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CONTRA LA CORRIENTE

VEINTE AÑOS: 11 DE SEPTIEMBRE DE 1973

Hace veinte años la clase obrera chilena tuvo en sus manos la posibilidad de destruir el orden burgués y de imponer su propio gobierno de Dictadura Proletaria. Sin embargo, mientras la clase obrera realizaba junto a las masas oprimidas y explotadas, las más heroicas luchas de su historia –consumadas mediante la acción directa en la toma de fundos, minas y fábricas, construyendo esos embriones de Poder Obrero que fueron los Cordones Industriales- un amplio frente contrarrevolucionario urdía una salida para salvar el orden capitalista cuestionado por la movilización de las masas.

            La elección de Allende y el ascenso de la Unidad Popular al Gobierno, fue el fruto de un complejo proceso de ascenso en las luchas del proletariado, en el cual la falta de un partido revolucionario determinó que estas movilizaciones fuesen controladas y llevadas a la vía muerta del parlamentarismo.

 

Más de treinta años de frentepopulismo

            La U.P. es expresión de la política general de Frente Popular con que el Partido Comunista y el Partido Socialista venían impulsando la colaboración de clases desde los años treinta. Esta política sirvió de soporte a los gobiernos de Frente Popular, en los cuales el campesinado se vio sistemáticamente reprimido y en el que los salarios del `40 al m`53, caen de 27% a un 21% de la Renta Nacional. Todo esto desembocó en la escalada represiva de González Videla –“Ley Maldita” de Defensa de la Democracia (contra el propio PC que hasta ese entonces formaba parte del Gobierno), los Campos de Concentración en Pisagua- que buscó desarticular a la vanguardia proletaria que comenzaba a agruparse y constituyó una ratificación más de los nefastos resultados de la política de Frente Popular, en una época en que aún estaban tibios los cadáveres de los cientos de miles de obreros españoles de vanguardia que cayeron aplastados por la reacción franquista en la Guerra Civil (36-39), y traicionados por el Frente Popular de Largo Caballero, propugnado por el stalinismo. La represión de González Videla constituyó además, un anticipo del baño de sangre que la propia clase obrera chilena habría sufrir casi un cuarto de siglo después con Pinochet.

 

Nace la Unidad Popular

 

En este contexto, la U.P., constituye una reformulación del Frente Popular, luego que esta alternativa fuera desahuciada por la facción burguesa terrateniente agrupada tras el Partido radical, que condujo la catastrófica  experiencia del Frente Popular de González Videla. La U.P. se articuló electoralmente en torno al eje de partidos obreros PC-PS, al cual se sumaban un conjunto de pequeños partidos burgueses –como el Partido Radical, API, MAPU y el PSD- que representaban –parafraseando a Trotsky al definir el Frente Popular español- así fuera la “sombra”, que la burguesía necesitaba para garantizar que la UP no saldría de los marcos de dominación burguesa.
            Esta política de colaboración de clases, se suelda con la burguesía desde el momento en que es elegido Allende. Así, la Unidad Popular suscribe a instancias de la Democracia Cristiana el “Estatuto de Garantías Constitucionales”, por el cual la Unidad Popular  se comprometía a mantener los marcos de dominación burguesa. En particular se compromete a mantener  inalterable la carrera militar y las instituciones castrenses y a reprimir con la ilegalidad a las milicias privadas, esto es, en la práctica, todo intento de los trabajadores de organizar milicias obreras. En este momento la burguesía veía con pavor que las ascendentes movilizaciones apuntaban a cuestionar su dominación, de ahí que se hiciera necesario formalizar un acuerdo de esta naturaleza con el nuevo gobierno.
            Para clarificar esta concepción traidora y reformista, dejemos hablar al propio Allende en su primer Mensaje al Congreso (1970): “ ... nuestro método revolucionario, el método pluralista, fue anticipado por los teóricos marxistas clásicos pero nunca ha sido puesto en práctica antes... los escépticos y profetas de la ruina dirán que esto no es posible. Dirán que un parlamento  que ha servido a las clases dirigentes con tanta eficacia no puede transformarse en el Parlamento del Pueblo chileno. Aún más han declarado enfáticamente que las FFAA y el cuerpo de Carabineros... no consentirían en garantizar la voluntad del pueblo si éste decidiera el establecimiento del Socialismo en nuestro país...” // “Ya que el Congreso Nacional está basado en el voto del pueblo, no existe nada en su naturaleza que impida que se transforme de hecho, en el Parlamento del Pueblo. Las FFAA y los Carabineros, fieles a su deber y a su tradición de no intervención en el proceso político, apoyarán a una organización que corresponde con la voluntad del pueblo...” // “Si no se desata la violencia contra el pueblo, seremos capaces de cambiar las estructuras básicas sobre las que descansa el sistema capitalista en una sociedad democrática, pluralista y libre y de hacer esto sin la innecesaria fuerza física, sin desorden en las instituciones, sin desorganizar la producción...”

 

La lucha anticapitalista de las masas chocó con el Programa de Colaboración de con la burguesía que planteaba la U.P.
            Desde un comienzo las masas demostraron que el entusiasmo que mostraron en la propia campaña electoral, se orientaba instintivamente contra el orden capitalista que Allende se proponía maquillar. Así por ejemplo, el programa contemplaba exclusivamente la “nacionalización” de 91 empresas monopólicas, sin embargo, antes de que asumiera el Gobierno de la UP los obreros ya habían ocupado por medio de la acción directa más de un centenar; en el agro los campesinos ya habían protagonizado  más de 300 ocupaciones de tierras. El empuje de las masas llegó hasta el seno de la tropa de las FFAA. No hace mucho el decrépito y alcoholizado Almte. Merino reconoció que junto a Viaux habían intentado un Golpe para impedir que asumiera Allende, sin embargo ello fue imposible ya que a lo largo de todo el país diversas guarniciones habían iniciado sus actividades, luego de conocerse el triunfo de la UP, gritando “Viva el compañero Allende”.

 

Allende combate al Poder Obrero

            El Programa de la UP planteaba un conjunto de medidas que se oponían a la formación del Poder Obrero y de la Revolución Proletaria. Esta política se desarrolló en tres áreas
·        en primer lugar, mediante un plan de nacionalizaciones, creación de una “área mixta” e intervenciones, de forma de impedir el Control Obrero de la producción y la expropiación de la burguesía;
·        en segundo, dotándose de una política de asimilación de los sindicatos al Estado (vía CUT) y de combate sistemático a toda expresión de doble poder, como fueron los Cordones Industriales, oponiéndoles además una reforma constitucional que reemplazara el Parlamento por una Asamblea Popular. Se trataba de –en el contexto de la polarización- hacer pervivir  las ilusiones de las masas en las tambaleantes instituciones democrático-burguesas. Se hablaba del “copamiento gradual del Estado”.
·        Finalmente, como ya se ratificara en la firma del “Estatuto de Garantías Constitucionales”, la UP exhibió en todo momento una oposición tenaz a la destrucción de las FFAA y al armamento del proletariado y a las milicias obreras. Por esta razón, en Octubre de 1972 se promulga la Ley de Control de Armas por la que se entrega directamente a las FFAA la desarticulación y desarme de los “grupos armados”, sin que Allende ejerciera su “constitucional” derecho a veto, con el silencio criminal de la totalidad de los partidos de la UP.

 

Las Nacionalizaciones y los “Interventores” se opusieron a la expropiación de la burguesía

            El empuje revolucionario del proletariado se vio entonces sistemáticamente coartado  por los estrechos marcos que le impusiera Allende. De esta forma mientras los obreros se tomaban las fábricas o los fundos, la UP se encargaba de nombrar “interventores” que representaban al Estado y que impedían –haciendo uso de un viejo aparataje jurídico heredado de los años treinta- que los trabajadores ejercieran de un modo directo el control obrero de la producción, con lo que en definitiva se mantuvieron estos medios de producción en manos del Estado burgués.

            El Programa de la Unidad Popular de 1970, repudiaba la expropiación de la burguesía en cuanto clase explotadora a manos del proletariado. Por esta razón reemplazaba esta tarea política central de la Revolución Proletaria, por un conjunto de “nacionalizaciones”, las que planteaba de esta forma:
            Las fuerzas populares unidas buscan como objeto central de su política reemplazar la actual estrucutura económica, terminando con el poder del capital monopolista nacional y extranjero del latifundio, para iniciar la construcción del socialismo...”// “El proceso de transformación de nuestra economía se inicia con una política destinada a configurar un área estatal dominante... Así quedarán, integrando este sector de actividades nacionalizadas las siguientes:
1.- La Gran Minería del Cobre, Salitre, Yodo, Hierro y Carbón Mineral.
2.- El sistema financiero del país, en especial la banca privada  y Seguros.
3.- El Comercio Exterior.
4.- Las grandes empresas y monopolios de distribución.
5.- Los monopolios industriales estratégicos.
6.- En general aquellas actividades que condicionen el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica; el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones; la producción, refinación y distribución de petróleo y sus derivados incluido el gas licuado; la siderurgia, el cemento, petroquímica y química pesada, la celulosa, el papel ”.
            Sin embargo este Programa no sobrepasaba los marcos del capitalismo, la UP se había visto obligada a levantar un conjunto de medidas que el propio movimiento obrero estaba imponiendo en la práctica, de ahí que el PC y el PS se apresuraran a levantar esta plataforma de manera de “encauzar” este movimiento dentro de los marcos del parlamentarismo. Si observamos la cita comentada, podemos ver que no se plantea la expropiación de la burguesía sino que muy por el contrario “reemplazar la actual estructura económica (obviamente por la vía electoral)...creando un área estatal dominante... e iniciar el camino al Socialismo”. No hay en este planteamiento –ni en todo el Programa- una sola palabra que explique cuál es el instrumento con que los trabajadores realizarán esta tarea. De hecho, las nacionalizaciones no cambian el carácter de clase del Estado, hasta hace muy poco, en Italia, gran parte de la industria estuvo y está concentrada en gigantescos trust del Estado, el IRI y el ENI, como herencia del fascismo pero esto no ha cambiado el carácter de clase del Estado italiano ni lo ha hecho menos imperialista.
            La UP había llegado a este planteamiento presionada por el poderoso impulso del movimiento obrero viéndose obligada a tomar algunas medidas para lograr el control de la situación (por ejemplo, no indemnizar a la Kennecot y Anaconda, dueñas de la Gran Minería del Cobre). Pero no dio ningún paso que le significara romper con la burguesía. Así lo entendieron los sectores más lúcidos de la burguesía (que ya habían impuesto el Estatuto de Garantías Democráticas), y la nacionalización de la Gran Minería – el “logro” de la UP- contó, de esta forma con el apoyo de todas las facciones burguesas representadas en el Parlamento. La Reforma Constitucional y Ley de Nacionalización, fue votada en forma UNÁNIME. La industria quedaría en gran parte intacta, el mismo Programa enfatiza que no se nacionalizarán más de 150 de las 30.500 empresas y que los dueños serán compensados. La Ley de Reforma Agraria, tampoco se plantea ir mucho más allá de Frei, no se tocarán los predios de menos de 80 hectáreas de regadío en el Centro y de menos de 800 en el Sur. Estas nacionalizaciones eran congruentes con una de las formas predominantes de acumulación de capital, que caracterizaron la “sustitución” de importaciones, de hecho en 1969 la inversión estatal había alcanzado a cerca de un 75% de la Inversión Geográfica Bruta del Capital Fijo.
            En general este Programa de nacionalizaciones se asentaba en una vieja utopía reaccionaria acuñada por el stalinismo y que sirve de base teórica al Frente Popular, esta es la idea de que existe un sector de la burguesía progresista, antioligárquica y antiimperialista: la divina burguesía industrial. Esta formulación ahistórica y anticientífica, pretende ignorar que nos encontramos en la fase decadente, monopólica e imperialista del sistema capitalista y que en nuestro país la burguesía se encuentra históricamente incapacitada de realizar ninguna tarea anitiimperialista, por cuanto su sojuzgamiento y asimilación política al imperialismo es absoluto.

 

 

 

1972: la UP pavimenta el camino a la reacción.
            En mayo del 72, en Concepción, se evidencia la quiebra irremediable  del frentepopulismo. La formación de la Asamblea Popular, el quiebre de la UP regional, las milicias obreras y estudiantiles que comienzan a disputarse a las incipientes bandas fascistas, expresan el abierto cuestionamiento de las masas a las instituciones democrático-burguesas, lo que pone en jaque el proyecto de Allende. En febrero ya Allende paga US$ 85 millones al control, financiero del FMI; en abril se compromete a indemnizar las nacionalizaciones, siendo alabado por el propio New York Times, esto desemboca en el Cónclave de Lo Curro, del cual se resolvió la línea política que conduciría al proletariado a su derrota final, los “dirigentes” acuerdan impedir la ruptura del Estado de Derecho, propiciar un entendimiento con la DC y orientarse hacia una estabilización económica.
            Se le entregó la iniciativa a la burguesía, lo que permitió a la DC y al PN salir de su desconcierto y dar cuerpo a la Confederación Democrática (CODE), aparecen en escena los rastreros pro-imperialistas de siempre: Alessandri, Jarpa, Frei y Aylwin, este último se transforma en el portavoz de los explotadores. La Derecha logró golpear y aprovechando el espacio cedido por la UP y agrupar tras de sí a los desclasados, a la pequeña burguesía acomodada, los profesionales, los comerciantes detallistas y fundamentalmente a los Camioneros protagonizando el llamado Paro Patronal en Octubre del 72. Para ello contó con fondos de la CIA y la ITT.
            Este hecho ocasiona un quiebre en la situación política, la cual pasa a tomar un carácter francamente revolucionario, con tendencias directas al enfrentamiento físico entre las masas y el régimen burgués, de tipo insurreccional. Se forman –en respuesta al golpismo- los Cordones Industriales, organismos semi-soviéticos, de carácter permanente que aunque regionales, expresaban organizativamente el doble poder y el Control Obrero de la producción. Contra toda la basura democratizante de la UP y el centrismo, la clase obrera logró en el desarrollo de su acción directa dar cuerpo a estos organismos que se planteaban oponerle a la contrarrevolución burguesa en marcha, la Revolución Obrera.
            En Octubre del 72 se delimitan con claridad los campos de clase: la respuesta de la UP se orienta a desarmar a la vanguardia proletaria, vía Ley de Control de Armas y entregando al control de las FFAA el país mediante Estado de Emergencia constitucional. Allende aspira a una tregua política con la CODE y conforma el Gabinete Cívico Militar. Incorporándose a los Comandantes en Jefe de las ramas de las FFAA a asumir cargos ministeriales, especialmente Interior a manos de Carlos Prats. En las altas esferas el frentepopulismo y la reacción burguesa se comienza a urdir una salida a la situación.
            Mientras Allende se ponía de rodillas ante la burguesía, reprimía con violencia la acción directa de las masas. Se combate a los Cordones Industriales acusándoles de hacer paralelismo a la CUT; un sector de la tropa de la Armada de Valparaíso que se preparaba para enfrentar una intentona golpista con las armas en la mano, es detenido por la oficialidad, torturados y encarcelados ante la mirada complaciente de la UP; los 13.000 mineros del Cobre de la mina El Teniente –declarados en Huelga exigiendo escala móvil de salarios- son violentamente reprimidos, la mina es ocupada por Carabineros y la UP la combate desembozadamente caracterizando esta huelga obrera como un instrumento de la Derecha.

 

Se impone la salida burguesa

            En la fase final, la política de la UP, inducida en buena medida por su ala drecha, el PC se reduce a “denunciar a los sediciosos”, a pedirle a las propias FFAA de la burguesía que desarmen al fascismo y a los golpistas. Esto equivalía  en esas circunstancias a maniatar a la clase obrera para que fuera masacrada. En lugar de orientarse a preparar la insurrección –con toda la influencia que tenían sobre los trabajadores-  se limitan a levantar los brazos y a gritar histéricamente: ¡No a la Guerra Civil!. Desde abril del 73, ante la arremetida feroz de Patria y Libertad, los recurrentes allanamientos a los sindicatos y Cordones por parte del Ejército, y ante la abierta conspiración del Congreso y la Corte Suprema, el PC comienza a plantear que el objetivo es ganar la mayoría electoral el 76. ¡Esta es la política con que los castrados stalinistas entregaron a la vanguardia proletaria a la contrarrevolucvión pinochetista!.
            Ese lejano martes 11 de Septiembre de 1973, la reacción se encontrará con un movimiento obrero desmoralizado, incapaz de ofrecer resistencia alguna al Golope Militar. Allende, quien había conducido al proletariado a la derrota, mientras los Hawker Hunter de la FACH bombardean no sólo La Moneda sino que las poblaciones y los Cordones Industrialñes, muere jurando lealtad a la Constitución y legalidad burguesas, cumple –por última vez- con el deber de decirles a los trabajdaores que confíen en la democracia burguesa y que esperen pasivamente en sus lugares de trabajo. A contar de ese día, se comenzaron a escribir las páginas más negras de la historia de la clase obrera chilena. Más de 30.000 luchadores –toda una generación- caen masacrados a manos de la contrarrevolución sumiendo al proletariado en la más profunda derrota de su historia. Ello no habría sido posible sin la política capituladora de la UP, su frentepopulismo, constituyó en ese momento el último resguardo del orden capitalista antes del Golpe Militar. La UP como expresión del colaboracionismo de clases del stalinismo y la socialdemocracia, impidió que se realizaran las tareas de liberación nacional y anticapitalistas que la clase obrera se encontraba llamada a realizar sobre las cenizas del capitalismo.
            Se pagó muy caro la ausencia de un partido revolucionario. Por fuera de la UP sólo se encontraba la histeria pequeñoburguesa del MIR, el cual apoyó críticamente al “Gobierno Popular” de Allende, negándose a desenmascararlo y combatirlo por ser un gobierno al servicio de la burguesía.

 

Recordar a los caídos construyendo la IV Internacional

            A veinte años del sangriento Golpe Militar del 11 de Septiembre de 1973, las circunstancias políticas que permitieron esta derrota para el proletariado, permanecen intactas. Sigue en desarrollo, por lo mismo, la crisis histórica de la clase obrera chilena consecuencia de la falta de un partido obrero revolucionario y cuartainternacionalista. Asimilar críticamente esta dolorosa experiencia, debe traducirse en la construcción del partido y de su Programa, en el cual la lucha contra la socialdemocracia, el stalinismo y el frentepopulismo, adquiere un lugar estratégico de primera magnitud .

 

Lucha Obrera Nº6, 8 de Septiembre de 1993, Valparaíso.

 

 

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