y precisa que la unidad que ellos buscan, abarca “a los demócratas de cualquier signo, incluso a quienes en la DERECHA pudieran concluir que este estado de cosas es insoportable y estén dispuestos a prestar su apoyo, aunque sea para algunas de las iniciativas que permitan resolver el problema de fondo que es democratizar Chile”.
            El camino, único posible si se busca el concurso de sectores de la burguesía (y de la derecha), es el del plebiscito, el de la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el del electoralismo barato con el cual el PC ha venido mendigando ser considerado por el Gobierno y el empresariado. En este proyecto, el mismo Fuentes nos indica que la movilización es un “ingrediente ... en el cual... aspiramos asumir el papel protagónico que nos corresponde”. Es decir en este contubernio se ofrecen de campanilleros.
            Algunas páginas más atrás, el pomposo miembro de la Comisión Política del P.C., Oscar Azócar, plantea en el medio aludido, con más orden el fondo y proyecciones de este salto stalinista, de esta verdadera soltada de trenzas que ha ocasionado el tibio repunte electoral de Diciembre. Azócar despliega con mayor claridad los objetivos estratégicos y las maniobras tácticas, por medio de cuales se pretende configurar esta nueva trampa.
            De entrada se raya la cancha con entera frialdad, cuando se indica que el resultado de las elecciones define a su turno los objetivos del momento: “Se trata de... (avanzar. NEd) en la creación de un movimiento nacional para resistir la instalación de Pinochet en el Senado y hacer saltar el candado instalado por el pinochetismo para bloquear los cambios democrátricos” (sic). En este camino se busca principalmente la unidad con los sectores no hegemónicos pero “democráticos” de la Concertación, así bautizan a Lavandero y sus “chascones”. Así se llega a plantear explícitamente que el Frente Amplio “no es contradictorio con otras iniciativas como el Movimiento por la Dignidad Nacional”.  Las movilizaciones demagógicas que plantea el Frente Amplio, buscan ese solo objetivo fortalecerlo de forma que “converjan las demás iniciativas”.
            El objetivo, entonces, está nítidamente delineado: formar un amplio movimiento anti-Pinochet y unirse con el que quiera embarcarse, de forma de garantizar que el Frente quede limitado exclusivamente al reclamo democrático. Esto es, seguir alimentando las ilusiones en el régimen burgués.
            Pero la maniobra no termina aquí, consecuente con el planteamiento de unidad y colaboración con los burgueses “democrtáticos”,  las vías para efectivizar tales iniciativas corren exclusivamente por el carril de la legalidad burguesa. Efectivamente, mientras se constata que existe un régimen represivo, que la burguesía seguiría coqueteando con la idea de un nuevo Golpe de Estado (??), se plantea por un lado “recuperar la experiencia de autodefensa de masas hecha por el pueblo durante la lucha contra la Dictadura y, por otro,  “ante todo esto, elevar el apoyo a la querella a través de la recolección de firmas, individuales y de organizaciones”. Frente a la represión lo que debemos hacer es ponernos corbata e ir a firmar la querella que presentó Gladys Marín, pidiéndole al juez que encarcele a Pinochet.
            En esta línea se plantea con claridad que el desafío de avanzar en la construcción de una alternativa de izquierda “surge de los resultados electorales”, y que esta alternativa debe sustentrarse en “una política amplia de construcción de un movimiento nacional, por cambios democráticos con dirección rupturista, que harán avanzar más rápido el proceso de acumulación de fuerzas”. Para ello califican de indispensable la “coordinación de las fuerzas más consecuentemente democráticas”. Por lo mismo plebiscito, Asamblea Constituyente y elecciones son el único lenguaje a través del cual puede hacerse viable este Frente, los “demócrtatas”, incluso de derecha no deben ser asustados (ni podrán ser convocados) en otro terreno que el de la legalidad burguesa.

 

UN PROYECTO DE DESARROLLO... PARA LOS PATRONES

            Finalmente, la formación de este movimiento amplio, democrático y legalista (que utiliza las movilizaciones como ingrediente en su línea de colaboración de clases), termina planteando la necesidad de un Proyecto de Desarrollo Nacional. Este proyecto partiría definiéndose por “un reajuste de salarios”; “una reforma tributaria”; “por un mayor papel del Estado que controle y fiscalice a las transnacionales y grupos económicos”; “por la industrialización que sustituya las importaciones y ahorre divisas”; y, aleluya, “por la reducción del gasto militar”.
            Se debe subrayar que este Proyecto de Desarrollo Nacional, concepto difusamente sustentado por el economista del PC, Hugo Fazio, es un proyecto enteramente burgués, que se desprende de los conceptos de “desarrollo industrial” que planteara la CEPAL hace más de tres décadas. Se parte del supuesto de que sectores de la burguesía criolla van a embarcarse en un proyecto de desarrollo industrial, cuestión que permitiría una mejora de salarios y la ampliación del mercado interno.
            Esto contraría la historia, ya que desde sus orígenes la burguesía criolla ha sido una criatura del imperialismo, no pasando de ser una burguesía mercantil y extractiva, incapaz de protagonizar -menos en esta fase de decadencia generalizada del capitalismo- el desarrollo integral del país. La división internacional del trabajo, en la que Chile se inserta a cabalidad, requiere de nuestro país servicios y materias primas para la moribunda industria imperialista. La servil burguesía nacional no tiene otro camino, de ahí que el mentado “Proyecto de Desarrollo Nacional”, que se plantea dentro de los marcos burgueses (eso significa “avanzar”), carece de toda viabilidad y su única utilidad es alimentar la idea de que el capitalismo puede desarrollarse, con lo que sólo beneficia a la burguesía.
            Este proyecto sustentado por el PC, es de carácter burgués, como ya hemos demostrado. A mayor abundamiento, debe indicarse que según explícitamente señalan buscan “industrias para sustituir importaciones y ahorrar divisas” y quieren que el Estado burgués “fiscalice y controle” a las transacionales y grupos económicos que son dueños del propio Estado. No plantean la exigencia socialista básica de expropiación de la burguesía, no quieren que el saqueo y la explotación del país sea abolido por la revolución, sino que éste prosiga bajo fiscalización y control de los propios patrones. La Reforma tributaria que exigen sigue el mismo derrotero, aumentar el impuesto a la renta, que el patrón sacará del bolsillo del obrero.
            Como vemos el Proyecto de Desarrollo, como el Frente Amplio son expresión de una política al servicio de los explotadores, que persigue adormecer a los explotados.

 

EL SENTIDO DEL FRENTE AMPLIO

            Nos preguntamos ¿qué pretende el PC?, y la respuesta salta a la vista. No se requiere de un análisis muy profundo para develar el carácter de clase de sus políticas. No es necesario ser un gran analista para concluír que lo que busca el PC con este planteamiento es perfilarse ante sectores de la burguesía, como una alternativa viable, “seria” y enteramente responsable a la hora de mantener el actual régimen.
            Uno solo es el objetivo que visualiza la dirección del PC: la democracia burguesa, la reforma del actual régimen. No existe ningún planteamiento que oriente contra el sistema capitalista y la dictadura que ejerce la patronal con o sin democracia. La única Dictadura que parece interesarles es la de Pinochet, de ahí que no realicen un solo planteamiento de revolución social, de la toma del poder por parte de los obreros. Aunque resulte un tanto formal, se puede constatar que en estos análisis que plantea “El Siglo” para fundar  su política de Frente Amplio y de Desarrollo Nacional, la palabra “revolución” no aparece ni una sola vez. Es forzoso concluír que el marco de análisis por el que deambulan es exclusivamente el reformas cosméticas al orden burgués.
            Lamentablemente, en un país semicolonial como el nuestro, sostener una política proburguesa, como hace el PC, (también el PS y el conjunto de la izquierda reformista) importa también sostener un planteamiento pro-imperialista y antinacional. Es decir, desde una perspectiva histórica, estos reformistas no pueden siquiera ser equiparados con los reformistas europeos de comienzos de siglo. La socialdemocracia europea que vota favorablemente los créditos de la 1ª Guerra Mundial,  adopta así una postura chauvinista del lado de sus propias burguesías, con lo que manda a la muerte y al enfrentamiento a los obreros de sus respectivos países. Estos socialdemócratas traicionaron a la clase obrera y defendieron los intereses de las potencias imperialistas en que estaban radicados. No puede decirse lo mismo ni de stalinistas ni de socialdemócratas (PC, PS) en Chile, pues ellos al traspasar la barrera de clase y servir a la burguesía, han pasado con ello a servir al imperialismo.

 

LA NECESIDAD DE UN FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA.
            A pesar de la labor desmoralizadora y confusionista del reformismo, y en este caso del PC, que ha prostituído las expresiones propias de la clase obrera de forma tal que la revolución y la lucha de clases se han transformado en expresiones fetiches para los 1º de Mayo, creemos en la vigencia del marxismo-leninismo, en tanto es la única herramienta por medio de la cual la clase obrera puede emanciparse idelógica y políticamente de la burguesía para erigirse como caudillo nacional.
            La clase obrera, por su papel productivo es la única clase capaz de barrer del poder de la burguesía, expropiándoles su base de sustentación económica: la propiedad de los medios de producción. El proletariado sólo podrá desarrollarse en tanto sea capaz de estructurar su propio partido y programa político, el parido obrero revolucionario. Sólo por esta vía podrá expresarse en la lucha de clases planteando su propia estrategia, las Dictadura del Proletariado.
            Resulta evidente, que en un país atrasado y semicolonial como el nuestro, la revolución no sólo será socialista, social, sino que combinará la realización de estas tareas, con las de tipo nacional (ruptura con el imperialismo, plenas libertades, formación de un mercado interno, etc) que NO PUEDE REALIZAR LA BURGUESÍA, NI DE LA MANO DE ELLA. Precisamante para objetivar, para concretar este papel del proletariado se hace necesaria la formación de un Frente Único Antiimperialista, que permita conducir a la mayoría nacional bajo la estrategia y métodos de la revolución proletaria.
            Este Frente Unico Antiimperialista que planteamos es contradictorio con el Frente Amplio del PC, porque este último -como se ha demostrado- sirve a la estrategia de la burguesía: la contrarrevolución que les permita mantenerse en el poder. El Frente Único Antiimperialista que debe proponerse la resolución de los problemas nacionales de orden democrático y social, tendrá este nombre en la medida que sirva la unificación de las luchas a escala nacional y las proyecte como lucha de clases. Este Frente Único Antiimperialista, es tal precisamente porque levantando la estrategia de la Revolución Proletaria, lucha por su consecusión por la vía de la acción directa, la lucha, la movilización, JAMÁS POR LA VÍA ELECTORAL. Esta es compañeros, la verdadera lucha democrática, lo otro, lo del Frente Amplio sólo puede ser categorizado como una traición a la clase obrera.
            El cumplimiento de estos objetivos será efectivo sólo a condición de estructurar a la vanguardia en torno al programa revolucionario, esto es construyendo el partido obrero revolucionario.
Valparaíso, Febrero de 1998

 

 

¡¡LIBERTAD A LOS DIRIGENTES MAPUCHES ENCARCELADOS!!

                        El Gobierno, a través del Ministerio del Interior, ha presentado un requerimiento en contra de una docena de dirigentes de diversas comunidades mapuches. Este requerimiento tiene como fundamento la destrucción de varios camiones de una empresa maderera, los que operaban en la localidad de Lumaco. La empresa en cuestión, Forestal Mininco S.A., es propiedad del grupo Angelini, uno de los principales financistas de la DC, lo que significó la violenta arremetida del Gobierno en contra de las comunidades mapuches de la zona.
            Carabineros realizó golpizas masivas en contra de mujeres, niños y ancianos; se les destruyeron plantaciones y ganado. Todo esto en represalia por la quema de camiones que se atribuía a activistas mapuches.
            El gobierno pro-imperialista de Frei, sirviente de la opresión yankee y declarado enemigo de las masas explotadas de nuestro país, no hace con este acto criminal, otra cosa que escribir una página más en la larga historia de opresión del Estado burgués chileno sobre las nacionalidades aborígenes oprimidas. El Gobierno (y la derecha), se han limitado a continuar la opresión que la burguesía chilena ha ejercido sobre los indios. A su vez la burguesía criolla sólo ha seguido la senda colonialista del imperio español.
            Debemos recordar que desde los orígenes coloniales -hasta nuestros días- la existencia física de Chile se ha sustentado sobre la base del genocidio y expoliación de las nacionalidades aborígenes. Chile se expresa incluso geográficamente como la usurpación de los pueblos aborígenes.
            Del mismo modo, debe subrayarse la admirable resistencia indígena que tras cinco siglos sigue vigente. Con la ocupación de tierras, con los enfrentamientos a los desalojos, la oposición al desarrollo de proyectos como Ralco, podemos decir con orgullo que la Guerra de Arauco no ha terminado, y que el reclamo que ha salido de las gargantas mapuches desde hace siglos sigue vivo: AUTEDETERMINACIÓN, el soberano derecho de las nacionalidades aborígenes a autogobernarse y organizarse de conformidad a sus propios intereses, tradición y culturas. Es este reclamo, el que nuestra organización hace propio de un modo incondicional.
LA CUESTIÓN ABORÍGEN ¿UN PROBLEMA CULTURAL?.
            Desde luego este problema, al interior de la izquierda ha admitido diversas lecturas, pero en general la actitud ha sido la de guardar un silencio cómplice con la represión burguesa. En general, podemos decir que buena parte de la izquierda (aquella que gira en torno del stalinismo y la socialdemocracia), se ha limitado a repetir que se debe respetar la tradición y cultura aborígenes, que se les deben reconocer derechos en cuanto nación y que deben ser integrados a nuestra sociedad. Su argumentación descansa sobre la concepción sociológica de que los aborígenes son marginales, por lo que la respuesta a sus demandas pasa por el apoyo chileno en términos de su integración cultural.
            Si en lugar de revolucionarios fuésemos asistentes sociales, no podríamos sino estar de acuerdo con el planteamiento integracionista que sostienen la generalidad de los reformistas e indigenistas. Precisamente porque el integracionismo -cultural o no- es la política de la burguesía chilena.
            En nombre del integracionismo -luego de terminada la Guerra del Pacífico, en la que tan bien se sirvieron los intereses británicos- los gobiernos “liberales” de la época (Pérez, Pinto, Santa María, Balmaceda), encarnados en el siniestro Gral. Cornelio Saavedra llevaron adelante el genocidio más grande de nuestra historia. Durante la eufemísticamente llamada “Pacificación de la Araucanía”, el Estado chileno sostuvo una política de exterminio racial especialmente sobre los mapuches, que significó la muerte de cerca de un millón y medio de indios. El posterior poblamiento de la zona sur del país se hizo sobre la base de inmigrantes europeos principalmente alemanes y suizos (uno de cuyos descendientes es el propio Frei) y chilenos “blancos”.
            “Pacificación”, “integración”, “preservación de su cultura”, son los nombres que a través del tiempo ha ido tomando la opresión burguesa en contra de las nacionalidades aborígenes. Algunos sostienen, que el Estado chileno es multinacional (esto contraría incluso la propia Constitución que lo califica de unitario), con lo que pretende soslayarse que si bien hay diversas naciones bajo el Estado chileno hay una -la chilena- que oprime a las restantes, las aborígenes.
            La liberación de las nacionalidades aborígenes, no seguirá un camino distinto del de otras nacionalidades oprimidas en Europa, Asía o el lejano oriente. Kurdos, vascos, irlandeses, bosnios, chechenos, aymaras, tupiguaraníes, nacionalidades oprimidas todas, bajo condiciones históricas y latitudes diversas, desafían a sus opresores turcos, castellanos, británicos, serbios, rusos, bolivianos, paraguayos, con una misma aspiración: la autodeterminación política, su libertad como pueblo.
REVOLUCIÓN Y AUTODETERMINACIÓN
            Es patrimonio de las clases dominantes y explotadoras la opresión nacional. También lo fue de la burocracia stalinista, fue el propio Stalin quien sostuvo una política de “integración” forzada de múltiples nacionalidades a la Unión Soviética. Esta política incubó las actuales luchas independentistas que terminaron destruyendo el Estado Obrero, ya que a su cabeza se pusieron movimientos nacionalistas proclives a la restauración del capitalismo. La política del stalinismo, como también el de la burguesía, es la de la opresión nacional, la de la contrarrevolución.
            En contra de estas políticas hace casi ya un siglo, se planteó con entera claridad Lenin, quien en su obra “El derecho de las nacionalidades a la autodeterminación”, desarrolla el programa proletario en relación con las nacionalidades oprimidas en la etapa de descomposición capitalista, el imperialismo. Recomendamos su lectura a ciertos “leninistas” partidarios de la integración.
            Nuestra política, leninista, está claramente expuesta en nuestro Programa partidario. En él señalamos, al detallar las tareas de la Dictadura del Proletariado en Chile que “Nuestro gobierno revolucionario se hará cargo además, de las nacionalidades aborígenes oprimidas, confiriéndoles todo el apoyo político y económico a efecto se autodeterminen conforme a sus propias aspiraciones y se liberen de la opresión del sanguinario Estado burgués chileno, cuestión que comienza por la devolución de sus tierras, usurpadas por el colonialismo español”.
            La liberación mapuche y del conjunto de nuestras nacionalidades aborígenes sigue un camino opuesto al de la “integración”. Dentro de los marcos capitalistas, las nacionalidades aborígenes sólo encontrarán represión y miseria.
            La nación mapuche, en su existencia precolombina, era un pueblo-clase. De aquellos a los que Engels definió como de “Comunismo Primitivo”, sin clases sociales ni propiedad privada, con una estructura militar sustentada en el armamento general de la población y familiar del tipo matriarcal. Esta estructura permitió resistir exitosamente al Imperio Español por más de trescientos años.
            Esta formación social ha sido reducida a su más mínima expresión en las actuales “reservaciones indígenas” que son verdaderos campos de concentración. El capitalismo ha destruido estas sociedades no sólo militarmente; productivamente además socava sus bases, les priva de sus tierras (base de su economía agrícola) e “integra” a los mapuches como mano de obra explotada, como proletariado. Esta es otra forma de exterminio.
            De ahí que hay antagonismo entre autodeterminación y capitalismo. La liberación de las nacionalidades aborígenes supone la supresión del régimen burgués, por ello sólo el proletariado en el poder será capaz de liberarlas. Será necesario forjar -en la lucha- un verdadero frente antiimperialista, que comandado por el proletariado, arrastre al conjunto de las masas explotadas y oprimidas del campo y la ciudad (entre las que están las naciones oprimidas mapuche, pehuenche, huilliche, rapa-nui, aymara, etc.) en la perspectiva de la Revolución Proletaria.
            La Revolución dará a los pueblos aborígenes el derecho irrestricto a autodeterminarse, a autoorganizarse como Estado inclusive. La Revolución necesita liberar a los pueblos aborígenes, como parte de la tarea de liberar al conjunto de los explotados, en esta medida la lucha nacional acompañará a la lucha revolucionaria quitándole esta bandera de lucha a los nacionalistas e indigenistas burgueses que la utilizan para perpetuar la opresión capitalista.
            Hoy esto significa forjar un gran frente de solidaridad con los mapuches perseguidos en Lumaco, como paso para estructurar un frente común de lucha de obreros y naciones aborígenes oprimidas por el Estado burgués.  

 

Lucha Obrera 18, Febrero 1998

 

 

VOTO NULO, PALANCA PARA BARRER CON EL ELECTORALISMO VIA ACCION DIRECTA.

            No obstante encontrarnos a más de 5 meses de las próximas elecciones parlamentarias y mientras pareciera que a nadie preocupa mayormente el asunto, los partidos políticos del régimen, desde la UDI al PC se encontraron de cabeza preparando su plantilla de candidatos para las próximas elecciones.
            En la derecha la eterna disputa entre los "duros" de la UDI y los "blandos" de RN, parece disco rayado y aparece vagamente alimentada con motivo de la reciente acusación constitucional en contra del Presidente de la Corte Suprema, Servando Jordán.
            En esferas del Gobierno, los partidos de la Concertación se encuentran ajustando sus cupos parlamentarios, y la verdad es que dichas disputas no alcanzan ni para un bostezo. Sin embargo el PC, que durante los últimos 8 años ha hecho campaña en torno a la "profundización de la democracia", la "lucha en contra de los enclaves autoritarios", la "humanización del capitalismo y la lucha contra el modelo neoliberal", nos deleita en esta oportunidad con un nuevo numerito: luego de fracasar en sus ruegos por un cupo dentro de la lista parlamentaria de la Concertación, se prepara alegremente para pactar con el bloque PS-PPD una malla de acuerdos electorales, basada en apoyos recíprocos, que tienen como exclusivo objeto aumentar la representatividad parlamentaria de la Concertación de modo de que ésta a su turno realice las "reformas democratizadoras que el país espera".
            Con esta basura, que demuestra que ante los explotados la Derecha, la Concertación y el PC SON LO MISMO, se preparan para animar el alicaído Circo Electoral de fin de año, que sólo persigue alimentar las ilusiones democráticas de las masas y apuntalar de esta forma la podredumbre social y la explotación capitalista. 
            La intervención en este propio proceso electoral, por parte de los revolucionarios significa poner al centro del debate los intereses de los explotados y su resolución por medio de la lucha de clases, de la acción directa, de la movilización. Ese es el sentido de nuestra campaña por el VOTO NULO en las próximas elecciones, contraponer a la farsa de las elecciones burguesas el camino de lucha que nos enseña el proletariado.
            Las elecciones cumplen un papel de primerísima importancia para la burguesía, con ellas se persigue en definitiva: 1.- resolver los choques entre las distintas facciones de la burguesía; 2.- ordenar la base social de apoyo al régimen (alta clase media) y; 3.-  contener -así sea con este mísero volador de luces- la creciente efervescencia de las masas. Este es el verdadero significado de las elecciones burguesas:

 

1.- FACILITA AL GOBIERNO AJUSTAR LAS TUERCAS DE LA MAQUINARIA IMPERIALISTA.
            Para una burguesía principalmente comercial y parasitaria como la nuestra, incapaz históricamente de desarrollar el capitalismo y de realizar la más mínima de las tareas propias de
las revoluciones burguesas, las instituciones democrático-burguesas propias del parlamentarismo no son más que una pantomima, una mera apariencia.
            No obstante ello no puede negarse que el régimen parlamentario facilita la tarea a la burguesía a la hora de ponerse de acuerdo, ello por cuanto el Congreso Nacional es fundamentalmente eso, un centro de discusión donde los distintos representantes de la burguesía debaten acerca de cómo dar una conducción homogénea a sus intereses, cuestión que hoy día significa aplicar a rajatabla el plan imperialista.
            A través de la prensa burguesa, de un modo profuso se discute a cerca de la pérdida de competitividad de nuestra economía. Una y otra vez se hace referencia al decaimiento en el ritmo de las "modernizaciones" de nuestra economía y a la circunstancia de que países como Perú y Argentina demuestran un mayor dinamismo y transparencia en el mercado. El "plus" de ser los primeros en aplicar las recetas de Milton Friedman, comienza a decaer y las inversiones comienzan a orientarse a aquellos mercados donde se pueden obtener mayores utilidades. A la burguesía chilena que fuera "la bonita de la fiesta", se le comienzan a notar las arrugas, es el inefable paso de los años.
            Este proceso, que venimos siguiendo permanentemente en nuestra prensa, es el resultado de la crisis interburguesa que no ha logrado ser resuelta y que sólo ha logrado ser maquillada. A la virtual muerte del sector latifundiario ganadero y triguero del sur, debe sumársele el hundimiento de la burguesía industrial. Hace unos días Fantuzzi -dirigente de los Exportadores de Manufacturas- señalaba que la rebaja en tres puntos de los aranceles aduaneros significaba la muerte del sector, añadiendo que a excepción de las sofisticadas industrias de armamento y de sondas para la minería, el conjunto de las exportaciones en el área industrial han experimentado una fuerte contracción. La paliza propinada por las textiles chinas a sus similares chilenas, constituye el futuro próximo para la totalidad de la industria nacional.
            Es más, las recientes medidas de la justicia norteamericana en orden a impedir el ingreso de salmones y madera chilena a los EEUU, constituye una importante señal que puede barrer con una de las áreas más dinámicas de nuestra economía, la de exportación de materias primas. Esto puede llegar a ocasionar un colapso en la economía de nuestro país, cuestión que se encuentra motorizada por dos cuestiones importantísimas: la crisis de los productores norteamericanos que se  impondrán sin lugar a dudas sobre los chilenos y,  el virtual exterminio de los recursos forestales y pesqueros en nuestro país. 
            El extrangulamiento de toda un ala de la burguesía criolla no constituye una exigencia coyuntural del imperialismo, sino que es una condición para la propia subsistencia del capitalismo la que descansa sobre la hiperconcentración de capital timoneada por los grandes grupos Luksic, Angelini y cía..
            Por lo mismo la exigencia central del imperialismo -y que por tanto el gobierno se esmera en cumplir- la constituye el concluir el proceso privatizador de las empresas del Estado, hacer caer las barreras arancelarias, reducir el gasto público y los impuestos y, por supuesto, realizar un reforma laboral que termine por desarmar absolutamente a los trabajadores. Para engrasar esta maquinaria imperialista, las elecciones resultan fundamentales.
           
2.- PERMITE A LA BURGUESÍA ORDENAR A LA CLASE MEDIA, SU BASE SOCIAL DE APOYO.
            La clase media y pequeña burguesía urbana, especialmente su segmento superior compuesto por profesionales universitarios y comerciantes, han constituído desde comienzos de siglo una de las bases de sustentación social de la burguesía.
            Si bien es cierto en algunos períodos ha girado a la izquierda, ha permanecido más bien a la derecha. Baste recordar el papel golpista de los Colegios Profesionales (médicos, abogados, etc..) durante la UP. Esto es resaltado reiteradamente por los sociólogos de la burguesía, al hacer referencia nostálgica al notable papel que le cupo a la clase media durante los años 20 y 30 para actuar como colchón entre las clases, dando por ello estabilidad al capitalismo.
            Es más, de un modo muy reducido este papel lo sigue cumpliendo hasta hoy. El control del gasto público, como la mantención de la convertibilidad, encierran profundas consecuencias políticas para el actual régimen. Con ellos no sólo se satisface una importante una necesidad de la burguesía para disminuir la carga de impuestos, por esta vía también se sella un pacto social con la clase media acomodada. Este segmento social es proporcionalmente el más endeudado, como promedio un 500% de sus ingresos, viven en casas, conducen vehículos adquiridos mediante préstamos, por lo que son un sector especialmente interesado en que se mantengan las tasas de interés bajas (ej. deudas en UF) lo que se consigue siempre que el gasto público se mantenga ordenado. Por este motivo, el segmento de mayores ingresos de la clase media constituye por sí en la base social que con más energía defiende el gobierno y al régimen, por que su subsistencia depende de estos delicados equilibrios financieros.
            Sin embargo, desde la crisis del ´82 la clase media en su conjunto ha sido golpeada inclementemente, ello fundamentalmente debido a los despidos masivos en la administración pública y a la municipalización. Esto ha restado estabilidad al régimen al punto que ha sido la clase media -especialmente profesores, salud, estudiantes universitarios- la que desarrolló un proceso más continuo de luchas desde la dictadura militar hasta hoy. Ello ha significado que la mayor parte de la clase media, debido precisamente a su progresivo empobrecimiento, ha ido girando hacia la izquierda, hacia el proletariado.
            Para contrarrestar este proceso, el imperialismo se ha valido de las elecciones encontrando en la propia clase media el sector más permeable al electoralismo. Ello es posible primero a datos históricos de su tradición política y, segundo, debido a que su ubicación dentro del proceso productivo la hacen abrigar mayores ilusiones en el capitalismo ya por tratarse de pequeños propietarios (comerciantes, campesinos), ya por su formación ideológica (profesionales). Es precisamente en la clase media que las ilusiones en la democracia burguesa son más intensas, es ella la que llena los partidos políticos de la burguesía, es ella la que con mayor facilidad es movilizada en las campañas electorales.
             A pesar de la miseria a la que crecientemente se le sume, la burguesía sigue ejerciendo su control ideológico sobre la clase media a través de las elecciones, ganado con ello una importante base de sustentación social.

 

3.- LA BURGUESÍA LOGRA CONTENER LAS MOVILIZACIONES Y EN EL PEOR DE LOS CASOS LAS LLEVA A DESARROLLARSE DENTRO DEL MARCO DE SU LEGALIDAD.
            Recientemente se han declarado en huelga legal los más de 2000 trabajadores de la Empresa de Ferrocarriles del Estado. Esta movilización ferroviaria, la primera desde la heroica movilización de Abril-Mayo de 1988 contra Pinochet, es la expresión más alta de la resistencia que este sector ha venido ofreciendo a los planes destructores-privatizadores de los gobiernos concertacionistas de Aylwin y Frei. Los ferroviarios salen al combate en un momento trascendental: el Gobierno tiene listo el plan de privatización del servicio de pasajeros, lo que significa la muerte de este sector. Lo que está en juego en este movimiento no es sólo el aumento de un promedio de 15% a las remuneraciones exigido, sino que la propia subsistencia de las fuentes laborales.
            Pero los ferroviarios distan de estar solos en su lucha, desde hace más de un mes los estudiantes de la totalidad de las Universidades tradicionales (estatales y privadas que reciben aporte directo del Estado) protagonizan la movilización más amplia que registre el sector desde la Dictadura Militar. Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco, Antofagasta y Valdivia, por mencionar los centros universitarios de mayor relevancia, se encuentran sacudidos por este Paro Nacional Indefinido, que lleva aparejadas Tomas de los centros de estudio logrando arrastrar además al cuerpo docente y funcionario. Por primera vez desde los años de la Reforma del 68', una movilización triestamental adquiere relevancia nacional y cuestiona los aspectos fundamentales de la vida universitaria: su financiamiento y gobierno.
            Los reseñados movimientos nos dan cuenta de la evolución que experimenta la lucha de clases en Chile en su exacta dimensión. El Gobierno, envalentonado luego de su triunfo sobre los mineros de Lota, arremete con todas sus fuerzas para culminar las privatizaciones y dejar el país a punto con las exigencias del imperialismo, sin embargo esta arremetida burguesa encuentra una creciente resistencia de las masas. Las masas a su turno, carentes de dirección empujan desesperadas en defensa de sus intereses y debido al aislamiento de las luchas son una y otra vez derrotadas. Un solo ejemplo de esto: los universitarios vienen desarrollando un proceso de luchas que en los últimos quince años se llena de paros, tomas, enfrentamientos con la represión y por supuesto, de mártires; no obstante estas luchas, no obstante los muertos y desaparecidos, los universitarios lo han perdido todo y la privatización de las universidades es prácticamente una realidad.
            La contención de estos movimientos sería imposible sin que mediaran las direcciones burocráticas de los mismos. Los burócratas del CONFECH, o del Grupo Negociador de los Trabajadores Ferroviarios, por mencionar los responsables de estos últimos conflictos se caracterizan por seguir invariablemente una línea de entrega a las políticas gubernamentales. En el caso de los universitarios, el CONFECH, con el stalinista Roco a la cabeza, se dedicó mientras se extendía el conflicto a limitar las reivindicaciones estudiantiles a una cuestión meramente presupuestaria -los 14 mil millones del Gobierno v/s los 24 mil del CONFECH- lo que terminó extrangulando la movilización porque lo fundamental en esta materia, la lucha contra la privatización y por la gratuidad de la educación simplemente no fue planteado. En el caso ferroviario, Marcos Hidalgo, quien hace de cabeza del movimiento y el conjunto de la dirigencia del sector adoptaron una posición similar pero de un modo más explícito: abiertamente reclaman QUE SE APLIQUE LA POLÍTICA DE FREI EN FERROCARRILES y se termine con las ineficiencias de su administración.
            El papel traidor y contrarrevolucionario de las principales direcciones sindicales y estudiantiles del país significa la división y atomización de las luchas, lo que invariablemente ocasiona su derrota.
            Sin embargo, para lograr mantener "el orden" la burocracia necesita un soporte que les permita canalizar el descontento de las bases, ese soporte lo constituyen las elecciones. En torno a ella los "reformistas", "democráticos" y demases encuentran un terreno donde las reivindicaciones de las masas pueden resolverse. Es precisamente en el altar de la democracia burguesa donde las aspiraciones y reivindicaciones de las masas son finalmente sacrificadas. Sin elecciones en el horizonte resultaría muy difícil a la burocracia mantenerse como tal. Sin elecciones sería imposible mantener vivas las ilusiones de las masas en el sentido que sus reivindicaciones puedan ser resueltas dentro de los marcos de una sociedad capitalista.
            La burguesía necesita de la burocracia para ahogar las luchas de las masas, pero necesita aún con mayor fuerza de las elecciones y de la farsa democrática para  contener a las masas dentro de los marcos de su dominio de clase "legalizado" por los votos. Mediante la campaña electoral los partidos de Derecha, de la Concertación y del PC (con el fantasma del NAP incluido), pretenden con discursos más o menos diferenciados, tapar la pudrición social que engendra el capitalismo, el hambre, la cesantía masiva, la represión impune y a destajo.

 

SIGNIFICADO DEL VOTO NULO
            Frente a la farsa electoral en curso, los revolucionarios y quienes se reclaman de la izquierda y de la clase obrera, no podemos esconder la cabeza e ignorar las elecciones que -nos guste o no- concitarán la atención de los trabajadores, los pobladores, las dueñas de casa, los estudiantes, etc. durante por lo menos un par de meses.
            Esta preocupación de las masas por las elecciones, como ya hemos señalado es la expresión de la dominación que ejerce la burguesía sobre el conjunto de la sociedad.  Es además, el resultado de las políticas traidoras y electoreras, con las cuales el stalinismo y la socialdemocracia han envenenado la conciencia política de los obreros y de los explotados durante más de sesenta años, hasta nuestros días.
            Por ello, las masas no podrán en forma espontánea superar sus ilusiones en la democracia y las elecciones, para que esto ocurra es indispensable que el partido revolucionario DENTRO DE LAS ELECCIONES EN LAS QUE TIENEN PUESTOS LOS OJOS LOS EXPLOTADOS, levante en ellas el programa revolucionario.
            Los revolucionarios intervendremos en estas elecciones con el objeto manifiesto y declarado de denunciar su carácter fraudulento que radica en que con ellos se pretende encubrir y perpetuar la explotación capitalista. Intervendremos en las elecciones de Diciembre para ayudar -mediante la convocatoria a VOTAR NULO O A NO INSCRIBIRSE- a que las masas superen sus ilusiones en la democracia burguesa, en el sentido de que la mejor de las democracias burguesas será siempre una dictadura para los explotados. En una palabra si llamamos a votar nulo en  Diciembre es para aproximarnos a las masas, para ayudarles a avanzar en el único camino que puede llevarlos a su liberación la acción directa, la movilización, la lucha revolucionaria por el poder político.
            El VOTO NULO al que nuestra organización llama a sumarse es en definitiva un voto programático, llamamos por tanto a transformar el acto electoral en un acto de protesta contra el Gobierno. VOTANDO NULO llamamos a la unidad de todos los sectores en lucha para dar cuerpo a un Frente Unico Antiimperialista, llamamos a pelear por la preparación de una Huelga General que barra con el gobierno y su plan imperialista, llamamos a cerrar filas en torno a un Pliego Nacional de Reivindicaciones el cual sólo podrá ser impuesto vía acción directa, jamás por la vía electoral.
            Sólo en estos términos el VOTO NULO podrá transformarse en una palanca para superar las ilusiones en la democracia y elecciones burguesas, camino por el que necesariamente las masas han de transitar en su lucha por su liberación, por su propia revolución, la Revolución Proletaria.

 

Lucha Obrera 17, Noviembre 1997