Blogia

CONTRA LA CORRIENTE

RESPUESTA AL BLOQUE PST, PRT Y CCPO (POLÉMICA AL INTERIOR DEL CIR)

Hemos recibido los Boletines Nº0 y Nº1 del Coordinador de la Izquierda Revolucionaria y estamos procesando el debate abierto, sin perjuicio de las cuestiones de fondo planteadas en la “Respuesta a los Compañeros del POR”, creemos que la discusión trabada aborda cuestiones fundamentales que la generalidad de la izquierda simplemente ignora. En este sentido nos parece que el esclarecimiento de estas cuestiones, en Chile en el año 2002, son muy importantes. La formación de este bloque PST, PRT y CCPO de amplias coincidencias sobre cuestiones tan trascendentales como la fórmula de Gobierno, los órganos de doble poder, el carácter de la revolución en nuestro país, hace manifiesto que estamos –qué duda cabe- en presencia de una discusión de importancia.
En un pasaje de vuestra respuesta se indica que nosotros daríamos a entender que quienes no sostengan la fórmula de Gobierno Obrero-Campesino, para Argentina, estarían en el campo de la contrarrevolución. Rechazamos ese aserto, no sólo porque de caracterizarlos así a Uds. nos ubicaríamos en el combate a este Coordinador y lo indicaríamos abiertamente, sin ningún tipo de ambigüedades; lo rechazamos, también, porque pretende ubicar este debate en el terreno del idealismo: para ser contrarrevolucionario es necesario jugar un papel en la lucha de clases, esta definición es objetiva y caracteriza al pasivo de la misma como un enemigo de clase. Este tipo de anatemas, tan irresponsablemente atribuidos a nuestra organización, no hacen sino enturbiar el debate y desenfocarlo de sus ejes fundamentales. Como método nos parece inapropiado atribuírsenos estas caracterizaciones que no nos son propias, y que sólo constituyen un pasaporte a la provocación.
Una cuestión distinta, es que en el interior de la vanguardia que se reclama de la revolución socialista, coexistan diversos grupos que busquen su estructuración como partido revolucionario. Formamos parte de esa vanguardia ustedes y nosotros. Lo que nos diferencia es que como POR buscamos esa estructuración partidaria en el marco de la reconstrucción de la IV Internacional, bajo la estrategia de la Revolución y Dictadura Proletarias, buscamos la construcción del partido-programa de la revolución obrera en Chile, como sección de la IV. En una palabra, como POR batallamos por la estructuración programática del partido revolucionario en el marx-leninismo trotskysta. Ustedes, como bloque, a partir de esas mismas definiciones se encuentran fuera del terreno del marxismo y afirman definiciones políticas extrañas al mismo, reveladoras de su incomprensión de las leyes que rigen el desenvolvimiento de la lucha de clases en nuestro país.
Esto forma parte de un balance general de la historia del trotskysmo chileno. La incapacidad del trotskysmo en Chile para elaborar el programa proletario, la teoría de la revolución chilena a partir de las particularidades nacionales, explica su falta de penetración en el movimiento obrero y marca negativamente la historia de nuestro proletariado. Nuestra clase obrera, consecuencia de esta debilidad del trotskysmo, ha sido envilecida políticamente por el stalinismo y la socialdemocracia en el electoralismo y el frentepopulismo, en la colaboración de clases. Es esta historia la que debemos comprender para transformarla en términos revolucionarios. Si estamos dando esta batalla política, con ustedes y con la vanguardia en general, es porque queremos agruparlos en torno a las concepciones estratégicas de la clase obrera, partiendo de la base de la realidad histórica, no de la luna ni del intelectualismo libresco.
Al revisar sus acuerdos políticos en respuesta a nuestra posición sobre la Declaración de Solidaridad con Argentina, pareciera que realmente ustedes estuviesen viviendo en otro país. Pareciera que ignoraran de lleno la experiencia hecha por las masas chilenas en los últimos cien años. Esa actitud, tan cara a la vanguardia de izquierda chilena en general, en ustedes que se reclaman ni más ni menos que TROTSKYSTAS es inadmisible e irresponsable. El debate implacable sobre estos problemas debe ser puesto al servicio del combate revolucionario, de la necesidad de penetrar en las masas, de llevar estos  problemas a círculos más amplios, a los obreros y explotados en general. Por eso, no es casual que estemos discutiendo en este marco, diríase de espaldas a los trabajadores. Es porque en nuestro país los revolucionarios no han sido capaces de penetrar en el seno de las masas, por esto es que el trotskysmo chileno el primero y más notable de América Latina, no pasó la prueba de fuego de la lucha de clases y fue aplastado por la misma.
Debemos repetir esto incansablemente, ponerlo con letras de molde: la estructuración del partido-programa del proletariado sólo podrá consumarse mediante la penetración en el seno de las masas explotadas y oprimidas. Para ello es imprescindible la construcción del programa proletario, la teoría de la revolución en Chile.
Compañeros del PST, PRT y el CCPO, no pueden dar vuelta la página e ignorar esta historia, queremos elevar el nivel de este debate y llevarlo al terreno programático, para ello ponemos en discusión nuestro Programa, votado en nuestro Congreso de 1998 y que se adjunta a esta nota. Este el Programa de nuestro Comité Constructor, es un intento –hasta donde conocemos único- de explicar las leyes que rigen el desenvolvimiento de la lucha de clases en Chile en la perspectiva de la estrategia de la Dictadura del Proletariado. El “Manifiesto por la Unidad de los Revolucionarios”, que les hemos remitido y que no han incorporado en los Boletines del Coordinador como solicitamos, es un intento de desarrollar este programa como parte del debate con la izquierda revolucionaria en nuestro país. Los emplazamos a abrir este debate, a romper los prejuicios y a discutir con la perspectiva de llegar a las masas con la política del proletariado, en la perspectiva del combate revolucionario.
Para demostrar las afirmaciones que hemos hecho, vale decir que ustedes plantean un debate fuera del marxismo y que ignoran –como toda la izquierda en general- la cuestión del Programa y de la estrategia proletarias, pasaremos revista a los puntos de polémica señalados por ustedes en el mismo orden y formato, de forma de facilitar su seguimiento y comprensión, del modo como sigue:

 

1.- CONTRAPUNTO UNO: Al impugnar nuestra crítica a la omisión del llamado a la lucha en contra de Lagos en el documento de Convocatoria, ustedes defienden esta omisión. Vale decir, no estamos en presencia de una simple silencio, sino que de una determinación política explícita. No creemos que ustedes sean defensores de Lagos, lo que sí es claro es que la lucha en contra del Gobierno de Lagos es algo menor a la hora de convocar. Ustedes prefieren el camino de establecer “un marco principista para el desarrollo del proceso de coordinación... de las diferentes organizaciones que se reclaman del socialismo revolucionario internacionalista”.
Lo que no logran demostrar es por qué algo tan simple como marcar una definición explícita de lucha en contra del Gobierno, podría constituir un obstáculo en la articulación de los grupos de supuestos revolucionarios. No se logra explicar por qué esta definición antigubernamental no tiene cabida en el sacrosanto “marco principista”. Atribuirnos –de nuevo mañosamente- la exigencia que se desarrolle “todo nuestro programa” en la convocatoria es una simple chambonada.
No pretendemos que la Convocatoria al Coordinador se haga sobre la base de nuestro Programa –bien que batallaremos porque el nuestro se imponga en la Conferencia-, simplemente señalamos que esta indicación, de convocar a la lucha en contra de Lagos, marca un hito delimitatorio de clase con todo tipo de secta diletante. Incluir el llamado a luchar en contra de Lagos (de su Gobierno burgués y proimperialista) no es un capricho, es fundamental si lo que queremos agrupar es a luchadores que se disponen saltar a la arena de la lucha de clases. Es vital en este momento en que Lagos simplemente no tiene oposición y nadie llama a luchar en contra de él.
Este tipo de “omisiones”, “para no asustar”, sólo logran confundir y han demostrado históricamente su fracaso. Si los revolucionarios buscamos el agrupamiento, éste debe forjarse en la búsqueda del encuentro con las masas; a estas masas no llegaremos con “marcos principistas” sino que con una clara identificación de cuáles son nuestros enemigos y cuáles nuestros objetivos revolucionarios.
Podemos obviar muchas cuestiones a la hora de convocar a otros grupos a la lucha, podemos no mencionar la Revolución Mundial, la IV, la Revolución Política, la situación en Palestina, etc.. Son innumerables las cuestiones que podrían no haber estado en esa Convocatoria, pero precisamente este problema no puede estar ausente.
Lagos encarna la política del imperialismo y la burguesía criolla; Lagos le ha declarado la guerra a los trabajadores, sus escribas día a día no hacen otra cosa que proseguir en esa línea fascistizante de aplastamiento de toda resistencia a los explotadores; Lagos está parado sobre los miles de ejecutados políticos del 73. Ustedes eso lo tienen más que claro, y lo tiene claro la militancia de izquierda en general, si alguien tiene dudas al respecto se puede ir al basurero, pero no tiene ningún espacio en el reagrupamiento de los revolucionarios. Este tipo de cuestiones no pueden estar sujetos a ningún tipo de discusión a riesgo de transformar nuestra Coordinadora en un centro de terapia grupal.
Plantear que en beneficio de un “marco principista”, de la “democracia obrera”, no se puede incorporar el llamado a la lucha en contra de Lagos constituye un despropósito. Repetimos, más que la omisión, lo que atacamos principalmente es la defensa que ustedes hacen de esa omisión en la que se hace evidente una inexplicable evasiva a el problema fundamental de la lucha de clases en nuestro país HOY.

 

2.- CONTRAPUNTO DOS: Ustedes dicen textualmente “No entendemos de dónde el planteo de Gobierno de trabajadores podría encubrir una fórmula frentepopulista”, nosotros, luego de leer la defensa que hacen de tal fórmula de Gobierno no podemos menos que creerles. Evidentemente no lo comprenden y transitan por el camino opuesto a su comprensión.
Como primera cuestión, es necesario dejar muy en claro que esta es una discusión entre revolucionarios, no entre filólogos. Ustedes dan a entender que se trata de un problema terminológico y que resuelven indicando que “trabajador” es sinónimo de “obrero”. Tampoco es un problema de caricaturas, de bototos, mamelucos o minifaldas. De lo que se trata, ni más ni menos es del tipo de Gobierno por el que se lucha, fórmula que políticamente encolumna las fuerzas motrices de la Revolución en Chile.
Esto es algo histórico de primera importancia. Cuando Lenin definió en su célebre “Tesis de Abril” su adhesión a la fórmula de Trotsky de “Dictadura del Proletariado” popularizada como Gobierno Obrero-Campesino y abandonó la centrista fórmula de “Dictadura revolucionaria democrática de Obreros y Campesinos”, no estaba optando simplemente por unas palabras menos. Detrás de esa expresión, que a ustedes podría parecer pedestre e insustancial, se encontraba toda una definición del papel del proletariado como caudillo del campesinado y el conjunto de las masas explotadas y oprimidas en la Rusia del 17.
En nuestro país el proletariado es una minoría, de tal forma que un Gobierno sólo de los trabajadores (que para ustedes es sinónimo de obrero) no duraría más que un par de días. El proletariado en un país de capitalismo atrasado, como Argentina o Chile, sólo podrá ejercer su propio Gobierno a condición de acaudillar a la nación oprimida en su conjunto. En nuestros países la Revolución no será solamente obrera, ni minoritaria, sino que estará protagonizada por toda la nación oprimida, es decir por la mayoría aplastante del país. Serán varias las clases sociales que realicen dicha revolución, a diferencia de lo que puede suceder en una metrópoli desarrollada. Tal revolución multitudinaria será posible únicamente si el proletariado (clase social que se define por su papel en el proceso productivo, de la cual se extrae plusvalía y que contribuye a la creación de mercancías y su distribución) actúa como dirección política, si es capaz de afirmarse como caudillo nacional y subordinar a la mayoría del país a su propia estrategia.
Vale decir, la definición que ustedes entregan, cualquiera que sea la interpretación que pretendan darle es incorrecta para el tipo de revolución que está planteada en nuestros países. Si con “trabajadores” pretenden significar “proletariado” es incorrecta, por cuanto la revolución en Chile, Argentina, Bolivia, Nicaragua o cualquier otra semi-colonia, no se sostendrá en un Gobierno “puramente” proletario, precisamente porque la Revolución en nuestros países será además de social, NACIONAL, vale decir realizará –en la dinámica permanentista- las tareas propias de las revoluciones demo-burguesas (Independencia nacional, revolución agraria, formación de mercado interno, etc.) y las propiamente socialistas. Si con “trabajadores” pretenden representar “asalariados” (incluyendo a la multitudianria masa que integra la moderna clase media de empleados de servicios y cuentapropistas), está doblemente errada por cuanto priva al proletariado de su papel de caudillo y la somete a la pequeña burguesía.
La dirección proletaria de la alianza de clases es esencial para el triunfo del proceso revolucionario, ella se impone porque esta clase social es la única revolucionaria, que no tiene nada que defender en la herencia del pasado ni en la sociedad presente, porque encarna las fuerzas productivas y a las tendencias comunistas que ya existen en el actual proceso social. Es la única clase que puede efectivamente emancipar a nuestros países de la opresión imperialista. Por eso planteamos que la Dictadura del Proletariado, se expresa como Gobierno Obrero-Campesino, en Argentina, o en Chile como Gobierno Obrero y de los Explotados de la ciudad y el campo, definiciones con las que caracterizamos este carácter de la revolución proletaria en nuestros países.
Para arribar a estas conclusiones, es preciso que ustedes abran los ojos a la realidad y dejen de repetir categorías y caracterizaciones europeas de un siglo atrás. Es necesario que –como marxistas que se reclaman- buceen en la realidad, en la lucha de clases y a partir de ahí esgriman sus caracterizaciones: científicamente. En este sentido, es necesario puntualizar un segundo motivo  según el cual la categoría de Gobierno de Trabajadores es incorrecta. Ustedes saben muy bien que el 11 de septiembre del 73 hubo un Golpe en Chile, evidentemente lo saben, sin embargo ignoran una cuestión esencial –entre otras- de este proceso: el Gobierno de Allende, de la UP se autodefinía como un Gobierno de los Trabajadores. Con la sangre de la aguerrida vanguardia obrera de los Cordones Industriales, se regó la caída de ese Gobierno que era un Frente Popular.
Las palabras en general, y en política especialmente, adquieren su sentido de la praxis histórica, no de los diccionarios ni de las Academias de la Lengua. Para nosotros, chilenos que militamos en el Chile del 2002 la expresión Gobierno de Trabajadores esta teñida de ese contenido, remite invariablemente al allendismo, demostración clara de ello es que la totalidad de la “izquierda” e inclusive el PC en algunos materiales, se reclaman de un Gobierno de Trabajadores. Los invitamos a estudiar los materiales del PC-AP, de algunas astillas del MIR, MAPU, etc., estos agrupamientos y tendencias correctamente se definen así, porque siguen defendiendo la concepción frentepopulista del allendismo, para ellos nuestro país transita por la etapa de la Revolución Popular y Antiimperialista. En Argentina los chinos del PCR (CCC) defienden esta misma definición; por otra parte la consigna de Gobierno de Trabajadores –no la caracterización etapista al menos formalmente-  es sostenida por la mayoría de las corrientes morenistas y por el altamirismo en la Argentina.
Es indudable que la categoría de Gobierno de Trabajadores, no sólo por la mecánica de clases de la revolución en Chile o Argentina, sino que por la propia experiencia chilena remite obligada e invariablemente al Frente Popular de la UP y Allende. Esa experiencia ha sido aplastada y sobre ello los revolucionarios tenemos el deber de ayudar a los explotados a superarla, precisamente objetando esa fórmula y oponiéndole la de Gobierno Obrero-Campesino que expresa una nueva alianza de clases con la perspectiva de la Dictadura del Proletariado. La confusión que ustedes evidencian queda resumida –para terminar- en la definición que ustedes dan de Frente Popular (parte final primer párrafo del “Segundo Punto”) “es una fórmula de Gobierno en la que coexisten sectores de representantes de los trabajadores con representantes de otras clases (pequeña burguesía o directamente burguesía)”.
De esta definición que ustedes entregan, que intencionadamente hemos reservado para el final, para favorecer la comprensión de su crítica, se desprende el nudo de confusiones que tienen sobre la materia, eso sí partiendo de la base de la sinonimia entre “trabajador” y “obrero”. En primer lugar el Frente Popular no alcanza a cubrir toda forma de Gobierno del proletariado con otras clases sociales. Ya hemos demostrado que tanto en la Rusia del 17, como en el Chile del 2002 y como en todo país de capitalismo atrasado en que la clase obrera es minoritaria, la Dictadura del Proletariado se expresa como un Gobierno de alianza del proletariado con otros sectores de la pequeña burguesía urbana o rural; esta alianza no es Frente Popular: es Dictadura Proletaria, en la cual la clase obrera ejerce un papel de liderazgo sobre el conjunto de la nación oprimida y arrastra a la mayoría nacional hacia sus objetivos estratégicos.
En segundo lugar, el Frente Popular no puede definirse como coexistencia entre clases sociales, ustedes señalan proletariado y burguesía. Esa coexistencia es imposible y arranca de las relaciones de producción capitalistas, los intereses del proletariado son incompatibles y excluyentes con los de la burguesía. En el Frente Popular la burguesía, así sea su fantasma como decía Trotsky caracterizando el Frente Popular español, somete al proletariado y a la pequeña burguesía; los dirigentes de los partidos obreros stalinistas, socialdemócratas o de cualquier otro pelaje, se SOMETEN a la burguesía para salvar al capitalismo en una extrema situación de crisis. Por eso el propio Trotsky caracterizaba al Frente Popular como antesala del fascismo. Por eso en la actual situación internacional, la política de Frente Popular adquiere para la burguesía una importancia de primer orden, el Foro de Sao Paulo es uno de los centros irradiadores de esa política actualizada a nuestros días. El supuesto teórico de esta formulación es que es posible que las masas satisfagan sus reivindicaciones bajo el capitalismo y el liderazgo “democrático” y “antineoliberal” de la burguesía progresista.
Hemos demostrado que la consigna de Gobierno de Trabajadores no se compadece con las características del proceso revolucionario en Chile y Argentina. Ello porque no expresa la mecánica de clases de la revolución y porque históricamente remite a una formulación de corte frentepopulista, que ustedes declaran no compartir. Esto no es de modo alguno una cuestión menor y creemos haber delimitado, al menos en líneas generales, el programa proletario de otras concepciones que le resultan extrañas.

 

3.- CONTRAPUNTO TRES: Ustedes defienden a consigna de “Asamblea Constituyente soberana de la clase trabajadora”, combinando problemas y categorías de un modo contradictorio al punto de indicar en una parte que la Asamblea Constituyente (AC) es esencial para el desarrollo de la lucha por las reivindicaciones democráticas; pero en otra parte afirman que “todo intento de plantear en una situación revolucionaria la consigna de AC como la esencial, es una traición directa a la política trotskysta que no tiene como objetivo hacer una revolución democrática, sino hacer una revolución que lleve a la clase obrera y a sus aliados, organizados revolucionariamente, al poder”.
Esta contradicción, evidente en el texto y no resuelta en términos dialécticos, descansa sobre un conjunto de apreciaciones erróneas sobre el carácter de las reivindicaciones democráticas en el proceso de revolucionario.
Efectivamente, en el marco de la descomposición y crisis capitalista, la lucha por los reclamos democráticos adquiere una importancia fenomenal. El proletariado tiene la obligación, no sólo en los países atrasados, de arrebatarle las banderas democráticas a la burguesía y pequeña burguesía liberales, para poner de manifiesto que sólo bajo el liderazgo obrero será posible dar satisfacción a estos reclamos. Esto es esencial en el desarrollo de toda política revolucionaria y en ese marco se observamos coincidencias con vuestros planteamientos.
Sin embargo hay tres cuestiones que sostienen en defensa de la AC, y que tienen que ver con la contradicción que hemos reseñado, que deben ser rechazadas. En primer lugar, ustedes dan a entender que se vive una etapa de “revoluciones de febrero”. Repetidamente indican que la lucha por los reclamos democráticos se sustenta en esta etapa; que las consignas democráticas no opacan a las de poder en “toda la etapa revolucionaria pre-febrero o post-febrero”; la importancia de las consignas contra los gobiernos autocráticos “antes de la revolución de febrero”. Vale decir esta categoría aparece ligada para ustedes a problemas trascendentales: la lucha democrática y contra los regímenes autocráticos.
En definitiva, esta categoría para ustedes resume todo el período histórico contemporáneo. Nos encontraríamos en la etapa de las Revoluciones de Febrero. Esto es una traducción de una antigua categoría del argentino Nahuel Moreno, el cual en su folleto “Las Revoluciones del Siglo XX” que acompaña su viraje a posturas en extremo socialdemócratas con la creación del MAS en Argentina, plantea que en la actualidad se vive la “era de la revolución inminente” y que los procesos revolucionarios en curso admitirían categorizarse como revoluciones democráticas (con varias sub-categorías según sus resultados) y socialistas. De esta forma se caracteriza la caída de la Dictadura Militar argentina, que da paso a las elecciones de 83 con Bignone a la cabeza, como una Revolución. Esta categoría es generada ex professo de forma de justificar la creación del gran partido de masas, el MAS, que en su declaración de principios se reclama de Mitterand, Felipe González y Allende. Conocemos el lamentable final de esta aventura, que entre otras cosas significó que el MAS en Chile terminara apoyando alegremente la transición pinochetista plegándose a la campaña de NO en el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988.
El proceso revolucionario actual, lo expresa el Programa de Transición de la IV, es de Revolución Socialista Mundial. Nuestros países atrasados han sido madurados “desde afuera” para la revolución socialista y es ese –y no otro- el carácter de la revolución a escala mundial y en nuestro país. Crear esta idea de “Revolución de Febrero”, “democrática”, no es otra cosa que crear, artificiosamente, remedos del etapismo stalinista. Se cae inavariablemente en eso, sino que se demuestre cuál es la base teórica de esta categoría sino la vieja idea de andar por la vida señalando las etapas que ha de seguir el proletariado en su revolución. No los acusamos por ello de “contrarrevolucionarios”, lo que buscamos con esta definición es forzar un debate en que la definición sobre estas cuestiones se esclarezca en términos marxistas.
Una segunda cuestión es sobre la falsa identidad que establecen entre AC y consignas democráticas. Tal identidad no existe, es más, la auténtica lucha por los reclamos democráticos –que estamos de acuerdo son una prioridad en este momento- pasa por sobre la AC, tanto en Chile como en Argentina. Esto no es algo de principios, es táctico,  no significa que haya perdido toda potencialidad revolucionaria, de hecho muy probablemente en los países islámicos la AC tenga vigencia en la actualidad. Pero otra cosa ocurre en nuestros países, para eso una vez más se debe analizar la historia y comprenderla, no repetir los análisis de Lenin: hacer nuestra su metodología marxista.
La Asamblea Constituyente fue planteada por Lenin, y sus fundamentos son brillantemente defendidos en su trabajo “El Izquierdismo enfermedad Infantil del Comunismo”, como una forma de potenciar el liderazgo obrero sobre las masas campesinas a partir de la nula experiencia en la democracia burguesa que existía en aquella época en Rusia. La Asamblea Constituyente se plantea como consigna para ayudar a las masas a romper sus ilusiones democráticas y emanciparlas del dominio político de la burguesía liberal, bajo cuyo sometimiento se encontraban los mencheviques. Muchas de las apreciaciones ustedes hacen sobre la Asamblea Constituyente son válidas como registro histórico pero no tienen validez en la actualidad, recuerdo un cda. del PRT sobre la necesidad de actualizar nuestros conceptos y no quedarnos anclados en el pasado, de lo importante que es emprender esa tarea. No entiendo cómo a partir de esos claros conceptos adhiere en la actualidad a fundamentaciones políticas que son verdaedras antiguallas.
Nuestro país y Argentina aún más, tiene en la actualidad –a diferencia de la Rusia del 17 sumida en zarismo- una experiencia de más de ¡150 años! en el parlamentarismo y electoralismo burgués. En Chile la primera Asamblea Constituyente data de 1811 y fue convocada por Carrera, hasta esta fecha se han convocado en nuestro país más de una decena de Constituyentes. En Argentina la cosa es igual, la última es de 1994, hace 8 años, es más tras los Andes la Asamblea Constituyente es un instrumento regular de la burguesía para dirimir sus crisis. Los efectos de las Constituyentes invariablemente son los de afirmar la autoridad burguesa legitimándola, acrecentar las ilusiones democráticas y doblegar el ímpetu combativo de las masas. Esto es realidad histórica, es la comprensión de los procesos que HOY se viven en nuestros países.
En Chile, también en Argentina pero en menor medida, son las poderosas ilusiones democráticas las que constituyen el principal bloqueo en la lucha de las masas. La lucha contra toda forma de electoralismo y legalismo, constituye luego de la profunda derrota histórica de 1973 en Chile, un deber elemental de todo revolucionario. La Asamblea Constituyente corre en sentido inverso, afirma precisamente las ilusiones en el orden burgués porque significa elecciones. Significa dar tregua, esperar que la legalidad otorgue las conquistas que se reclaman en las calles. En Argentina, hoy día, la Asamblea Constituyente es un instrumento en manos de la burguesía para derrotar el poderoso movimiento asambleario y piquetero, precisamente porque busca expropiarles la fabulosa conquista del 19-20 de Diciembre pasado.
Una última cosa, ustedes defienden la Asamblea Constituyente señalando que debe ponerse en perspectiva de la consigna de Gobierno que la contextualiza. Perfecto, muy bien, pero ocurre que la llamada consigna poder –como correctamente habría criticado el cro. de Clase contra Clase- no es tal. Plantear “Todo el poder a los piqueteros y a la clase trabajadora organizada” en la actualidad significa disolver la revolución argentina, ello por cuanto implicaría que la burocracia que usurpa la dirección de la Asamblea Nacional Piquetera y del movimiento asambleario en general asuma el Gobierno. Lenin no planteó “Todo el poder a los Soviets” sino hasta el momento en que los bolcheviques, es decir la clase obrera, lideraba estos órganos hasta entonces tendenciales de doble poder; el POR boliviano no planteó “Todo el poder a la COB” –como muchos revisionistas le reclaman- precisamente porque el partido (POR) no estaba maduro ni era capaz de asumir el liderazgo de ese movimiento.
La referida consigna de poder es expresiva de espontaneísmo, de la incomprensión del papel del partido revolucionario en el interior de los órganos de poder que crean las masas. La consigna que ustedes plantean , de materializarse, sería una catástrofe: la burocracia socialdemócrata del CTA entraría a la Casa Rosada con la misión de liquidar la revolución y consumar un Frente Popular, aspecto esencial en la política que desarrollan. Los invitamos, también, a revisar los materiales de la Asamblea Nacional Piquetera, a compenetrarse de la política policíaca que ha impuesto en esas Asambleas la burocracia, etc.. Una vez más camaradas, les planteamos la necesidad de contrastar los esquemas, los prejuicios, con la realidad.

 

4.- CONTRAPUNTO CUATRO: Más breves, porque muchos de los conceptos vertidos más arriba son también aplicables a esta polémica, tenemos que señalar respecto de nuestro supuesto “inmediatismo revolucionario”, nuestros tempestuosos ímpetus, nuestros deseos apasionados y otros piropos que nos brindan generosamente: por todos ellos ¡MUCHAS GRACIAS!.
No es necesario tanta puntualización sobre lo complejo que será el proceso revolucionario. Lo será aún mucho más que las dificultades que ustedes apuntan. En ningún momento hemos planteado que la clase obrera argentina vaya a tomar el poder en cosa de días, nada más ajeno a nuestros conceptos y caracterizaciones para ese país. Indudablemente, el proceso revolucionario abierto plantea un proceso de lucha de que enfrenta a la revolución y a la contrarrevolución. No hablamos de un juego, hablamos de una lucha sin cuartel que enfrenta a la minoritaria, decadente y parasitaria burguesía argentina, con la inmensa masa explotada que ha logrado tumbar tres Gobiernos en menos de un mes y que ahora va por Duhalde. 
Sin embargo esa inmensa y mayoritaria masa explotada, en al que emerge el proletariado como clase conductora, carece de una dirección política, de un partido revolucionario que exprese auténtiamente sus intereses de clase. Mientras esta dirección no madure y se enraíce en el seno de sus luchas, la clase obrera y los explotados argentinos en general no lograrán imoponerse. La sociedad argentina necesita un nuevo amo, por así decirlo, y ese amo, el proletariado, no ha madurado para tan altas funciones.
En este marco adquiere un carácter nodal la lucha por un Gobierno Obrero-Campesino, por la Dictadura del Proletariado, si el partido político del proletariado no lo declama abiertamente, es imposible que la vanguardia se agrupe en torno a esta estrategia arrastrando al grueso de las masas, insurreccionalmente. No se trata lanzar consignas sobre problemas menudos frente a impulso instintivo por acabar con burguesía y por tanto el imperialismo. El partido del proletariado debe ser capaz de expresar  políticamente el contenido del impulso instintivo comunista de las masas, los hechos demuestran que para las masas se va agotando el camino del electoralismo. Repetimos la gesta del 19-20 de Diciembre marca un hito extraordinario en la formación de la conciencia política de los explotados y corresponde al partido revolucionario darle expresión política.
El problema no es –como plantean ustedes- de si se tiene conciencia o no de lo largo y dificultoso de este proceso, que estará plagado de avances y retrocesos. La cuestión es torno a qué estrategia convoca el partido revolucionario a las masas, con qué política le disputa a la burguesía el poder. No será llamando a una Asamblea Constituyente, respecto de la cuál las masas argentinas no alimentan ni la más mínima expectativa, porque ya han vivido esa experiencia infinidad de veces; tampoco será llamando a que la burocracia de la CTA tome el poder. Mientras los órganos de poder no maduren como tales, como expresión de la clase obrera, el partido obrero debe desplegar todos sus esfuerzos por agrupar a la vanguardia en torno a su estrategia, interpretando el accionar de las masas, potenciando esa acción directa como lucha por el poder.
El “largo” proceso al que ustedes aluden que se resisten a caracterizar como “etapa” pero no atinan a darle otro nombre, de modo alguno impide caracterizar que la lucha HOY en la Argentina es por la Dictadura del Proletariado, porque ese es el carácter de su Revolución en el que las masas se expresarán insurreccionalmente, esto es con fusiles en las manos con milicias obreras, con la capacidad de fuego de la burguesía aniquilada. Este es el único camino que conduce a la revolución, la acción directa, la violencia revolucionaria, la lucha insurreccional que es el momento en que el programa proletario se expresa a través de la boca de los fusiles haciendo fuego contra la burguesía, el imperialismo y toda especie de menchevique colaboracionista. Esto divide aguas con cierto reformismo que diluye todo en acciones huelguísticas (como si esa fuera la máxima expresión de lucha de los explotados) y con el foquismo petardista de la pequeña burguesía, los cuartelazos a lo Chávez, etc..

 

5.- CONTRAPUNTO QUINTO: Aquí, definitivamente, entramos en otro terreno de discusión, ustedes rechazan el apoyo e impulso a los saqueos. Con esta postura se ponen frontalmente en contra de una de las tendencias más poderosas del movimiento argentino y que fue el que en definitiva hizo caer a De la Rúa. Esta línea, que reproduce milimétricamente la política de todo el arco político de la “izquierda” argentina, exuda legalismo y democratismo.
Ustedes rechazan impulsar los saqueos y potenciarlos como control obrero de los medios de distribución con un argumento vergonzante y formalista: “El control obrero de la producción y distribución se puede efectuar sólo a condición de que los trabajadores tomen el control de las fábricas y empresas, no impulsando el robo y el saqueo, ello sólo puede servir para justificar una mayor represión de las masas”.
En primer lugar tenemos que aclarar que jamás hemos planteado que los saqueos sean una forma de control obrero. Lo que hemos dicho es que son una creación de las masas, que expresa el instinto comunista de las masas, de ataque a la propiedad privada y que como criatura de la lucha de clases debe ser acogida por los revolucionarios y potenciada con una perspectiva de lucha por el poder político. Nada más, aplicación del ABC marxista. En ningún texto de los clásicos aparecen mencionados los Cordones Industriales, de hecho sólo tangencialmente ejercieron Control Obrero, sin embargo es deber del partido revolucionario reconocer esa creación de las masas, potenciarla e impulsarla como expresión de poder dual, de lucha por el poder. Por eso nos parece una pedantería sostener “nos parece un completo error, los saqueos aunque sean organizados, difícilmente al control obrero de la distribución de los bienes de consumo”. Con ese criterio ustedes no habrían apoyado a los Cordones Industriales, ni la Guerrilla en Cuba ni en Colombia, ni la Intifada, ni las talas ilegales (esto también es robo de madera) de los Mapuches de la Coordinadora Arauco-Malleco. Ninguna de estas creaciones de las masas se corresponde con ninguna figura específica de vuestro manual, efectivamente no aparecen mencionadas en el Programa de Transición, ni se avienen a categorías canonizadas por los clásicos. Así razona un monje, no un trotskysta.
Ustedes no pueden exigirles a las masas hambreadas y humilladas de las villas de los conurbanos de las principales ciudades argentinas, que tienen que esperar a que los obreros se tomen las fábricas para poder comer. Lo que impulsó los saqueos, compañeros, fue el hambre, el hambre de millones de cesantes en un país devastado por los grupos económicos, la banca y las transnacionales. Un país que según recientes informes exhibe un 47% de cesantía real. Pero para ustedes esas masas que llenaron las calles, que cortaron rutas, que arrastraron a la pituquería de la Capital Federal a salir con sus cacerolitas a la calle, esas masas para ustedes ROBAN, es decir son delincuentes. Esa definición no sólo no califica como marxista: ES POLICÍACA.
Los que roban en argentina son los bancos que se fundieron con US$60.000 millones, con la plata de los pequeños ahorristas. Los que han desmontado el aparato productivo del país, los que hacen negocio con el hambre, la desnutrición y la miseria. Ellos, los capitalistas son los delincuentes, ellos son los que han saqueado el país. Que ustedes nos digan de que las masas salieron a las calles a mediados de Diciembre en Argentina ni más ni menos que a delinquir es incomprensible, es cerrar los ojos a la realidad. Por lo demás en términos marxistas –lean las Tesis sobre Feuerbach de Marx- la delincuencia no es más que la más elemental y despolitizada expresión INDIVIDUAL de resistencia frente al capital. Qué clase de marxistas salen en defensa de la propiedad privada de los grandes propietarios de supermercados: ninguno, simplemente porque vuestra posición los coloca de lleno fuera del marxismo y de los intereses de los explotados.
En segundo lugar, ustedes impugnan los saqueos porque para materializarse el control es necesario que “previamente” los obreros ejerzan el control de fábricas y empresas. Vale decir ustedes rechazan que tendencialmente, los saqueos puedan apuntar al control obrero. Aquí, camaradas, nuevamente se cae en el formalismo, los procesos históricos jamás se guían por ningún libreto. Es responsabilidad de los revolucionarios interpretar a las masas, descubrir las profundas fuerzas sociales que se expresan a través de sus acciones, con la finalidad de fortalecer el predominio proletario en las mismas. En los últimos veinte años, a escala mundial pero también en Argentina y Chile, se ha vivido un proceso de vaciamiento de las organizaciones sindicales. Durante los 80 el proletariado combatió a la Dictadura de Pinochet no desde los sindicatos, lo hizo desde las poblaciones, desde donde se derrotó efectivamente a la dictadura (con las limitaciones que conocemos). Con esto queremos decir que el hecho de que los obreros no hayan ido con pendones y bombos del Sindicato a ocupar y expropiar (saquear) los supermercado, como clase estuvieron presentes en este movimiento. Estuvieron presente especialmente el proletariado cesante, desocupado. Los que no estuvieron presentes fueron los “izquierdistas”, los que prefirieron preocuparse por la legalidad del asunto.
6.- ÚLTIMO PUNTO A PROPÓSITO DE VUESTRA “DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS” A LA QUE SE SUMA EL POS: No nos queda claro qué carácter tiene esta “Declaración”, especialmente porque personalmente se me informó que la reunión del Sábado 2 de Marzo se suspendía por dificultades de varios asistentes. No obstante ello, las cuatro organizaciones firmantes tuvieron tiempo para reunirse y aprobar nada menos que una “Declaración de Principios”. Curioso. De todos modos entendemos que esta Declaración de Principios involucra a los firmantes y no pretende ser la Declaración del Coordinador. No podría ser de otra forma aún cuando no nos queda claro.
La totalidad de la teoría marxista, del programa proletario, puede resumirse en tres ideas muy básicas. Quienes no la comparten no tienen lugar dentro del marxismo, podrán corresponder a otras vertientes inclusive del socialismo utópico, pero no del marx-leninismo trotskysta. Éstas son 1.- Que la estrategia que encolumna las fuerzas motrices de la Revolución, como punto de arranque de la Revolución Socialista Mundial hacia el Comunismo, es la Dictadura del Proletariado (Gobierno de los órganos de poder de los explotados, en países atrasados Gobierno Obrero Campesinos); 2.- Que sólo mediante la violencia revolucionaria, la acción directa accederán los explotados al poder, cuestión que niega por principio la gradual, pacífica y “electoral” transformación del capitalismo en socialismo; 3.- Que los medios de producción deben ser expropiados a la burguesía y socializados bajo control obrero.
Ninguno de estos conceptos están presentes en vuestra “Declaración de Principios”, aunque se enuncian una serie de cuestiones con las que en general estamos de acuerdo. Por lo mismo creemos que esta Declaración debe ser complementada a partir de los puntos que enunciamos.
Con fraternales saludos revolucionarios

 

Raúl Bengolea, por el CC del POR (Chile)
14.03.02

 

 

LA MARCHA FÚNEBRE DE LA INTERNACIONAL DE LOS PERSEGUIDOS

            Mediante esta minuta presentamos los principales aspectos de la discusión que hemos hecho sobre el reciente documento (enero 2002) “Documento de situación política nacional de la Conferencia Nacional, del grupo de Gamboa, que utiliza el mismo nombre de nuestra sección argentina. Debe señalarse que, como cuestión previa, a nuestro entender en este Documento, como en su llamada propuesta de “Programa de Gobierno” este grupo abandona formalmente la definición estratégica de Dictadura del Proletariado, la táctica de Frente Unico Antiimperialista y pasa a integrar de lleno las filas de la izquierda democratizante argentina.
            Creemos que para nosotros esta discusión es en extremo importante, toda vez que cierra el ciclo de descomposición de esta secta y al mismo tiempo nos debe servir para capitalizar programáticamente este desbarranque político. El cadáver de este grupo debe ser enterrado y ayudarnos al potenciamiento y a la superación de la sección argentina.
Se ha expuesto –en este caso- una vez más con un patetismo cercano al ridículo, de qué forma las tendencias que disfrazan sus posturas detrás de pretendidas diferencias “organizativas”, “de método”, terminan invariablemente abandonando la estrategia del proletariado. No olvidemos que hace tres años Gamboa rompe pomposamente con el CERCI, señalando básicamente que lo hacía por diferencias sobre la caracterización de la situación política en Bolivia, por el providencialismo del POR boliviano que no aplica creadoramente la táctica del frente único y por el carácter burocrático de los estatutos del CERCI (referido a la apelabilidad de ciertas expulsiones). Eran los días del amontonamiento de las “reservas revolucionarias” y de los “perseguidos” por la casta burocrática del llamado “trotskysmo de Yalta”. Todos estos enunciados, terminaron definitivamente en el único destino que podían tener: el abandono del programa del proletariado y el vaciamiento de todo contenido clasista de esta corriente.
            A lo largo de la confusa textura del documento encontramos el suma y resta de los centristas. Se trata de un tesis en que, como consideración general, encontramos la delirante idea de apuntarle a todas aunque esto sea a costa del absurdo. Se observa en este documento permanentes parches ideológicos que dan cuerpo a un “Frankestein”, ello es probable sea expresivo de una lucha interna más o menos intensa que denota por lo menos falta de homogeneidad y despolitización. Se afirma una idea y a renglón seguido se le niega. Parte de este mismo rasgo es la velada polémica que aún mantienen con el CERCI, aún se ven en la necesidad de atacarnos. Las reiteradas alusiones al sectarismo autoproclamatorio, al no hacer de la militancia un martirologio, contra el personalismo, etc., forman parte del arsenal de tonteras con que atacó Gamboa y que parecieran seguir utilizándose como último recurso para mantener cohesionado a su grupo “contra” su pasado revolucionario.
Es especialmente elocuente que en un documento de un grupo que se autoproclame “trotskysta”, que se plantee intervenir en la  extrema agudización de la lucha de clases las expresiones “Dictadura del Proletariado”, “violencia revolucionaria” y “expropiación de la burguesía”, pilares conceptuales de toda política marxista, SIMPLEMENTE NO APAREZCAN. Estos términos y sus conceptos no aparecen simplemente porque existe en la concepción política que sustenta su tesis, un abierto abandono del programa proletario y su consecuente adaptación “izquierdista” al régimen burgués.
A trazos gruesos el nudo de las capitulaciones programáticas contenidas en este documento y en algunos complementarios como el “Programa de Gobierno” y el volante del “Megalema”, pueden resumirse como sigue:

 

1.- INCAPACIDAD PARA COMPRENDER LA CAÍDA REVOLUCIONARIA DE DE LA RÚA Y LA CAPITULACIÓN A LA PEQUEÑABURGUESÍA:
El gobierno pro-imperialista de De la Rúa cayó presa de un poderoso movimiento de masas que pasó por encima del Gobierno, de la Alianza que lo sostenía, de la totalidad de los partidos del régimen, de la izquierda democratizante e inclusive de la propia Asamblea Piquetera. El accionar de las masas fue impulsado por el HAMBRE, el abrupto y brutal ataque a las elementales condiciones de vida de las masas, empujaron a las mismas al saqueo del sitema de distribución de alimentos: los supermercados.
El saqueo de supermercados, genuina creación de las masas, expresa una tendencia instintiva de las masas explotadas a barrer con la propiedad privada. Es el instinto comunista y no una “tendencia disolutoria de la lucha de clases” –como gustan los reformistas a calificar los saqueos- lo que se expresa mediante los mismos. Es tarea de los revolucionarios potenciar estos movimientos, organizarlos como control obrero.
Los “cacerolazos”, expresión predominante de las capas medias atacadas por el “corralito”, fueron puestos por los medios de comunicación burgueses como el epicentro del movimiento, precisamente para diluir el contenido clasista, de enfrentamiento entre clases que tuvo la caída de De la Rúa. De la Rúa cae como consecuencia de la derrota del Estado de Sitio, del incremento de los saqueos a escala nacional como respuesta a las medidas gubernamentales. La clase fundamental en este proceso fue el proletariado, los desocupados y hambreados.
En la mecánica de la lucha de clases, las capas medias jugaron un papel fundamental, sin embargo este papel lo desempeñaron arrastradas por la violenta irrupción de la clase obrera, especialmente la desocupada. No puede ignorarse esta cuestión, los desocupados son parte del movimiento proletario argentino. La incompresión de esta cuestión esencial, de la composición de clase del movimiento, hace ver espejismos acerca del papel secundario que podría caber al proletariado.
En el IV apartado del documento se afirma que : “el proletariado intervino diluido en la pueblada, sin identidad, ni política ni sindical, que marcara su liderazgo de clase”. En un material de discusión de esta conferencia, del 30.12.01, en el mismo sentido se expresa textualmente y desarrolla este concepto afirmándose que “corresponde decir que los trabajadores intervinieron en las puebladas DILUIDOS, sin identidad autónoma o de clase. Otra cosa hubiera marcado ver el ingreso a la Plaza de Mayo de columnas sindicales organizadas por sector, bien que para lograr esto, los trabajadores deben replantearse la necesidad de derribar la cúpula de traidores que dirige las CGT`s y el CTA”. Esos son digamos los requisitos que se imponen para reconocer la intervención de la clase obrera.
Más adelante se expresa que “estos fenómenos sociales y de nueva participación y protesta , no está al margen de los cambios estructurales que se han producido en la economía del país. Cuantitativamente, había más proletarios en la Argentina del 69` con un país de 18 millones de habitantes, que en la actualidad, donde la población se ha duplicado”.  
En esta caracterizaciones se observa el basamento “teórico” orientado a justificar la capitulación a la pequeña burguesía. Al igual que los elementos más derechistas de la izquierda democratizante, tipo Foro de Sao Paulo, se comienza a teorizar acerca del desaparecimiento de la clase obrera. Al constatar el empequeñecimiento numérico del proletariado, en lugar de observar este fenómeno como parte de la decadencia general del capitalismo que afirma  la táctica del FUA, sacan la conclusión opuesta: el “sujeto histórico” de la revolución incorpora a otros actores sociales, cuestión que redunda en la fórmula de poder. Ante esta “realidad” la Dictadura del Proletariado deja de ser la estrategia y en su lugar se plantea el Frente Popular presentado, en numerosas veces en el documento de Conferencia que criticamos, como “Socialismo” a secas.
Este cambio de clase, en la definición del proceso revolucionario, inhabilita al grupo de Gamboa para comprender lo esencial de la situación argentina en este momento: que las masas barrieron con el Gobierno de De la Rúa, que tumbaron a Rodríguez y van por Duhalde. Esta incapacidad les hace, en este documento del 20 de Enero, sostener expresamente que “El proceso político que finalmente parió al actual Gobierno no estuvo ajeno, por cierto, a la presión de las masas. La inercia de la gran fuerza popular que echara a De la Rúa y Cavallo golpeó también sobre Rodríguez Sáa, y especialmente sobre su gabinete. Sin embargo, el factor decisivo que impuso el recambio fue la necesidad de unificar antes que nada a la burguesía, bajo el visto bueno del Imperialismo. Se produjo, pues, un verdadero golpe institucional, que contó con el apoyo de una abrumadora mayoría en el Congreso, de una retirada en orden del propio "presidente por una semana", y de un transitorio y expectante reflujo en la movilización de las masas” (negritas y subrayados nuestros, RB).
Desde la perspectiva de este grupo el “factor decisivo” de la caída de De la Rúa y de los subsecuentes gobiernos de crisis, fue no la acción de las masas sino que la necesidad de unificar a la burguesía  mediante un golpe institucional , vale decir fue una maniobra controlada y no una caída revolucionaria. En el jueguito del suma y resta a renglón seguido, se reconoce el accionar de las masas en la caída del Gobierno, pero que este accionar sólo ha tenido el efecto de REARMAR EL EQUILIBRIO POLÍTICO DE LA BURGUESÍA. Efectivamente, se afirma que “Si la clase dominante ha logrado, transitoriamente, rearmar un equilibrio político... Es simplemente porque las masas cuyo movimiento tuvo la fuerza para voltear gobiernos, no tuvo la claridad política ni la maduración para colocar en el poder una alternativa propia”.
Esta definición de la crisis, paradigmáticamente centrista, que repetimos se desprende de la caracterización de clase del movimiento, lleva obligadamente a negar la realidad, a su deformación. Más arriba hemos indicado que este documento NO MENCIONA LOS SAQUEOS, los ignora del todo precisamente porque niega toda participación política al proletariado en esta lucha. Sólo en un momento se indica de pasada que los “hambrientos SITIARON supermercados”, pero sólo para afirmar la preeminencia de los “caceroleros”, ya que su accionar se limitó a sitiar, al parecer no hubo saqueos o los hubo sólo en las pantallas de CNN.
Sin embargo, se va aún más allá, para el grupo de Gamboa lo determinante en el movimiento fueron los cacerolazos. Polemizando con el delirio autoproclamatorio de Altamira sobre el espontaneísmo, afirma que “nadie puede atribuirse la paternidad del cacerolazo”; más adelante se afirma que el sustento de la Asamblea Popular es el “movimiento cacerolero”. En el volante de convocatoria al “Megalema” se afirma que “Muchas compañeras y compañeros, con quienes compartimos las calles en los últimos días de la primavera argentina, ven estas maniobras, pero confían en que las cacerolas volverán a sonar cuando los futuros gobiernos apliquen, una vez más, los planes de hambre y miseria, a manera de presión sobre el Gobierno de turno... Habrá que aceitar las cacerolas (y realizar muchas otras medidas)”. Cada vez que se ven en la necesidad de caracterizar el movimiento de masas invariablemente, el énfasis está puesto en los cacerolazos, expresión que inequívocamente se refiere a la pequeña burguesía: ésta habría volteado a De la Rúa y sustentaría de modo dominante la Asamblea Popular. Por lo mismo a parte de aceitar las cacerolas, este documento no plantea a las masas nada más.
La implicancias que conlleva esta caracterización sobre el movimiento de masas en argentina y la caída de De la Rúa, son profundas y conducen al colaboracionismo de clases. Por ahora baste decir que el abandono de una posición de clase importa, y este es un caso patético, la mayor de las veces a la impostura y a la simple negación de la realidad. Afirmar que De la Rúa y cía. han caído como consecuencia de un golpe institucional e ignorar el papel de los saqueos en el actual desarrollo de la lucha de clases en Argentina, coloca a sus sostenedores fuera del terreno del marxismo.

 

2.- EL FRENTEPOPULISMO DE LAS “RESERVAS REVOLUCIONARIAS” Y EL MEGALEMA DEL COLABORACIONISMO DE CLASES:
            Al fundarse la formación del “Megalema de los Trabajadores y la Izquierda”, mientras las masas tumbaban Gobierno e iniciaban su ruptura con las ilusiones democráticas, este grupo plantea que  Un camino de estas características, que llamamos a emprender con urgencia a todos los que hicimos la rebelión popular, permitirá combinar en una acción común la lucha directa por nuestras reivindicaciones con la lucha electoral, avanzando así en la pelea fundamental: LA DISPUTA POR EL PODER”.  En el llamado Programa de Gobierno, sostenido por este grupo frente a la crisis argentina, se retira la Dictadura del Proletariado, y en su lugar se afirma ambiguamente en su punto 13.- “Por la expulsión del poder de la burguesía argentina y sus lacayos de turno mediante la acción directa y revolucionaria de masas.”
            Profeta de sus propias volteretas, en Noviembre de 1993, en la revista  Revolución Proletaria Nº1, Gamboa, criticando al Foro de Sao Paulo señala explícitamente: “Totalmente coherente con este planteo de colaboración de clases, el Foro es campeón de la democracia burguesa, a la que, lógicamente, llama a “profundizar”. En el máximo de su cinismo, llama a “combinar” las “luchas institucionales con las sociales”. Y ES AQUÍ DONDE SE APRECIA LA CONCIENCIA POLÍTICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE LOS DIRIGENTES DEL FORO, YA QUE ELLOS SABEN QUE SU POSIBILIDAD DE SER ALTERNATIVA DE PODER BURGUÉS ESTÁ CONDICIONADA A QUE PUEDAN DIRIGIR Y ESTRANGULAR LAS “LUCHAS SOCIALES”(mayúsculas del original, RB).
            En medio de la más descomunal movilización que conozca la historia argentina desde los años 70, Gamboa y cía, en lugar de poner en alto las banderas de la clase obrera, de la Revolución y Dictadura Proletarias, abandona esta concepción política fundamental y se entrega al frentepopulismo. Combinar acción directa con “lucha “ electoral o institucional, importa abandonar la idea de que es la acción directa, la violencia revolucionaria de las masas, el único vehículo que insurreccionalmente llevará a la clase obrera al poder, acaudillando a la nación oprimida.
Al poner la acción directa en un plan de igualdad con la intervención en las elecciones, se realiza una confusión inaceptable. Los revolucionarios debemos intervenir  en las elecciones, para ayudar a las masas a superar sus ilusiones democráticas si ellas existen, y con la exclusiva finalidad de denunciar su carácter encubridor de la dictadura patronal que ella contribuye a consolidar. Utilizamos las elecciones y los espacios legales en general, para agitar el programa revolucionario, para combatir a la burguesía y al orden social que se cimienta sobre la gran propiedad privada de los medios de producción. Esta intervención no sólo se somete a la acción directa de las masas, sino que debe transformarse en un instrumento de su potenciamiento. No es posible poner una táctica –la intervención electoral- en un plano de igualdad con una cuestión estratégica –la violencia revolucionaria- por la simple razón de que con ello en la práctica sólo se consigue subordinar la acción de las masas, a la intervención en los medios legales o electorales.
En Chile, trágicamente, esta concepción fue agitada en los 80 por el stalinismo el que indicaba que para sacar a Pinochet era necesario potenciar “todas las formas de lucha”, cuestión que redundó en la habilitación de la llamada transición a la democracia que permitió consolidar el régimen pinochetista, sin Pinochet. La idea de “combinar”, repetimos, presupone ponerlos en igualdad, presupone que la acción directa no es el único instrumento para emancipar a las masas explotadas y que sería nada menos que las elecciones o ciertos resortes legales, los llamados a ocupar su lugar o parte de él. La base teórica de este concepto es frentepopulista: la alianza con determinados sectores de la burguesía (expresada en su legalidad, ciertas instituciones democráticas) es imprescindible para “profundizar” la democracia y “avanzar” hacia el Socialismo.
El enunciado del apartado VI de este Documento da un ejemplo más de este concepto “Sentido y función de las consignas: intervenir en el vientre de las organizaciones donde esté puesta la mirada de las masas (incluidas las del sistema) con una política obrera independiente”. No existe frontera de clase para definir la política, da lo mismo una organización de las masas como una organización de la burguesía, lo que importa es si las masas tienen o no su mirada en ellas. Aunque luego se indique que de esta forma se combatan las ilusiones democráticas (constituyente y elecciones inmediatas generales), la formulación policlasista que enarbolan, les impide jugar un papel en la superación de las ilusiones democráticas, porque esto último presupone afirmar la identidad y el choque de clase contra clase.
Todo este artificio político de revalorización de la democracia burguesa, hace decir a este documento que “Nuestro Partido termina de superar (especialmente con las resoluciones del IX Congreso) cierta matriz izquierdista e infantil de nuestro origen. //Dicha matriz tuvo más que ver con una posición reactiva al cretinismo parlamentario y oportunista de la izquierda reformista de la cual provenimos, que con una consolidación programática e ideológica”. La confesión es expresa: mientras el izquierdismo ha sido superado, respecto del cretinismo parlamentario apenas ha habido “una posición reactiva”. Esta debilidad no admite dudas, sin embargo  deja de ser tal y se transforma en abierta y flagrante capitulación cuando ella sirve de base para plantear la escandalosa consigna de “"MEGALEMA DE LA IZQUIERDA. CONSTRUIR UN SUBLEMA CLASISTA Y REVOLUCIONARIO. PRECANDIDATURA DE ARMAS Y GRAZIANO",
A renglón seguido se afirma que esta consigna “no sólo...  no obstaculizó el trabajo por el doble poder, sino que permitió (bien que por unos pocos días por la propia evolución de la situación política), responder a la maniobra burguesa con un planteamiento táctico funcional a nuestra estrategia de poder dual (Asambleas Populares)”. Esta última idea es simplemente incomprensible y absurda ¿qué significa responder a la maniobra burguesa con un planteamiento táctico funcional a nuestra estrategia de poder dual?. Cuál poder dual, ¿el de Armas y Graziano?. No se sabe, tampoco se sabe cuál es la respuesta que se le da a la burguesía. Si la burguesía, como se afirma latosamente en el documento de Conferencia, maniobra con el expediente de convocatoria a elecciones, ¿qué tipo de respuesta es ofrecerse como candidato en esas elecciones?. Precisamente cuando la burguesía lo único que necesita es que le lleven agua al molino de las podridas instituciones demo-burguesas, “Armas y Graziano” se ofrecen como aguateros. Pareciera que con esta consigna lo único que se busca es que los niños del barrio se burlen de los desafortunados “Armas y Graziano”, pero lamentablemente no es así.
Detrás de esta consigna no sólo se encubre una capitulación a la democracia burguesa, reveladora del más absoluto abandono del programa revolucionario. Con esta política se renuncia además a la construcción del partido revolucionario como dirección de las masas en lucha. La idea de ser un “sub-lema clasista y revolucionario” dentro del “Megalema de la Izquierda” supone presentarse ante las masas amarrado a los izquierdistas democratizantes que inexplicablemente atacan Gamboa y cía. en todo el documento. Decimos inexplicablemente por cuanto con esta orientación, el grupo de Gamboa se ubicó en la ultraderecha de la izquierda democratizante argentina. Ni el PTS, ni el PO, ni siquiera el MST se atrevieron a plantear semejante barbaridad en el marco de la crisis revolucionaria de Diciembre del 2001. Esta izquierda se limitó a acusar el golpe y a tratar de empujar a las Asambleas Populares (que no son doble poder sino una tendencia al mismo) al legalismo burgués mediante formulaciones hermafroditas del tipo “Asamblea Constituyente revolucionaria”, “Asamblea Popular Constituyente”, etc..
De estas formulaciones Gamboa pretende huir , pero invariablemente termina atado a ellas de forma indisoluble, termina subordinado a las mismas en ese afiebrado Megalema que no pudo constituirse, porque ni la burguesía puede sustentar elecciones en este momento, ni los reformistas se atreven a reclamarlas para evitar ser aplastados por las masas radicalizadas. Por lo mismo, toda la crítica hacia el resto de la izquierda es formal: que los delirios autoproclamatorios, que la política de Constituyente es vergonzante, que la Mesa Piquetera retrasó en extremo su 3ª Asamblea, etc.. Con la finalidad de delimitarse artificialmente y captar la simpatía de los ingenuos, se limita a hacer una crítica formal tratando presentar como de principios cuestiones secundarias. Lo fundamental en la crítica al conjunto de la izquierda argentina es que como frente, se ha prestado para servir de muro de contensión para frenar la ruptura de las masas con las ilusiones democráticas alimentando espectativas en una salida”democrática”. Lo fundamental es que la izquierda democratizante, ha sostenido una concepción menchevique frente a la abierta situación revolucionaria y se dispone a plantearse como alternativa de Frente Popular.
En una palabra, como apuntaba el propio Gamboa en la cita del `93, es el “QUE ELLOS SABEN QUE SU POSIBILIDAD DE SER ALTERNATIVA DE PODER BURGUÉS ESTÁ CONDICIONADA A QUE PUEDAN DIRIGIR Y ESTRANGULAR LAS “LUCHAS SOCIALES”. Esta es la cuestión de fondo, esto es lo que nos obliga a plantear con más fuerza y claridad que nunca que es un Gobierno Obrero y Campesino, una auténtica dictadura del proletariado, un régimen de democracia obrera el que podrá sacar a Argentina de la crisis. En el único párrafo en que hay un tibio enfrentamiento con la política de la Constituyente este grupo se limita a indicar que contra el carácter democrático burgués,  representativo y delegativo, se opone la democracia directa de la Asamblea Popular (es decir democracia representativa v/s democracia directa). Como observamos se huye claramente de cualquier definición de clase en la crítica a la izquierda reformista, a la cual Gamboa ha ingresado por la puerta de servicio. Su radicalismo declamativo, arranca de su debilidad, de saber que no se cuenta con ninguna influencia en las masas y que no son alternativa de poder burgués. La función objetiva de esta secta es la de contribuir al desarme político y organizativo de la clase obrera, desde un punto de vista pasivo, como un elemento meramente disgregador. 
En este marco, la caracterización sobre movimientos “defensivos” y “ofensivos” no resultan ser más que una versión recalentada del viejo esquema reformista de programa mínimo y programa máximo. En la actualidad, la profunda crisis del capitalismo es la que moviliza a las masas, las que se ven sistemáticamente atacadas en sus condiciones de vida. Desde esa perspectiva todas las luchas son defensivas, o devienen en ello, la superación de esta idea está dada por el propio Programa de Transición: la lucha por la más elemental de los reclamos económicos o de orden democrático, debe ser planteado en términos de clase, como lucha por el poder. ¿Qué sentido tiene esta distinción entre defensivo y ofensivo?: nada más que dar fundamento “teórico” a su adaptación a la opinión pública burguesa y su democracia, esta lucha es defensiva, luego carecería de proyección política de clase.

 

3.- LA PROSTITUCIÓN DE LA TÁCTICA DE FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA Y DE LA TAREA DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO:
            La táctica de Frente Único Antiimperialista, contenida en las “Tesis Generales sobre la cuestión de Oriente” de la III Internacional, junto con precisar la política marxista a desarrollarse por los revolucionarios en los países semicoloniales, de capitalismo atrasado, ha desempeñado un papel fundamental en la historia del trotskysmo mundial. En buena forma, la profunda penetración del trotskysmo boliviano en las masas altiplánicas, su estructuración como partido-programa se debe a la adecuada aplicación de esta táctica que le permitió –históricamente- al pequeño, joven e inculto proletariado boliviano, acaudillar a la nación oprimida y expresarse excepcionalmente, a través de su propio partido revolucionario: el POR.
            Podría decirse que luego de los acuerdos de Yalta y Postdam, que sellaron el curso de la revolución a escala mundial a mediados del pasado siglo XX, a partir de los acuerdos de “coexistencia pacífica” promovidos por la camarilla burocrática stalinista; en buena medida, la crisis de la IV Internacional, estuvo marcada por la incomprensión generalizada de esta táctica que habría permitido al trotskysmo –continuador de la política bolchevique de la Rusia del 17- ser LA dirección de las masas en el poderoso movimiento de liberación nacional, que se desplegó en todas las colonias en Asia, Africa y América Latina. El único caso en que esta generalidad no se aplicó fue en Bolivia, entre otros factores, por la razón ya anotada. Toneladas de materiales creados por los trotskystas bolivianos condensan esta experiencia y su estudio y asimilación crítica, es una tarea prioritaria en la reconstrucción de la IV Internacional.
            En definitiva, cuando hablamos del FUA, hablamos de una táctica fundamental para el desarrollo de la política revolucionaria en la Argentina. El proletariado argentino, minoritario, sólo podrá consumar su propia dictadura a condición de liderar al conjunto de la nación oprimida, de los explotados y oprimidos de la ciudad y el campo. Sin embargo, para desempeñar ese papel es imprescindible que este frente sea liderado políticamente por la clase obrera, por su partido revolucionario. De no ser así, invariablemente este frente se transformará tarde o temprano en un canal de expansión de la política burguesa, en un frente de colaboración de clases: en un Frente Popular. Por  eso señalamos enfáticamente que en el ímpetu frentista que convoca a las masas en el fragor de la lucha de clases se enfrentan dos concepciones antagónicas: la del frente popular de la burguesía y la del frente único antiimperialista del proletariado. Uno y otro frente pugnan por imponer a su clase respectiva como amo de la sociedad. El Frente Popular como vehículo y antesala de la contrarrevolución y el fascismo de la burguesía. El FUA, como instrumento de la clase obrera para hacer la revolución social, para expropiar a la burguesía e iniciar el combate por el desarrollo de la revolución en la arena internacional.
            En este sentido la aludida “Tesis de Oriente”, en su apartado VI, relativo al “Frente Antiimperialista Único”, indica que “El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en el frente antiimperialista común. Sólo si se le reconoce esta importancia autónoma y si conserva  su plena independencia política, los acuerdos temporarios con la democracia burguesa son admisibles y hasta indispensables”.  Es claro que la definición del carácter del frente depende prioritariamente de la “autonomía” del proletariado, vale decir que su forjado tenga como viga maestra la estrategia de la revolución y dictadura proletarias. La estructuración de este FUA se da en el terreno de la lucha de clases, de la lucha de las masas, de su acción directa, es en este terreno únicamente donde el proletariado puede desarrollar una política frentista. En el terreno electoral, en el que el partido revolucionario interviene con la exclusiva finalidad de propagandizar el programa proletario, es imposible e inútil cualquier tipo de frente. Para hacer propaganda y agitar su programa, el proletariado debe expresarse a través de SU partido, de forma clara y unívoca, un frente en este terreno no sólo constituye un despropósito sino que históricamente fortalece el colaboracionismo de clases y la desfiguración del papel de liderazgo de la clase obrera.
            A pesar de alguna referencia general sobre el necesario liderazgo proletario para el forjado del FUA, al referirse sobre los hechos concretos de la lucha de clases que viabilizan y expresan esta política –las Asambleas Populares- el grupo de Gamboa vuelve a la carga, revelando una profunda incomprensión del papel de esta táctica. Así, expresan que “Las asambleas populares y su proyectada vinculación con los "piqueteros" como expresión del frente único antiimperialista confirman en la realidad misma la necesidad y corrección de los presupuestos teóricos de la táctica de FUA, respecto a lo indispensable de tal recurso para avanzar en la unidad de los explotados y de su vanguardia” (subrayado nuestro, RB).
            Vemos que esta aplicación “creativa” de la táctica de FUA, termina castrándola de su contenido de clase. No se busca por su intermedio servir de instrumento para que el proletariado encabece políticamente las luchas en curso de la nación oprimida. Con este FUA “sui géneris”, sólo  se aspira a la unidad de los explotados y su vanguardia, tarea que en todo caso no corresponde a ningún frente, sino que al partido revolucionario.
            El verdadero sentido de esta extraña criatura política está dada –una vez más- por lo expuesto en el volante del Megalema, totalmente ratificado por el Documento de Conferencia que criticamos. Ahí se explica con claridad en qué consiste la unidad que reclaman: “UNIDAD DE LOS QUE LUCHAN PARA POTENCIAR LAS INSTANCIAS DE PODER DE LOS DE ABAJO. // Esta necesidad OBLIGA a todas las fuerzas políticas que estuvimos en la calle el 20 de diciembre junto a las decenas de miles de luchadores espontáneos, a presentar un LEMA DE UNIDAD DE LOS TRABAJADORES Y DE LA IZQUIERDA en las próximas elecciones, dentro del cual los diferentes partidos y grupos puedan expresarse a través de diversos sublemas, bajo un programa común, revolucionario y antimperialista, que apunte a imponer un Gobierno Obrero y Campesino. // El MÉTODO para precisar el programa y las diferentes tareas de este LEMA DE UNIDAD REVOLUCIONARIA, es el de las ASAMBLEAS POPULARES, donde la propia democracia obrera someta a esta necesidad de los oprimidos las diferentes posturas y variantes. Será el mejor terreno para combatir el sectarismo y el personalismo, dando lugar, al mismo tiempo, a que puedan expresarse en diversos sublemas las diferentes variantes políticas de los luchadores” (sic).
            Lo reproducido, con escrupulosa rigurosidad a riesgo de sobreabundar, es la expresión de la “creatividad” de Gamboa y cía. en la aplicación de la táctica de FUA. De esta forma se bastardea el FUA, se le reemplaza por una simple maniobra electoral y en definitiva se le transforma en su opuesto, en un Frente Popular (FP).
            En primer lugar, estamos en presencia de un verdadero FP porque se trata de una alianza que se da en y para las elecciones burguesas, en su seno. Por ello expresa subordinación a la burguesía.        
En segundo lugar, a pesar de la perorata sobre que esta unidad (de sub lemas) se da bajo un programa que apunte a un Gobierno Obrero-Campesino, se pone a las claras que el programa se definirá en Asambleas Populares, lo que deja la estrategia proletaria en manos de una Asamblea que podrá resolver prácticamente cualquier cosa.
Se nos plantea que la estrategia y el programa del Frente no lo define el partido revolucionario, como expresión política de la clase obrera, sino que las Asambleas. Esto es un intelectualismo pequeñoburgués que no resiste mayor análisis, el programa del proletariado – a pesar de las ilusiones democratizantes de la clase media radicalizada- no será producto de acuerdos ni del libre juego democrático: es el resultado de la implacable lucha de la vanguardia organizada de la clase obrera estructurada como partido político. Lo que aquí se plantea es fetichismo asambleario, si así hubiesen actuado los bolcheviques jamás la clase obrera rusa habría llegado al poder. Los bolcheviques no lanzaron la consigna de “Todo el poder a los Soviets”, sino hasta cuando eran ellos mayoría en los mismos, es decir cuando los soviets eran auténticamente órganos de poder de la clase obrera.
Plantear esto es ignorar conceptos elementales del marxismo. La heterogeneidad política de la clase obrera y de las masas explotadas impide que las mismas se expresen por sí, como clase para sí, sino a través del partido revolucionario. Las tendencias que en las fases preliminares de la revolución se expresan mayoritariamente, son las de la pequeña burguesía radicalizada y de vestigios de liberalismo burgués, que expresan y mediatizan el avance político de las masas que abren su proceso de emancipación política de la burguesía. Si dejamos en manos de las Asambleas que defina en programa del proletariado, en la práctica dejaremos en manos de otras clases sociales el liderazgo político de las masas. Por la mecánica de la lucha de clases, si el liderazgo no lo ejerce el proletariado, este pasa a la clase antagónica, la burguesía expresada a través de sus múltiples formas políticas.
El democratismo “políticamente correcto” de Gamboa y cía, muta el contenido de la política de FUA y lo transforma en Frente Popular, su opuesto de clase. Del mismo modo, en realidad consecuencia de lo anterior, la tarea de la construcción del partido revolucionario aparece abandonada, negada. Es tarea del partido revolucionario agrupar a la vanguardia en torno a la estrategia del proletariado, dar cuerpo al Estado Mayor de la revolución, forjar en el combate el programa proletario, tomar el poder. Estas son las tareas que debe cumplir el partido revolucionario.
Nada de lo anterior se observa en las definiciones expresadas en el Documento de Conferencia que criticamos. Cuando se hace mención a las tareas del partido se alude a generalidades como “politizar”, “impulsar”, etc.. No hay una palabra para explicar de qué forma la estrategia del proletariado se impondrá en el movimiento, ni de qué forma deben actuar los revolucionarios en las Asambleas Populares para lograr este objetivo. Se trata de política de tobogán: la crisis evoluciona sin cortapisas y no se advierte un análisis serio –más allá de un par de alusiones sobre “zanahoria y garrote- sobre las tendencias que se enfrentan en la situación argentina actual: la de la revolución y la de la contrarrevolución.
El problema militar no es sólo una cuestión de autodefensa, como reiteradamente se afirma. La cuestión militar en esta situación es fundamental ya que la política a largo plazo de la burguesía obligadamente busca el aplastamiento físico, militar de las masas. El choque de revolución y contrarevolución resume toda la cuestión del poder y el programa obrero. Si peleamos por la revolución, debemos enfrentar a la contrarrevolución burguesa. Si seriamente peleamos por el poder estamos obligados a desarrollar una política insurreccionalista, debemos plantearnos el armamento de las masas y consecuencialmente la destrucción de las FFAA burguesas en términos leninistas.
Esto es parte del ABC del marxismo y debe ser además una obligada conclusión para quienes militamos con decenas de miles de ejecutados políticos y desaparecidos, a nuestras espaldas, hace un par de décadas. En los 70, el Cono Sur latinoamericano fue sumido por las dictaduras gorilas en el genocidio fascista. Muchos de nuestros compañeros son sobrevivientes de aquél período, no es un juego. Es una cuestión de vida o muerte para la revolución, nuestro homenaje  a  los caídos será el triunfo de la clase obrera, el aplastamiento de la burguesía, del imperialismo y la destrucción del Estado burgués. Esto no es algo menor y nosotros debemos ser los primeros en señalar el carácter de las fuerzas en pugna en la situación actual. Debemos actuar para que se imponga la clase obrera y la mayoría oprimida y explotada. Debemos actuar para que se imponga la Revolución y Dictadura Proletarias.
Todo esto nos obliga a forjar el partido. Un partido de cuadros, de combate, centralista-democrático, con capacidad para combinar trabajo público con trabajo clandestino. Un partido que se propone nada menos que tomar el poder, que expulsar a la burguesía y al imperialismo. Esta polémica es parte de esa lucha, con esta buscamos templar las filas del CERCI y de la sección argentina en particular, para que estemos a la altura de los enormes desafíos que enfrentamos.
Esta corriente que criticamos, el grupo de Gamboa, que atrevidamente usurpa nuestro nombre y habla a nombre del trotskysmo es ya un cadáver político que debemos sepultar. Que siga Gamboa y cía. alegremente hundiéndose en el democratismo, en el seguidismo a las modas de la pequeña burguesía. Este espectáculo circense se observa a menudo y de un modo lamentable, en innumerables capillas que agrupando en su seno a auténticos militantes de vocación revolucionaria, terminan en la capitulación a la burguesía. La falta de penetración en las masas, la extrema debilidad en el trabajo de elaboración programática y la adhesión superficial o formal a los principios del marx-leninismo-trotskysmo, se confabulan para hacer naufragar a los más audaces.
Se confirma que no hay atajos en el trabajo de los revolucionarios, el derrotero de los bolcheviques leninistas se nos presenta implacable: o nos fundimos de lleno en la lucha de las masas y las penetramos con nuestro programa o el movimiento de masas nos pasa por encima destruyéndonos como tendencia revolucionaria. La historia no da segundas oportunidades, de forma tal que abandonado el terreno de clase, estos grupos se transforman en irrecuperables para la revolución. Sólo una severa y profunda autocrítica permite recuperar a algunos de los militantes de estos grupos, el trabajo desmoralizador y de desarme político de la vanguardia que realizan estas capillas ocasiona una erosión incalculable en las filas revolucionarias. Este es un caso y repetimos, debemos sepultarlo construyendo el POR, la sección argentina de la IV Internacional, del CERCI.
Santiago, 09.02.02

MANIFIESTO ANTIIMPERIALISTA

El reciente atentado a las Torres Gemelas y el Péntagono, emblemas militar y financiero del imperialismo norteamericano, constituye un poderoso punto de partida para la más gigantesca campaña política y militar  de los EE.UU., en contra de los explotados y oprimidos del mundo entero. Ante estos hechos, los trotskystas del Comité Constructor del Partido Obrero Revolucionario, declaramos:
1.- Con toda la espectacularidad producida por las cadenas periodísticas yanquis,  el atentado ha dado inicio a una campaña contrarrevolucionaria, bautizada con el ridículo eufemismo de “Justicia Infinita”. A esta campaña se han sumado la Unión Europea, la Socialdemocracia, el Vaticano, la totalidad de los Gobiernos Latinoamericanos, Rusia, China y –curiosa novedad- Fidel Castro. Con mayores o menores reservas retóricas se ha conformado un formidable acuerdo político internacional “Contra el Terrorismo”, acuerdo que en la actualidad encabeza el Gobierno de Bush y que se propone legitimar la agresión imperialista sobre las naciones islámicas, sobre Afghanistán, sobre el recientemente satanizado y ex agente de la CIA Osama Bin Laden y su movimiento Al Kaida. Este virulento frente contrarevolucionario, es expresivo del incontrarrestable peso norteamericano frente a las otras potencias imperialistas, de la absoluta impotencia de los diversos nacionalismos de contenido burgués, como el de Chávez en Venezuela que ha prestado su apoyo a esta agresión, y de la profunda putrefacción del orden capitalista que requiere el expediente de la guerra genocida para mantener su poder. Con esta campaña el Gobierno norteamericano pretende satisfacer militarmente, con un golpe maestro, sus intereses sobre el petróleo en el Medio Oriente y ampliar su base social en el frente interno para aplicar medidas de crisis sobre los propios trabajadores norteamericanos, los 100.00 despidos anunciados por las aerolíneas y la industria aeronáutica, son una viva manifestación de esta ofensiva interna.
2.- EE.UU., su Estado y Gobierno, son los principales impulsores del terrorismo genocida a escala mundial. En todo el ancho del orbe, millones de explotados han caído bajo las políticas de exterminio diseñadas en el Pentágono. Los EE.UU., mucho más que la Alemania Nazi, inauguraron el período histórico en que el capital requiere para su propia conservación, la masiva destrucción de fuerzas productivas. A diferencia de los Nazis que expandieron su podredumbre sólo en Europa y por poco más de diez años, los EE.UU. –como potencia imperial- desde comienzos del Siglo XX y hasta nuestros días y en todo el mundo, han masacrado a millones de personas, levantado campos de concentración y tortura, exterminando poblaciones completas con explosiones atómicas (Hiroshima y Nagasaki), practicado la deportación masiva, invadido países y sustentado brutales dictaduras militares, todo ello en defensa de los inmundos intereses de Wall Street. Los EE.UU., que han masacrado población civil y practicado el Genocidio y el Terror en Japón, Corea, Guatemala, Nicaragua, Indochina, Chile, Argentina, Brasil, Líbano, Libia, Irán, Sudán e Irak; los invasores de Puerto Rico, República Dominicana, Grenada, Panamá y Somalía; los sostenedores e instructores de las más brutales y tenebrosas policías políticas del mundo. Este imperialismo norteamericano, en plena descomposición, es el principal responsable y sostenedor del terrorismo a escala mundial. Ellos han desatado un guerra abierta –desde hace más de un siglo- a los pueblos y explotados del mundo entero. En este marco el atentado a las Torres Gemelas es un hecho insignificante, resultado de la propia barbarie yanqui y que en nada mina su poder sobre el mundo.
3.- El atentado, perpetrado con métodos extraordinariamente rudimentarios: simples cuchillos para facilitar el secuestro de cuatro o cinco aviones comerciales, puso en evidencia la falsedad de la supuesta invulnerabilidad militar norteamericana. Luego de la Guerra del Golfo, en 1991, de la mano de la supuesta muerte del “comunismo”, circuló sobre todo en medios de izquierda la idea del inicio de una fase de guerra digital, ascéptica, en que el poder de los capitalistas se habría transformado en invulnerable. Se vivió durante la pasada década la idea reformista de que se cerraba la posibilidad de los explotados de acceder al poder mediante la violencia revolucionaria, el reformismo se nutrió adicionalmente del terror mundial que provocó el ataque a Irak. Se reprodujo milimétricamente la absurda idea difundida por los reformistas del Siglo XIX: que la invención de la ametralladora, haría igualmente imposible a los explotados tomar el poder mediante el uso de las armas. La historia se ha encargado de desmentir ambas extravagantes ideas, sin embargo ha puesto en evidencia un hecho sustancial: el verdadero poder del imperialismo no es militar, es político. La verdadera fuerza del Gobierno de Bush radica en su capacidad de utilizar el atentado como un instrumento para poner en línea con sus propios intereses al resto de las potencias mundiales, a los gobiernos de las semicolonias, a la Iglesia, a los vestigios del stalinismo, etc..
4.- En este sentido, a pesar de la espectacularidad del atentado y de las simpatías que este hecho pudo generar en los obreros y oprimidos del mundo entero, a pesar de la audacia y heroísmo de los pilotos suicidas, el atentado dejó intacto el poder del imperialismo, el cual lejos de debilitarse utiliza este hecho para intentar salir de su crisis y pasar a la ofensiva contra las masas. De ser efectivo que este atentado fue perpetrado por el grupo de Bin Laden, este atentado sería entonces además expresivo de la impotencia política del nacionalismo burgués talibán, de su incapacidad para enfrentar al imperialismo y de combatirlo efectivamente apoyándose en la movilización de las masas árabes. El humo de la explosión invariablemente se disipará, a la cabeza de tal o cual compañía radicada en las Torres Gemelas se reemplazará al ejecutivo muerto, es posible que reconstruyan los edificios destruidos, la rueda de la explotación capitalista volverá a girar como antes: sólo que la represión policial y las agresiones militares se harán más salvajes y brutales. El terrorismo individual, típico de la pequeña burguesía y en manos del nacionalismo integrista, habría demostrado una vez más, de trágica forma, su inutilidad en términos de potenciar la lucha de masas, de politizar a los explotados y de acercarlos a la violencia revolucionaria de masas que los conducirá a la victoria. Sin duda que quienes perpetraron estos atentados, no tenían en vista la revolución proletaria como estrategia. Si fue el nacionalismo  de Bin Laden el impulsor de estas acciones, este mismo delineó su carácter de clase: no se cuestiona las bases sociales del imperialismo, en el mejor de los casos se busca golpear la mesa para negociar con él. En esta perspectiva las masas están de más, basta con estrellar aviones.
5.- Frente a estos hechos, es necesario poner el alto las concepciones políticas, programáticas, de la clase obrera. La burguesía ya ha hecho lo propio montando esta campaña y se dispone para pasar a la ofensiva, ella puede avanzar principalmente debido a la ausencia de una dirección revolucionaria que exprese, auténticamente y de forma internacionalista, los intereses de la clase obrera mundial. Es lamentable la postura pacifista, democratizante y “antiterrorista” que caracteriza a diversas corrientes de “izquierda” en Chile y el mundo. Pretendidos marxistas e incluso trotskystas, más allá de ciertas peroratas sobre la revolución, terminan postrados ante la campaña imperialista y parecen más empeñados en condenar al terrorismo y demostrar profesión democrática, que en organizar a la vanguardia obrera y en potenciar el combate antiimperialista. Reconocer y plantear correctamente los principales problemas políticos que hoy enfrentamos los explotados, pelear por la penetración del programa proletario en el seno de las masas, es la prueba de fuego por la que pasamos en estos críticos momentos los revolucionarios y antiimperilistas en el mundo entero. Esto es especialmente vigente en el Chile de hoy. Es imprescindible romper con la prédica impotente del pacifismo y enfrentar esta nueva situación con los principios y métodos propios de la lucha de clases. En este sentido Trotsky indicaba que “no tenemos nada en común con aquellos que posan de moralistas que, en respuesta a cualquier acto terrorista hacen declaraciones solemnes sobre el valor absoluto de la vida humana. Estos son los mismos que, en otras ocasiones, en nombre de otros valores absolutos, por ejemplo el honor de la nación o el prestigio del monarca, están dispuestos a hundir a millones de personas en el infierno de la guerra”.
6.- El desarrollo de la situación política internacional hace imprescindible en estos cruciales momentos, plantear la necesaria constitución de un Frente Único Antiimperialista en los países atrasados y semicoloniales como los de América Latina y del Medio Oriente. En EEUU y demás países imperialistas el derrotismo revolucionario debe caracterizar la política del proletariado, los explotados norteamericanos, japoneses y de la Unión Europea, en solidaridad con sus hermanos de clase de los países oprimidos en el Medio Oriente, deben batallar contra la campaña belicista que pretende, con la sangre de los obreros de estos países imperialistas, servir los intereses de las grandes compañías transnacionales, únicas beneficiadas con la guerra. Ambas políticas, de frente único antiimperialista y de derrotismo revolucionario, deben proponerse la defensa de la nación islámica,  la derrota del imperialismo y la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, en lucha por el poder proletario. Se debe señalar con claridad que nuestro objetivo es la defensa incondicional de la nación afghana, de Bin Laden y su movimiento Al Kaida, frente a la agresión imperialista. Esto último de modo alguno importa una capitulación a las concepciones políticas ultrarreacionarias de los talibanes, sino que muy por el contrario es expresivo de una realidad política del porte de una catedral: el proletariado, sus métodos y estrategia revolucionarias, es la única clase capaz de desenvolver consecuentemente la lucha antiimperialista, que hoy día significa defensa de la nación oprimida, frente único antiimperialista en la clara perspectiva de la revolución y dictadura proletarias.
7.- Es ineludible señalar que este combate comienza en nuestros propios países, en la lucha contra nuestras propias burguesías. El desarrollo de este combate presupone actualmente en Chile, redoblar la lucha contra el Gobierno Pro-imperialista de Lagos, principal sirviente en nuestro país de los intereses norteamericanos que hoy día significan el horror genocida, vestido con el viejo traje del antiterrorismo. Sabemos lo que significa “antiterrorismo”, en nombre de ese objetivo en los 70 las Dictaduras Militares comandadas por EE.UU. hicieron desaparecer a 30.000 argentinos, 10.000 ejecutados políticos en Chile y decenas de miles de luchadores en todo el Cono Sur Latinoamericano, que cayeron bajo las garras asesinas de la “lucha contra la subversión”. Los mismos intereses asesinos que sostuvieron a Pinochet, son los que hoy día están detrás de la agresión militar contra el pueblo afghano. Es el Gobierno de Lagos el que vía privatizaciones y sirviendo el pago de la deuda externa, contribuye a financiar desde nuestro país la masacre en el Medio Oriente y se mantiene como su sirviente mediante los tratados de sumisión al imperio como la OEA, TIAR etc.. Es la hora de levantar las banderas del proletariado, de agrupar a la vanguardia en torno al único programa auténticamente antiimperialista: el programa obrero de la Revolución y Dictadura Proletarias. Construir el partido que busque llevar este programa a las masas, el POR; reconstruir el Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IV Internacional; y desplegar todo nuestro combate por estructurar un Frente Unico Antiimperialista, son las tareas fundamentales a las que convocamos a los militantes que se reclaman de la izquierda y la revolución. Hoy, con mayor fuerza, adquiere vida y plena vigencia la tarea que planteara el Manifiesto Comunista en el Siglo XIX: ¡PROLETARIOS DEL MUNDO, UNÍOS!.

 

¡EXPULSAR A LOS YANQUIS DE AFGHANISTÁN, PALESTINA Y TODO EL MEDIO ORIENTE!
¡SOLIDARIDAD CON LOS OPRIMIDOS UNIENDO LAS LUCHAS CONTRA EL GOBIERNO PRO-IMPERIALISTA DE LAGOS!
¡A CONSTRUIR UN FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA!
¡APLASTAR LA AGRESIÓN GENOCIDA COMBATIENDO POR LA REVOLUCIÓN Y DICTADURA PROLETARIAS!

 

Comité Constructor del Partido Obrero Revolucionario (Sección chilena del Comité de Enlace por la Reconstrucción de la Cuarta Internacional, CERCI)

 

Septiembre de 2001

 

 

LAS LLAMAS QUE CALCINARON VIVOS A 26 PRESOS EN LA CÁRCEL DE IQUIQUE CONDENAN EL SISTEMA PENAL DEL RÉGIMEN

            Horas antes del pasado 21 de Mayo, mientras las banditas de la armada inundaban las plazas del país, junto a la “rada inmortal” de Prat, 26 presos primerisos del penal iquiqueño morían calcinados en una celda de 20 metros cuadrados. Algunos cuerpos debieron ser despegados del piso, otros murieron abrazados. Siete de ellos requerirán examen de ADN para ser identificados. Una semana después los familiares aún siguen en vigilia frente a la cárcel.
No hubo motín, el incendio se generó en la celda por razones desconocidas, los gendarmes no intentaron apagar el fuego, como tampoco abrir los candados de la celda para evacuar a los prisioneros. Gendarmería llamó a bomberos media hora después de iniciarse el incendio, y éstos,  ni siquiera se acercaron al sector en llamas.
El Gobierno ha señalado que este “lamentable” hecho pone en evidencia el hacinamiento en que se encuentran los reos en las cárceles del país, que ello plantea el “desafío” de construir más y mejores cárceles y algunos han aprovechado de replantear el tema de la privatización del sistema carcelario.
            Este hecho toca uno de los pilares de la política represiva del régimen: la unidad de todos los sectores en torno al combate a la delincuencia. Al principiar el Gobierno de Aylwin, en 1990, y apoyados en la ofensiva represiva que provocó el secuestro del príncipe zángano  Cristián Edwards, el propio Clan Edwards impulsó la creación de la Corporación Paz Ciudadana. Este organismo que reúne a personalidades tanto de la Concertación como de la Derecha, recrea la tesis pinochetista del combate al enemigo interno, sólo que la desdibujada imagen del “comunista antipatriota” es reemplazada por la imagen del delincuente, bajo el estigma del “desviado social”. Como ironizaba un medio hace un tiempo: “se busca hombre menor de 24 años, soltero y cesante... para meterlo en la cárcel porque es un delincuente”.
            El régimen hace gárgaras -con forma de encuestas- sobre los principales preocupaciones de la población. De estas encuestas siempre se desprende el mismo resultado, el principal problema nacional lo constituye la delincuencia, seguido del empleo, la salud, etc.. Vale decir se plantea el “combate a la delincuencia” como una responsabilidad de primer orden del Estado.
            Esta concepción busca moralizar, legitimar, la política represiva del régimen, dándole un carácter de cruzada “nacional”. Los efectos de esta política han dado abundantes resultados, no sólo en el plano político sino inclusive en el económico.
El Plan Cuadrante de Carabineros- versión criolla del Tolerancia Cero, del Alcalde neoyorkino Giuliani-; el florecimiento de “condominios”, de sistemas de alarmas y guardias privados, incluso en poblaciones obreras; el centro de las grandes ciudades y sus mall monitoreadas por más de 70.000 cámaras invisibles conectadas a la policía; las torres de vigilancia en el centro de Santiago, las guardias municipales; son todos elementos que dan cuenta de una creciente fascistización del régimen el que busca base social para su política de represión cuyo presupuesto ha crecido en los últimos diez años en un 230% según datos oficiales.
            El Plan Cuadrante y otras iniciativas similares y complementarias adoptadas por diversos municipios, buscan principalmente compenetrar a la policía con la población, coordinar su accionar represivo con Juntas de Vecinos, Clubes Deportivos y otras organizaciones. Se trata de comprometer a la población en general en tareas represivas.
El efecto social de esta política ha resultado demoledor en las grandes ciudades del país, ya que se ha avanzado de forma importante en el quiebre de los tradicionales nexos de solidaridad que caracterizan las poblaciones obreras y cuya última expresión fueron las Ollas Comunes y otros organismos desarrollados por las masas en los barrios populares, como expresión de combate a la dictadura pinochetista.. Así vemos a extensas comunas y a ciudades enteras que crecen enrejadas y atemorizadas por la amenaza de la delincuencia común. Ese terror fascistoide es la puerta de entrada para la represión y es la gran conquista política de Paz Ciudadana y el régimen.
Pero esta es una parte de la historia. Los beneficios económicos de esta política represiva, han sido cuantiosos para la burguesía que ha logrado el desarrollo de una verdadera “industria” de seguridad (vigilantes privados, alarmas, sistemas de seguridad, etc.) en torno a la “prevención” de la delincuencia”. Industria que emplea a 50.000 personas (carabineros tiene a nivel nacional 34.000 efectivos) y que en 1999 facturó 100.000 millones de pesos. Es la única actividad económica que en el marco de la crisis ostenta utilidades del orden del 20% y un crecimiento sostenido en los últimos cinco años superior al 10%. Es más, la mirada de los empresarios de la “seguridad” está puesta, como se ha aprovechado de replantear con la tragedia  de Iquique en la privatización del sistema carcelario.
Los hechos expuestos evidencian el carácter de clase de la política represiva del régimen: se busca el quiebre de la capacidad de lucha y resistencia de las masas y se persigue además proteger un floreciente negocio. Son estos intereses materiales, de clase, los que impulsan la s reformas al sistema procesal penal, el cual más allá de las bulladas y cinematográficas modificaciones al procedimiento penal, persigue fortalecer la represión, aumentar las penas y la población carcelaria. Ésta respuesta ofrece la burguesía al problema social de la delincuencia: balas, garrotes y cárceles.
Una política proletaria, revolucionaria frente a la cuestión de la delincuencia, parte de una caracterización fundamental: la delincuencia, como fenómeno social, es la expresión más elemental, instintiva e individual de resistencia a la explotación capitalista. La raíz de la “ola” delictiva se encuentra en el hambre, miseria y represión crecientes a que es sometida la mayoría nacional por parte de la minoría explotadora en el poder.
No concordamos con la tesis anarquista de que todo preso es un preso político, esta idea niega la división clasista de la sociedad burguesa y se somete a ella.. En la lucha de clases es muy diverso el papel que juega un asaltante, a aquél que juega un dirigente sindical apresado por liderar una huelga. Si bien es cierto ambos son víctimas de la represión burguesa, en el primer caso se trata de alguien que ha asumido individualmente resolver su situación por encima de toda consideración clasista, en el segundo se trata de alguien sobre el cual la represión cae para doblegar a la clase social (proletariado) que se expresa en su lucha. La respuesta a uno u otro problema no puede ser la misma, de la misma manera que no toda enfermedad puede ser combatida con la misma medicina, aún cuando toda enfermedad se exprese como dolor.
El desamantelamiento del aparato represivo burgués es una tarea propia de la revolución proletaria. En nuestro país, el poderoso aparato represivo pinochetista deberá ser extirpado de raíz, de ninguna otra forma podrá el proletariado ejercer su propia dictadura sobre la minoría burguesa y liberar a la mayoría nacional. Esto supone desarmar no sólo su expresión armada, militar (FFAA, Carabineros, Investigaciones, Gendarmería), de acuerdo a la concepción leninista de ganar a lo mejor de ellas para la revolución y unirlas al proletariado en armas. Se han de disolver los tribunales burgueses y su sistema carcelario: la totalidad del sistema punitivo burgués ha de ser desmantelada.
La función social de combatir la delincuencia –aquella que actúa en contra de la revolución, del poder de las masas- corresponderá al conjunto de la sociedad, la que buscará erradicar las condiciones sociales de miseria y represión  que permiten su florecimiento.
La abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la propiedad como instrumento de explotación, permitirá la superación de aquellos actos tipificados en la actualidad como delitos, en un medio social en que las necesidades fundamentales de toda persona se encontrarán garantizadas.
Por otra parte, la superación de las formas institucionales de la familia burguesa y la supresión de toda forma de represión sobre la actividad sexual, permitirá erradicar socialmente diversas prácticas sexuales abusivas (violación, sobre menores, etc.). La despenalización de la homosexualidad y la prostitución, la libertad de divorcio entre otras serán medidas de urgente aplicación.
Este contexto liberalizador, de supresión de toda forma de explotación es la única respuesta que puede darse al “problema” de la delincuencia. La represión burguesa sólo ayuda a su perpetuación. En último término toda función represiva no corresponderá a un aparato burocrático, serán los propios órganos de poder de las masas, sus propias organizaciones los que han de adoptar las medidas represivas las que ha de orientarse en la perspectiva de profundizar el proceso revolucionario.
Ni policía, ni juez, ni carcelero: será el proletariado, la amplia mayoría autoorganizada con facultades de debate y aplicación de sus acuerdos, la única capaz de derrotar la delincuencia, como parte de su lucha de derrotar totalmente a la burguesía. Las llamas de Iquique condenan el sistema penal y la política represiva del régimen. Que iluminen nuestra lucha contra los explotadores.
             
Valparaíso, Abril de 2001

 

MANIFIESTO POR LA UNIDAD DE LOS REVOLUCIONARIOS EN TORNO A LA ESTRATEGIA DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA

La evolución de la crisis del régimen político nos muestra con claridad tres cuestiones: que la burguesía chilena atraviesa un proceso terminal de entrega al imperialismo, en el cual no puede sino profundizar su entrega a los monopolios transnacionales; que, este mismo proceso de sumisión al imperialismo motoriza las “iniciativas políticas” más elementales, como las reformas laborales, el avance también terminal de las privatizaciones e inclusive la presión sobre Pinochet; y, finalmente, que en este marco todas estas cabriolas de la burguesía se hacen posible exclusivamente, por la falta de una dirección revolucionaria de los explotados y por la política entreguista y democratizante de la principal referencia política de izquierda, el PC.
            Estos tres elementos de la estructura del régimen político, aparecen como dominantes en el desarrollo de la lucha de clases, en el marco de la incapacidad de las masas de expresarse como un factor decisivo en la situación política. Dicho de otra forma estas características del régimen: entrega al imperialismo, nuevas reformas antiobreras y antinacionales y el reformismo prostituido del PC, sólo son determinantes en el momento actual, en la medida que las masas no intervienen en el escenario política como una fuerza desequilibrante.
Esta fase en que las masas son oprimidas por la burguesía y el imperialismo, valiéndose de las ilusiones de las masas en la democracia burguesa, adquieren especial significación las fisuras políticas de la burguesía. Formar a la vanguardia en la comprensión de estos problemas, es fundamental para los revolucionarios en la tarea de estructurar el partido-programa de la revolución proletaria. Si bien es cierto el accionar de las masas no aparece con la espectacularidad y radicalidad que exhiben las luchas en los países vecinos, los focos de resistencia obreros como el portuario y la situación pre-insurreccional que se vive en el movimiento mapuche, deben ser el eje de intervención y el centro del trabajo revolucionario. La debida comprensión de estos problemas es ineludible a la hora de armarse de una política internacionalista y proletaria.

 

cruje el orden imperialista
El capitalismo en su fase imperialista, no sólo es un obstáculo para el desarrollo de las fuerzas productivas, es el orden social que empuja y encamina a la humanidad a la barbarie. Según denunció Clinton en la campaña para su reelección, en los Estados Unidos, el 1% de la población, o sea los super ricos son los dueños del 40% del patrimonio total de la nación norteamericana. En Suiza, según la revista Bilanz, la fortuna de 300 multimillonarios se quintuplicó hasta alcanzar la quinta parte de todas las propiedades suizas. Entretanto, según el Informe del PNUD de 1999, las 200 personas más ricas del mundo en sólo cuatro años estaban duplicando sus haberes. Los 2.400 millones de personas más pobres de la tierra tendrían que trabajar todo un año y destinar todos sus ingresos para llegar a igualar esa riqueza. Por otro lado, América Latina es el continente que tiene la mayor desigualdad en todo el mundo. Brasil y Chile están entre los de peor registro. Según cifras del Banco Interamericano, el 10% de las familias más ricas se llevan el 47% en Brasil y el 46% en Chile, de todo lo que producen sus respectivos trabajadores.
Según el Informe Sobre el Desarrollo Mundial de las Naciones Unidas de 1998, las tres personas más ricas del mundo poseen bienes que exceden el Producto Interior bruto de los 48 países menos desarrollados, los bienes de lo 15 más ricos tienen mayor valor que el PDB de la región sub-Sahara de África, y los 32 más ricos poseen bienes de mayor valor que el PDB del sudeste de Asia. La riqueza de los 84 individuos más ricos excede el PDB de la China, la cual cuenta con una población de 1.2 billones.
De los 4.4 billones de habitantes en los llamados países en desarrollo, casi 60% carece de higiene pública básica, el 33% todavía no goza de agua potable y un 25% no tiene vivienda adecuada. El 20% sufre desnutrición y la misma cantidad no tiene acceso a servicios de salud adecuados.
Entre 1960 y 1994, la brecha entre el ingreso per capita del 20% más rico de la población mundial y el 20% más pobre se duplicó, aumentando de 30:1 a 78:1. Ya para 1995, la proporción había aumentado a 82:1. En 1997, el 25% más rico de la población en todo el mundo recibió 86% del ingreso mundial mientras que el 25% más pobre recibió sólo el 1.3%. Más de 1.3 billones de habitantes son forzados a subsistir con $1 al día; es decir, viven bajo amenaza a su existencia. De acuerdo a las Naciones Unidas, de los 147 países definidos como “en desarrollo”, unos 100 habían sufrido "grave deterioro económico” durante los últimos 30 años.
No son los “desastres naturales” lo que ha causado el empobrecimiento de poblaciones enteras en gran parte del mundo. Esta es efecto directo de la manera en que los mercados financieros funcionan y de los programas implementados por el Fondo Monetario Internacional para lograr “ajustes estructurales” en nombre de los bancos y las instituciones financieras internacionales principales con el fin de crear condiciones para que el capital mundial mantenga su dominio.
A pesar de enormes pagos reintegrables, extraídos a gran precio social, el nivel de insolvencia continúa aumentando. En 1990, la deuda total de los países en desarrollo fue $1.4 trillones; para 1997 había subido a $2.17 trillones. En África, la deuda total fue $370 por cada habitante del continente. La deuda total de varios países fue cuatro veces más que su Producto Interior bruto. En 1998, países del Tercer Mundo pagaron $717 millones diarios de deudas a los bancos e instituciones financieras.
La economía norteamericana, en medio de la especulación sobre las tasas de interés de la Reserva Federal, ha entrado en una fase recesiva. La baja de la tasa de interés decretada intenta reanimar la economía, pero eso tiene en contra que desestimula el ingreso de capitales del exterior, que han servido para financiar su creciente déficit comercial y se trata de un componente amenazador para la estabilidad del dólar, que puede bajar de valor.
Durante los últimos quince años la expansión económica yanqui se ha posibilitado debido a la fenomenal destrucción de fuerzas productivas en Europa del Este, el control del petróleo post Guerra del Golfo, el proceso de privatizaciones, especialmente en América Latina y a la expansión del consumo interno.
Sin embargo, estos pilares han ido desmoronándose. América Latina no puede ofrecer más al saqueo, ello por cuanto las principales empresas y servicios estatales ya han sido privatizados, y, salvo algunos emblemas (como CODELCO en Chile) el plan privatizador se encuentra virtualmente consumado. Esto ha obligado a extremar las medidas de opresión imperialista.
Ecuador, un país que desde casi 4 años no logra poner en pie un gobierno que logre dar continuidad a los planes del imperialismo, es así como los gobiernos de Bucaram, Alarcón, Mahuad y ahora ,de seguro Noboa, enfrentan la terca resistencia de las masas, cayendo uno tras otro. Ante esta extrema crisis política la burguesía ecuatoriana no tiene otro camino  que profundizar su entrega al imperialismo.
De esta forma la dolarización –que en Argentina ha liquidado el mercado interno- que pretendía aplacar la actividad y resolver la crisis del régimen ha logrado su opuesto: Noboa a punto de caer y las masas golpeadas con alzas de 25% en bencina, 100% en gas licuado y 75% en transporte público. Ello como única forma de cumplir las medidas del FMI-BM  que exigen un pago de deuda externa ascendiente a el 50% del presupuesto fiscal, considerando que el déficit fiscal alcanza los US$11.200 millones, más del 50% de PGB. Similar situación de opresión imperialista se observa en la globalidad de los países semicoloniales, evidenciándose un estado de alerta ante inminentes ataques militares del imperialismo, como se observa hoy en el Medio Oriente, en Colombia y Bolivia.
En Europa del Este, debido a la extrema debilidad de las nacientes instituciones restauradoras del capitalismo, la estabilidad política ha sido un problema insondable que ni la guerra genocida contra Yugoeslavia pudo esclarecer. Los efectos directos, a ya más de una década de la “caída del Muro”, de las medidas de restauración capitalista  han importado no sólo la pérdida de derechos fundamentales de la clase obrera de los Estados Obreros burocratizados (empleo, vivienda, salud y educación garantizados por el Estado), sino que han sumido a estos trabajadores en la barbarie.
Los índices imperialistas de calidad de vida han debido consignar que durante la última década los países del ex “Bloque Soviético”, han experimentado una caída sistemática de su nivel de vida reapareciendo lacras sociales, enfermedades y plagas, largamente superadas por los procesos revolucionarios. La contrarrevolución en curso, piloteada por los restos de la burocracia stalinista, reconvertida en abierto agente imperialista no ha dado curso a una floreciente democracia burguesa, sino que a regímenes policiacos, de corte bonapartista, que restauran en Europa del Este el capitalismo semicolonial de América Latina, África y Medio Oriente.
Y en ningún otro lugar ha sido la devastación mayor que en la ex Unión Soviética, territorio donde los portavoces del capitalismo mantenían que el mercado produciría “magia”. Desde 1989, se ha calculado que la economía rusa ha decaído un 50%. En términos económicos actuales, su tamaño es igual al de Holanda, con una pérdida de producción mayor que la que se le infligió en 1942, cuando los invasores nazis ocupaban gran parte del país.
La tasa de natalidad también ha disminuido 50% desde 1985; la excede una tasa de mortalidad de 1.6. Si esta tendencia continúa, la población rusa declinará 20% durante la próxima década. A principios del Siglo XX, la longevidad de los varones rusos de 16 años de edad era mayor que la actual. Es decir, a pesar de dos guerras mundiales, la guerra civil, el hambre, las persecuciones políticas y los campos de concentración, un joven de 16 años tenía 2% mejor oportunidad de llegar a los 60 en 1900 que en el 2000.
El complejo proceso restaurador, que en términos económicos es de contraexpropiación privatizadora, no ha logrado generar una sólida burguesía ni desarrollar fuerzas productivas. En este sentido más allá del coyuntural negocio para las transnacionales –en términos de apropiación de medios de producción- , estos no lograron revitalizar la economía mundial y se han traducido en su opuesto: se ha fortalecido la concentración de capital y la sobreproducción industrial, elementos que  han empujado a la quiebra a ramas completas de la ex-industria estatal.  Una de las expresiones más elevadas de este problema, se observa en el total desmantelamiento de la industria automotriz rusa.
En los EE.UU., desde los años ochenta, operó una extensión en el mercado interno en base a la capacidad de crédito de la clase media norteamericana. El desarrollo inmobiliario y la industria automotriz pudieron expandir sus curvas de producción, en directa proporción al endeudamiento de la clase media. Esta capacidad de crédito se agotó y hoy se observan “quiebras” masivas consecuencia del sobreendeudamiento.
Este fenómeno ha provocado un frenazo en el consumo interno, lo que ha empujado al capital a presionar sobre la fuerza de trabajo a objeto de mantener las tasas de ganancia. La precarización del empleo, que en EE.UU. asume la forma de trabajo “ilegal”, se nutre de los millones de obreros y profesionales que principalmente de A. Latina han llegado a la capital del imperio en una cantidad superior a los 30 millones en la última década. La masiva inmigración, “importación” de mano de obra “indocumentada” es una imperiosa necesidad del gran capital. Las medidas policíacas de represión no apuntan a impedir la inmigración, sino que a garantizar que ésta opere como una válvula de escape para la crisis capitalista. La inmigración latina es la cabeza de turco, de una gigantesca ofensiva de la burguesía yanqui sobre las masas norteamericanas.  Muy probablemente, la vanguardia de un nuevo ascenso en la lucha de clases norteamericana esté conformada principalmente por hispanoparlantes.
La profundidad de la crisis económica mundial, cuyos rasgos generales hemos delineado, pasa de la fiebre a las convulsiones. La formulación puramente ideológica de un “nuevo” orden mundial cimentado en el “alejamiento ciudadano de la política” y la estructuración de una democracia “medial”, “temática” y estamental, como superación de la “antigua” democracia como pacto de clases, no deja de ser una alucinación de este enfermo. La realidad evidencia que la propiedad privada de los medios de producción, la anarquía productiva y los grandes monopolios, se revelan como un obstáculo para el desarrollo de la humanidad, para la liberación del hombre.
La desesperada, ciega sorda y muda lucha del capital por alzar la tasa de ganancia, tiene como mayor expresión el hiperdesarrollo de capital parasitario especulativo. La creciente y explosiva huida de masas de capital al limbo bursátil ha transformado la economía mundial en un globo a punto de estallar. Aunque los valores de las acciones pueden seguir aumentando mucho más que el capital productivo hasta empequeñecerlo, el capital ficticio no puede escapar  de sus orígenes. En cierto punto tiene que enfrentarse con el hecho que es un reclamo sobre la plusvalía y que esta plusvalía en realidad todavía tiene que extraérsele a la clase obrera. Según los defensores de la “nueva economía”, los valores del mercado de acciones no son “irracionales”, sino una mera anticipación del aumento en la productividad y beneficios ocasionados por las nuevas tecnologías, sobre   todo aquéllas relacionadas con el Internet.
No cabe duda que las tecnologías nuevas están produciendo—y producirán en el futuro—grandes incrementos en la productividad de la mano de obra. Pero, como ya hemos visto, esos incrementos no proveerán ninguna salida.
Como consecuencia, la estructura del capital internacional adquiere la forma de pirámide invertida a medida que la masa del capital ficticio que reclama su porción de plusvalía crece a pasos agigantados en relación al capital productivo que, a fin y al cabo, tiene que satisfacer.
A principios de 1999, el valor del mercado capitalizado de America Online, con 10,000 empleados, era de $66.4 billones. Sin embargo, el valor de mercado de General Motors, con más de 600,000 trabajadores, era de $52.4 billones. Ambos sectores del capital reclamaban una porción de la plusvalía de acuerdo a su valor de mercado capitalizado. Pero está muy claro que la contribución de America Online, con 10,000 trabajadores, a la acumulación general de la plusvalía disponible (al capital en general) es mucho menor que la de General Motors, con 600,000 trabajadores. Aun si todos los trabajadores de America Online fueran empleados 24 horas al día y no se les pagara nada, no podrían contribuir la misma cantidad de plusvalía que se les extrae a los obreros de General Motors.
En el caso de Yahoo! Esta contradicción—entre las reclamaciones que el capital le hace a la plusvalía por una parte y su verdadera extracción por otra—es aún más lúgubre. Yahoo!, con sólo 673 empleados, tenía un valor de mercado capitalizado de $33.9 billones.
Esta estructura tipo pirámide del capital internacional es la fuente de su extrema inestabilidad. Cientos de billones de dólares de capital, buscando su tasa de rendimiento, corren por los mercados mundiales en búsqueda de beneficios.
Cuando los precios de títulos de propiedad—acciones, bonos, bienes raíces, etc.,—aumentan, el capital “llueve”, pues busca sacar beneficios comprando barato y vendiendo caro. Todos se salen con la suya. Pero cuando el mercado se tambalea y es aparente que los valores del capital han sido inflados enormemente, corren de estampida y destruyen los valores del capital de la noche a la mañana—no sólo del capital ficticio, sino también del productivo.
Luego de la crisis económica asiática de 1997-1998, se trató de sugerir que ésta había resultado de las condiciones peculiares a la región. Pero la verdad es que el colapso oriental, en que se perdieron millones de empleos y los bancos y las corporaciones de repente se vieron con billones de dólares que de ninguna manera podían pagar, no expresó las “condiciones asiáticas” . Más bien representó como el mercado capitalista funciona en general.
Asia y otros mercados vertieron enormes cantidades de capital sobre los Estados Unidos, intensificando los valores del mercado de acciones y creando las condiciones para un desastre aún mayor: los fondos para pensiones, las cuentas de ahorro y las inversiones de millones de gente se corren el peligro de evaporarse de la noche a la mañana a medida que los valores inflados del mercado caen.
Por ello caracterizamos esta fase de la situación política mundial a partir de sus rasgos diferenciales: masiva destrucción de fuerzas productivas, en la actualidad una quinta parte de la humanidad está cesante; incremento y desarrollo de la opresión imperialista, expresada como políticas de “ajuste” del FMI y como abierta agresión militar; agudización de los roces interimperialistas, como se expresa de forma microscópica en la parálisis de la OMC y de forma tangible en la guerra contra Yugoeslavia
Sin embargo, de todos los rasgos hay uno que es cualitativo, que actúa sobre el conjunto transformándolo, moldeándolo: la generalizada intervención de la lucha de masas, la impenitente resistencia de los explotados. Levantando la lápida que hace diez años pretendió poner la burguesía sobre la lucha de clases, esta se alza en los cinco continentes incontenible y poderosa, con sed de poder. Las masas son alejadas del poder no por falta de disposición al combate, hoy en día en Colombia, Indonesia y Palestina el enfrentamiento al imperialismo se da con las armas en la mano. Las masas no consuman su aspiración al poder y a la libertad, porque las direcciones stalinistas, nacionalistas, foquistas y reformistas de todo pelaje devienen en proburguesas, en contrarrevolucionarias. Los movimientos de masas hacia la revolución son frenados por direcciones contrarrevolucionarias. Esta incapacidad del proletariado expresado como partido-programa, como IV Internacional, es la piedra de toque del momento actual: o la clase obrera impone su propia dictadura revolucionaria, aplastando al imperialismo, abriendo paso al socialismo o será el imperialismo el que sumirá a la humanidad a la barbarie.
Esta disyuntiva, Socialismo o barbarie, la enfrentamos con especial intensidad en Chile hoy. Ni la cordillera, ni el Pacífico, ni nuestra caricatura de modernidad nos ponen al margen de la crisis capitalista de la que somos parte integrante. Chile es una semicolonia, y la burguesía criolla  agente antinacional del imperialismo, su régimen político una dictadura al servicio de la minoría explotadora. Estas caracterizaciones, elementales a la teoría marxista y abandonadas por el PC, el PS y el grueso de la izquierda que se ufana de ser “democrática”, se desprenden de la concepción del capitalismo como un modo de producción de escala mundial.
Nuestro pequeño país, de capitalismo atrasado, semicolonial, expresa particularizada y refractariamente las grandes tendencias del desarrollo-descomposición del capitalismo en su fase imperialista. Es por ello que sostenemos que debido a este agotamiento mundial –desde comienzos del Siglo XX- del capitalismo, es que nuestro país no tiene ninguna perspectiva de desarrollo integral, de independencia nacional ni de democracia, bajo los marcos de dominación burguesa. Por ello sostenemos que Chile está HOY maduro para la revolución, y que la tarea de consumar la emancipación de los explotados pasa por la construcción del partido de la revolución y dictadura proletarias, un auténtico partido obrero revolucionario.
En el mismo sentido, la caracterización de la situación política internacional que hemos expuesto, es determinante para observar correctamente los procesos en curso en la lucha de clases nacional. Una política proletaria necesariamente es internacionalista, y en una semicolonia como Chile obligadamente debe ser antiimperialista. Estas prevenciones son fundamentales para contextualizar y orientar a la vanguardia en el desarrollo de nuestra intervención en la lucha de masas.
Chile estrangulado por los Patrones
La burguesía chilena, por más que la izquierda democratizante quiera embellecer a sus sectores “progresistas”, como clase social, no puede sino entregarse al imperialismo. Esta entrega significa su absoluta incapacidad para resolver los problemas nacionales de desarrollo, independencia y vigencia de las libertades democráticas. La mantención del orden capitalista, con la etiqueta que quieran ponerle los oportunistas de turno, importa acentuar la opresión imperialista y sumir a las masas en la miseria y la explotación.
El principal instrumento de esta política antinacional y antiobrera, es el Gobierno  concertacionista de Lagos. Cada una de las medidas del Gobierno apuntan a la satisfacción de las demandas del capital transnacional. Las criminales medidas económicas adoptadas en la última década –siguiendo el libreto pinochetista- apuntan a profundizar la entrega al imperialismo, facilitando el saqueo de las transnacionales y fortaleciendo el carácter extractivo-exportador de nuestra economía. Esta es la esencia de la insoluble crisis que arrastra nuestra economía desde 1997.
La impotencia de la burguesía chilena de salir de la crisis, se expresa en el estancamiento del valor de las exportaciones desde 1995,  lo que es causa importante también de la débil recuperación y las difíciles perspectivas para el año 2001. En promedio anual, las exportaciones entre 1996 y 1999 alcanzaron sólo a US$14.750 millones de dólares, por debajo de los ingresos obtenidos en 1995. Este estancamiento es uno de los más graves problemas que la economía chilena está viviendo.
Sin embargo, este fenómeno no obedece al azar del mercado y es especialmente observable en el desarrollo de la crítica situación que vive la producción de Cobre, cuyos ingresos representan el 40% de las exportaciones globales chilenas. La disminución del precio del cobre se debe a una sobreproducción mundial creada desde Chile. Nuestro país, demoró 90 años para lograr producir 1.500.000 de toneladas de cobre. Posteriormente, en sólo seis años dobló ese volumen de producción, y en diez años lo triplicó, llegando en el año 2000 a producir 4.500.000 de toneladas. Este incremento productivo responde a las necesidades de las transnacionales y en ningún caso a los requerimientos de nuestra economía.
Ello queda demostrado al constatarse que en las 2,5 millones de toneladas producidas en 1995 reportaron al país, los mismos ingresos que los 4,5 millones de toneladas producidas el año pasado. Es decir se regaló a las transnacionales 2 millones de toneladas de Cobre. El economista O. Caputo nos indica que “el Estado recibió por cada libra de cobre 65 centavos de dólar. En 1995, recibió 36 centavos. Y, en 1999, recibió sólo 3 centavos de dólar. En 1989, por cada kilo de cobre, el Estado recibió $814; mientras que en 1999 recibió sólo $ 37 por cada kilo de cobre”. Esto ha acarreado, conjuntamente, que la participación del Estado en las exportaciones de Cobre ha caído de un 50% en 1989, a un 30% en 1995 para concluir en un insignificante 5% en 1999.
La base material de esta política  entreguista hemos de encontrarla en el carácter raquítico y parasitario de la burguesía nacional. Nuestro país es gobernado por las transnacionales. Estas empresas dominan la electricidad, comunicaciones, los servicios informáticos, la mayoría de las exportaciones de cobre y frutas, una parte de la banca, seguros y fondos de pensiones, el mercado de la música, el libro, el cine y la radiodifusión, la distribución de combustibles, el comercio de bebidas, alimentos y el agua potable. Tres consorcios internacionales reciben el 60% de los peajes camineros. Se puede calcular que del total de activos productivos de la economía chilena cerca de un tercio, o sea 60.000 millones de dólares, pertenecen ya a las transnacionales. Por lo mismo, no es en absoluto anecdótico que en el interior de la principal agrupación patronal –la Confederación de la Producción y Comercio- se esté discutiendo una modificación estatutaria que permita formalmente, a un empresario extranjero presidir esta organización, emblemática de la burguesía chilena.
Esta ubicación extractiva-exportadora de nuestra economía, dentro del marco de la división internacional del trabajo, condiciona los rasgos fundamentales de la política de la burguesía y de su gobierno. El desempleo estructural de nuestra economía, que a la cifra oficial de 11% de cesantes, debe considerarse un 37% de empleo informal, categoría que domina el 60% de los empleos creados en la última década, es consecuencia del carácter atrasado y semicolonial de nuestro capitalismo.
La caída de toda medida proteccionista o arancelaria ha barrido la industria nacional y aquellas que mayor mano de obra calificada requieren, debido a que la precaria industria chilena no puede competir con las escalas de producción transnacionales. Las necesidades del capital transnacional, orientadas a la expansión financiera y de servicio, absorven muy poca mano de obra debido a su alta tecnificación. Por lo expuesto, a diferencia de lo que exponen los economistas del stalinismo como Fazio, Caputo o Cademártori, no es que el Gobierno sea “incapaz” de resolver el problema del desempleo por haberse entrampado en una telaraña neoliberal. Se trata simplemente, de que el capitalismo necesita para mantenerse, de altas y crecientes tasas de cesantía, para presionar el salario, para propender a la disciplina social y conservar en esta profunda fase recesiva, sus tasas de ganancia.
            Las reformas laborales, impulsadas por el Gobierno, obedecen a este requerimiento del capital. Con la apariencia de orientarse a expandir los derechos de los trabajadores, estas reformas buscan aplastar los sindicatos y facilitar los despidos (seguro de desempleo), fortaleciendo el régimen jurídico que mantiene sojuzgados a los trabajadores. En el ámbito económico la totalidad de las iniciativas legislativas del Gobierno –sobre las que no existe debate con la “oposición”- apuntan a favorecer el pillaje de los grandes consorcios, a facilitar el movimiento especulativo del capital financiero y a fortalecer las tendencias a la concentración de capital. En este rubro caben los proyectos sobre OPAS, régimen de concesiones de OO.PP., AFP, modificaciones a la ley de Bancos etc..
            En este contexto, de descomposición de la burguesía y de sus más elementales referencias políticas, debemos ubicar la farsa de juicio que se sigue a Pinochet. El castigo a Pinochet y a todos los genocidas del 73, constituye un reclamo fundamental de las masas; en ese sentido consideramos que su actual procesamiento constituye un resultado deformado –pero fruto al fin- de la lucha de las masas. A Pinochet y a los fascistas: PAREDÓN. Sin embargo, es equivocado sostener que el procesamiento del Dictador es el resultado directo de un poderoso movimiento de masas, que quebrando la política de impunidad y amnistía, logra arrancarle esta conquista al régimen.
            Desde su detención en Octubre del 98 en Londres, lo que ocurre con Pinochet es principalmente el resultado de la política del imperialismo de barrer con todo vestigio de nacionalismo burgués. Con la detención europea de Pinochet se pretendió dar un “vamos” democrático a la política colonialista de un Tribunal Penal Internacional, que permitiera oficializar en el terreno del Derecho, aquello que los F-16 yankees establecieron a sangre y fuego en Irak, Yugoeslavia y Afganistán, en los Hechos.
            Por lo expuesto, lo que prima en la actual situación de Pinochet es la presión del imperialismo. Pinochet está procesado en la actualidad no por la lucha de las masas, sino principalmente producto de la descomposición del régimen. En este sentido debemos precisar. Primero, la burguesía chilena y su “poder” judicial es incapaz de responder al reclamo democrático de “Juicio y Castigo a los Genocidas”, lo que se confirma en los procesos actuales en curso –Pinochet incluido- en los que se aplica la llamada doctrina Aylwin, que significa investigar las violaciones a los DD.HH. para luego aplicar la ley de amnistía, que afirma la impunidad. Segundo, los aparatos de izquierda pretenden hacer ver que estos procesos conducen a la justicia, lo que constituye un engaño ya que estos procesos sólo persiguen ajustar cuentas entre las distintas facciones del régimen y buscan por lo mismo fortalecerlo; las elocuentes declaraciones del Ministro Inzulza en la materia, señalando que hechos menores como la “tortura” no pueden ser objeto de investigaciones judiciales, debido a que se masificarían las acciones en tribunales, revelan a las claras que todos estos procesos circulan por el estrecho pasadizo de la impunidad. Dicho de otra forma: la estabilidad del podrido capitalismo exige en Chile institucionalizar la tortura y las violaciones a los DD.HH..
            Los procesos a Pinochet y a todos los asesinos y torturadores, pueden servir como un elemento potenciador de la lucha de masas, sólo a condición de que a través de ellos se logre esclarecer el carácter burgués y por tanto genocida de la propia Justicia. De lo que se trata es de ayudar, mediante estas acciones judiciales, a superar las ilusiones en la democracia y en sus instituciones, de forma de educar a la vanguardia en la política de Tribunales Populares, vale decir órganos de poder de las masas que hagan justicia castigando a los genocidas. Plantear la posibilidad de que el Juez Guzmán –más allá de sus atributos personales- pueda hacer justicia en el juicio a Pinochet, importa una capitulación al orden burgués creando ilusiones en las masas, en organizaciones de DD.HH., las que al ver frustradas sus aspiraciones –como ocurrió con la detención de Pinochet en Londres- volverán a retroceder en su accionar, contribuyendo al repliegue de su actividad  y fortaleciendo con ello al régimen.
            La opresión imperialista, se expresa a través de la política del Gobierno de Lagos. Son las determinaciones y necesidades de los organismos internacionales y de las grandes compañías transnacionales las que fijan el rumbo de la política gubernamental. Esto está ampliamente demostrado y lo vivimos día a día. Esto resulta especialmente elocuente en la situación que atraviesa el pueblo Mapuche que además de soportar la opresión imperialista, es oprimido por el Estado Chileno. En este orden, contra toda ilusión democratizante de “integración”, la política del proletariado es la de reconocer el inalienable derecho a autodeterminación que no es otra cosa que el derecho a secesionarse, a organizarse plenamente como Estado independiente. Por ello, se hace necesario orientarse hacia la unidad de la clase obrera chilena con el proletariado mapuche, señalando que dicha unidad -palanca para el desarrollo de la revolución social- es la única herramienta capaz de garantizar la liberación de la Nación Mapuche.
En este marco debemos señalar que la línea izquierdista de “integración” es contraria a los intereses mapuches los que no buscan “integrarse”, precisamente porque no son chilenos. El planteamiento de integración, es la cara embellecida de la política gorila de la burguesía chilena cuyo pilar de sustentación es considerar a los mapuches como chilenos, es decir como sus esclavos. Integrar, en este contexto, es oprimir y explotar que es política histórica de la burguesía y sus sirvientes. Integrar es como hoy vivimos, encarcelar a los dirigentes de la Coordinadora Arauco-Malleco, militarizar la zona que se encuentra cercada por las fuerzas represivas, son los anunciados escuadrones de “autodefensa” con que amenaza la fascista Sociedad Nacional de Agricultura. En una palabra: integración es además fascismo.
La lucha del pueblo mapuche traza una perspectiva de los métodos que utiliza y utilizará el régimen para enfrentar una nueva ofensiva de las masas. Pero además pone a las claras dos cuestiones: las direcciones políticas de la izquierda observan con impotencia pacifista el desarrollo de la lucha sin ningún reflejo; las masas, al entrar en movimiento son capaces de crear y recrear no sólo los más audaces formas de combate, sino que son capaces de poner en jaque a un régimen que podrido, sólo espera levantamiento de las masas explotadas, sus sepultureras.
la lucha contra el democratismo stalinista
            La superación de la crisis de dirección de las masas constituye  una tarea de los revolucionarios en el mundo entero. Es patrimonio marxista la concepción de que la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria. Nuestro país, a escala mundial, es un modelo del fracaso político del frentepopulismo, del electoralismo y el pacifismo. La llamada “Vía Chilena al Socialismo” terminó abriendo las puertas a la barbarie fascista, nuestra experiencia política como país, de ser asimilada programáticamente será una poderosa contribución al desarrollo de la teoría marxista, del programa de la clase obrera.
Hasta el momento, y por las consideraciones que hemos expuesto más arriba, la experiencia del 73 emerge en la contingencia con la apariencia de los horrores del fascismo. Abundante literatura describe los horrores de la masacre en que fue sumida lo mejor de la vanguardia obrera y de izquierda de aquélla época, narraciones escalofriantes refrescan nuestra memoria política. Las plumas valientes de los denunciantes nos muestran el monstruoso rostro de la represión, el verdadero rostro de la burguesía y de su dominación. Gabriellis, Mamos Contreras y otras basuras, agazapadas en la impunidad que les garantiza el régimen siguen exhibiéndose amenazantes, como insignes figuras del régimen.
Pero más allá de los intentos –inclusive de algunos denunciantes- de disecar esta denuncia en el testimonio del “nunca más”, estas denuncias son la forma más o menos subterránea en que va emergiendo la ira y la disposición a la lucha de la mayoría explotada. Si estas denuncias aún no alcanzan la fase analítica, de explicarse estos horrores, de identificar los intereses de clase que impulsaron a la Dictadura genocida, se debe exclusivamente a la infinita debilidad de los revolucionarios de asumir su insustituible papel conductor en la politización de las masas. Los revolucionarios tenemos el deber de expresar, repetimos, a nivel programático y organizativo la lucha obrera por la revolución social y nacional. No otra cosa es la lucha por la estructuración del Partido Obrero Revolucionario: expresar estratégicamente, a nivel político, los reclamos más elementales, instintivos de la lucha de masas.
Un paso importante en la lucha por derrotar ideológicamente a la burguesía, que es precisamente construir el partido revolucionario y su programa, lo constituye el desenmascarar el papel pro-burgués y contrarrevolucionario del stalinismo, de la “Izquierda” del régimen burgués. Muchos grupos han emprendido esta tarea y es moneda corriente en la llamada “microizquierda” chilena, las críticas al PC. Calificarlo de reformista, “inconsecuente” y otros apelativos similares los que son imprescindibles a la hora de posicionarse como “revolucionario”. No podemos sino coincidir con tales caracterizaciones, sin embargo debemos señalar que no alcanzan para precisar el papel del stalinismo en el Chile de hoy, y lo que es más, por ser simples apelativos caen en el testimonio inútil e impotente.
Esta incapacidad política se expresa en una crítica superficial, que no va hacia una delimitación de clase, a nivel de estrategia. Muchos critican al PC pero siguen hablando de “democracia popular”, “gobierno del pueblo” y otras categorías políticas stalinistas (MIR, PC-AP, etc.); otros, simplemente caen en la crítica abstracta y diletante, en la actitud del comentarista.
La política del PC chileno en la actualidad, es la expresión refleja en el terreno del colaboracionismo de clases, del fracaso de la Unidad Popular. Es la lección de “derecha” sobre la caída de Allende. A líneas generales ante el fracaso de la llamada “experiencia de la UP”, se ha concluido en la abdicación formal de la revolución socialista, del carácter obrero del Partido y del antiimperialismo. En resumen, luego del Golpe del 73 y de la estrepitosa derrota de la política stalinista, el PC se ha transformado en el leproso de la política chilena –nadie hace acuerdos con él- y en esta penosa condición no le ha quedado otro camino que derechizarse aún más. Es lo que se esconde en la actualidad, en la compulsiva y penosa tendencia a autodenominarse como  la Izquierda”... de Lagos.
En líneas amplias, la postura del PC es posible descomponerla en tres grandes ideas. Primera, la recomposición del tejido social; segunda, la unidad de la izquierda; y, tercera, la lucha contra los enclaves pinochetistas y por la profundización de la democracia. Estos cuatro planteamientos constituyen la médula de su política, ellos condensan su actividad y limitan sus expectativas de desarrollo.
            En las reuniones de base, en las múltiples instancias de “coordinación” en las que episódicamente se convocan diversos grupos, en esas pequeñas reuniones semi-clandestinas en los locales de sindicatos o Juntas Vecinales, la discusión siempre comienza del mismo modo. Se critica el “providencialismo” de la “izquierda tradicional”, se constatan un par de hechos relativos al retraso de las masas y se plantea la vieja cantinela de la necesidad de trabajar por la llamada recomposición del tejido social, piedra angular de la ideología de stalinista contemporánea . Este concepto aparece en todos los balances y análisis del stalinismo, y se nos presenta como la tarea de las tareas: crear organizaciones, vincularse a las bases de las organizaciones creadas.
            Aparentemente, este concepto estaría expresando la necesidad de los grupos de izquierda, de la vanguardia como sector más esclarecido y con mayor disposición a la lucha y a la politización, de batallar por penetrar en las masas. Sin embargo, cuando se habla de recomponer el tejido social, se está planteando subterráneamente -y en la práctica- que es tarea de la izquierda adaptarse al estado actual de conciencia de las masas, de sus elementos más atrasados y conservadores. Con este concepto se está convocando a los militantes de izquierda a diluirse en la vasta amplitud de la masa. Así como en períodos de ascenso de la lucha de las masas, el stalinismo busca aislar a la vanguardia volcándola hacia el petardismo foquista como hicieron en los años 80 con el FPMR; en períodos de retroceso de las masas se busca descomponer a la vanguardia, a los grupos de activistas de izquierda, convocándolos a su dispersión, a su adaptación a los elementos más conservadores de la masa.
En definitiva, con esta categoría de recomponer el tejido social, se persigue nuevamente reemplazar al propio accionar de las masas. Mientras la versión foquista de este razonamiento, lleva a plantear acciones de propaganda armada y el terrorismo individual, la versión “democrática” para períodos de reflujo de masas, plantea que es tarea de la vanguardia hacer aquello que sólo las masas son capaces de hacer: reconstruir sus organizaciones y revitalizarlas. Estos procesos, de acción directa, son propios del accionar de las masas y en ellos las masas son irremplazables.
La verdadera tarea de los revolucionarios –como la fracción más lúcida y esclarecida del activismo- es la de agrupar a la vanguardia en torno al programa proletario, para politizar el accionar de las masas, y sólo en esa medida asumir un papel conductor. No es tarea de los revolucionarios “recomponer” , sino que la “incidir” en el propio accionar de las masas de forma de contribuir a su politización, de elevar su accionar a la altura de las necesidades históricas de las masas expresadas en la estrategia de la revolución y dictadura proletarias.
Se trata de convocar a la vanguardia, no a adaptarse a la opinión pública burguesa que se enseñorea en las masas, se trata, muy por el contrario de hacer entroncar a la vanguardia con el torrentoso accionar revolucionario de las masas de forma de potenciar sus tendencias al enfrentamiento entre clases. Al revés del stalinismo, que orienta a la vanguardia a fundirse con la retaguardia de las masas, convocándola a recomponer el tejido social, de forma de aplacar el enfrentamiento entre las clases sociales en aras de la protección de la democracia burguesa; los trotskystas planteamos a la vanguardia liderar el descontento de las masas, impulsar la lucha de clases y potenciar la politización de las masas de forma de expulsar del poder a la burguesía.
            La segunda “idea fuerza” del stalinismo es, ¡cómo no!, la sacrosanta unidad de la izquierda. Esta idea emerge con fuerza especialmente en los períodos electorales con más vehemencia que con claridad, pero se pone de relieve que esta unidad es la herramienta superadora de la dispersión política y por ende potenciadora de las luchas, etc.. Es propio de este concepto la idea de que la política correcta es aquella que equilibra las distintas posiciones, que es el resultado de la generosidad y las composiciones. La unidad se percibe al margen de cualquier consideración de tipo programática, y adquiere por lo mismo el carácter de estratégica.
            Esta concepción sirvió, con un lenguaje más ligado al socialismo, a la política de colaboración de clases que sirvió de base al frentepopulismo stalinista desde los años 30 hasta el Golpe del 73, cuatro décadas durante las cuales el PC se subordinó al latifundiario Partido Radical . Luego del Golpe, el PC se esforzó infructuosamente por dar cuerpo a un Frente Antifascista que uniera a la ex-UP con la golpista Democracia Cristiana, el centro de este planteamiento era la recuperación de la democracia. El único efecto práctico de esta política fue impedir la caída revolucionaria de la dictadura pinochetista, y viabilizar una ordenada transición a un régimen civil. En Octubre de 1984, el Paro Nacional convocado por el MDP (PC, PS Almeyda y MIR) paralizó completamente al país, poniendo en evidencia que la caída de la Dictadura no dependía de la “unidad” con la DC, sino que de una convocatoria preparada desde las bases y que se propusiera derrocar a la Dictadura con el accionar de las masas. El Paro convocado por sólo dos días y levantado por determinación del propio MDP, por no lograr consumar su orientación objetiva dejó la iniciativa en manos de Pinochet, quien desató una ofensiva represiva que desembocó en la declaratoria de Estado de Sitio. Una vez más, la unidad con los burgueses “progresistas” de la DC demostró no ser otra cosa que la subordinación a sus intereses de clase.
            En la actualidad la llamada unidad de la izquierda, insistimos, al margen de la estrategia del proletariado (la revolución obrera) y con una exclusiva perspectiva electorera, constituye un obstáculo para la unidad de los explotados ya que los subordina a los intereses y a la institucionalidad de los patrones. Los distintos referentes electorales del PC en la última década, luego de plantearse como la máxima expresión de “unidad y lucha”, han pasado al olvido sin pena ni gloria: PAIS, Izquierda Unida, MIDA. En la actualidad esta concepción sigue a flote en la idea de ser el PC “la Izquierda”, etiqueta tras la cual se encarama más de algún oportunista del tipo Moulian o grupos filostalinistas como la Surda, algunas astillas del MIR, etc..
La unidad que demandan las masas en lucha sólo puede forjarse bajo la conducción y estrategia del proletariado, la revolución y dictadura proletarias, cuestión que ha de expresarse como acción directa, lucha y movilización de las masas jamás en el terreno electoral –las elecciones sólo sirven a la partido revolucionario para potenciar la propaganda en torno a estas ideas- y que, en Chile ha de asumir la forma de un Frente Único Antiimperialista. Se trata no de unir aparatos para las elecciones, se trata de unir al proletariado y a la nación oprimida en torno a un Pliego Nacional de Reivindicaciones, con una perspectiva de revolución social y nacional.
Estos dos conceptos recomponer el tejido social y unir a la izquierda son funcionales a la llamada “estrategia” stalinista: la Revolución Democrática. Dicha “Revolución” tiene lugar bajo los marcos de dominación burguesa, por lo que es posible su realización sin afectar las bases sociales de la explotación capitalista, esta cuestión en la actualidad asume el nombre de el “término de los enclaves pinochetistas”.
La revolución democrática entronca en la vieja tesis de la revolución por etapas, vale decir, partiéndose de la afirmación de que nuestro país no estaría maduro para el Socialismo, corresponde al proletariado apoyar a la facción “progresista” de la burguesía criolla –también se le adjetiva de “nacionalista”, “industrial”, “democrática”- de forma de que se desarrolle plenamente el capitalismo. Esta Revolución democrática, en consecuencia, por la tareas históricas que enfrenta no es otra cosa que una Revolución burguesa, al menos ese fue el contenido que sostuvo el stalinismo hasta 1973.
La primera etapa de la revolución, repetimos de carácter burgués, resolvería las cuestiones de la independencia nacional, democracia y reforma agraria. Esta concepción ha demostrado su carácter reaccionario toda vez que se hipoteca la independencia política de los explotados en la perspectiva de apoyar a una inexistente burguesía progresista. La historia nos ha demostrado innumerables veces a lo largo del siglo XX la imposibilidad absoluta de que la burguesía pueda jugar un papel revolucionario, de desarrollo de las fuerzas productivas, como consecuencia de la decadencia global del capitalismo en su fase imperialista. Esta concepción leninista y trotskysta, forma parte del ABC del marxismo y su negación sólo puede ser consecuencia del abandono de la lucha por la revolución obrera.
Sin embargo, esta caracterización de revolución democrática como revolución burguesa, permite comprender su origen histórico, y demuestra el carácter colaboracionista de clases y contrarrevolucionario del PC, pero no corresponde exactamente a la definición stalinista actual. En la actualidad la revolución democrática como categoría, no alcanza a contener las tareas propias de una revolución burguesa, quedando por debajo de la plataforma liberal de la revolución burguesa. Revolución democrática tiene como exclusivo contenido programático barrer con los enclaves pinochetistas, lo que se resume en cuatro cuestiones: 1.- Reformas laborales, que no alcanzan para echar abajo al Plan Laboral; 2.- Reforma tributaria, que significa aumentar el impuesto a la renta ignorando que este aumento impositivo volverá finalmente a golpear los salarios; 3.- Verdad y Justicia, que se sintetiza en la anulación de la amnistía lo que planteado en el marco jurídico actual no afecta la impunidad de los genocidas; y, 4.- Reformas Constitucionales, especialmente del régimen electoral binominal de forma de verse ellos representados parlamentariamente.
Estas mezquinas tareas, de las que se encuentra ausente todo cuestionamiento al orden social cimentado en la propiedad privada de los medios de producción, consideradas en el marco de un plan de lucha, podrían tener viabilidad al menos como demagogia. Sin embargo, todas estas tareas de acuerdo al planteamiento stalinista han de ser cumplidas por la vía de las elecciones y del respeto del actual orden institucional, orden al que se le enseña los dientes pero que de ninguna manera se ataca. El electoralismo que demencialmente sigue sosteniendo el PC, transforma su discurso en su opuesto. De afirmadores de un tibio discurso liberal, terminan transformados en instrumentos del régimen y de su política pro-imperialista. La práctica política del PC, más allá de los charangos latinoamericanistas, afirma al régimen actual, las ilusiones de las masas en la democracia burguesa y en sus dirigentes. Esta es la explicación de la irrelevante presencia electoral del stalinismo.
Efectivamente, en el marco de la crisis económica actual, del creciente descontento de las masas, era el momento para que la política oportunista del PC lo hubiera transformado en una potencia electoral. No ocurrió así, y es más, el desgaste del Gobierno ha sido capitalizado por la Derecha reconvertida en lavinista. La explicación es muy simple: el PC no es percibido como una alternativa precisamente porque no lo cuestiona y aparece como un sostenedor “crítico” del mismo. Aparece ante las masas como un impotente comentarista que aspira “mejorar” el rendimiento de los dirigentes de la Concertación.
Demostración palmaria de este aserto lo configura la “Propuesta de Acuerdo Electoral del PC y la Concertación”, en esta línea calificada en Diciembre pasado por El Siglo como realista, democrática y nacional, el PC se ofrece para integrar dos o tres nombres a la lista de la Concertación, comprometiéndose de esta forma a hacer campaña por la coalición gobernante. Este acuerdo abriría las puertas a las transformaciones democráticas que el país necesita, desde este punto se envía un curioso ultimátum a la Concertación en una carta enviada por Gladys Marín a los dirigentes de la Concertación el pasado 10 de Diciembre: “Si la Concertación rechaza nuevamente esta propuesta (que el PC plantea desde 1997) quedará al desnudo su falta de una real voluntad y consecuencia democráticas, y será responsable de reforzar un sistema que a todas luces está agotado, y que será inevitablemente sobrepasado por la fuerza de las masas si no se reforma”.
Lo expuesto en este aspecto medular de la propuesta del PC adiciona a su planteamiento de colaboración con el Gobierno Pro-imperialista de Lagos, dos cuestiones clave. Primero, que el rechazo de la propuesta del PC por parte del Gobierno evidenciaría su falta de voluntad y consecuencia democráticas, vale decir, para los stalinistas hace falta esta respuesta para confirmar algo que según ellos no sería evidente luego del apoyo de Lagos a Pinochet, de la represión a los Mapuches, de la entrega del país a las transnacionales y de su ofensiva contra los trabajadores; con esto se revela que esta propuesta persigue principalmente apoyar al Gobierno, alimentar las ilusiones en él, al punto que los autoproclamados auténticos demócratas, el PC, “la Izquierda”, están dispuestos a plegarse a su plantilla parlamentaria.
No obstante, una segunda cuestión que se desprende de esta carta es aún más trascendente, en esta carta se evidencia el carácter abiertamente contrarrevolucionario de esta orientación política. El PC advierte al Gobierno que éste “será responsable de reforzar un sistema que a todas luces está agotado, y que será inevitablemente sobrepasado por la fuerza de las masas si no se reforma”. Le advierte al Gobierno que si no se pliega a su política las masas pasarán por encima del régimen, en definitiva los stalinistas le indican al Gobierno que ellos sí serán capaces de parar a las masas y contenerlas. El PC compite con el Gobierno en la realización de una tarea contrarrevolucionaria: las reformas democráticas.
la construcción del partido obrero revolucionario
Toda esta exposición, sobre las concepciones fundamentales que viven en la política de la principal referencia de izquierda en nuestro país, el PC, se hacen necesarias para la estructuración del programa, de la teoría política del proletariado chileno. No será posible que las masas superen este escollo en su desarrollo y maduración política, si previamente su vanguardia no logra derrotarle en el terreno de las ideas. La derrota ideológica de la burguesía chilena, llevará consigo la derrota del stalinismo en tanto uno de los puntos de apoyo del propio régimen burgués. Esta derrota ideológica es una consecuencia obligada de la propia estructuración de la dirección revolucionaria: su propio partido obrero.
Hemos demostrado que la crisis capitalista empuja a la humanidad hacia un abismo, no hay posibilidad de acomodar las superabundantes fuerzas productivas a las arcaicas relaciones de producción burguesas. Esto es un hecho indiscutible y ningún obrero honesto podría poner en duda esta cuestión. No es necesario ser un estudioso de la historia para comprender este problema.
No obstante esta enorme evidencia, no resulta igualmente claro cuál es el camino político que han de seguir los explotados en la lucha por su emancipación. Las quiebras estrepitosas de los aparatos de izquierda, su travestismo ideológico y la prostitución de sus dirigentes, arrojan una oscura sombra sobre la perspectiva de poner en pie un auténtico partido revolucionario. En este verdadero combate hemos de echar mano de la experiencia política acumulada por el proletariado mundial.
En Mayo de 1940, a semanas de ser asesinado por la contrarrevolución stalinista y en medio de una Europa ocupada de cabo rabo por las hordas fascistas, León Trotsky, el último de los grandes dirigentes proletarios y, junto a Lenin, conductor de la primera revolución obrera de la historia en la Rusia del 17, señalaba en su “Manifiesto sobre la Guerra”, el camino a seguir por los revolucionarios en un entorno político en que la contrarrevolución se imponía sin contrapesos: “El mundo capitalista no tiene salvación, a menos que así se considere una agonía mortal prolongada. Es necesario prepararse para largos años, décadas tal vez, de guerra, insurrecciones, breves intervalos de tregua, nuevas guerras y nuevas insurrecciones. Un joven partido revolucionario debe obrar según tal perspectiva. La Historia le suministrará bastantes ocasiones y posibilidades de probarse, de acumular experiencia y de madurar. Cuanto antes se fusionen las filas de la vanguardia, tanto más breve será la época de convulsiones sangrientas y tanto menos destrucción padecerá nuestro planeta. Pero el gran problema histórico no hallará solución en ningún caso mientras no acaudille al proletariado un partido revolucionario. Las cuestiones de ritmo e intervalos tiene seguramente enorme importancia; mas no modifican ni la perspectiva histórica general ni la orientación de nuestra política. La conclusión es simple y única: es necesario proseguir la obra de educar y organizar la vanguardia proletaria con energías multiplicadas. Esta es precisamente la tarea de la Cuarta Internacional.”
La certeza de esta proyección ha alcanzado durante el siglo XX ribetes dramáticos, la extraordinaria lentitud de la reconstrucción de la dirección revolucionaria, ha tenido como principal consecuencia la extensión aparentemente sin límites de sangrientas convulsiones sociales y de la destrucción de nuestro planeta. Efectivamente, el proletariado no ha sido acaudillado por un partido revolucionario y por lo mismo esta conclusión debe servirnos para prepararnos  para largos años de insurrecciones y guerras. Hemos de prepararnos para batallas de largo aliento, pero he aquí una cuestión decisiva, los ritmos, los recodos en el camino no pueden modificar ni la perspectiva histórica general ni la orientación de nuestra política. La conclusión es única: : es necesario proseguir la obra de educar y organizar la vanguardia proletaria con energías multiplicadas. Tal es la ineludible tarea de los marxistas revolucionarios, de los trotskystas, de los reconstructores de la IV Internacional.
En esta lucha descomunal por poner en pie el partido revolucionario, se hace imperioso apropiarse de la experiencia histórica de las masas en lucha. La experiencia condensada en el Manifiesto Comunista, los Cuatro Primeros Congresos de la Tercera Internacional, la Tesis de la Revolución Permanente y el Programa de Transición de la IV Internacional. La experiencia marx-leninista-trotskysta del Partido Obrero Revolucionario de Bolivia, única referencia actual y viviente coloso programático de la clase obrera a lo ancho del orbe. A partir de estas referencias políticas podemos levantar orgullosos las banderas obreras del internacionalismo, de la revolución mundial y su punto de partida, la Revolución y Dictadura Proletarias. Ninguna corriente política, a excepción del trotskysmo, puede exhibir una incorruptible trayectoria de fidelidad a la estrategia del proletariado, ni un programa –el Programa de Transición de la IV Internacional- cuyas tesis a más de 60 años de ser formuladas, no hagan sino corroborarse día a día.
En Chile esta tarea ha permanecido inconclusa por el trotskysmo debido a la incapacidad del mismo de estructurarse como partido, de construir su propio programa, la teoría de la revolución chilena. En nuestro Programa –de Febrero de 1998- afirmamos que nuestro país es una incógnita para el marxismo, con ello significamos que nuestra historia no registra así sea un intento, por parte de las corrientes que se han reclamado de la IV Internacional, de formular un programa que exprese las particularidades de la revolución en Chile, sus rasgos diferenciales, la caracterización de las clases sociales, en una palabra: las leyes que rigen el desenvolvimiento de la Revolución Mundial en nuestro país. Nuestro Comité Constructor del POR ha iniciado esta tarea y hemos combatido incansablemente, con errores y desviaciones, pero con la certera convicción de batallar por poner en pie el partido de la Revolución y Dictadura Proletarias.
Sobre estas bases teóricas y programáticas llamamos a los revolucionarios a agruparse. No los llamamos a formar centros de estudio, ni sindicatos, ni aparatos electorales. No llamamos a quienes se reclaman del socialismo a silenciar la critica anticapitalista con la excusa de que “es necesario sumar fuerzas”. Llamamos, con todas sus letras, a construir el partido de la revolución obrera, la sección chilena del Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IV Internacional. El fracaso del stalinismo y sus vertientes maoístas y castristas; la capitulación de todas las corrientes nacionalistas; y la putrefacción y el desarme ideológico que promueven los anarquistas, dejan al trotskysmo como referencia obligada de las masas en lucha, por ser la Dictadura del Proletariado la única salida para la crisis del país.
Las conquistas políticas de las que nos reclamamos, adquieren mayor vigencia hoy en día. En esta época en que la farsa de “democracia” burguesa, hace evidente su carácter de dictadura patronal opresiva y expoliadora de las masas, cae por su base toda concepción democratista y electorera como motor de los cambios sociales. Se hace igualmente evidente el necesario carácter violento de la revolución, violencia ejercida por las masas y que expresa a nivel social el choque entre las relaciones capitalistas de producción, entre la producción social y mundial y su apropiación privada.
La llamada globalización capitalista, que no es otra cosa que la exacerbación de la decadencia imperialista del capitalismo, y la estrepitosa caída del stalinismo ponen también a las claras la imposibilidad de la convivencia entre socialismo y capitalismo. La revolución proletaria, la revolución chilena, no será sino un preludio del desarrollo de la Revolución Mundial. La Revolución chilena sólo podrá desarrollarse como instrumento para el desarrollo de la Revolución en la arena internacional, no “exportando la Revolución” ni haciendo “Vietnams” como planteara el infantilismo castro-guevarista, sino que potenciando el desarrollo de la IV Internacional, contribuyendo al desarrollo de poderosos partidos obreros.
Por otra parte, el extraordinario aumento de la opresión imperialista política, económica y militarmente, nos obliga a desarrollar una política de Frente Único Antiimperialista (FUA). Nuestra minoritaria clase obrera, que por su ubicación en el proceso productivo y por ser parte de una clase mundial, es la única capaz de responder a los grandes reclamos sociales y nacionales. Democracia, pan, libertad, trabajo, vivienda y educación son reclamos de las masas que la burguesía no puede satisfacer. La burguesía sólo ofrece hambre, miseria y represión crecientes, ya que sólo puede servir los intereses del capital imperialista del cual es su instrumento. Sólo la clase obrera, el proletariado, es capaz de llevar hasta el final la lucha contra el capital y de asumir el poder, de imponer su propio gobierno; sin embargo, su carácter minoritario debido al atraso general del país, obliga a asumir además de las tareas de emancipación social, aquellas propias de la emancipación nacional, antiimperialistas.
En esta tarea la clase obrera debe acaudillar a las amplias masas explotadas de la ciudad y el campo, que no siendo proletarias sufren la opresión del capital. Para es necesario estructurar el FUA, para efectivizar este liderazgo y potenciar la revolución obrera. Hay quienes, impresionados por los botoncitos de internet, han visto en la globalización el fin de la lucha nacional. Utilizando osadamente un lenguaje “marxiano” nos refieren que la lucha antiimperialista sería una cosa del pasado, que han muerto los estados nacionales y que habría que limitarse a pelear por la revolución social. Es más, que sería reaccionario plantear la defensa de la nación oprimida frente al imperialismo. Este planteamiento, típicamente pequeñoburgués, ignora la contradicción entre nación oprimida y nación opresora –desarrollada en las Tesis de Oriente de la III Internacional- y tiene como resultado ignorar los poderosos movimientos nacionales que atraviesan la lucha de clases mundial, privar al proletariado de disputar la conducción de estos movimientos. Es más, al sacarnos –esta concepción- de la lucha antiimperialista, terminan estos “izquierdistas” poniéndose del bando imperialista.
En el mismo sentido, la auténtica lucha por las libertades democráticas, debe ocupar el grueso de nuestros esfuerzos. Debemos ser capaces de desenmascarar a los democratistas entregados a la burguesía, y plantear con claridad que la auténtica democracia es la Dictadura del Proletariado, es decir de la mayoría explotada sobre la minoría explotadora. Un régimen sovietista, de concejos, de asambleas, es el único que puede asegurar la emancipación de explotados y oprimidos. Un Chile gobernado por concejos obreros, como lo que embrionariamente expresaran los cordones industriales, es la única salida a la profunda crisis social que corrompe nuestro país.
Consumar estos objetivos, requiere de las tres premisas que planteara Trotsky: el partido, el partido y el partido. La estructuración del programa proletario sólo puede encarnar en las masas y transformar la realidad que desentraña, en tanto se exprese organizativamente como partido político. Una organización de combate, para la acción directa; conspirativo, para enfrentar la represión implacable que descargarán sobre él los enemigos de clase; de militantes profesionales, auténticos cuadros revolucionarios que subordinen todos los aspectos de su vida a la lucha revolucionaria; centralista democrático, para absorber la experiencia de los militantes en la vigorosa lucha de ideas para volcarla transformadoramente sobre la realidad. En una palabra: un partido del nuevo tipo, leninista, bolchevique.
Este es nuestro llamado, por la unidad de los revolucionarios en torno a la estrategia del proletariado. Esta es la unidad que necesitamos para derrotar a Lagos y a la burguesía HOY. Esta unidad comienza en el partido, para desplegar la necesaria política revolucionaria que encarne la ira y el descontento de la mayoría explotada y humillada. Es este partido el que debemos construir para dar continuidad a la lucha que hace más de cien años comenzó en las pampas salitreras. Para vindicar la sangre de los caídos en la lucha por el Socialismo, los de Santa María de Iquique, los de Ranquil,  los de Pampa Irigoin, la sangre de millones de obreros y explotados que ha regado pampas y valles, desde Atacama hasta la Patagonia. Esa tradición de lucha irreductible de la que somos herederos y que es tributaria de la lucha de los obreros del mundo entero, nos permite decir: ¡PROLETARIOS NO HAY OTRO CAMINO QUE UNIRSE BAJO LA BANDERA DE LA IV INTERNACIONAL!
Valdivia, Febrero de 2001

 

 

LA LUCHA CONTRA LA DOMINACIÓN BURGUESA Y LA FALSA CONTRADICCIÓN ENTRE “DICTADURA” Y “DEMOCRACIA”:

Las elecciones presidenciales han sido presentadas por los medios de comunicación como un gran cambio en la escena política nacional. La enorme votación de la Derecha, es interpretada como un acontecimiento que trastorna la vieja estructura partidaria de los “tres tercios”. Eso al menos en las alegres cuentas de la Derecha, ya que la Concertación simplemente no ha dado explicación a este fenómeno, pero vemos que han aceptado esta tesis toda vez que la campaña electoral para la segunda vuelta, ha puesto a Lagos a hacer una idéntica campaña a la de Lavín.
            Sin embargo, las cosas no son tan simples como contabilizar votos y cambiar con este sólo hecho la realidad del país, aunque la burguesía sueñe con reducir toda la actividad de las masas a su calendario electoral.
            A esta misma ficción han cedido espacio el stalinismo (PC) y otros grupos de “izquierda”. El pasado 2 de Enero, en el Mercurio, el “generalísimo” de la campaña de la Gladys Marín, Tomás Moulian, señaló que las elecciones “reflejaron que el 96% del electorado apoya al régimen y a su modelo neoliberal, lo que plantea una tarea muy dura a la Izquierda”, más adelante responsabiliza al Gobierno del avance de la Derecha. La conclusión que sacan -como vemos en nota aparte- es un encubierto apoyo a Lagos.

 

la ficción de la “democracia” y la cuestión de su carácter de clase
            La realidad es algo mucho más vivo y complejo que un montón de encuestas y votos. La comprensión de los procesos sociales debe considerar estos elementos aludidos, pero en un lugar muy secundario, por cuanto lo fundamental es la determinación del desarrollo de la lucha de clases, de qué forma se traba ese enfrentamiento, cuáles son las perspectivas y -lo que es fundamental- cómo se arma políticamente a las masas para su pelea por la revolución. En esta lucha resulta fundamental el desenmascaramiento de la farsa democrática que vivimos y de su circo electoral.
            Nuestra tendencia internacional causa irritación en el revisionismo del marxismo, por levantar abierta y públicamente la Dictadura del Proletariado. Una de las explicaciones de esa irritación es hasta que punto el Imperialismo ha logrado escindir en la conciencia de las masas la forma del contenido, haciendo de la democracia un fin en sí mismo, para ocultar cual taparrabos, sus verdaderos objetivos, la preservación del orden burgués.
            Que haya elecciones, que funcione un parlamento, que se goce relativamente de libertades públicas, configura tan sólo una apariencia, una cobertura: la superestructura de la sociedad.
            Su verdadero contenido está dado por su estructura económica: cómo se produce, cuál es la relación que se establece entre los hombres para producir, qué clase es la dueña de los medios de producción. En el Chile de hoy los propietarios de las fábricas, minas y tierras son cada vez un puñado más reducido. Este proceso de concentración del capital se hizo a costa de la propiedad estatal burguesa privatizada, y de la quiebra y ruina de sectores burgueses más débiles. Pero se hizo fundamentalmente merced a una fenomenal transferencia de ingresos del movimiento obrero y asalariados en favor del gran capital.
            Hoy con Frei, mañana con Lagos (lo más probable) o Lavín, da lo mismo, la democracia burguesa ha sido la forma política para asegurar ese proceso de concentración capitalista y de expoliación de las masas.
            La cesantía creciente, la miseria salarial, la destrucción de la salud y educación públicas ( le llaman “modernización”), la falta más absoluta de perspectivas para la juventud, y la apuesta a la muerte de los jubilados como “solución” al problema previsional, representan, en apretado resumen, la ESENCIA de esta sociedad capitalista. Esta esencia determina el carácter de DICTADURA de la burguesía. Es que la capacidad de la clase dominante para imponer sus intereses de clase tiene su raíz en el dominio de los medios de producción que ejerce, lo que determina la alienación de la clase obrera y de una masa creciente de explotados, en la ciudad y el campo.
            La naturaleza dictatorial del Estado burgués no se desprende, por lo tanto, de la forma política que asuma, sino de su propio carácter de clase que impone violenta y cotidianamente al explotado, las propias condiciones de su explotación. ESTO ES DICTADURA Y NO DEMOCRACIA.
            Pero si la “democracia burguesa” encubre la dictadura del capitalismo, la dictadura del proletariado encarna al más democrático de los sistemas. También en este caso corresponde establecer la relación dialéctica entre forma y contenido. Corresponde demostrar por qué la esencia de la revolución proletaria (la expropiación por la violencia de las masas de los medios de producción, y la instauración de una planificación socialista de la economía), se aprecia en cada una de las manifestaciones formales del régimen político. Cuando esas manifestaciones formales se identifican cada vez más con las formas más abyectas de la dictadura del capitalismo, es señal inequívoca de que se asiste a la negación de la dictadura del proletariado, a la degeneración del Estado Obrero. Y por lo tanto, a la negación también de la esencia de la revolución proletaria (lograr la victoria del socialismo a escala mundial), aunque todavía subsistan conquistas de esa revolución, la colectivización de la economía, la planificación socialista, etc..
            Los puntos en común que tuvieron en la década del 30 fascismo y stalinismo no surgieron como resultado de una  mera identidad formal, con contenido diferente. Por el contrario, la equivalencia en las formas de reacción política e ideológica fueron resultado de una unidad de objetivos: exterminar a la vanguardia revolucionaria cabalgando sobre el cansancio y desmoralización de las masas obreras (Guerra imperialista, civil en Rusia, derrota de la revolución alemana el 23, etc.).
            Producto de su indigencia teórica al obviar la caracterización de clase de la actual democracia, los stalinistas, y la izquierda reformista y proburguesa en general, nos han acostumbrado en los últimos años a la idea de que los revolucionarios debemos dedicarnos a buscar la más amplia unidad para borrar los “enclaves pinochetistas o dictatoriales”. Precisamente hoy, en una conducta de demencial electoralismo, se disponen a prestar -directa o indirectamente- su apoyo a Lagos con la idea de que así se evitaría el “retroceso” que significaría la elección de Lavín, como si hubiera alguna diferencia entre ambos. Se busca contraponer las instituciones “pinochetistas” de aquellas que son “democráticas”, sin comprender que la institucionalidad burguesa en su conjunto -Lagos y Lavín parte de ella- se encuentra al servicio de la dominación de la burguesía sobre la sociedad como un todo.
            Y es así como, con mayor o menor consenso, con más o menos senadores designados, el régimen político instaurado en Chile a partir del 11 de Marzo de 1990 garantizó a la burguesía conquistas inapreciables, e impuso un retroceso histórico a las condiciones de vida de las masas. El discurso concertacionista de “democracia y reconciliación”, con la versión stalinista de “profundizar la democracia”, terminó exactamente  en su contrario: fue en el altar de la democracia burguesa donde se sacrificaron las reivindicaciones más elementales  de las masas, incluidas sus aspiraciones democráticas (cárcel a los genocidas, por ejemplo).
            La identidad de objetivos entre las distintas formas políticas de dominación del Estado Burgués, no niega que se produzcan roces y hasta duros enfrentamientos entre los representantes de ellas. Uno de los móviles de la detención de Pinochet en Londres, además de las décadas de lucha democrática de las masas europeas, fue precisamente el plan de desmantelamiento del pinochetismo en cuanto se constituyó en un estorbo para avanzar en el proceso de privatizaciones del Cobre, financista principal de las FFAA. No es primera vez que distinguidos agentes directos de los yanquis caen en desgracia luego de haber cumplido su cometido, como son los casos de Hussein y Noriega.
            El punto de vista revolucionario debe saber ver estas contradicciones. Ni hablar de las diferencias entre regímenes políticos, por ejemplo entre la dictadura pinochetista y el actual gobierno concertacionista. Pero no hacemos, como hacen los oportunistas, para embellecer a uno respecto de otro, sino para mejor demostrar su identidad de clase reaccionaria. Y esto para mejor combatir a la clase enemiga, para mejor luchar por su derrocamiento por la vía revolucionaria.

 

cómo opera la dictadura capitalista en “democracia”
            La democracia burguesa necesita, para cumplir con su función de instrumento de la clase dominante, de las siguientes herramientas:
1.- Mediatización del mandato popular.           Es decir, divorciar al “representante del pueblo”, del pueblo mismo, de modo que el voto que  lo eligió haya servido tan sólo como recurso transitorio de legitimación. La cultura popular ya ha acuñado hace mucho el “prometen, prometen y no cumplen” que expresa vivamente este problema.
            Esta mediatización -que es una verdadera alienación ideológica de la voluntad de clase-  es fundamental, ya que permite al “representante” negar toda posibilidad de democracia directa, del control del pueblo de su accionar. Del mismo modo, le permite a la clase dominante total impunidad para instrumentar todos los mecanismos de represión y corrupción  que requiera. El “representante del pueblo” queda así atrapado en una verdadera red de intereses, de clientelismo político. Más temprano que tarde, tal “ser social” puede más que cualquier convicción moral o ética, y el otrora honesto candidato deviene en un corrupto político burgués.
            Desde luego este mecanismo va minando las ilusiones de las masas en la democracia burguesa. Pero desde ahora debemos advertir que tal ruptura no se consumará acabadamente mientras no se opongan, cotidianamente, los métodos de la democracia obrera. Así como no se extraigan, mediante la acción política consciente del partido revolucionario, todas las conclusiones de este contraste entre la democracia obrera y burguesa, entre el político burgués y el proletario.
            Si se entiende la importancia erradicar estas prácticas de la conciencia de las masas, se comprenderá nuestra crítica a diversas iniciativas adoptadas en las organizaciones de trabajadores, tendientes a introducirles elementos de democracia burguesa. Tal es el caso del “Plebiscito” que convocó Cabrera en la CONFENATS para que las bases se “pronuncien” sobre las políticas gubernamentales en la Salud. Las bases no pueden ser maniobradas de esa forma pues lo que les compete no es responder las dudas existenciales de la burocracia, sino el debatir sus problemas y reivindicaciones para salir a luchar, no para llenar urnas ni listas de firmas.
2.- Otro aspecto en el que se manifiesta el carácter dictatorial de la democracia burguesa, es en la llamada “división de poderes” del Estado. Con ello se persigue en esencia preservar la continuidad de los intereses capitalistas, con relativa independencia de las inevitables crisis políticas y de los reclamos de las masas.
            Hace unos meses visitó nuestro país el Presidente de la Corte Suprema de los EE.UU.,  y entrevistado por medios de prensa señaló con total crudeza que la función de la institución judicial era la preservación de valores democráticos EN LOS CUALES NO ERA ADMISIBLE LA DEMOCRACIA, señalando que dentro de estas cuestiones se encontraban las libertades individuales, que, como sabemos, tienen como base la propiedad privada de los medios de producción. Innúmeros ejemplos de esta concepción podemos encontrar en el papel que jugó la administración pública y el “poder” Judicial en Chile, tanto para el Golpe del 73, como durante la dictadura pinochetista.
            Esta continuidad jurídica del Estado explica que sigamos pagando la deuda externa contraída durante la dictadura, se ampare a los genocidas y la justicia siga administrada por los mismos fascistas que “legalizaran” la represión en nuestro país.
            De esta forma, las necesidades de las masas no chocan con tal o cual gobierno, sino que con la institucionalidad  burguesa en su conjunto, que en su más amplio espectro se encuentra totalmente fuera del alcance del sufragio popular
3.- Los elementos anteriores, mediatización del ejercicio del poder y separación de poderes, descansan sobre una premisa política fundamental: que la burguesía en cuanto clase gobernante, digamos que “suelta la cuerda” dando lugar a retaceadas libertades, sólo cuando logra imponer una derrota a las masas y aspira a conservar por largo tiempo una determinada forma política de dominación. Los militares salen de la escena política chilena -del primer plano al menos- primero por la lucha de masas, pero luego porque la burguesía logró recrear las ilusiones de las masas en la democracia burguesa, en esto consiste la esencia de la llamada “transición”.
            La burguesía logró “convencer” a las masas -doblegando su lucha- de que hay lugar para la democracia bajo su dominación de clase.    En este sentido cobra especial relevancia toda forma de dominación ideológica, pero especialmente aquella que se realiza a través de los medios de comunicación de masas, que auxiliados por las encuestas, juegan un papel trascendental en la “formación” de la opinión pública. Esta opinión pública, que luego se expresa en los resultados electorales, es el mero reflejo de la manipulación ideológica de la burguesía y en ningún caso, como temerariamente señalara Moulian que el 96% del electorado apoya al neoliberalismo, como citamos más arriba.
            El carácter dictatorial de los medios de comunicación arranca, en nuestro país, de la hiperconcentración de la propiedad de los mismos en manos de dos grupos: Mercurio y Copesa. De esta forma la opinión pública es moldeada a partir del entrelazamiento de los grandes monopolios con los propios capitalistas de la comunicación. Este moldeo de la opinión pública en general coincide con la línea directriz del Gobierno de turno, pero es casi imprescindible que una parte no lo haga de manera que parezca como  opositora cuando no contestataria. Las denuncias de los medios -que al unísono ponen y sacan temas de las pantallas de televisión- y las escasísimas polémicas que animan la vida periodística nacional, configuran el papel de una válvula de escape para la indignación popular.
            Lo esencial del papel de los medios de comunicación es asegurar, mediante una abrumadora cantidad de información y una unilateral visión de las cosas, la reproducción de la ideología de la clase dominante metida todos los días en cada hogar. Ello se refleja -por ejemplo- en la inundación y uniformidad del lenguaje político criollo. Durante la última década, de términos propios de la sociología norteamericana se han transformado en una plaga; así, hoy día todos hablan de “temas”, “escenarios” y fundan sus asertos en las sacrosantas encuestas de opinión, de ahí que se haya generalizado hasta el ridículo la muletilla de apoyar cualquier idea en un porcentaje, aspirando por esta vía a darle una perfomance científica a cualquier estupidez.
            La libertad de prensa bajo un régimen burgués es en verdad libertad de mercado, para imponer mediante un bombardeo de información, una determinada concepción ideológica. Esto le da especial relevancia a la lucha por la expropiación y socialización de los medios de comunicación.

 

qué hacer ante las elecciones
            De partida debemos señalar que nuestra intervención en las elecciones se encuentra sujeta a una condición ineludible: la existencia o no de ilusiones de las masas en las mismas elecciones. En el caso chileno resulta indudable que estas ilusiones están vigentes, al punto que el 96% del electorado se define e inscribe dentro de las principales variables del régimen.
            Sin embargo resulta ineludible señalar que, producto de la propia crisis capitalista, de su incapacidad para responder a los reclamos de las masas, las ilusiones en la democracia comienzan a decaer. Es precisamente ese agotamiento el que a su turno condiciona que los explotados vean la necesidad de otro régimen, de otro sistema. Este proceso es imposible sin la existencia del partido revolucionario, capaz de generalizar en términos de programa la propia experiencia de los explotados. Expresiones de este agotamiento son el descreimiento en los partidos políticos, la baja inscripción en los registros electorales (el 90% de los menores de 25 años no está inscrito), etc..
            No obstante este agotamiento relativo de las ilusiones de las masas, éste no se expresa, mecánicamente, en acción directa y revolucionaria de las masas, sino en un rechazo sordo y pasivo de éstas a la acción política, conocida por los explotados como mentiras y estafas.
            Los revolucionarios debemos apoyarnos en esta tendencia al agotamiento de las ilusiones democráticas, pero no para hacer una apología de la democracia como hace el PC, sino para potenciar la necesidad de otra política, la revolucionaria basada no en las encuestas, sino que en el debate de asambleas, no en el voto, sino que en la acción revolucionaria de las masas.
            La intervención electoral en estas circunstancias debe tener por principal objetivo la propaganda del programa revolucionario, de su estrategia, cuestión que debe ligarse a la intervención en las luchas por las reivindicaciones elementales de los trabajadores. Nuestra intervención en las elecciones se centra en aprovechar los espacios de debate abierto para educar a las masas en nuestra estrategia. Esto es, explicar con claridad que el capitalismo conduce a la humanidad a la barbarie y que ésta sólo puede evitarse con la revolución proletaria.
            La Revolución sólo puede ser impuesta por la fuerza, por la revolución social, por la acción violenta  de millones de explotados que ejerzan su dictadura (dictadura del proletariado), sobre esa minoría burguesa que, cotidianamente, ejerce su violencia y opresión. El carácter violento de la revolución emerge de las propias leyes del desarrollo histórico, y por lo tanto, configura una utopía la pretensión de llegar al socialismo sin destruir violentamente a la burguesía, a su Estado, a sus instituciones. Esta tarea revolucionaria forma parte de nuestra estrategia.
            La exposición abierta y clara de la estrategia forma parte de la construcción del partido de la revolución proletaria. El programa, no puede construirse en secreto. Debe ser proclamado, explicado, a fin de penetrar en las masas con él. La idea de ocultar los fines estratégicos para “no asustar a las masas”, o para facilitar la infiltración y no ser golpeados por la represión, es una tontería para justificar la sumisión al orden burgués. Este tipo de razonamiento es típico de la pequeña burguesía, en todas sus variantes políticas y es presentado como la necesaria “renovación del discurso de la Izquierda”. Foquistas, democratizantes y sindicalistas, transmiten esta misma frecuencia de ideas.
            Es moneda corriente en la izquierda la idea de que, además de ocultarse la estrategia, se deben estructurar frentes de unidad para intervenir en las elecciones. Desde 1990 el PC y sus satélites han creado para estos fines el PAÍS, el MIDA, el Foro por la Democracia, y otras rarezas todas con clara vocación electoral. Así como se crean desaparecen, en estos días se ha anunciado para marzo uno nuevo llamado por un Frente Anti Neoliberal , sin que exista una explicación ni un balance de su creación. La idea es muy simple: sumar votos. Esta táctica ha transformado a sus gestores en la pata izquierda del régimen, en grises y anónimos impulsores de la política del todos contra el pinochetismo y sus resultados los vimos el 12 de Diciembre pasado: han trabajado todos estos años para la Concertación, su “fuerza” acumulada de votos se fue hacia Lagos, porque esta misma izquierda la educó en la falsa contradicción democracia o dictadura.
            En definitiva, han prostituido la táctica de Frente Único. Esta táctica  tiene por función agrupar a los explotados a partir de la lucha por sus reivindicaciones, de modo de presentar un bloque unitario contra la burguesía, y jugar un papel desenmascarador de los traidores dentro del movimiento obrero. Nada más lejano a lo planteado por los “izquierdistas” que hemos citado, justamente porque estos reformistas han transformado esta táctica en su propia estrategia, haciendo de las elecciones el único o principal sentido de su accionar político. De esta forma se desfigura el sentido propagandístico de la intervención electoral de un partido revolucionario, para pasar a conformar “Frentes de Izquierda” con una excluyente función electoral.
            Al respecto, uno de los aportes más brillantes de León Trotsky está constituido por el desarrollo de la táctica de frente único, en especial por referencia a la Alemania de la década del 30, en pleno ascenso del fascismo. Aún dentro de la Internacional Comunista y sus secciones, la Oposición de Izquierda liderada por Trotsky actuaba como fracción interna de los partidos comunistas. En este marco, y ante las elecciones burguesas en Alemania que desembocarían en la quema del Reichstag y el ascenso de Hitler al poder, Trotsky escribió lo siguiente:
“Pero precisamente, en el campo de la propaganda, el frente único es inadmisible. La propaganda debe apoyarse en principios claros, en un programa definido: marchar separadamente, combatir juntos. El bloque sólo es para acciones prácticas de masa. Los compromisos por arriba, sin base de principios, sólo conducen a la confusión. La idea de que se propusiera el candidato por el frente único obrero es una idea radicalmente errónea. Sólo puede proponerse un candidato sobre la base de un programa definido. El partido no tiene el derecho de negarse, en el curso de las elecciones, a la movilización de sus adherentes y al cómputo de sus propias fuerzas. La candidatura del partido, opuesta a todas las demás candidaturas, no puede impedir en ningún caso el acuerdo con las organizaciones para los objetivos inmediatos de la lucha.”

 

¿ y el 16 de Enero ?
            El sentido de lo expuesto en esta nota es precisamente delimitar la política revolucionaria de aquella que se somete a la burguesía en su intervención en las elecciones. Está claro que la democracia burguesa no es más que una mascarada que encubre la dictadura del gran capital sobre el conjunto de la sociedad; que la propia concepción de “participación” burguesa sólo persigue el sometimiento ideológico -consecuencialmente- de la mayoría nacional; que, finalmente, la intervención de los revolucionarios en las elecciones burguesas persigue principalmente propagandear el programa revolucionario, cuestión que comienza por la denuncia del carácter fraudulento de las elecciones.
            Queda pendiente entonces, qué hacemos el próximo 16 de Enero. Obviamente llamamos a anular el voto y a estampar en él los reclamos de los más diversos sectores. La campaña en torno a esta cuestión -por más que el devorador calor veraniego adormezca a más de alguno- es fundamental para proyectar con claridad la necesidad de los obreros, estudiantes, campesinos, asalariados y explotados en general, que esta segunda vuelta es un fraude antidemocrático que pretende forzar la adscripción del electorado a las alternativas que ofrece el régimen. Lo que se persigue con este procedimiento es única y exclusivamente consolidar la idea de que toda actividad política debe seguir rigurosamente el libreto imperialista.
            Ambas candidaturas representan exactamente lo mismo, no hay mal menor. Ambos candidatos son enemigos declarados del pueblo y confesos sirvientes del imperialismo. Para parar a la Derecha es inútil votar por Lagos pues él también es de Derecha. Para parar a la Derecha realmente es necesario poner en pie a los explotados, señalarles con claridad meridiana que el camino de la resolución de sus reclamos diarios es la senda de su emancipación como clase, es el camino de la Revolución. Que de nada sirve votar a ningún candidato patronal y que es en la acción directa y no en la urna burguesa donde comenzará a encontrar respuesta a sus reclamos, como invariable e históricamente los trabajadores han obtenido todas sus conquistas y derechos. Que es imprescindible el agrupamiento de la vanguardia que se reclama de la revolución y del socialismo, que ha sonado la campana y ha llegado la hora de los explotados, que se debe luchar por poner en pie la dirección política de los explotados en lucha, el Partido Obrero Revolucionario.

 

Valdivia, 20 de Diciembre de 1999

 

CHILE POR UN PRECIPICIO ¿O ES QUE NADA PUEDE CAER DEL SUELO?

Nuestro programa partidario, votado en Febrero de 1998, precisa con  claridad algo que es patrimonio del marxismo revolucionario contemporáneo: la burguesía criolla incapaz de desarrollar las tareas propias de las revoluciones burguesas, no tiene otro camino -para sobrevivir en el actual concierto mundial- que ponerse de rodillas ante el imperialismo. Es decir, el capitalismo chileno, sólo puede seguir el curso de la economía mundial: la fase imperialista de descomposición. No hay posibilidad alguna de desarrollo integral sobre bases capitalistas y en consecuencia, el remedo de democracia que episódicamente es capaz de ofrecer, no hará más que encubrir la dictadura del gran capital sobre la mayoría nacional.
            Esta definición general, y como tal válida en lo general, sin embargo requiere su desarrollo político coyuntural para que no se transforme en letra muerta. Es necesario hacer las precisiones que permitan a esta conquista programática transformarse en un instrumento para la militancia diaria. Quizás, hemos pecado de abstraccionismo y no hemos sido capaces como colectivo de sacar todas las conclusiones que esta definición nos obliga a sacar. Para ser más exactos, para sacar las conclusiones que la realidad nos obliga a sacar.
            Hacemos este alcance, precisamente, porque creemos que la situación política nacional (consecuencia de nuestro deficiente trabajo partidario este año) no ha merecido el conveniente análisis militante que la realidad nos demandaba. Hemos caído un poco, en el facilismo de las grandes definiciones, con la equivocada idea de que el programa puede sobrevivir como texto, siendo por el contrario escencialmente una guía para la acción. Esta desviación que nos autocriticamos en general ha tenido especial significación en el análisis de la situación chilena. Una visión generalista sobre el punto nos ha conducido a planteamientos unilaterales. Por ello en esta nota trataremos de abordar la cuestiones más distintivas del momento político de forma de encuadrarlas en nuestro Programa, nuestra teoría de la revolución proletaria en Chile.

 

LA CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL EN CHILE

            Los últimos años hemos asistido al agotamiento del patrón de acumulación capitalista en nuestro país, que tuvo sus más altas expresiones en la conformación de tres o cuatro grandes grupos económicos (Luksic, Matte, Yuraszek y Angelini) que llegaron a concentrar más del 40% del PIB. Sin embargo, desde comienzos de los 90  el factor más dinámico del proceso de acumulación estuvo marcado por la masiva afluencia de capitales que llegaban a lucrar con el estabilizado modelo pinochetista. Esta cuestión no ha sido analizada en toda su profundidad y su caracterización es fundamental para precisar los rasgos que asume la opresión imperialista en Chile, a partir de la relación de la metrópoli con la burguesía criolla.
            Recientemente, ya de forma grosera, capitales principalmente españoles y norteamericanos han entrado a tomar el control de las principales Administradoras de Fondos de Pensiones y de los Bancos Privados de mayor capital. Es lo que ha ocurrido con la AFP Santa María y Provida, a manos de grupos españoles; el holding ENDESA España se ha apoderado de su homónima nacional, como de ENERSIS; lo mismo ha ocurrido con la sanitaria EMOS, también en manos españolas. Sólo este año los españoles han traído al país 5.000 mil millones de dólares, lo que constituye cerca del 60% de la inversión extranjera en Chile en el curso de este año.
            Esta masiva llegada de capitales transnacionales a Chile ha sido presentada como “globalización”. Bam Bam Zamorano sale todos los días en TV explicándonos que el cambio de “CTC” por “Telefónica” es sinónimo de integración con el mundo, esto sería algo tan radical como el derrumbe de la cordillera de Los Andes. La realidad es muy distinta y es muy fácil de observar: cada dólar que llega a nuestra economía semicolonial no viene sino a acentuar la opresión imperialista, ese dólar no sólo se devolverá multiplicado (por algo es inversión), sino que además será expropiado a los trabajadores chilenos mediante la explotación de su fuerza de trabajo.
            Los resultados están a la vista: mientras nuestro país pareciera ser indundado por un torrente de dólares su efecto se deja sentir sobre las espaldas de los trabajadores: las más altas tasas de cesantía desde la crisis del 81, alcanzando sólo según las cifras oficiales a un 10,5%, cifra que no considera el extenso subempleo, por lo que la mano de obra excedentaria, crónica, dura, alcanza fácilmente al tercio de la fuerza de trabajo.
            Es más, las masivas quiebras en el sector industrial que es el más golpeado por la cesantía, forman parte de un proceso irreversible de concentración de capital y de reemplazo de bienes de capital por otros más tecnificados (principalmente informática microelectrónica), cuestión que de conjunto no hace más que reducir aún más la fuerza de trabajo aplicada al proceso productivo. Esta es una tendencia mundial, el caso más notable de todos, en 1997, fue el de la empresa japonesa Fanuc, donde la misma manufactura de robots se ha robotizado. En una de sus plantas, totalmente automatizada, 70 trabajadores y 130 robots producen 18 mil motores al mes. La planta costó 32 millones de dólares que es aproximadamente un décimo de lo que habría costado una fábrica convencional, y requiere sólo un décimo del número de trabajadores.
            Este fenómeno, ha sido la base material que ha permitido al capital avanzar sobre los obreros en todo el mundo mediante la imposición de políticas de “flexibilización” o precarización del empleo. Por lo mismo, en las economías metropolitanas se ha hecho necesaria de un modo creciente la intervención del Estado en orden favorecer la creación de empleo improductivo igualmente precarizado (mucho del cual se engloba bajo el eufemismo de “servicios”), como herramienta para garantizar el ciclo reproductivo del capital, subsidiando la demanda con estas medidas. En la actualidad este Estado de “bienestar” keynesiano es el que hace aguas de forma incontenible.
            En nuestro país, como en toda economía capitalista atrasada y semicolonial, esta ofensiva patronal se expresa de la manera más brutal ya que el régimen carece de los más elementales recursos para salvar su propia economía, toda vez que la burguesía criolla no es sino un dócil instrumento del capital transnacional imperialista. De hecho el efecto económico más relevante de esta marea de capital imperialista que ha llegado , ha significado que grupos económicos -como el Yuraszeck-  simplemente hayan desaparecido y que muchos de los audaces ejecutivos de comienzos de década si no están cesantes, han pasado a ocupar papeles subordinados en la administración de empresas que han sido enajenadas a capitales extranjeros. Esta última cuestión ha sido analizada ampliamente, incluso desde una óptica psicológica, por los principales medios de comunicación del régimen.
            En definitiva, la recesión económica que arrecia sobre nuestro país ha demostrado cuestiones trascendentales:
1.- Que la crisis económica mundial, expresada en nuestro país, sólo puede profundizarse en términos de atacar la condición de vida de las masas, tendencia que no es posible revertir dentro de los marcos del régimen capitalista. La burguesía será incapaz de recrear los 300.000 empleos perdidos principalmente en el área industrial durante este año, y todos los “paliativos” apuntan exclusivamente a minar la capacidad de resistencia de las masas frente a estas medidas. La ciudad de Lota es la expresión más viva de esto. Respecto de la masa empleada, ésta subsistirá a condición de extremar aún más la tasa de explotación. Nuestro país encabeza la lista MUNDIAL de países en los que más tiempo se trabaja, superando inclusive a Corea y Japón, los resultados son igualmente elocuentes: Chile exhibe la segunda más alta tasa de suicidios y de maltrato infantil, y la tercera más alta de depresión (la OMS indica que se estima que un tercio de la población sufre de este mal).
2.- Que la concentración de capital y su extranjerización acarrea la concentración y endurecimiento del régimen en lo político. De un modo especial esto contribuye a fortalecer el sometimiento de la burguesía criolla al imperialismo, cuestión que de conjunto redunda en un incremento creciente de la opresión imperialista sobre nuestra nación. La patética impotencia del Régimen frente a la detención de Pinochet en Londres y la “pinochetización” del Gobierno; la fascistización de la formas de represión (sólo este año se ha encarcelado a 12 nuevos presos políticos) que ha merecido una nueva condena por parte de Amnesty Internacional, son un resumen de este fenómeno.
3.- Que la crisis interburguesa abierta con la recesión del 81 y que se expresó con la polarización entre la burguesía tradicional y los grupos económicos –fenómeno que acarreó inclusive el debilitamiento de la Dictadura pinochetista- ha terminado definiéndose ya de un modo más o menos definitivo a favor de los grandes oligopolios y de las transnacionales. Esto, lejos de darle estabilidad al régimen, lo transforma en una bomba de tiempo, toda vez que se hará más agudo el enfrentamiento entre el imperialismo y la nación oprimida.

 

LAS ELECCIONES, PINOCHET Y LA SOLTADA DE TRENZAS DEL RÉGIMEN

            Dos días después de la detención de Pinochet, el pasado 16 de Octubre de 1998, señalamos que era necesario impulsar el castigo al Genocida solidarizando con el Paro Nacional del Magisterio que llevaba casi tres semanas de enfrentamiento con el gobierno. En ese momento apuntamos que la detención debía ser tomada como un punto de apoyo para las luchas en curso y que la caída del Dictador importaría necesariamente un debilitamiento del Régimen, por ser este anciano sanguinario uno de los pilares políticos del modelo.
Igualmente señalamos que invariablemente Pinochet sería liberado, basándonos en que había sido apresado por la Justicia británica y española, igualmente genocidas. En esta última cuestión, la falta de una adecuada caracterización de la situación política europea –y especialmente inglesa- nos jugó una mala pasada: no vimos con toda claridad el peso de la lucha democrática al otro lado del Atlántico.  Nos limitamos a formular un pronóstico alternativo basado en el peso que pudiese tener la lucha de masas para mantener a Pinochet detenido, hecho que caracterizamos en todo caso como un triunfo de la lucha de masas.
Nuestro error fue subestimar este último elemento a la hora de lograr que el genocida siguiese detenido. Hecha esta salvedad, nuestra concepción del problema demostró a líneas gruesas entera corrección: la crisis abierta en el Régimen producto de la detención de Pinochet no puede ser cerrada y consiste precisamente en que el “antipinochetismo” (nombre que asignamos a las ilusiones en la democracia burguesa en el Chile de hoy) ha sufrido un duro golpe. El Gobierno concertacionista ha debido demostrar a las claras su compromiso “carnal” con Pinochet, precisamente porque es un Gobierno de genocidas, que se asientan, se paran sobre el genocidio.
En este contexto, la formación de la llamada “Mesa de Diálogo” entre abogados de DDHH y las FFAA, constituye un paso –cuya efectividad aún está por verse- decisivo para establecer las bases de una ley de Punto Final a cambio de la entrega de información y de algunos agentes represivos ultraexpuestos (ex agentes de seguridad, oficiales directamente implicados en tareas operativas). Como certeramente la han definido las organizaciones de DDHH, la Mesa es “la pista de aterrizaje para la llegada de Pinochet”.
Esta cuestión ha incidido poderosamente sobre la campaña presidencial en curso, ya que la extrema derechización de la política gubernamental ha presionado a los candidatos para que se solidaricen con un línea tan antipopular –y políticamente tan inútil- como es la defensa del Genocida. Los principales candidatos con opción electoral, Lagos y Lavín, se han solidarizado con la política de Frei respecto de Pinochet que no es otra cosa que la línea de la burguesía criolla. Esta cuestión, como la falta de opciones que representan los candidatos en la pista de carrera, hace de la campaña electoral una mera repetición de las anteriores elecciones. Las masas irán a participar de las elecciones como simple reflejo de su ilusión en el sistema, pero sin que realmente crean que de esta elección pueda resultar un cambio en su situación actual. Hay ilusiones en el capitalismo, como simple expresión de la falta de una alternativa de tipo revolucionaria, e inclusive como resultado de la simple falta de verdadera oposición al Gobierno concertacionista.
Frente a este marco las demás candidaturas, la del fascista Frei Bolívar, que es un reedición de las candidaturas nostálgicas de los milicos; la de Hirsch, que apuesta a una polémica más agresiva en la cuestión de las libertades democráticas; la de Sara Larraín, que pretende nuclear a ONGs y reflotar una plataforma que permita sobrevivir a los proyectos ambientalistas; y la de Gladys Marín, que es la última versión del largo ruego de los comunistas por ocupar un espacio en el régimen; realmente, y así lo percibe la amplia masa, no representan siquiera una seria oposición al Gobierno. De ahí que su incidencia sea mínima en términos electorales y nula en términos del desarrollo de la lucha de clases.
Sin embargo, el rasgo más distintivo y elocuente de la actual conducta del Régimen lo representa su endurecimiento en términos de represión. La infame campaña en contra de los “encapuchados”, la militarización de la zona de Arauco-Malleco y la persecusión de activistas y dirigentes sindicales, marcan una tendencia que no se había observado en nuestro país en los últimos diez años. El Gobierno, incapaz de neutralizar los movimientos, se ve obligado a reprimir con dureza con la finalidad de impedir que estos conflictos se expandan, pero reprime de forma especialmente escandalosa porque crecientemente necesita del terror para paralizar a la vanguardia y desarticularla, de ahí la amplia cobertura que hacen los medios de comunicación de hechos que antes simplemente eran ignorados.
Esto, de todos modos, tiene muy poca viabilidad ya que es inconsistente con la vigencia de un Régimen que al menos formalmente trata de aparecer como democrático. Por otro lado, en la totalidad de los casos en que el Gobierno ha debido recurrir a estos métodos, ello ha sido empujado por la ausencia de un aparato burocrático ligado a los partidos del Régimen (Derecha, Concertación o  PC). Efectivamente, tanto en el movimiento mapuche, como en algunas universidades y en franjas de activistas sindicales, la presencia oficialista-PC es  virtualmente nula. Por ello sostenemos que de conjunto el Régimen aparece adoptando rasgos fascistas una vez que ha debido, como decíamos más arriba, necesariamente soltarse las trenzas.

 

EL PAPELÓN DEL PC Y LA CRISIS DE LA IZQUIERDA ¿QUÉ DEBEMOS HACER LOS REVOLUCIONARIOS?
            El principal obstáculo que enfrentan las masas para desplegar todo su poder en el enfrentamiento al Gobierno concertacionista y a sus planes pro-imperialistas y antiobreros, lo constituye la ausencia de una dirección revolucionaria. Tal afirmación, que es uno de nuestros pilares programáticos, adquiere en nuestros días una vigencia dramática.
            Hemos visto como uno a uno movimientos de gran magnitud en nuestro país ha perecido ante el más absoluto aislamiento, cuestión que pone en evidencia la obsolescencia de las direcciones de la izquierda, encaramadas en las principales organizaciones obreras y estudiantiles del movimiento de masas.
            Este proceso se viene verificando durante el transcurso de esta década caracterizada por la falta de referentes que agrupen a la vanguardia. Resultado de esta inorganicidad es que pasados los movimientos no subsisten organizaciones capaces de aquilatar la experiencia adquirida, lo que redunda en que una nueva ofensiva de las masas las encuentra sin el más mínimo referente aglutinador.
            Un caso especialmente ilustrativo es el del “encapuchado” Guillermo Schultz de la Universidad ARCIS, detenido y pasado a Fiscalía Militar como autor del lanzamiento de una bomba molotov a un carabinero que resultó por esto con el rostro quemado; este estudiante, luego de haber sido detenido, incomunicado y procesado como autor del delito de maltrato de obra, es –en fallo dividido- absuelto y desprocesado; en esta circunstancia, al salir de la Cárcel luego de un mes- Schultz sale diciendo que irá a pedir disculpas al Carabinero herido, que nada tenía que ver con la manifestación y que la Universidad ARCIS debía extremar medidas de control para impedir el acceso de agitadores a la institución.
            ¿Cómo podemos entender esta conducta, por lo demás tan común en estos presos políticos del “nuevo” tipo?. La respuesta no la podemos restringir ni limitar a especiales características de tal o cual. Ella debe ser buscada en las características de la vanguardia y en su entorno. Al ser detenido Schultz, como le ocurre a la generalidad de los encarcelados por el Gobierno, el aislamiento organizativo y político es total: los partidos (ni siquiera el PC) no los consideran presos políticos y nada hacen por ellos; sus propios compañeros, de débiles organismos sindicales o “colectivos” estudiantiles, tienden a retroceder y no tienen una concepción política mayor que les permita enfrentar la represión precisamente porque se trata de organizaciones meramente reivindicativas o “temáticas”; los propios presos, carecen de formación política, de una ideología o programa que les permita enfrentar la represión. Por eso la actitud de Schultz, defensiva, de negar su participación en los hechos y a ratos policíaca, es la viva representación de la ausencia de un programa revolucionario enraizado partidariamente en la vanguardia.
            Este fenómeno de despolitización ha permitido a la burguesía seguir adelante en su ofensiva contra las masas. Ante la comprobada bancarrota de los partidos de la izquierda stalinista o socialdemócrata, se hace imprescindible la estructuración del Partido Obrero Revolucionario, el retraso en su estructuración no hará sino profundizar el retroceso político y la descomposición social a la que ésta conduce. El PC que oficia de “Mi Pie Izquierdo” del modelo, que se presenta como “la alternativa de cambio”, los “antineoliberales” y otras joyitas políticas, es el principal responsable de este proceso. Ellos han terminado aislando a la vanguardia, llevándola al despeñadero, en los 70 con la política frentepopulista con la que criminalmente condujeron a la masacre en la que desmbocó la UP, en los 80 con la banderita foquista del FPMR, en los 90 con el electoralismo democratizante más embrutecedor.
            Con la candidatura de Gladys Marín, siguen en este último camino. Así como en Febrero del 98 –con el entusiasmo de las parlamentarias- lanzaron su burguesa “Plataforma Democrática de la Izquierda”, hoy día reflotan estas concepciones en el Programa de Gobierno de su candidatura. En este Programa, luego de algunas vagas definiciones izquierdistas en materia de DDHH (piden la anulación de la Amnistía y el juicio y castigo a los asesinos, pero no dicen qué tribunales aplicaran estas medidas), Salud y Eduación (No hablan ni de Educación ni Salud Gratuitas), se nos vuelven a presentar como descarados pro-imperialistas: plantean el desarrollo de una nueva fase de industrialización (exactamente el mismo planteamiento de la SOFOFA) con participación del Estado y particulares. Para ello no plantean ninguna tarea antiimperialista, ni de la más elemental de las defensas arancelarias, de hecho descaradamente declaran que están por una misteriosa “nueva forma de insertarse en la globalización”. Su postura es tan rastrera, que en una entrevista registrada en la página web de “La Tercera”, Gladys Marín dice que en un Gobierno del PC “los inversionistas extranjeros nada deberían temer pues lo que su gobierno buscaría es una relación armónica de ellos con los intereses nacionales”.
            El verdadero objetivo de este “Programa”, es la incorporación del PC a la institucionalidad burguesa. Para ello proponen un Plebiscito que convoque a una Asamblea Constituyente que, textual, “termine con los Senadores Designados, Consejo de Seguridad Nacional, el sistema binominal y promueva la regionalización”. Esto es exactamente, calcado el Programa de la Concertación, con la sola diferencia de que para viabilizarlo proponen la realización de un plebiscito. En definitiva, se trata de un Programa democratizante, hecho a la medida de los intereses de la burguesía y el imperialismo con el cual se pretende recrear ilusiones en el putrefacto orden capitalista. Esta es la raíz política de la debilidad del movimiento de masas, quienes se presentan como izquierdistas no son más que impostores al servicio del gran capital.
Valdivia, junio de 1999

 

TRIBUNAL POPULAR INTERNACIONAL PARA CASTIGAR A PINOCHET SÓLO LOS EXPLOTADOS CONDENAN A SUS VERDUGOS.

Las últimas dos semanas han constituido una verdadera prueba para todos los sectores, tendencias y corrientes políticas. Efectivamente, el país se ha polarizado, han emergido las verdaderas posturas de algunos, otros han guardado un hermetismo “bastante parecido a la estupidez”, y en el centro de todo una vez más Pinochet. Su imprevista y sorpresiva detención en Londres ha puesto de manifiesto la verdadera cara del régimen.
            Un hecho como la detención del Dictador, de profundas raíces en la política chilena, y mundial, nos entrega en una primera lectura algunas cuestiones fundamentales:
1.- Que Chile es una semicolonia, cuya burguesía es enteramente impotente para desarrollar una política antiimperialista, así sea le toquen a la “madre”;
2.- Que Pinochet sigue siendo el único dirigente indiscutido de la burguesía criolla, y que su Dictadura se prolonga hasta nuestros días, bajo un manto civil que emerge exclusivamente de las elecciones. Por lo mismo, la derecha, la Concertación y el PC, desde distintas perspectivas se ubican hoy día en la extrema derecha de la política mundial, el pinochetismo es la piel de la burguesía chilena, así como para la burguesía israelita lo es el sionismo;
3.- Que la resolución de un reclamo democrático elemental, tan primario como el castigo a los genocidas, no puede ser resuelto en el marco de dominación burguesa. Las decadentes democracias imperialistas, y su podrido “Derecho Internacional Público” no escapan a esta caracterización, lo que se probará con la segura liberación de Pinochet.
4.- Que pese al alza de la lucha de los explotados en las metrópolis y en las semicolonias, cuestión que explica la detención de Pinochet, y plantea la formación de un Tribunal Popular Internacional, no emerge una nítida dirección política internacional que permita canalizar la lucha como acción directa internacionalista, como lucha revolucionaria.

 

POR QUÉ ES DETENIDO EN LONDRES

            La noche del 16 de Octubre, el embajador chileno en Gran Bretaña, Mario Artaza, había convenido con la comitiva de Pinochet que éste abandonara Inglaterra a la brevedad el próximo martes 20. Esta medida se tomó por cuanto se pensaba que las diligencias seguidas por el juez Garzón en España, podrían repercutir en la regularidad de la gira que realizaba el senador vitalicio y que tenía entre otros objetivos interceder en negociaciones gubernamentales vinculadas a la compra de armamento, industria en la que Pinochet es un gran inversionista. Una señal, que enturbiaba la tradicional hospitalidad con que Pinochet es recibido por los gobiernos de casi todo el mundo, la dio la Cancillería francesa que se negó a visar su pasaporte.
            Para el Gobierno esta gira era muy importante, al punto que se le designó en forma casi clandestina como “embajador plenipotenciario en misión especial”, categoría que perseguía exclusivamente garantizar la “impunidad” diplomática del genocida confiriéndole las prerrogativas de Jefe de Estado. Es necesario subrayar en este punto, que tanto Aylwin como Frei, en reiteradas y diversas oportunidades tomaron estos resguardos que permitían al genocida gozar internacionalmente del mismo trato que recibe en Chile. Con el amparo de la Concertación, Pinochet ha recorrido el mundo en muchas oportunidades utilizando documentación adulterada, registrándose bajo nombres supuestos (en Holanda fue sorprendido como el “Sr. Escudero”) y rodeado de un aparato de seguridad que pasea ametralladoras y explosivos por donde quiera, todo ello por supuesto costeado por el erario nacional.
            Si Pinochet estaba en Inglaterra y se disponía a otra de sus giras, lo hacía no sólo con el beneplácito sino que con la complicidad de la Concertación. Esto no es ninguna novedad, ya que es el simple reflejo de lo que ocurre en el país: la Concertación se limita a seguir el derrotero señalado por la Dictadura Militar.
            Por eso, cuando Scotland Yard irrumpe en la ya mítica “London Clinic”, desarma y detiene a sus guardaespaldas, acordona el edificio e incomunica a Pinochet por dos horas, el sudor helado no se apodera del decrépito asesino (que a su idiotez tradicional sumaba el embotamiento post operatorio) sino que principalmente del Gobierno concertacionista, el que construyó su imagen durante años de “defensor de los DDHH”, “antipinochetista”, “democrático”, “de plena inserción internacional”. La Concertación, la del arcoiris, la que sirve de modelo de estabilidad, la alianza ejemplar, el “non plus ultra” de la tolerancia, debió ante estos hechos a salir a defender a su aliado y lo hizo con el destemple y virulencia común en los tránsfugas: señalaron que estaba en juego la soberanía del país y que no permitirían bajo ningún respecto que se enjuiciara a un genocida que es su principal sostén político, que es quien en definitiva cohesiona a la burguesía chilena.
            La imagen del Canciller José Miguel Inzulza vociferando desesperado en defensa del General que lo torturó, encarceló y exilió, no es sino la patética caricatura de la maniobra gubernamental orientada al salvataje no sólo físico, sino que principalmente político que se hizo de la figura de Pinochet. El Gobierno puso a Pinochet como la encarnación de la soberanía nacional, haciendo de su defensa un asunto de principios, “de Estado” como gustan decir los voceros del pinochetismo. Los fascistas de la UDI y RN captaron esto rápidamente y ocuparon un inmejorable lugar explotando demagógicamente el antiimperialismo. Los huevos en la Embajada Británica, la supresión de los estacionamientos de la Embajada Española, y otras manifestaciones “contra el colonialismo”, son expresión de esta formidable campaña que durante la primera semana paralizó por completo a los partidos de gobierno.
            Esta idea de hacer de la liberación de Pinochet un problema de respeto a la soberanía nacional, constituye una impostura, una falsificación. La bandera antiimperialista es demasiado grande -aún para jugar con ella- para quienes han hecho de la defensa de los intereses del capital transnacional una cuestión de principios. El propio pinochetismo, que emergió autoevidente como LA política de los partidos del régimen, es esencialmente eso: la sumisión de los intereses nacionales en beneficio del imperialismo. Clara demostración de ello es que a pesar de las bravatas nacionalistas, ni el gobierno, ni los fascistas fueron capaces de promover una auténtica medida antiimperialista en contra de los intereses españoles y británicos presentes en Chile.
            Mientras gobiernistas y pinochetistas simulaban una postura antiimperialista, aprobaban un presupuesto ajustado a las necesidades del capital transnacional, reprimían al magisterio que luchaba en contra de la reforma educativa imperialista, a los miles portuarios despedidos en el proceso de privatización de los puertos, a los mineros del carbón cesantes para beneficio de compañías británicas. El “antiimperialismo” de estos connotados agentes del capital imperialista, no pasa de ser una mueca impotente, porque en la práctica siguieron -aún en los momentos más graves de la crisis de Pinochet- defendiendo la “economía abierta”, los tratados de sumisión militar, económica y política al imperialismo. Cuestiones elementales como la ruptura de relaciones diplomáticas con España e Inglaterra y la expropiación de sus capitales en Chile ni siquiera fueron insinuados, por ninguno de los histéricos huerfanitos de Pinochet, ni Piñera ni Lavín, ni Zaldívar, ni mucho menos Lagos.
            La burguesía chilena, no por un problema racial o religioso, sino que por un problema estructural que arranca de la formación capitalista chilena, del papel del Estado, de su ubicación en la división internacional del trabajo, es incapaz de realizar la más mínima tarea antiimperialista. Esta realidad pone en evidencia la absoluta subordinación de los partidos -desde la UDI al PC- al proyecto e intereses imperialistas. Ello es expresión de la sumisión de la burguesía chilena al gran capital, que se desprende del carácter atrasado y semicolonial de nuestra formación social y al mismo tiempo de su papel de semicolonia.
            El alegato antiimperialista, que tan mal queda a los sirvientes del imperio, sólo fue esgrimido con la intención de movilizar a sectores de masas en la defensa de un objetivo reaccionario: la liberación de Pinochet en Inglaterra, la impunidad del genocida para garantizar la estabilidad del régimen chileno.
            Algunos, quizás desde las filas de la propia izquierda, podrían caer en la tentación de comparar el apresamiento de Pinochet con el de Noriega el 89. Sin embargo, debemos señalar que las diferencias son abismales: Chile no ha sido invadido por un ejército metropolitano, ni ha sido secuestrado su Presidente por el mismo; como en el caso de Noriega, que hoy día purga crímenes por narcotráfico en una cárcel de Miami. El apresamiento de Noriega, además de expresar la política invasora y genocida del imperialismo, manifestaba la necesidad de los yanquis de oprimir a las masas caribeñas. Muy por el contrario, Pinochet ha sido detenido en territorio británico, fuera de la jurisdicción chilena, por lo que no cabe alegar violación a la soberanía nacional; si bien es cierto la detención fue por orden de la justicia española, es fruto a su vez del accionar multitudinario de activistas y organizaciones defensoras de los DDHH, que forman parte de un movimiento aún mayor de luchas que sacuden de cabo a rabo el orden “democrático” de las decadentes potencias europeas.
            Mientras el apresamiento de un asesino como Noriega a manos de un ejército invasor constituye una agresión imperialista, la mera detención en el exterior de un genocida como Pinochet constituye un pequeño pero significativo triunfo de las masas del mundo entero que se encaminan a castigar a sus verdugos.

 

¿QUIÉN ES EN REALIDAD PINOCHET?
            A no pocos, en Chile y el exterior, podría resultar sorprendente la actitud asumida por el Gobierno de Frei, el que sustenta su prestigio ante las masas por encabezar una alianza que ha hecho del antipinochetismo, de su democratismo, su principal capital político. El Gobierno actual es lo que fuera la “Oposición” a la Dictadura Militar. Aún en el marco de la transición, (recordemos el acto de asunción de Aylwin en el Estadio Nacional, en el que se “purificó” el recinto con una liturgia ecuménica en defensa de los DDHH), la Concertación se presentó como la redentora de la libertad, la justicia, la tolerancia, la democracia, etc..
            En este marco la cuestión del genocidio quedó como un reclamo moral, vigente cuya resolución era imposible habida cuenta de la Ley de Amnistía cuya vigencia se consideró esencial para viabilizar el traspaso del mando militar al civil opositor. En esta época se acuñó la expresión pusilánime de Aylwin, de “hacer justicia en la medida de lo posible”. Este elemento es clave, y distingue por ejemplo a la transición chilena de la paraguaya que fue de militares a civiles stroessneristas; o de la argentina en la que los civiles opositores no establecieron claramente amnistía a los genocidas el 83, la que finalmente hubo de establecer Menem con su Punto Final y la liberación de Videla y Cía.
            La Ley de Amnistía del 79, marca y funda el proceso de institucionalización de la Dictadura que hasta ese momento era comandada, en forma un tanto invertebrada, por una Junta Militar. Esta Ley establece la impunidad para los crímenes perpetrados por los golpistas y marca una tendencia al orden y a la resolución de la crisis interna de la burguesía chilena que sumó al Golpe del 73, la violenta conmoción -a partir del 74- de la llamada crisis del petróleo.
            EE.UU. bajo la administración demócrata de Carter, observando el descontrol internacional que comenzó a generar Pinochet y la DINA, con su operación Cóndor (Coordinación de las policías políticas del Cono Sur) y con los atentados a Prats, Letelier y Leighton, impuso a Pinochet un boycot internacional que tuvo como mayor exponente la Enmienda Kennedy, que cortó el suministro de armas a la Dictadura chilena. Estas presiones, que eran expresión de la repulsa internacional que generaban los crímenes de los militares en contra de la vanguardia obrera y de izquierda en nuestro país, tuvieron como resultado la disolución de la DINA, la dictación de la Amnistía (que exceptuaba de su aplicación expresamente a los crímenes cometidos fuera de Chile, como el caso Letelier) y la llegada del equipo económico de Friedman, los lúgubres “Chicago Boys”.
            En este momento el régimen chileno se encontraba extraordinariamente aislado, aislamiento que buscaba romperse precisamente con la institucionalización, lo que ocasionó un nuevo quiebre en la burguesía. La marginación definitiva de los democristianos del gobierno dio lugar a un viraje muy violento, al punto que connotados funcionarios de la propia Dictadura -como el actual precandidato Zaldívar, en ese entonces Vicepresidente de CODELCO- fueron al exilio. En esa etapa los propios militares comienzan a pensar en su transición a una forma gubernamental civil. Se da cuerpo a la Comisión Ortúzar -cuyo cerebro fue el ajusticiado Jaime Guzmán- , que comienza a elaborar la nueva Constitución Política de la República, teniendo como principal modelo la anticomunista Ley Fundamental de Alemania Federal.
            Hasta 1978, los bloques políticos seguían armados tal y como se conformaron para el Golpe del 73. De un lado el CODE (Derecha y DC), del otro la UP (PC, PS, Radicales), esto era expresivo a su vez de un quiebre en la propia burguesía que fue precisamente el que posibilitó la instauración de la Dictadura. La Democracia Cristiana rompe este cuadro y pasa a integrar la “oposición” a la Junta Militar, lo que polariza a su vez al bloque gobernante que ve definitivamente en Pinochet, más allá de la Junta, el único elemento capaz de dar coherencia al régimen.
            El 78, año clave en el desarrollo del proyecto de “Reconstrucción Nacional” en que se encontraba envuelta la Dictadura, es el año a su vez de Pinochet, quien tuvo la capacidad de asumir el liderazgo de importantes sectores de la burguesía. Pinochet, un simple gorila sanguinario que ganó espacio político por su determinación genocida, a la hora de reprimir y regimentar al país, era el dirigente que necesitaba la patronal. Aquél que clausuró las instituciones parlamentarias y sumió a las masas en un baño de sangre, era el hombre del momento.
            Un hombre mediocre, vulgar, astuto, de escasa inteligencia; un hijo de la arruinada clase media rural del centro del país, no un aristócrata de las castas militares de tradición familiar, ni mucho menos un refinado orador de la propia burguesía, se fue transformando en una institución del régimen político chileno.
            El discurso de Pinochet, cuya extraordinaria simpleza y claridad ha maravillado a más de algún filólogo con pretensiones científicas, es simple precisamente porque se sustenta no en la demagogia democrática, sino que en la amenaza pura y simple. Su escasa cultura, su filiación casi infantil con la religión (él mismo reconoció la imagen de la Virgen del Santísimo Socorro en las trizaduras provocadas por un misil Low,  en la ventana blindada de su automóvil, con motivo de su  el frustrado atentado del 86), lo liberaron de las trabas morales y prejuicios democráticos de un Schneider, por ejemplo. Pero por otro lado, su carácter advenedizo lo hacía al mismo tiempo que inescrupuloso, en un disciplinado y servil instrumento de la burguesía.
            La ambición de Pinochet estuvo siempre subordinada a los intereses generales de la burguesía, esto lo distinguía de los típicos caudillos militares y personalistas, como por ejemplo Viaux Marambio. Prueba palpable de ello es que escoltó a Fidel en su vista a Chile durante la UP; emergió en Junio del 73 como un general “constitucionalista” que frenó la intentona del “tancazo” de Supper, lo que le valdría a la postre ser designado Comandante en Jefe del Ejército por el propio Allende; y -todos concuerdan- fue el último en sumarse al Golpe en cuya conspiración no participó.
            El anticomunismo de Pinochet que es parte de la tradición de las FF.AA. chilenas, toma cuerpo teórico en la geopolítica,  que es la ideología de origen prusiano según la cual se ha de regimentar la sociedad con un criterio organicista, diríase biológico, que entiende que un cuerpo político sano requiere de un Estado disciplinado, sin disensiones internas.
            Dentro de las tendencias “geopolíticas” del Ejército, Pinochet se encuentra en su ala más moderada que adhiriendo a la idea de que el Estado es el organismo vivo de la nación, rechaza no obstante la visión belicosa de que esta “vida” se traduciría en una actitud expansionista, el “espacio vital” del Tercer Reich. Esta postura implica en este caso concreto la sumisión política frente al imperio opresor, frente al cual Pinochet adopta una postura colaboracionista, pugnando con la línea dominante, “dura”, de gran peso dentro del Ejército que pregona el concepto de “frontera móvil” que supone que la responsabilidad militar llega allí donde se encuentren comprometidos los intereses económicos de la nación.
            Dotados de estos precarísimos rudimentos ideológicos, la Junta Militar se prepara para barrer con las masas mediante una operación de terror generalizado. En esta tarea contrarrevolucionaria, Pinochet gana espacios dentro de la burguesía por corresponderse a una concepción institucional, despersonalizada, más profesional de la Dictadura, encarnaba a los “blandos”. Por oposición en la misma Junta Gustavo Leigh, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea (FACH),  representaba una línea “dura” reacia a componendas con los civiles, y de mayor autonomía de los mandos militares (tipo Junta de Videla , en Argentina). Esta última línea, de escasa proyección política, termina finalmente abandonando la escena el 78 con la salida del propio Leigh de la Junta Militar.
            Nada más lejano a la concepción pinochetista que enfrentarse al imperialismo. La inequívoca vocación pro-imperialista de Pinochet, única expresión política posible de la burguesía criolla, obligaba a hacer abandono de cualquier postura de corte nacionalista, ello ha quedado marcado a fuego con la política de “restitución” de capitales y mediante el Estatuto del Inversionista Extranjero, carta blanca a las transnacionales para saquear al país. Por ello el viraje del 78-79, la institucionalización, si bien es cierto da lugar a una nueva crisis interburguesa (ruptura de la DC con los militares), en ella ambas fracciones pugnan por servir los intereses norteamericanos. Las diferencias estribaban en los plazos, no en los métodos ni en los objetivos.
            Por lo anotado, Pinochet fue transformado y elevado, por el proceso histórico, en el único elemento que en medio de la aguda descomposición de las instituciones burguesas, fue capaz de ponerse a la altura de las exigencias de la contrarrevolución. Por esto la burguesía chilena es pinochetista, como lo son también sus partidos políticos, aún cuando las circunstancias exijan que para contener a las masas deba recurrirse al discurso democrático “antipinochetista”. Con Pinochet la burguesía se une, pasó por encima de una revolución obrera en curso, pero para gobernar necesita atacarlo en el discurso. He aquí la paradoja de este régimen del transfugio político que tanto sorprende a algunos reformistas. Ya lo hemos señalado el pinochetismo es el “sionismo” chileno, se podrá ser de derecha,  socialista o comunista pero la defensa de su régimen es una cuestión esencial. Del mismo modo que laboristas y conservadores, discuten en el parlamento israelí construido sobre una montaña de cadáveres palestinos.
            Finalmente cabe preguntarse: ¿ encarnó Pinochet efectivamente un régimen fascista?. En esta materia debemos ser claros, la dictadura pinochetista NUNCA LOGRÓ CONSTITUIRSE COMO FASCISTA, A PESAR DE TODA LA BASURA ANTICOMUNISTA Y NAZI-FASCISTA QUE LLENABA LA CABEZA DE LOS GENOCIDAS. El régimen no fue fascista por cuanto tras su movimiento contrarrevolucionario, la burguesía no logró arrastrar a amplios sectores de la población para darle sustento de masas a su accionar. Mientras los camisas pardas de Hitler apaleaban comunistas y judíos en las calles, con el apoyo de importantes sectores de las masas alemanas; Pinochet debió salir a las calles de Santiago en medio del terror y de la soledad: era la Junta Militar, las FF.AA., aplastando a las masas. La burguesía chilena se impuso por medio de las armas, no de la demagogia delirante de algún “caudillo”.
            La etiqueta de “fascista” la acuñaron los stalinistas no porque correspondiera a la realidad, sino porque era funcional a su política de alianza con la DC, a la cual hasta nuestros días sigue lastimosamente llamando a formar un “Frente Antifascista”. El Golpe del 73, homologable a la intentona de Kornilov en Julio del 17 en Rusia, no logró generar un sólido régimen fascista, alcanzó a derrotar y desarticular a las masas pero fue incapaz de generar un movimiento social de amplio apoyo. En este sentido, el Movimiento de Avanzada Nacional de fines de los 70 impulsado por el propio Pinochet, podrá pasar a la historia como una de las más grandes operaciones de inteligencia de la historia (se catastró y caracterizó políticamente a millones de chilenos) pero fracasó estrepitosamente en cuanto capacidad de nuclear y dar apoyo de masas al régimen genocida.
            En último término, debe constatarse que no conocemos casos de auténticos regímenes fascistas en países semicoloniales. Perón, Vargas, como nacionalistas, Banzer, Stroessner, como simples gorilas, de seguro tuvieron en su mente el ideario fascista pero fueron incapaces de generar un amplio movimiento social de apoyo a su política contrarrevolucionaria, de aniquilamiento físico del movimiento obrero. Un auténtico movimiento fascista se basa además en una concepción expansionista, colonialista, requiere de una burguesía independiente, imperialista, capaz de ejecutar por sí misma sus intereses. Ni en Chile, ni en ninguna semicolonia (ni siquiera en Irak), se observa esta capacidad por parte de las burguesías criollas

 

¿POR QUÉ NI LA BURGUESÍA NI EL IMPERIALISMO PUEDEN JUZGAR Y CASTIGAR A PINOCHET?
            Hemos demostrado la inacapacidad de la burguesía chilena de desarrollar cualquier tarea que signifique un choque con el imperialismo. Con ello la defensa de Pinochet se explica no por un problema de defensa de soberanía nacional, sino por el papel central de Pinochet en la institucionalidad del régimen. Sin embargo, el problema de fondo del castigo al genocida es un problema democrático esencial, que muchos han creído se resolvería con el proceso seguido por el Juez Garzón en España.
            La socialdemocracia, los vestigios stalinistas y algunas organizaciones de DD.HH.  como Amnistía Internacional, han presentado la detención del genocida como un acto de justicia, que significaría una alerta para los violadores de los derechos humanos. Ellos señalan que sería una señal para los Husein, Milosevic, Videla, Massera, etc., acerca de lo que no se debe hacer.
            En nuestro país sectores del PS, DC y el PC, se han plegado a la idea de hacer de esta instancia judicial accidentalmente abierta, un camino de justicia y de fin a la impunidad. Con esta postura se siembran ilusiones en orden a que la justicia inglesa y española, podrían responder a la tarea democrática de juzgar y castigar al octogenario ex-Dictador. Como si de la noche a la mañana, imperios construidos sobre la base de las más grandes masacres que haya conocido la historia de la humanidad, comenzasen a preocuparse de castigar a uno de sus sirvientes ejemplares. Las “democracias” inglesa y española, ambas decadentes monarquías, no sólo en sus posesiones de ultramar, sino que dentro de sus propias fronteras han generado una Justicia que legaliza las muertes, torturas y encarcelamientos de irlandeses y vascos, por poner ejemplos groseros y de amplio conocimiento. Pero pareciera que la muerte en huelga de hambre dura de Bobby Sands, del IRA; o la formación de los GAL (Grupo Armado de Liberación) por parte del propio PSOE en España, son hechos que nunca existieron para los entusiastas adoradores de la Justicia imperialista. Nada se puede esperar de la mano de jueces genocidas como lo son los de Inglaterra y España, nada que importe un castigo a sus colegas genocidas.
            Ya lo hemos indicado, la detención de Pinochet es un triunfo de la lucha de las masas a escala mundial, pero como todo triunfo de las masas se trata inmediatamente de revertir y utilizarse en contra de sus propios intereses. En este caso, el imperialismo está jugando a prestigiar sus instituciones a un costo muy bajo: juzgar a un símbolo de la masacre y la represión capitalista, qué mejor que este genocida de los confines del mundo. A esta maniobra han contribuido los reformistas de todo pelaje, los que se han limitado a “celebrar”, es decir a esperar o en el mejor de los casos a “presionar” para que actúe la “justicia”.
            El juzgamiento de Pinochet por parte de cualquier tribunal burgués, sea inglés, español o argentino, de hacerse efectivo y de comenzar a aplicarse la demagógica legislación internacional contra el genocidio, conllevaría un desastre para el orden imperialista. Ello por cuanto deberían iniciarse procesos por genocidio en contra de la totalidad de los gobernantes vivos de las principales potencias imperialistas. Clinton, por ejemplo, debería purgar penas por su responsabilidad directa en la muerte de cientos de personas en los bombardeos sobre Sudán y Afganistán hace un par de semanas; no sólo Milosevic, sino que Kohl, Major, Yeltsin y toda la OTAN deberían responder por los crímenes cometidos en la ex-Yugoeslavia; las NU deberían responder por las recientes masacres en Panamá, Somalía e Irak, etc.. En resumen: el consecuente juicio y castigo a Pinochet plantea necesariamente una lucha contra el orden capitalista, bajo cuyos marcos es imposible esperar una efectiva resolución de cualquier reclamo democrático.
            Desde este punto de vista, el juicio a Pinochet es un negocio para regímenes tan desprestigiados como los europeos. Ello por cuanto mediante este expediente, pretenden contribuir mínimamente a embellecerse mientras dan rienda suelta a la brutal ofensiva contra las masas que significa el plan EURO. La figura de Pinochet, en este contexto resulta especialmente emblemática, ya que es presentado como un destructor de un orden democrático burgués, cuya estructura partidaria era y es típicamente europea. Es un General que organizó la sistemática eliminación de socialistas y comunistas, lo que es más claro a los ojos de las masas europeas que la persecución, por ejemplo, de los shiítas por parte de Saddam en Irak.
            En este minuto  resulta improbable realizar un pronóstico que corra en un solo sentido. El Gobierno inglés -las peroratas sobre la supuesta independencia del “Poder” judicial se las dejamos a los abogados- enfrenta una disyuntiva extraordinariamente compleja. Si determina la inmunidad de Pinochet y permite su regreso a Chile, perderá todo lo ganado hasta ahora con la detención; ello significará poner en evidencia a escala MUNDIAL la complicidad del imperialismo con los genocidas, y el carácter meramente decorativo de las instituciones del Derecho Internacional Público; liberar a Pinochet será una manifiesta confesión de que las Convenciones y Tratados Internacionales sobre defensa de los DD.HH., son sólo literatura cuya única finalidad es legitimar en determinados casos las intervenciones militares del imperio en sus colonias. Si, por el contrario, se decide dar curso a la extradición pedida por España, esto con justicia será percibido como un triunfo de las masas lo que podrá abrir paso a un torrente de reclamos de extradición que indudablemente pasarían a encarnarse como lucha antiimperialista. En definitiva, la capacidad de ponderar estos elementos, pero por sobre todo la potencia de las luchas que se desarrollen en Europa, decidirán este problema en uno u otro sentido.
            En Chile las implicancias son parecidas, pero siempre tendrán como resultado la polarización. De resultar extraditado Pinochet, se debilitaría la postura gubernamental lo que obligaría a una extrema radicalización de la política “pinochetista” de la Concertación. Si, en contrario, es liberado, el regreso del Senador Vitalicio daría lugar a manifestaciones triunfalistas de la derecha que doblegarían la imagen democrática del Gobierno el que recibiría todo el descrédito y la ira popular ante tan infame resultado que confirmaría la impunidad internacional de Pinochet.
            Más allá de las variables, con o sin extradición, Pinochet no será castigado por ningún tribunal burgués. En el mejor de los casos Pinochet podría pasar una temporada detenido en España, tras la cual el franquismo se encargaría de liberarlo por razones humanitarias, haciendo uso de sus facultades ejecutivas. Lo que realmente preocupa a la burguesía y al propio imperialismo, es la forma de responder a la polarización social que este hecho está ocasionando. La Derecha sabe que su triunfo ha costado extraordinariamente caro al régimen, las ilusiones democráticas, “antipinochetistas” de las masas están muy golpeadas y para nadie es un misterio el carácter “pinochetista” al menos de la Concertación.
            Con una política legalista y servil al imperio, sólo logra salvarse el PC, pero resulta evidente que el stalinismo no tiene ninguna capacidad de conducción en términos de Gobierno, por lo que no es una alternativa de Gobierno para la burguesía, ello a pesar de la política liberal y colaboracionista de clases que desarrolla el PC, que lo ubican en sus períodos de mayor derechización.
            Foco de esta preocupación lo constituyen la naturaleza de las medidas que han de tomarse luego de resuelto el tema en Inglaterra. En este orden son numerosas las señales, y hasta contradictorias. La ultraderecha reclama la formación de un Gobierno Derecha-DC, de “Unidad Nacional”. Sectores más moderados, RN, la DC los socialistas comienzan a pensar en un proceso de Reconciliación que se base en dos cuestiones: 1.- que Pinochet haga un “gesto” de constricción y se retire de la vida política (ese es el sentido de la reciente norma que regimenta el retiro de los Parlamentarios); 2.- Que se entregue información sobre la ubicación de los detenidos-desaparecidos. Con estas medidas cosméticas, se pretende sepultar el problema de los DD.HH. y salvar esta crisis. Como hemos señalado en relación con el problema europeo, nuevamente la respuesta habrá de encontrarase en el grado de actividad y lucha que desplieguen las masas, actividad que puede medirse como patrón de referencia con la enorme envergadura que alcanzaron las movilizaciones contra la llegada de Pinochet al Senado en calidad de vitalicio.
            En definitiva, más allá de las variables que se impongan a la liberación de Pinochet una cosa es segura: el asesino será liberado, porque no hay tribunal burgués en el mundo con capacidad de dar resolución al problema del genocidio. La aplicación de esta medida exigiría dar vuelta atrás la rueda de la historia, y no hay maniobra política que pueda poner las instituciones imperialistas y burguesas, al servicio de los explotados y el conjunto de la humanidad. La burguesía, especialmente en medio de esta profunda crisis, sólo puede recortar libertades, aumentar la explotación y reprimir. Si incidentalmente se ve obligada a tomar una medida democrática, como es la detención del ex-Dictador, está obligada a retacearla y dejarla sin efecto. Las episódicas convulsiones sociales a que dan lugar las cíclicas crisis capitalistas, hacen que la más elemental de las conquistas de las masas tengan sus días contados mientras la burguesía siga en el poder.

 

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO Y LA LUCHA POR LAS REIVINDICACIONES DEMOCRÁTICAS
            La lucha por las reivindicaciones de orden democrático, de conformidad a la metodología del Programa de Transición de Trotsky, en esta etapa de descomposición capitalista, adquiere un primer lugar en el orden de prioridades de la lucha revolucionaria. La estrategia proletaria, su propia revolución y dictaduras, presuponen que la clase obrera acaudille al conjunto de la nación oprimida en su lucha antiimperialista que sólo puede proyectarse como lucha de clases a condición que se exprese como lucha anticapitalista. Parte central de esta lucha la ocupan las reivindicaciones de orden democrático, como el castigo a los genocidas, la liberación de los presos políticos, cuestiones que aparecen bajo la etiqueta jurídica de “DD.HH.”
            Ello explica que el juicio y castigo a Pinochet, juegue un papel trascendental en la política proletaria, toda vez que sólo bajo su conducción, será posible resolver el problema del genocidio castigando a los asesinos e imponiendo la liberación de los presos políticos en Chile. Se trata de que reclamando una cuestión democrática como es el castigo de los criminales, como es la libertad de expresión política y el derecho a la organización de los trabajadores, se pase a golpear los aparatos represivos de la burguesía ajusticiando a sus militares asesinos, abriendo sus cárceles, consagrando la irrestricta libertad de organización y de lucha de los explotados por su liberación. Estos reclamos de orden democrático, de ser exigidos consecuentemente, sólo pueden ser impuestos vía acción directa de las masas lo que plantea la expulsión de la burguesía del poder.
            En consecuencia, este reclamo democrático del castigo a los genocidas, no puede ser resuelto dentro de los marcos burgueses, ni por sus tribunales, ni por sus leyes. Esta incapacidad se desprende de una realidad histórica del porte de una catedral: el capitalismo sólo puede sobrevivir a costa de la destrucción masiva de fuerzas productivas, del genocidio de millones. No otra cosa podemos concluir de este siglo, que registra los genocidios más gigantescos de la historia de la humanidad. En los últimos cien años millones y millones de seres humanos han sido eliminados en campos de concentración, en fusilamientos masivos, en explosiones atómicas, guerras bacteriológicas, etc.. Estas atrocidades no son el cumplimiento de profecías apocalípticas, sino que son la nítida corroboración del pronóstico científico del marxismo: el retraso en el triunfo de la revolución socialista conduce a la humanidad al pantano de la barbarie capitalista. La disyuntiva, hoy más que nunca, es: Socialismo o Barbarie.
            Sin embargo, la izquierda socialdemócrata, stalinista y reformista en general, tanto a nivel nacional como mundial, ha venido sosteniendo una política que va del cretinismo legalista al abierto pro-imperialismo. En Europa los partidos de izquierda se han diluido en las organizaciones de DD.HH. y otros frentes por el estilo, enfrentando el problema como una cuestión de aplicación de “tratados internacionales”; en Chile el PC y algunos sectores del PS e incluso la DC, han caracterizado al hecho como un triunfo de la justicia en que ha sido la “comunidad internacional”, la que ha tomado en sus manos una cuestión que los chilenos no hemos sido capaces de resolver. El PC remata esta capitulación a los tribunales europeos con una capitulación al orden jurídico nacional: para ellos el problema se resuelve convocando un Plebiscito para una Asamblea Constituyente, que se pronuncie sobre la Anulación de la Ley de Amnistía.
            En pocas palabras: la izquierda europea y la chilena (también sus colegas argentinos PC, PO, MAS, etc., no olvidemos que Garzón investiga también a la Junta de Videla) se ha limitado a saludar el accionar de la justicia burguesa, subordinándose una vez más a la legalidad y al Estado de los patrones. Con esto no han hecho más que seguir alimentando ilusiones en la democracia burguesa, que en el caso de la izquierda chilena y argentina constituye un postura además pro-imperialista, por atribuirle a la justicia imperial capacidad para resolver un problema como los genocidios de los 70 en el Cono Sur latinoamericano.
            Si en Chile, en Argentina y en Europa, no emerge un poderoso movimiento de masas que se proponga la lucha por el juicio y castigo a los genocidas; que es lo mismo que decir: un sólido movimiento anticapitalista y antiimperialista, se debe a la falta de una dirección política internacional que lidere la lucha de los obreros y explotados del mundo entero. Esta dirección política de los explotados en lucha es el Partido Mundial de la Revolución Socialista, la IV Internacional. La ausencia de esta dirección política internacional ha impedido a las masas del mundo entrar a desempeñar un papel trascendente en el hecho puntual de la detención de Pinochet en Inglaterra. Para nosotros, los trotskystas del POR, esta cuestión es esencial y fundamental en el análisis y desarrollo de una política frente al problema del genocidio. Sólo la revolución castiga a sus verdugos, para ello necesitamos las tres condiciones: “el partido, el partido y el partido”.
            La tarea de estructuración partidaria presupone la formulación de una línea nítidamente proletaria, pues sólo esta clase puede abordar consecuentemente esta lucha. El castigo a Pinochet, sólo podrá ser impuesto por un Tribunal Popular Internacional integrado por las organizaciones de base de clase obrera, entidad que centralizará y potenciará no sólo el castigo a Pinochet sino que servirá de punto de partida para el combate a la represión burguesa y el potenciamiento de la lucha revolucionaria. El Tribunal Popular ya ha condenado a Pinochet, lo ha hecho la conciencia lúcida de los explotados del mundo entero, como lo ha hecho con Hitler, Mussolini y otros carniceros por el estilo.
            La estructuración de este Tribunal Popular no se basa en la convocatria a “notables” de izquierda, ni a intelectuales “progre”, ni a distinguidos burócratas sindicales. Su formación dependerá de la capacidad del partido revolucionario de llevar la lucha por el castigo a los genocidas, al seno de las luchas que hoy se desarrollan en Chile y el mundo entero. Debe rechazarse la impostura del PC que dirigiendo abrumadoramente la heroica huelga docente, fue incapaz de incorporar la lucha por el Castigo a Pinochet al torrente movilizado del magisterio. Impulsar el castigo a Pinochet, pasaba fundamentalmente por el apoyo y potenciamiento de la Huelga del Colegio de Profesores y por la preparación de la Huelga General. El Castigo a Pinochet no es un problema de “delincuencia” como interesadamente plantean los reformistas, es de la lucha de clases de la que emergerá su resolución. Politizar la lucha del magisterio, la lucha por los DD.HH., por el castigo a los genocidas, por la inmediata e incondicional libertad de los presos políticos de Pinochet-Aylwin-Frei, significa construir con estos reclamos un puente para el poder de los explotados: un Gobierno Obrero y de los Explotados de la Ciudad y el Campo.
            El combate al legalismo, que deja la resolución del genocidio en manos de la patronal; el combate al gremialismo, que aisla la lucha contra la represión y el genocidio, de las demás luchas de masas; el combate al electoralismo, que pretende resolver con candidaturas de “izquierda”; todos estos combates, forman parte de la lucha de los revolucionarios. Legalismo, gremialismo, electoralismo, son todas expresiones de la política de la burguesía para doblegar a los trabajadores, es por eso que las convocatorias a Asambleas Constituyentes, a Plebiscitos y otras ingeniosas soluciones “jurídicas” son sólo eso: letra muerta en las páginas de la prensa reformista. Estas salidas, tantas veces planteadas por el PC, sólo son reveladoras de su impotencia frente al orden capitalista, del cual son sólo un engranaje.
            Ya lo dijimos en nuestro primer volante referido a la detención de Pinochet, a él lo queremos ver como a Mussolini: ahorcado en una Plaza Pública por resolución de un Tribunal Popular. Esa es nuestra lucha: acción directa, autodeterminación de las bases, poder para los explotados, la violencia multitudinaria de los obreros transformando revolucionariamente la sociedad. Cuando esta lucha se desate, una muralla caerá sobre pinochetistas, proburgueses y burgueses de toda calaña, esa muralla aplastará al capitalismo, sobre esos muros flameará orgullosa la bandera de la revolución proletaria.

 

Santiago, Octubre de 1998