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CONTRA LA CORRIENTE

LA MARCHA FÚNEBRE DE LA INTERNACIONAL DE LOS PERSEGUIDOS

            Mediante esta minuta presentamos los principales aspectos de la discusión que hemos hecho sobre el reciente documento (enero 2002) “Documento de situación política nacional de la Conferencia Nacional, del grupo de Gamboa, que utiliza el mismo nombre de nuestra sección argentina. Debe señalarse que, como cuestión previa, a nuestro entender en este Documento, como en su llamada propuesta de “Programa de Gobierno” este grupo abandona formalmente la definición estratégica de Dictadura del Proletariado, la táctica de Frente Unico Antiimperialista y pasa a integrar de lleno las filas de la izquierda democratizante argentina.
            Creemos que para nosotros esta discusión es en extremo importante, toda vez que cierra el ciclo de descomposición de esta secta y al mismo tiempo nos debe servir para capitalizar programáticamente este desbarranque político. El cadáver de este grupo debe ser enterrado y ayudarnos al potenciamiento y a la superación de la sección argentina.
Se ha expuesto –en este caso- una vez más con un patetismo cercano al ridículo, de qué forma las tendencias que disfrazan sus posturas detrás de pretendidas diferencias “organizativas”, “de método”, terminan invariablemente abandonando la estrategia del proletariado. No olvidemos que hace tres años Gamboa rompe pomposamente con el CERCI, señalando básicamente que lo hacía por diferencias sobre la caracterización de la situación política en Bolivia, por el providencialismo del POR boliviano que no aplica creadoramente la táctica del frente único y por el carácter burocrático de los estatutos del CERCI (referido a la apelabilidad de ciertas expulsiones). Eran los días del amontonamiento de las “reservas revolucionarias” y de los “perseguidos” por la casta burocrática del llamado “trotskysmo de Yalta”. Todos estos enunciados, terminaron definitivamente en el único destino que podían tener: el abandono del programa del proletariado y el vaciamiento de todo contenido clasista de esta corriente.
            A lo largo de la confusa textura del documento encontramos el suma y resta de los centristas. Se trata de un tesis en que, como consideración general, encontramos la delirante idea de apuntarle a todas aunque esto sea a costa del absurdo. Se observa en este documento permanentes parches ideológicos que dan cuerpo a un “Frankestein”, ello es probable sea expresivo de una lucha interna más o menos intensa que denota por lo menos falta de homogeneidad y despolitización. Se afirma una idea y a renglón seguido se le niega. Parte de este mismo rasgo es la velada polémica que aún mantienen con el CERCI, aún se ven en la necesidad de atacarnos. Las reiteradas alusiones al sectarismo autoproclamatorio, al no hacer de la militancia un martirologio, contra el personalismo, etc., forman parte del arsenal de tonteras con que atacó Gamboa y que parecieran seguir utilizándose como último recurso para mantener cohesionado a su grupo “contra” su pasado revolucionario.
Es especialmente elocuente que en un documento de un grupo que se autoproclame “trotskysta”, que se plantee intervenir en la  extrema agudización de la lucha de clases las expresiones “Dictadura del Proletariado”, “violencia revolucionaria” y “expropiación de la burguesía”, pilares conceptuales de toda política marxista, SIMPLEMENTE NO APAREZCAN. Estos términos y sus conceptos no aparecen simplemente porque existe en la concepción política que sustenta su tesis, un abierto abandono del programa proletario y su consecuente adaptación “izquierdista” al régimen burgués.
A trazos gruesos el nudo de las capitulaciones programáticas contenidas en este documento y en algunos complementarios como el “Programa de Gobierno” y el volante del “Megalema”, pueden resumirse como sigue:

 

1.- INCAPACIDAD PARA COMPRENDER LA CAÍDA REVOLUCIONARIA DE DE LA RÚA Y LA CAPITULACIÓN A LA PEQUEÑABURGUESÍA:
El gobierno pro-imperialista de De la Rúa cayó presa de un poderoso movimiento de masas que pasó por encima del Gobierno, de la Alianza que lo sostenía, de la totalidad de los partidos del régimen, de la izquierda democratizante e inclusive de la propia Asamblea Piquetera. El accionar de las masas fue impulsado por el HAMBRE, el abrupto y brutal ataque a las elementales condiciones de vida de las masas, empujaron a las mismas al saqueo del sitema de distribución de alimentos: los supermercados.
El saqueo de supermercados, genuina creación de las masas, expresa una tendencia instintiva de las masas explotadas a barrer con la propiedad privada. Es el instinto comunista y no una “tendencia disolutoria de la lucha de clases” –como gustan los reformistas a calificar los saqueos- lo que se expresa mediante los mismos. Es tarea de los revolucionarios potenciar estos movimientos, organizarlos como control obrero.
Los “cacerolazos”, expresión predominante de las capas medias atacadas por el “corralito”, fueron puestos por los medios de comunicación burgueses como el epicentro del movimiento, precisamente para diluir el contenido clasista, de enfrentamiento entre clases que tuvo la caída de De la Rúa. De la Rúa cae como consecuencia de la derrota del Estado de Sitio, del incremento de los saqueos a escala nacional como respuesta a las medidas gubernamentales. La clase fundamental en este proceso fue el proletariado, los desocupados y hambreados.
En la mecánica de la lucha de clases, las capas medias jugaron un papel fundamental, sin embargo este papel lo desempeñaron arrastradas por la violenta irrupción de la clase obrera, especialmente la desocupada. No puede ignorarse esta cuestión, los desocupados son parte del movimiento proletario argentino. La incompresión de esta cuestión esencial, de la composición de clase del movimiento, hace ver espejismos acerca del papel secundario que podría caber al proletariado.
En el IV apartado del documento se afirma que : “el proletariado intervino diluido en la pueblada, sin identidad, ni política ni sindical, que marcara su liderazgo de clase”. En un material de discusión de esta conferencia, del 30.12.01, en el mismo sentido se expresa textualmente y desarrolla este concepto afirmándose que “corresponde decir que los trabajadores intervinieron en las puebladas DILUIDOS, sin identidad autónoma o de clase. Otra cosa hubiera marcado ver el ingreso a la Plaza de Mayo de columnas sindicales organizadas por sector, bien que para lograr esto, los trabajadores deben replantearse la necesidad de derribar la cúpula de traidores que dirige las CGT`s y el CTA”. Esos son digamos los requisitos que se imponen para reconocer la intervención de la clase obrera.
Más adelante se expresa que “estos fenómenos sociales y de nueva participación y protesta , no está al margen de los cambios estructurales que se han producido en la economía del país. Cuantitativamente, había más proletarios en la Argentina del 69` con un país de 18 millones de habitantes, que en la actualidad, donde la población se ha duplicado”.  
En esta caracterizaciones se observa el basamento “teórico” orientado a justificar la capitulación a la pequeña burguesía. Al igual que los elementos más derechistas de la izquierda democratizante, tipo Foro de Sao Paulo, se comienza a teorizar acerca del desaparecimiento de la clase obrera. Al constatar el empequeñecimiento numérico del proletariado, en lugar de observar este fenómeno como parte de la decadencia general del capitalismo que afirma  la táctica del FUA, sacan la conclusión opuesta: el “sujeto histórico” de la revolución incorpora a otros actores sociales, cuestión que redunda en la fórmula de poder. Ante esta “realidad” la Dictadura del Proletariado deja de ser la estrategia y en su lugar se plantea el Frente Popular presentado, en numerosas veces en el documento de Conferencia que criticamos, como “Socialismo” a secas.
Este cambio de clase, en la definición del proceso revolucionario, inhabilita al grupo de Gamboa para comprender lo esencial de la situación argentina en este momento: que las masas barrieron con el Gobierno de De la Rúa, que tumbaron a Rodríguez y van por Duhalde. Esta incapacidad les hace, en este documento del 20 de Enero, sostener expresamente que “El proceso político que finalmente parió al actual Gobierno no estuvo ajeno, por cierto, a la presión de las masas. La inercia de la gran fuerza popular que echara a De la Rúa y Cavallo golpeó también sobre Rodríguez Sáa, y especialmente sobre su gabinete. Sin embargo, el factor decisivo que impuso el recambio fue la necesidad de unificar antes que nada a la burguesía, bajo el visto bueno del Imperialismo. Se produjo, pues, un verdadero golpe institucional, que contó con el apoyo de una abrumadora mayoría en el Congreso, de una retirada en orden del propio "presidente por una semana", y de un transitorio y expectante reflujo en la movilización de las masas” (negritas y subrayados nuestros, RB).
Desde la perspectiva de este grupo el “factor decisivo” de la caída de De la Rúa y de los subsecuentes gobiernos de crisis, fue no la acción de las masas sino que la necesidad de unificar a la burguesía  mediante un golpe institucional , vale decir fue una maniobra controlada y no una caída revolucionaria. En el jueguito del suma y resta a renglón seguido, se reconoce el accionar de las masas en la caída del Gobierno, pero que este accionar sólo ha tenido el efecto de REARMAR EL EQUILIBRIO POLÍTICO DE LA BURGUESÍA. Efectivamente, se afirma que “Si la clase dominante ha logrado, transitoriamente, rearmar un equilibrio político... Es simplemente porque las masas cuyo movimiento tuvo la fuerza para voltear gobiernos, no tuvo la claridad política ni la maduración para colocar en el poder una alternativa propia”.
Esta definición de la crisis, paradigmáticamente centrista, que repetimos se desprende de la caracterización de clase del movimiento, lleva obligadamente a negar la realidad, a su deformación. Más arriba hemos indicado que este documento NO MENCIONA LOS SAQUEOS, los ignora del todo precisamente porque niega toda participación política al proletariado en esta lucha. Sólo en un momento se indica de pasada que los “hambrientos SITIARON supermercados”, pero sólo para afirmar la preeminencia de los “caceroleros”, ya que su accionar se limitó a sitiar, al parecer no hubo saqueos o los hubo sólo en las pantallas de CNN.
Sin embargo, se va aún más allá, para el grupo de Gamboa lo determinante en el movimiento fueron los cacerolazos. Polemizando con el delirio autoproclamatorio de Altamira sobre el espontaneísmo, afirma que “nadie puede atribuirse la paternidad del cacerolazo”; más adelante se afirma que el sustento de la Asamblea Popular es el “movimiento cacerolero”. En el volante de convocatoria al “Megalema” se afirma que “Muchas compañeras y compañeros, con quienes compartimos las calles en los últimos días de la primavera argentina, ven estas maniobras, pero confían en que las cacerolas volverán a sonar cuando los futuros gobiernos apliquen, una vez más, los planes de hambre y miseria, a manera de presión sobre el Gobierno de turno... Habrá que aceitar las cacerolas (y realizar muchas otras medidas)”. Cada vez que se ven en la necesidad de caracterizar el movimiento de masas invariablemente, el énfasis está puesto en los cacerolazos, expresión que inequívocamente se refiere a la pequeña burguesía: ésta habría volteado a De la Rúa y sustentaría de modo dominante la Asamblea Popular. Por lo mismo a parte de aceitar las cacerolas, este documento no plantea a las masas nada más.
La implicancias que conlleva esta caracterización sobre el movimiento de masas en argentina y la caída de De la Rúa, son profundas y conducen al colaboracionismo de clases. Por ahora baste decir que el abandono de una posición de clase importa, y este es un caso patético, la mayor de las veces a la impostura y a la simple negación de la realidad. Afirmar que De la Rúa y cía. han caído como consecuencia de un golpe institucional e ignorar el papel de los saqueos en el actual desarrollo de la lucha de clases en Argentina, coloca a sus sostenedores fuera del terreno del marxismo.

 

2.- EL FRENTEPOPULISMO DE LAS “RESERVAS REVOLUCIONARIAS” Y EL MEGALEMA DEL COLABORACIONISMO DE CLASES:
            Al fundarse la formación del “Megalema de los Trabajadores y la Izquierda”, mientras las masas tumbaban Gobierno e iniciaban su ruptura con las ilusiones democráticas, este grupo plantea que  Un camino de estas características, que llamamos a emprender con urgencia a todos los que hicimos la rebelión popular, permitirá combinar en una acción común la lucha directa por nuestras reivindicaciones con la lucha electoral, avanzando así en la pelea fundamental: LA DISPUTA POR EL PODER”.  En el llamado Programa de Gobierno, sostenido por este grupo frente a la crisis argentina, se retira la Dictadura del Proletariado, y en su lugar se afirma ambiguamente en su punto 13.- “Por la expulsión del poder de la burguesía argentina y sus lacayos de turno mediante la acción directa y revolucionaria de masas.”
            Profeta de sus propias volteretas, en Noviembre de 1993, en la revista  Revolución Proletaria Nº1, Gamboa, criticando al Foro de Sao Paulo señala explícitamente: “Totalmente coherente con este planteo de colaboración de clases, el Foro es campeón de la democracia burguesa, a la que, lógicamente, llama a “profundizar”. En el máximo de su cinismo, llama a “combinar” las “luchas institucionales con las sociales”. Y ES AQUÍ DONDE SE APRECIA LA CONCIENCIA POLÍTICA CONTRARREVOLUCIONARIA DE LOS DIRIGENTES DEL FORO, YA QUE ELLOS SABEN QUE SU POSIBILIDAD DE SER ALTERNATIVA DE PODER BURGUÉS ESTÁ CONDICIONADA A QUE PUEDAN DIRIGIR Y ESTRANGULAR LAS “LUCHAS SOCIALES”(mayúsculas del original, RB).
            En medio de la más descomunal movilización que conozca la historia argentina desde los años 70, Gamboa y cía, en lugar de poner en alto las banderas de la clase obrera, de la Revolución y Dictadura Proletarias, abandona esta concepción política fundamental y se entrega al frentepopulismo. Combinar acción directa con “lucha “ electoral o institucional, importa abandonar la idea de que es la acción directa, la violencia revolucionaria de las masas, el único vehículo que insurreccionalmente llevará a la clase obrera al poder, acaudillando a la nación oprimida.
Al poner la acción directa en un plan de igualdad con la intervención en las elecciones, se realiza una confusión inaceptable. Los revolucionarios debemos intervenir  en las elecciones, para ayudar a las masas a superar sus ilusiones democráticas si ellas existen, y con la exclusiva finalidad de denunciar su carácter encubridor de la dictadura patronal que ella contribuye a consolidar. Utilizamos las elecciones y los espacios legales en general, para agitar el programa revolucionario, para combatir a la burguesía y al orden social que se cimienta sobre la gran propiedad privada de los medios de producción. Esta intervención no sólo se somete a la acción directa de las masas, sino que debe transformarse en un instrumento de su potenciamiento. No es posible poner una táctica –la intervención electoral- en un plano de igualdad con una cuestión estratégica –la violencia revolucionaria- por la simple razón de que con ello en la práctica sólo se consigue subordinar la acción de las masas, a la intervención en los medios legales o electorales.
En Chile, trágicamente, esta concepción fue agitada en los 80 por el stalinismo el que indicaba que para sacar a Pinochet era necesario potenciar “todas las formas de lucha”, cuestión que redundó en la habilitación de la llamada transición a la democracia que permitió consolidar el régimen pinochetista, sin Pinochet. La idea de “combinar”, repetimos, presupone ponerlos en igualdad, presupone que la acción directa no es el único instrumento para emancipar a las masas explotadas y que sería nada menos que las elecciones o ciertos resortes legales, los llamados a ocupar su lugar o parte de él. La base teórica de este concepto es frentepopulista: la alianza con determinados sectores de la burguesía (expresada en su legalidad, ciertas instituciones democráticas) es imprescindible para “profundizar” la democracia y “avanzar” hacia el Socialismo.
El enunciado del apartado VI de este Documento da un ejemplo más de este concepto “Sentido y función de las consignas: intervenir en el vientre de las organizaciones donde esté puesta la mirada de las masas (incluidas las del sistema) con una política obrera independiente”. No existe frontera de clase para definir la política, da lo mismo una organización de las masas como una organización de la burguesía, lo que importa es si las masas tienen o no su mirada en ellas. Aunque luego se indique que de esta forma se combatan las ilusiones democráticas (constituyente y elecciones inmediatas generales), la formulación policlasista que enarbolan, les impide jugar un papel en la superación de las ilusiones democráticas, porque esto último presupone afirmar la identidad y el choque de clase contra clase.
Todo este artificio político de revalorización de la democracia burguesa, hace decir a este documento que “Nuestro Partido termina de superar (especialmente con las resoluciones del IX Congreso) cierta matriz izquierdista e infantil de nuestro origen. //Dicha matriz tuvo más que ver con una posición reactiva al cretinismo parlamentario y oportunista de la izquierda reformista de la cual provenimos, que con una consolidación programática e ideológica”. La confesión es expresa: mientras el izquierdismo ha sido superado, respecto del cretinismo parlamentario apenas ha habido “una posición reactiva”. Esta debilidad no admite dudas, sin embargo  deja de ser tal y se transforma en abierta y flagrante capitulación cuando ella sirve de base para plantear la escandalosa consigna de “"MEGALEMA DE LA IZQUIERDA. CONSTRUIR UN SUBLEMA CLASISTA Y REVOLUCIONARIO. PRECANDIDATURA DE ARMAS Y GRAZIANO",
A renglón seguido se afirma que esta consigna “no sólo...  no obstaculizó el trabajo por el doble poder, sino que permitió (bien que por unos pocos días por la propia evolución de la situación política), responder a la maniobra burguesa con un planteamiento táctico funcional a nuestra estrategia de poder dual (Asambleas Populares)”. Esta última idea es simplemente incomprensible y absurda ¿qué significa responder a la maniobra burguesa con un planteamiento táctico funcional a nuestra estrategia de poder dual?. Cuál poder dual, ¿el de Armas y Graziano?. No se sabe, tampoco se sabe cuál es la respuesta que se le da a la burguesía. Si la burguesía, como se afirma latosamente en el documento de Conferencia, maniobra con el expediente de convocatoria a elecciones, ¿qué tipo de respuesta es ofrecerse como candidato en esas elecciones?. Precisamente cuando la burguesía lo único que necesita es que le lleven agua al molino de las podridas instituciones demo-burguesas, “Armas y Graziano” se ofrecen como aguateros. Pareciera que con esta consigna lo único que se busca es que los niños del barrio se burlen de los desafortunados “Armas y Graziano”, pero lamentablemente no es así.
Detrás de esta consigna no sólo se encubre una capitulación a la democracia burguesa, reveladora del más absoluto abandono del programa revolucionario. Con esta política se renuncia además a la construcción del partido revolucionario como dirección de las masas en lucha. La idea de ser un “sub-lema clasista y revolucionario” dentro del “Megalema de la Izquierda” supone presentarse ante las masas amarrado a los izquierdistas democratizantes que inexplicablemente atacan Gamboa y cía. en todo el documento. Decimos inexplicablemente por cuanto con esta orientación, el grupo de Gamboa se ubicó en la ultraderecha de la izquierda democratizante argentina. Ni el PTS, ni el PO, ni siquiera el MST se atrevieron a plantear semejante barbaridad en el marco de la crisis revolucionaria de Diciembre del 2001. Esta izquierda se limitó a acusar el golpe y a tratar de empujar a las Asambleas Populares (que no son doble poder sino una tendencia al mismo) al legalismo burgués mediante formulaciones hermafroditas del tipo “Asamblea Constituyente revolucionaria”, “Asamblea Popular Constituyente”, etc..
De estas formulaciones Gamboa pretende huir , pero invariablemente termina atado a ellas de forma indisoluble, termina subordinado a las mismas en ese afiebrado Megalema que no pudo constituirse, porque ni la burguesía puede sustentar elecciones en este momento, ni los reformistas se atreven a reclamarlas para evitar ser aplastados por las masas radicalizadas. Por lo mismo, toda la crítica hacia el resto de la izquierda es formal: que los delirios autoproclamatorios, que la política de Constituyente es vergonzante, que la Mesa Piquetera retrasó en extremo su 3ª Asamblea, etc.. Con la finalidad de delimitarse artificialmente y captar la simpatía de los ingenuos, se limita a hacer una crítica formal tratando presentar como de principios cuestiones secundarias. Lo fundamental en la crítica al conjunto de la izquierda argentina es que como frente, se ha prestado para servir de muro de contensión para frenar la ruptura de las masas con las ilusiones democráticas alimentando espectativas en una salida”democrática”. Lo fundamental es que la izquierda democratizante, ha sostenido una concepción menchevique frente a la abierta situación revolucionaria y se dispone a plantearse como alternativa de Frente Popular.
En una palabra, como apuntaba el propio Gamboa en la cita del `93, es el “QUE ELLOS SABEN QUE SU POSIBILIDAD DE SER ALTERNATIVA DE PODER BURGUÉS ESTÁ CONDICIONADA A QUE PUEDAN DIRIGIR Y ESTRANGULAR LAS “LUCHAS SOCIALES”. Esta es la cuestión de fondo, esto es lo que nos obliga a plantear con más fuerza y claridad que nunca que es un Gobierno Obrero y Campesino, una auténtica dictadura del proletariado, un régimen de democracia obrera el que podrá sacar a Argentina de la crisis. En el único párrafo en que hay un tibio enfrentamiento con la política de la Constituyente este grupo se limita a indicar que contra el carácter democrático burgués,  representativo y delegativo, se opone la democracia directa de la Asamblea Popular (es decir democracia representativa v/s democracia directa). Como observamos se huye claramente de cualquier definición de clase en la crítica a la izquierda reformista, a la cual Gamboa ha ingresado por la puerta de servicio. Su radicalismo declamativo, arranca de su debilidad, de saber que no se cuenta con ninguna influencia en las masas y que no son alternativa de poder burgués. La función objetiva de esta secta es la de contribuir al desarme político y organizativo de la clase obrera, desde un punto de vista pasivo, como un elemento meramente disgregador. 
En este marco, la caracterización sobre movimientos “defensivos” y “ofensivos” no resultan ser más que una versión recalentada del viejo esquema reformista de programa mínimo y programa máximo. En la actualidad, la profunda crisis del capitalismo es la que moviliza a las masas, las que se ven sistemáticamente atacadas en sus condiciones de vida. Desde esa perspectiva todas las luchas son defensivas, o devienen en ello, la superación de esta idea está dada por el propio Programa de Transición: la lucha por la más elemental de los reclamos económicos o de orden democrático, debe ser planteado en términos de clase, como lucha por el poder. ¿Qué sentido tiene esta distinción entre defensivo y ofensivo?: nada más que dar fundamento “teórico” a su adaptación a la opinión pública burguesa y su democracia, esta lucha es defensiva, luego carecería de proyección política de clase.

 

3.- LA PROSTITUCIÓN DE LA TÁCTICA DE FRENTE ÚNICO ANTIIMPERIALISTA Y DE LA TAREA DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO:
            La táctica de Frente Único Antiimperialista, contenida en las “Tesis Generales sobre la cuestión de Oriente” de la III Internacional, junto con precisar la política marxista a desarrollarse por los revolucionarios en los países semicoloniales, de capitalismo atrasado, ha desempeñado un papel fundamental en la historia del trotskysmo mundial. En buena forma, la profunda penetración del trotskysmo boliviano en las masas altiplánicas, su estructuración como partido-programa se debe a la adecuada aplicación de esta táctica que le permitió –históricamente- al pequeño, joven e inculto proletariado boliviano, acaudillar a la nación oprimida y expresarse excepcionalmente, a través de su propio partido revolucionario: el POR.
            Podría decirse que luego de los acuerdos de Yalta y Postdam, que sellaron el curso de la revolución a escala mundial a mediados del pasado siglo XX, a partir de los acuerdos de “coexistencia pacífica” promovidos por la camarilla burocrática stalinista; en buena medida, la crisis de la IV Internacional, estuvo marcada por la incomprensión generalizada de esta táctica que habría permitido al trotskysmo –continuador de la política bolchevique de la Rusia del 17- ser LA dirección de las masas en el poderoso movimiento de liberación nacional, que se desplegó en todas las colonias en Asia, Africa y América Latina. El único caso en que esta generalidad no se aplicó fue en Bolivia, entre otros factores, por la razón ya anotada. Toneladas de materiales creados por los trotskystas bolivianos condensan esta experiencia y su estudio y asimilación crítica, es una tarea prioritaria en la reconstrucción de la IV Internacional.
            En definitiva, cuando hablamos del FUA, hablamos de una táctica fundamental para el desarrollo de la política revolucionaria en la Argentina. El proletariado argentino, minoritario, sólo podrá consumar su propia dictadura a condición de liderar al conjunto de la nación oprimida, de los explotados y oprimidos de la ciudad y el campo. Sin embargo, para desempeñar ese papel es imprescindible que este frente sea liderado políticamente por la clase obrera, por su partido revolucionario. De no ser así, invariablemente este frente se transformará tarde o temprano en un canal de expansión de la política burguesa, en un frente de colaboración de clases: en un Frente Popular. Por  eso señalamos enfáticamente que en el ímpetu frentista que convoca a las masas en el fragor de la lucha de clases se enfrentan dos concepciones antagónicas: la del frente popular de la burguesía y la del frente único antiimperialista del proletariado. Uno y otro frente pugnan por imponer a su clase respectiva como amo de la sociedad. El Frente Popular como vehículo y antesala de la contrarrevolución y el fascismo de la burguesía. El FUA, como instrumento de la clase obrera para hacer la revolución social, para expropiar a la burguesía e iniciar el combate por el desarrollo de la revolución en la arena internacional.
            En este sentido la aludida “Tesis de Oriente”, en su apartado VI, relativo al “Frente Antiimperialista Único”, indica que “El movimiento obrero de los países coloniales y semicoloniales debe, ante todo, conquistar una posición de factor revolucionario autónomo en el frente antiimperialista común. Sólo si se le reconoce esta importancia autónoma y si conserva  su plena independencia política, los acuerdos temporarios con la democracia burguesa son admisibles y hasta indispensables”.  Es claro que la definición del carácter del frente depende prioritariamente de la “autonomía” del proletariado, vale decir que su forjado tenga como viga maestra la estrategia de la revolución y dictadura proletarias. La estructuración de este FUA se da en el terreno de la lucha de clases, de la lucha de las masas, de su acción directa, es en este terreno únicamente donde el proletariado puede desarrollar una política frentista. En el terreno electoral, en el que el partido revolucionario interviene con la exclusiva finalidad de propagandizar el programa proletario, es imposible e inútil cualquier tipo de frente. Para hacer propaganda y agitar su programa, el proletariado debe expresarse a través de SU partido, de forma clara y unívoca, un frente en este terreno no sólo constituye un despropósito sino que históricamente fortalece el colaboracionismo de clases y la desfiguración del papel de liderazgo de la clase obrera.
            A pesar de alguna referencia general sobre el necesario liderazgo proletario para el forjado del FUA, al referirse sobre los hechos concretos de la lucha de clases que viabilizan y expresan esta política –las Asambleas Populares- el grupo de Gamboa vuelve a la carga, revelando una profunda incomprensión del papel de esta táctica. Así, expresan que “Las asambleas populares y su proyectada vinculación con los "piqueteros" como expresión del frente único antiimperialista confirman en la realidad misma la necesidad y corrección de los presupuestos teóricos de la táctica de FUA, respecto a lo indispensable de tal recurso para avanzar en la unidad de los explotados y de su vanguardia” (subrayado nuestro, RB).
            Vemos que esta aplicación “creativa” de la táctica de FUA, termina castrándola de su contenido de clase. No se busca por su intermedio servir de instrumento para que el proletariado encabece políticamente las luchas en curso de la nación oprimida. Con este FUA “sui géneris”, sólo  se aspira a la unidad de los explotados y su vanguardia, tarea que en todo caso no corresponde a ningún frente, sino que al partido revolucionario.
            El verdadero sentido de esta extraña criatura política está dada –una vez más- por lo expuesto en el volante del Megalema, totalmente ratificado por el Documento de Conferencia que criticamos. Ahí se explica con claridad en qué consiste la unidad que reclaman: “UNIDAD DE LOS QUE LUCHAN PARA POTENCIAR LAS INSTANCIAS DE PODER DE LOS DE ABAJO. // Esta necesidad OBLIGA a todas las fuerzas políticas que estuvimos en la calle el 20 de diciembre junto a las decenas de miles de luchadores espontáneos, a presentar un LEMA DE UNIDAD DE LOS TRABAJADORES Y DE LA IZQUIERDA en las próximas elecciones, dentro del cual los diferentes partidos y grupos puedan expresarse a través de diversos sublemas, bajo un programa común, revolucionario y antimperialista, que apunte a imponer un Gobierno Obrero y Campesino. // El MÉTODO para precisar el programa y las diferentes tareas de este LEMA DE UNIDAD REVOLUCIONARIA, es el de las ASAMBLEAS POPULARES, donde la propia democracia obrera someta a esta necesidad de los oprimidos las diferentes posturas y variantes. Será el mejor terreno para combatir el sectarismo y el personalismo, dando lugar, al mismo tiempo, a que puedan expresarse en diversos sublemas las diferentes variantes políticas de los luchadores” (sic).
            Lo reproducido, con escrupulosa rigurosidad a riesgo de sobreabundar, es la expresión de la “creatividad” de Gamboa y cía. en la aplicación de la táctica de FUA. De esta forma se bastardea el FUA, se le reemplaza por una simple maniobra electoral y en definitiva se le transforma en su opuesto, en un Frente Popular (FP).
            En primer lugar, estamos en presencia de un verdadero FP porque se trata de una alianza que se da en y para las elecciones burguesas, en su seno. Por ello expresa subordinación a la burguesía.        
En segundo lugar, a pesar de la perorata sobre que esta unidad (de sub lemas) se da bajo un programa que apunte a un Gobierno Obrero-Campesino, se pone a las claras que el programa se definirá en Asambleas Populares, lo que deja la estrategia proletaria en manos de una Asamblea que podrá resolver prácticamente cualquier cosa.
Se nos plantea que la estrategia y el programa del Frente no lo define el partido revolucionario, como expresión política de la clase obrera, sino que las Asambleas. Esto es un intelectualismo pequeñoburgués que no resiste mayor análisis, el programa del proletariado – a pesar de las ilusiones democratizantes de la clase media radicalizada- no será producto de acuerdos ni del libre juego democrático: es el resultado de la implacable lucha de la vanguardia organizada de la clase obrera estructurada como partido político. Lo que aquí se plantea es fetichismo asambleario, si así hubiesen actuado los bolcheviques jamás la clase obrera rusa habría llegado al poder. Los bolcheviques no lanzaron la consigna de “Todo el poder a los Soviets”, sino hasta cuando eran ellos mayoría en los mismos, es decir cuando los soviets eran auténticamente órganos de poder de la clase obrera.
Plantear esto es ignorar conceptos elementales del marxismo. La heterogeneidad política de la clase obrera y de las masas explotadas impide que las mismas se expresen por sí, como clase para sí, sino a través del partido revolucionario. Las tendencias que en las fases preliminares de la revolución se expresan mayoritariamente, son las de la pequeña burguesía radicalizada y de vestigios de liberalismo burgués, que expresan y mediatizan el avance político de las masas que abren su proceso de emancipación política de la burguesía. Si dejamos en manos de las Asambleas que defina en programa del proletariado, en la práctica dejaremos en manos de otras clases sociales el liderazgo político de las masas. Por la mecánica de la lucha de clases, si el liderazgo no lo ejerce el proletariado, este pasa a la clase antagónica, la burguesía expresada a través de sus múltiples formas políticas.
El democratismo “políticamente correcto” de Gamboa y cía, muta el contenido de la política de FUA y lo transforma en Frente Popular, su opuesto de clase. Del mismo modo, en realidad consecuencia de lo anterior, la tarea de la construcción del partido revolucionario aparece abandonada, negada. Es tarea del partido revolucionario agrupar a la vanguardia en torno a la estrategia del proletariado, dar cuerpo al Estado Mayor de la revolución, forjar en el combate el programa proletario, tomar el poder. Estas son las tareas que debe cumplir el partido revolucionario.
Nada de lo anterior se observa en las definiciones expresadas en el Documento de Conferencia que criticamos. Cuando se hace mención a las tareas del partido se alude a generalidades como “politizar”, “impulsar”, etc.. No hay una palabra para explicar de qué forma la estrategia del proletariado se impondrá en el movimiento, ni de qué forma deben actuar los revolucionarios en las Asambleas Populares para lograr este objetivo. Se trata de política de tobogán: la crisis evoluciona sin cortapisas y no se advierte un análisis serio –más allá de un par de alusiones sobre “zanahoria y garrote- sobre las tendencias que se enfrentan en la situación argentina actual: la de la revolución y la de la contrarrevolución.
El problema militar no es sólo una cuestión de autodefensa, como reiteradamente se afirma. La cuestión militar en esta situación es fundamental ya que la política a largo plazo de la burguesía obligadamente busca el aplastamiento físico, militar de las masas. El choque de revolución y contrarevolución resume toda la cuestión del poder y el programa obrero. Si peleamos por la revolución, debemos enfrentar a la contrarrevolución burguesa. Si seriamente peleamos por el poder estamos obligados a desarrollar una política insurreccionalista, debemos plantearnos el armamento de las masas y consecuencialmente la destrucción de las FFAA burguesas en términos leninistas.
Esto es parte del ABC del marxismo y debe ser además una obligada conclusión para quienes militamos con decenas de miles de ejecutados políticos y desaparecidos, a nuestras espaldas, hace un par de décadas. En los 70, el Cono Sur latinoamericano fue sumido por las dictaduras gorilas en el genocidio fascista. Muchos de nuestros compañeros son sobrevivientes de aquél período, no es un juego. Es una cuestión de vida o muerte para la revolución, nuestro homenaje  a  los caídos será el triunfo de la clase obrera, el aplastamiento de la burguesía, del imperialismo y la destrucción del Estado burgués. Esto no es algo menor y nosotros debemos ser los primeros en señalar el carácter de las fuerzas en pugna en la situación actual. Debemos actuar para que se imponga la clase obrera y la mayoría oprimida y explotada. Debemos actuar para que se imponga la Revolución y Dictadura Proletarias.
Todo esto nos obliga a forjar el partido. Un partido de cuadros, de combate, centralista-democrático, con capacidad para combinar trabajo público con trabajo clandestino. Un partido que se propone nada menos que tomar el poder, que expulsar a la burguesía y al imperialismo. Esta polémica es parte de esa lucha, con esta buscamos templar las filas del CERCI y de la sección argentina en particular, para que estemos a la altura de los enormes desafíos que enfrentamos.
Esta corriente que criticamos, el grupo de Gamboa, que atrevidamente usurpa nuestro nombre y habla a nombre del trotskysmo es ya un cadáver político que debemos sepultar. Que siga Gamboa y cía. alegremente hundiéndose en el democratismo, en el seguidismo a las modas de la pequeña burguesía. Este espectáculo circense se observa a menudo y de un modo lamentable, en innumerables capillas que agrupando en su seno a auténticos militantes de vocación revolucionaria, terminan en la capitulación a la burguesía. La falta de penetración en las masas, la extrema debilidad en el trabajo de elaboración programática y la adhesión superficial o formal a los principios del marx-leninismo-trotskysmo, se confabulan para hacer naufragar a los más audaces.
Se confirma que no hay atajos en el trabajo de los revolucionarios, el derrotero de los bolcheviques leninistas se nos presenta implacable: o nos fundimos de lleno en la lucha de las masas y las penetramos con nuestro programa o el movimiento de masas nos pasa por encima destruyéndonos como tendencia revolucionaria. La historia no da segundas oportunidades, de forma tal que abandonado el terreno de clase, estos grupos se transforman en irrecuperables para la revolución. Sólo una severa y profunda autocrítica permite recuperar a algunos de los militantes de estos grupos, el trabajo desmoralizador y de desarme político de la vanguardia que realizan estas capillas ocasiona una erosión incalculable en las filas revolucionarias. Este es un caso y repetimos, debemos sepultarlo construyendo el POR, la sección argentina de la IV Internacional, del CERCI.
Santiago, 09.02.02
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