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CONTRA LA CORRIENTE

A COMBATIR AL FASCISMO

Se ha hecho lugar común identificar al fascismo como un fenómeno aislado de la lucha de clases, atribuido a “locos” como Horty, Hitler o Mussolini. Al hablar de él la prensa burguesa o stalinista, saca a relucir –con el ataque a los “excesos” de estos regímenes- una desfachatada defensa de las instituciones parlamentarias democrático-burguesas.
            En pocas palabras se trata de plantear que el fascismo es una especie de enfermedad de la democracia. Los hechos históricos desmienten categóricamente estas afirmaciones, ya que el fascismo en cualquiera de sus formas tiene como elemento de continuidad el ser una expresión más de la dominación burguesa, particularmente a su crisis propia de su fase imperialista. La democracia liberal o el fascismo, son dos formas de dictadura burguesa sobre el proletariado.
            Sin embargo, si bien es cierto es el fascismo una política que defiende los intereses de la burguesía, requiere de ciertas condiciones para que pueda desarrollarse como movimiento. Más allá de sus rapadas, de si usen o no svásticas, lo que nos debe importar es su incidencia en la lucha de clases.
            Para su desarrollo –entonces- como movimiento, es necesario y en primer lugar y como marco general, una extrema agudización de la lucha de clases y la ausencia de un partido revolucionario, que permita en esta crisis el acceso al poder de los explotados, la revolución proletaria. En segundo lugar, que un sector del imperialismo y de la propia burguesía apoye un proyecto político fascista; es decir, que la burguesía se oriente políticamente a  la destrucción física de las organizaciones obreras, o bien su cooptación por las instituciones del Estadio Burgués (sindicatos estatales, “Estado Corporativo”). Esto responde a la necesidad de canalizar el descontento de la pequeñaburguesía, que en períodos de crisis se ve forzada a posicionarse del lado de la burguesía o del proletariado (ello dependerá, entre otros factores, de la existencia o no de un partido revolucionario).
            Ya sea que se identifiquen mediante la discriminación racial, religiosa o moral, la política que hay tras sus inmundas banderas es la misma: la desesperada defensa del orden social que se levanta sobre la gran propiedad privada de los medios de producción. Claro ejemplo de lo anterior lo ofrece  el llamado Frente Negro de Otto Strasser, cuya verborrea socializante y anticapitalista les significó el exilio de la Alemania Nazi.
            Sobre estas premisas debemos observar, el caso del fascismo en Italia o Alemania, que se inscriben dentro de las más elevadas expresiones de la barbarie capitalista. Los obreros debemos analizar estas experiencias para sacar conclusiones que nos permitan enfrentar política y militarmente al fascismo. No para defender la democracia burguesa –como plantea el stalinismo- sino que para instaurar la Dictadura Proletaria y el Socialismo.
            La ofensiva imperialista mundial contra el nivel de vida de las masas, se ha expresado en Europa en crecientes índices de cesantía. Se acerca al 10% en Alemania y bordea el 20% en España. A esta ofensiva sirve de telón de fondo el Tratado de Maastricht y toda la parafernalia sobre la “Unidad Europea”.
            Este panorama, junto a la confusión reinante en las filas del movimiento obrero, comienza a perfilar el fenómeno del fascismo. Con el bombo de la prensa imperialista, comienzan a rondar por toda Europa. Tan sólo en Alemania, en el `92, se realizaron más de 7.000 atentados contra grupos de inmigrantes, totalizando un número de 37 muertos a manos de las bandas neo-Nazis. En Francia, el Frente Nacional de Le-Pen, hace algunos meses desenterró un cadáver recién sepultado en un cementerio judío, para después crucificarlo.

El caso alemán

            En la Alemania del 33, la crisis económica golpeó a la pequeña burguesía, consecuencia del acelerado proceso de concentración capitalista. A esa clase dirigió su discurso radical y ultrareaccionario el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores (NSDAP, sigla en alemán), expresión organizada del movimiento Nazi. Lo Nacional venía de su planteamiento de que era imprescindible defender lo propio, contra la amenaza extranjera, base ideológica de la xenofobia, del odio a los extranjeros. Del mismo modo planteaban el odio a la burguesía, por ser una clase explotadora que los tenía en la miseria, de ahí su demagogia “socialista”. En Italia el fascismo lo impulsó un ex socialista, Mussolini.

            Con lo planteado , no podemos igualar el triunfo , con el del ascenso a de la pequeña burguesía al poder. Aquí debemos ser tajantes y decir que el fascismo es la forma más clara de la dictadura monopolista de la burguesía imperialista, que con la explotación y su total odio y pavor al proletariado y a la revolución, son los más claros defensores y sostenedores del régimen hitleriano, del estrangulamiento del proletariado, del genocidio.

Stalin prepara el camino de Hitler al poder.

            A pesar del avance fascista, fue sostenido también el enfrentamiento y resistencia de la clase obrera alemana. ¿Qué hizo entonces la Internacional Comunista, controlada por la burocracia stalinista, de la cual el PC alemán era parte?. Ésta se transformó en un freno, impidiendo la acción directa de las masas obreras. Claro ejemplo se dio en 1923, ya en ese entonces se pudo observar, en que elo PC fue incapaz de conducir a la vanguardia obrera y de llevar a la clase al poder, ello debido a su adaptación a las políticas de la socialdemocracia alemana.
            Con posterioridad, las “geniales” cabezas de la Cimtern conciben la teoría del “Social-Fascismo”. Se iguala al fascismo con la socialdemocracia, ello ocasionó la división de las filas del movimiento obrero.
            Esta política de “Social-Fascismo”, se complementó con la otra del Pacifismo, política imperialista fortalecida por el stalinismo, lo cual tornó a las masas proletrias en abúlicas y temerosas dse la fanfarronería fascista y de sus “operaciones de castigo”.

Racismo

            Fue otra característica del nazismo, sostenía que la raza aria se encontraba por encima de la historia. Más bien sostenía que la historia era una emanación de la raza, hasta el punto que hacía creer que la raza pura mejoraba las condiciones sociales de vida.
            Durante años lops extranjeros, en particular los Judíos fueron obteniendo una serie de conquistas, como el derecho a participar en el ejército, en actividades intelectuales. Todo este proceso fue cortado con la “Noche de los Cristales”, las SS, Campos de Concentración y Castración, prohibiciones del derecho de reunión, circulación, opinión, etc..Se forzó a los judíos a llevar en el pecho una estrella de David, del tamaño de un plato con la palabra “JUDE” y el que tuvieran que agregarse un nombre propiamente judío como Sara o Israel.
            Los criminales que organizaron este genocidio en Alemania pasaron sin problema el juicio de Nüremberg. Buena parte del Alto Mando de la Gestapo fue a parar a la policía política de la RFA o de la Stassi de la RDA. El verdadero juicio a la barbarie Nazi sigue pendiente, será la clase obrera en el poder la única capaz de llevarlo adelante extirpando la base de sustentación del fascismo: la burguesía imperialista.
            Aún cuando son grupos marginales, los que se encuentran al acentuado antifascismo engendrado por la clase obrera y las  masas de la Post Guerra, las bases que permitieron el ascenso fascista permanecen intactas: la falta de un partido revolucionario, la crisis política, económica y social del sistema capitalista.
            En este orden debemos denunciar el profundo contenido contrarrevolucionario del pretendido pacifismo democratista, con que la Socialdemocracia y el Stalinismo europeos han pretendido enfrentar al fascismo. De una forma refleja las masas han repudiado multitudinariamente lasa agresiones xenófobas y homófobas de las bandas fascistas. Sin embargo estas grandes manifestaciones se han tornado impotentes debido a la política democratista y de colaboración de clase de sus direcciones.

En América Latina

            En la misma línea, las corrientes fascistizantes en América Latina deambulan en torno al MIR boliviano, el MNR, los coroneles de Chávez en Venezuela, Fujimori, Pinochet, Cristiani en el Salvador. Sin embargo, al igual que sus congéneres europeos, no logran cristalizar en movimientos amplios por la resistencia del movimiento obrero. La falta de base social en la pequeña burguesía y además debido a que no existe actualmente ninguna facción del Imperialismo y consecuencialmente de las burguesías nativas, que apueste al proyecto fascista.
            Lo anterior no significa que la amenaza fascista no exista, por el contrario, mientras subsista el decadente sistema capitalista, la burguesía seguirá conspirando en contra del proletariado. Sin embargo, no aplastaremos al fascismo ni con palomas ni con serpentinas. Sólo la clase obrera férreamente unida en torno a un frente antifascista podrá realizar esta tarea. En ello será imprescindible que este frente se plantee, acaudillado por un partido revolucionario, la lucha implacable contra la burguesía, el Imperialismo y sus instituciones.
            De lo que se trata es de barrer las pestilentes bandas fascistas política y militarmente, sobre la base de las milicias obreras y arrancarlas de raíz con la Revolución Proletaria y la IV Internacional.

 

Lucha Obrera Nº4, 23 de Febrero de 1993, Valparaíso.

 

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