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CONTRA LA CORRIENTE

RESPUESTA AL BLOQUE PST, PRT Y CCPO (POLÉMICA AL INTERIOR DEL CIR)

Hemos recibido los Boletines Nº0 y Nº1 del Coordinador de la Izquierda Revolucionaria y estamos procesando el debate abierto, sin perjuicio de las cuestiones de fondo planteadas en la “Respuesta a los Compañeros del POR”, creemos que la discusión trabada aborda cuestiones fundamentales que la generalidad de la izquierda simplemente ignora. En este sentido nos parece que el esclarecimiento de estas cuestiones, en Chile en el año 2002, son muy importantes. La formación de este bloque PST, PRT y CCPO de amplias coincidencias sobre cuestiones tan trascendentales como la fórmula de Gobierno, los órganos de doble poder, el carácter de la revolución en nuestro país, hace manifiesto que estamos –qué duda cabe- en presencia de una discusión de importancia.
En un pasaje de vuestra respuesta se indica que nosotros daríamos a entender que quienes no sostengan la fórmula de Gobierno Obrero-Campesino, para Argentina, estarían en el campo de la contrarrevolución. Rechazamos ese aserto, no sólo porque de caracterizarlos así a Uds. nos ubicaríamos en el combate a este Coordinador y lo indicaríamos abiertamente, sin ningún tipo de ambigüedades; lo rechazamos, también, porque pretende ubicar este debate en el terreno del idealismo: para ser contrarrevolucionario es necesario jugar un papel en la lucha de clases, esta definición es objetiva y caracteriza al pasivo de la misma como un enemigo de clase. Este tipo de anatemas, tan irresponsablemente atribuidos a nuestra organización, no hacen sino enturbiar el debate y desenfocarlo de sus ejes fundamentales. Como método nos parece inapropiado atribuírsenos estas caracterizaciones que no nos son propias, y que sólo constituyen un pasaporte a la provocación.
Una cuestión distinta, es que en el interior de la vanguardia que se reclama de la revolución socialista, coexistan diversos grupos que busquen su estructuración como partido revolucionario. Formamos parte de esa vanguardia ustedes y nosotros. Lo que nos diferencia es que como POR buscamos esa estructuración partidaria en el marco de la reconstrucción de la IV Internacional, bajo la estrategia de la Revolución y Dictadura Proletarias, buscamos la construcción del partido-programa de la revolución obrera en Chile, como sección de la IV. En una palabra, como POR batallamos por la estructuración programática del partido revolucionario en el marx-leninismo trotskysta. Ustedes, como bloque, a partir de esas mismas definiciones se encuentran fuera del terreno del marxismo y afirman definiciones políticas extrañas al mismo, reveladoras de su incomprensión de las leyes que rigen el desenvolvimiento de la lucha de clases en nuestro país.
Esto forma parte de un balance general de la historia del trotskysmo chileno. La incapacidad del trotskysmo en Chile para elaborar el programa proletario, la teoría de la revolución chilena a partir de las particularidades nacionales, explica su falta de penetración en el movimiento obrero y marca negativamente la historia de nuestro proletariado. Nuestra clase obrera, consecuencia de esta debilidad del trotskysmo, ha sido envilecida políticamente por el stalinismo y la socialdemocracia en el electoralismo y el frentepopulismo, en la colaboración de clases. Es esta historia la que debemos comprender para transformarla en términos revolucionarios. Si estamos dando esta batalla política, con ustedes y con la vanguardia en general, es porque queremos agruparlos en torno a las concepciones estratégicas de la clase obrera, partiendo de la base de la realidad histórica, no de la luna ni del intelectualismo libresco.
Al revisar sus acuerdos políticos en respuesta a nuestra posición sobre la Declaración de Solidaridad con Argentina, pareciera que realmente ustedes estuviesen viviendo en otro país. Pareciera que ignoraran de lleno la experiencia hecha por las masas chilenas en los últimos cien años. Esa actitud, tan cara a la vanguardia de izquierda chilena en general, en ustedes que se reclaman ni más ni menos que TROTSKYSTAS es inadmisible e irresponsable. El debate implacable sobre estos problemas debe ser puesto al servicio del combate revolucionario, de la necesidad de penetrar en las masas, de llevar estos  problemas a círculos más amplios, a los obreros y explotados en general. Por eso, no es casual que estemos discutiendo en este marco, diríase de espaldas a los trabajadores. Es porque en nuestro país los revolucionarios no han sido capaces de penetrar en el seno de las masas, por esto es que el trotskysmo chileno el primero y más notable de América Latina, no pasó la prueba de fuego de la lucha de clases y fue aplastado por la misma.
Debemos repetir esto incansablemente, ponerlo con letras de molde: la estructuración del partido-programa del proletariado sólo podrá consumarse mediante la penetración en el seno de las masas explotadas y oprimidas. Para ello es imprescindible la construcción del programa proletario, la teoría de la revolución en Chile.
Compañeros del PST, PRT y el CCPO, no pueden dar vuelta la página e ignorar esta historia, queremos elevar el nivel de este debate y llevarlo al terreno programático, para ello ponemos en discusión nuestro Programa, votado en nuestro Congreso de 1998 y que se adjunta a esta nota. Este el Programa de nuestro Comité Constructor, es un intento –hasta donde conocemos único- de explicar las leyes que rigen el desenvolvimiento de la lucha de clases en Chile en la perspectiva de la estrategia de la Dictadura del Proletariado. El “Manifiesto por la Unidad de los Revolucionarios”, que les hemos remitido y que no han incorporado en los Boletines del Coordinador como solicitamos, es un intento de desarrollar este programa como parte del debate con la izquierda revolucionaria en nuestro país. Los emplazamos a abrir este debate, a romper los prejuicios y a discutir con la perspectiva de llegar a las masas con la política del proletariado, en la perspectiva del combate revolucionario.
Para demostrar las afirmaciones que hemos hecho, vale decir que ustedes plantean un debate fuera del marxismo y que ignoran –como toda la izquierda en general- la cuestión del Programa y de la estrategia proletarias, pasaremos revista a los puntos de polémica señalados por ustedes en el mismo orden y formato, de forma de facilitar su seguimiento y comprensión, del modo como sigue:

 

1.- CONTRAPUNTO UNO: Al impugnar nuestra crítica a la omisión del llamado a la lucha en contra de Lagos en el documento de Convocatoria, ustedes defienden esta omisión. Vale decir, no estamos en presencia de una simple silencio, sino que de una determinación política explícita. No creemos que ustedes sean defensores de Lagos, lo que sí es claro es que la lucha en contra del Gobierno de Lagos es algo menor a la hora de convocar. Ustedes prefieren el camino de establecer “un marco principista para el desarrollo del proceso de coordinación... de las diferentes organizaciones que se reclaman del socialismo revolucionario internacionalista”.
Lo que no logran demostrar es por qué algo tan simple como marcar una definición explícita de lucha en contra del Gobierno, podría constituir un obstáculo en la articulación de los grupos de supuestos revolucionarios. No se logra explicar por qué esta definición antigubernamental no tiene cabida en el sacrosanto “marco principista”. Atribuirnos –de nuevo mañosamente- la exigencia que se desarrolle “todo nuestro programa” en la convocatoria es una simple chambonada.
No pretendemos que la Convocatoria al Coordinador se haga sobre la base de nuestro Programa –bien que batallaremos porque el nuestro se imponga en la Conferencia-, simplemente señalamos que esta indicación, de convocar a la lucha en contra de Lagos, marca un hito delimitatorio de clase con todo tipo de secta diletante. Incluir el llamado a luchar en contra de Lagos (de su Gobierno burgués y proimperialista) no es un capricho, es fundamental si lo que queremos agrupar es a luchadores que se disponen saltar a la arena de la lucha de clases. Es vital en este momento en que Lagos simplemente no tiene oposición y nadie llama a luchar en contra de él.
Este tipo de “omisiones”, “para no asustar”, sólo logran confundir y han demostrado históricamente su fracaso. Si los revolucionarios buscamos el agrupamiento, éste debe forjarse en la búsqueda del encuentro con las masas; a estas masas no llegaremos con “marcos principistas” sino que con una clara identificación de cuáles son nuestros enemigos y cuáles nuestros objetivos revolucionarios.
Podemos obviar muchas cuestiones a la hora de convocar a otros grupos a la lucha, podemos no mencionar la Revolución Mundial, la IV, la Revolución Política, la situación en Palestina, etc.. Son innumerables las cuestiones que podrían no haber estado en esa Convocatoria, pero precisamente este problema no puede estar ausente.
Lagos encarna la política del imperialismo y la burguesía criolla; Lagos le ha declarado la guerra a los trabajadores, sus escribas día a día no hacen otra cosa que proseguir en esa línea fascistizante de aplastamiento de toda resistencia a los explotadores; Lagos está parado sobre los miles de ejecutados políticos del 73. Ustedes eso lo tienen más que claro, y lo tiene claro la militancia de izquierda en general, si alguien tiene dudas al respecto se puede ir al basurero, pero no tiene ningún espacio en el reagrupamiento de los revolucionarios. Este tipo de cuestiones no pueden estar sujetos a ningún tipo de discusión a riesgo de transformar nuestra Coordinadora en un centro de terapia grupal.
Plantear que en beneficio de un “marco principista”, de la “democracia obrera”, no se puede incorporar el llamado a la lucha en contra de Lagos constituye un despropósito. Repetimos, más que la omisión, lo que atacamos principalmente es la defensa que ustedes hacen de esa omisión en la que se hace evidente una inexplicable evasiva a el problema fundamental de la lucha de clases en nuestro país HOY.

 

2.- CONTRAPUNTO DOS: Ustedes dicen textualmente “No entendemos de dónde el planteo de Gobierno de trabajadores podría encubrir una fórmula frentepopulista”, nosotros, luego de leer la defensa que hacen de tal fórmula de Gobierno no podemos menos que creerles. Evidentemente no lo comprenden y transitan por el camino opuesto a su comprensión.
Como primera cuestión, es necesario dejar muy en claro que esta es una discusión entre revolucionarios, no entre filólogos. Ustedes dan a entender que se trata de un problema terminológico y que resuelven indicando que “trabajador” es sinónimo de “obrero”. Tampoco es un problema de caricaturas, de bototos, mamelucos o minifaldas. De lo que se trata, ni más ni menos es del tipo de Gobierno por el que se lucha, fórmula que políticamente encolumna las fuerzas motrices de la Revolución en Chile.
Esto es algo histórico de primera importancia. Cuando Lenin definió en su célebre “Tesis de Abril” su adhesión a la fórmula de Trotsky de “Dictadura del Proletariado” popularizada como Gobierno Obrero-Campesino y abandonó la centrista fórmula de “Dictadura revolucionaria democrática de Obreros y Campesinos”, no estaba optando simplemente por unas palabras menos. Detrás de esa expresión, que a ustedes podría parecer pedestre e insustancial, se encontraba toda una definición del papel del proletariado como caudillo del campesinado y el conjunto de las masas explotadas y oprimidas en la Rusia del 17.
En nuestro país el proletariado es una minoría, de tal forma que un Gobierno sólo de los trabajadores (que para ustedes es sinónimo de obrero) no duraría más que un par de días. El proletariado en un país de capitalismo atrasado, como Argentina o Chile, sólo podrá ejercer su propio Gobierno a condición de acaudillar a la nación oprimida en su conjunto. En nuestros países la Revolución no será solamente obrera, ni minoritaria, sino que estará protagonizada por toda la nación oprimida, es decir por la mayoría aplastante del país. Serán varias las clases sociales que realicen dicha revolución, a diferencia de lo que puede suceder en una metrópoli desarrollada. Tal revolución multitudinaria será posible únicamente si el proletariado (clase social que se define por su papel en el proceso productivo, de la cual se extrae plusvalía y que contribuye a la creación de mercancías y su distribución) actúa como dirección política, si es capaz de afirmarse como caudillo nacional y subordinar a la mayoría del país a su propia estrategia.
Vale decir, la definición que ustedes entregan, cualquiera que sea la interpretación que pretendan darle es incorrecta para el tipo de revolución que está planteada en nuestros países. Si con “trabajadores” pretenden significar “proletariado” es incorrecta, por cuanto la revolución en Chile, Argentina, Bolivia, Nicaragua o cualquier otra semi-colonia, no se sostendrá en un Gobierno “puramente” proletario, precisamente porque la Revolución en nuestros países será además de social, NACIONAL, vale decir realizará –en la dinámica permanentista- las tareas propias de las revoluciones demo-burguesas (Independencia nacional, revolución agraria, formación de mercado interno, etc.) y las propiamente socialistas. Si con “trabajadores” pretenden representar “asalariados” (incluyendo a la multitudianria masa que integra la moderna clase media de empleados de servicios y cuentapropistas), está doblemente errada por cuanto priva al proletariado de su papel de caudillo y la somete a la pequeña burguesía.
La dirección proletaria de la alianza de clases es esencial para el triunfo del proceso revolucionario, ella se impone porque esta clase social es la única revolucionaria, que no tiene nada que defender en la herencia del pasado ni en la sociedad presente, porque encarna las fuerzas productivas y a las tendencias comunistas que ya existen en el actual proceso social. Es la única clase que puede efectivamente emancipar a nuestros países de la opresión imperialista. Por eso planteamos que la Dictadura del Proletariado, se expresa como Gobierno Obrero-Campesino, en Argentina, o en Chile como Gobierno Obrero y de los Explotados de la ciudad y el campo, definiciones con las que caracterizamos este carácter de la revolución proletaria en nuestros países.
Para arribar a estas conclusiones, es preciso que ustedes abran los ojos a la realidad y dejen de repetir categorías y caracterizaciones europeas de un siglo atrás. Es necesario que –como marxistas que se reclaman- buceen en la realidad, en la lucha de clases y a partir de ahí esgriman sus caracterizaciones: científicamente. En este sentido, es necesario puntualizar un segundo motivo  según el cual la categoría de Gobierno de Trabajadores es incorrecta. Ustedes saben muy bien que el 11 de septiembre del 73 hubo un Golpe en Chile, evidentemente lo saben, sin embargo ignoran una cuestión esencial –entre otras- de este proceso: el Gobierno de Allende, de la UP se autodefinía como un Gobierno de los Trabajadores. Con la sangre de la aguerrida vanguardia obrera de los Cordones Industriales, se regó la caída de ese Gobierno que era un Frente Popular.
Las palabras en general, y en política especialmente, adquieren su sentido de la praxis histórica, no de los diccionarios ni de las Academias de la Lengua. Para nosotros, chilenos que militamos en el Chile del 2002 la expresión Gobierno de Trabajadores esta teñida de ese contenido, remite invariablemente al allendismo, demostración clara de ello es que la totalidad de la “izquierda” e inclusive el PC en algunos materiales, se reclaman de un Gobierno de Trabajadores. Los invitamos a estudiar los materiales del PC-AP, de algunas astillas del MIR, MAPU, etc., estos agrupamientos y tendencias correctamente se definen así, porque siguen defendiendo la concepción frentepopulista del allendismo, para ellos nuestro país transita por la etapa de la Revolución Popular y Antiimperialista. En Argentina los chinos del PCR (CCC) defienden esta misma definición; por otra parte la consigna de Gobierno de Trabajadores –no la caracterización etapista al menos formalmente-  es sostenida por la mayoría de las corrientes morenistas y por el altamirismo en la Argentina.
Es indudable que la categoría de Gobierno de Trabajadores, no sólo por la mecánica de clases de la revolución en Chile o Argentina, sino que por la propia experiencia chilena remite obligada e invariablemente al Frente Popular de la UP y Allende. Esa experiencia ha sido aplastada y sobre ello los revolucionarios tenemos el deber de ayudar a los explotados a superarla, precisamente objetando esa fórmula y oponiéndole la de Gobierno Obrero-Campesino que expresa una nueva alianza de clases con la perspectiva de la Dictadura del Proletariado. La confusión que ustedes evidencian queda resumida –para terminar- en la definición que ustedes dan de Frente Popular (parte final primer párrafo del “Segundo Punto”) “es una fórmula de Gobierno en la que coexisten sectores de representantes de los trabajadores con representantes de otras clases (pequeña burguesía o directamente burguesía)”.
De esta definición que ustedes entregan, que intencionadamente hemos reservado para el final, para favorecer la comprensión de su crítica, se desprende el nudo de confusiones que tienen sobre la materia, eso sí partiendo de la base de la sinonimia entre “trabajador” y “obrero”. En primer lugar el Frente Popular no alcanza a cubrir toda forma de Gobierno del proletariado con otras clases sociales. Ya hemos demostrado que tanto en la Rusia del 17, como en el Chile del 2002 y como en todo país de capitalismo atrasado en que la clase obrera es minoritaria, la Dictadura del Proletariado se expresa como un Gobierno de alianza del proletariado con otros sectores de la pequeña burguesía urbana o rural; esta alianza no es Frente Popular: es Dictadura Proletaria, en la cual la clase obrera ejerce un papel de liderazgo sobre el conjunto de la nación oprimida y arrastra a la mayoría nacional hacia sus objetivos estratégicos.
En segundo lugar, el Frente Popular no puede definirse como coexistencia entre clases sociales, ustedes señalan proletariado y burguesía. Esa coexistencia es imposible y arranca de las relaciones de producción capitalistas, los intereses del proletariado son incompatibles y excluyentes con los de la burguesía. En el Frente Popular la burguesía, así sea su fantasma como decía Trotsky caracterizando el Frente Popular español, somete al proletariado y a la pequeña burguesía; los dirigentes de los partidos obreros stalinistas, socialdemócratas o de cualquier otro pelaje, se SOMETEN a la burguesía para salvar al capitalismo en una extrema situación de crisis. Por eso el propio Trotsky caracterizaba al Frente Popular como antesala del fascismo. Por eso en la actual situación internacional, la política de Frente Popular adquiere para la burguesía una importancia de primer orden, el Foro de Sao Paulo es uno de los centros irradiadores de esa política actualizada a nuestros días. El supuesto teórico de esta formulación es que es posible que las masas satisfagan sus reivindicaciones bajo el capitalismo y el liderazgo “democrático” y “antineoliberal” de la burguesía progresista.
Hemos demostrado que la consigna de Gobierno de Trabajadores no se compadece con las características del proceso revolucionario en Chile y Argentina. Ello porque no expresa la mecánica de clases de la revolución y porque históricamente remite a una formulación de corte frentepopulista, que ustedes declaran no compartir. Esto no es de modo alguno una cuestión menor y creemos haber delimitado, al menos en líneas generales, el programa proletario de otras concepciones que le resultan extrañas.

 

3.- CONTRAPUNTO TRES: Ustedes defienden a consigna de “Asamblea Constituyente soberana de la clase trabajadora”, combinando problemas y categorías de un modo contradictorio al punto de indicar en una parte que la Asamblea Constituyente (AC) es esencial para el desarrollo de la lucha por las reivindicaciones democráticas; pero en otra parte afirman que “todo intento de plantear en una situación revolucionaria la consigna de AC como la esencial, es una traición directa a la política trotskysta que no tiene como objetivo hacer una revolución democrática, sino hacer una revolución que lleve a la clase obrera y a sus aliados, organizados revolucionariamente, al poder”.
Esta contradicción, evidente en el texto y no resuelta en términos dialécticos, descansa sobre un conjunto de apreciaciones erróneas sobre el carácter de las reivindicaciones democráticas en el proceso de revolucionario.
Efectivamente, en el marco de la descomposición y crisis capitalista, la lucha por los reclamos democráticos adquiere una importancia fenomenal. El proletariado tiene la obligación, no sólo en los países atrasados, de arrebatarle las banderas democráticas a la burguesía y pequeña burguesía liberales, para poner de manifiesto que sólo bajo el liderazgo obrero será posible dar satisfacción a estos reclamos. Esto es esencial en el desarrollo de toda política revolucionaria y en ese marco se observamos coincidencias con vuestros planteamientos.
Sin embargo hay tres cuestiones que sostienen en defensa de la AC, y que tienen que ver con la contradicción que hemos reseñado, que deben ser rechazadas. En primer lugar, ustedes dan a entender que se vive una etapa de “revoluciones de febrero”. Repetidamente indican que la lucha por los reclamos democráticos se sustenta en esta etapa; que las consignas democráticas no opacan a las de poder en “toda la etapa revolucionaria pre-febrero o post-febrero”; la importancia de las consignas contra los gobiernos autocráticos “antes de la revolución de febrero”. Vale decir esta categoría aparece ligada para ustedes a problemas trascendentales: la lucha democrática y contra los regímenes autocráticos.
En definitiva, esta categoría para ustedes resume todo el período histórico contemporáneo. Nos encontraríamos en la etapa de las Revoluciones de Febrero. Esto es una traducción de una antigua categoría del argentino Nahuel Moreno, el cual en su folleto “Las Revoluciones del Siglo XX” que acompaña su viraje a posturas en extremo socialdemócratas con la creación del MAS en Argentina, plantea que en la actualidad se vive la “era de la revolución inminente” y que los procesos revolucionarios en curso admitirían categorizarse como revoluciones democráticas (con varias sub-categorías según sus resultados) y socialistas. De esta forma se caracteriza la caída de la Dictadura Militar argentina, que da paso a las elecciones de 83 con Bignone a la cabeza, como una Revolución. Esta categoría es generada ex professo de forma de justificar la creación del gran partido de masas, el MAS, que en su declaración de principios se reclama de Mitterand, Felipe González y Allende. Conocemos el lamentable final de esta aventura, que entre otras cosas significó que el MAS en Chile terminara apoyando alegremente la transición pinochetista plegándose a la campaña de NO en el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988.
El proceso revolucionario actual, lo expresa el Programa de Transición de la IV, es de Revolución Socialista Mundial. Nuestros países atrasados han sido madurados “desde afuera” para la revolución socialista y es ese –y no otro- el carácter de la revolución a escala mundial y en nuestro país. Crear esta idea de “Revolución de Febrero”, “democrática”, no es otra cosa que crear, artificiosamente, remedos del etapismo stalinista. Se cae inavariablemente en eso, sino que se demuestre cuál es la base teórica de esta categoría sino la vieja idea de andar por la vida señalando las etapas que ha de seguir el proletariado en su revolución. No los acusamos por ello de “contrarrevolucionarios”, lo que buscamos con esta definición es forzar un debate en que la definición sobre estas cuestiones se esclarezca en términos marxistas.
Una segunda cuestión es sobre la falsa identidad que establecen entre AC y consignas democráticas. Tal identidad no existe, es más, la auténtica lucha por los reclamos democráticos –que estamos de acuerdo son una prioridad en este momento- pasa por sobre la AC, tanto en Chile como en Argentina. Esto no es algo de principios, es táctico,  no significa que haya perdido toda potencialidad revolucionaria, de hecho muy probablemente en los países islámicos la AC tenga vigencia en la actualidad. Pero otra cosa ocurre en nuestros países, para eso una vez más se debe analizar la historia y comprenderla, no repetir los análisis de Lenin: hacer nuestra su metodología marxista.
La Asamblea Constituyente fue planteada por Lenin, y sus fundamentos son brillantemente defendidos en su trabajo “El Izquierdismo enfermedad Infantil del Comunismo”, como una forma de potenciar el liderazgo obrero sobre las masas campesinas a partir de la nula experiencia en la democracia burguesa que existía en aquella época en Rusia. La Asamblea Constituyente se plantea como consigna para ayudar a las masas a romper sus ilusiones democráticas y emanciparlas del dominio político de la burguesía liberal, bajo cuyo sometimiento se encontraban los mencheviques. Muchas de las apreciaciones ustedes hacen sobre la Asamblea Constituyente son válidas como registro histórico pero no tienen validez en la actualidad, recuerdo un cda. del PRT sobre la necesidad de actualizar nuestros conceptos y no quedarnos anclados en el pasado, de lo importante que es emprender esa tarea. No entiendo cómo a partir de esos claros conceptos adhiere en la actualidad a fundamentaciones políticas que son verdaedras antiguallas.
Nuestro país y Argentina aún más, tiene en la actualidad –a diferencia de la Rusia del 17 sumida en zarismo- una experiencia de más de ¡150 años! en el parlamentarismo y electoralismo burgués. En Chile la primera Asamblea Constituyente data de 1811 y fue convocada por Carrera, hasta esta fecha se han convocado en nuestro país más de una decena de Constituyentes. En Argentina la cosa es igual, la última es de 1994, hace 8 años, es más tras los Andes la Asamblea Constituyente es un instrumento regular de la burguesía para dirimir sus crisis. Los efectos de las Constituyentes invariablemente son los de afirmar la autoridad burguesa legitimándola, acrecentar las ilusiones democráticas y doblegar el ímpetu combativo de las masas. Esto es realidad histórica, es la comprensión de los procesos que HOY se viven en nuestros países.
En Chile, también en Argentina pero en menor medida, son las poderosas ilusiones democráticas las que constituyen el principal bloqueo en la lucha de las masas. La lucha contra toda forma de electoralismo y legalismo, constituye luego de la profunda derrota histórica de 1973 en Chile, un deber elemental de todo revolucionario. La Asamblea Constituyente corre en sentido inverso, afirma precisamente las ilusiones en el orden burgués porque significa elecciones. Significa dar tregua, esperar que la legalidad otorgue las conquistas que se reclaman en las calles. En Argentina, hoy día, la Asamblea Constituyente es un instrumento en manos de la burguesía para derrotar el poderoso movimiento asambleario y piquetero, precisamente porque busca expropiarles la fabulosa conquista del 19-20 de Diciembre pasado.
Una última cosa, ustedes defienden la Asamblea Constituyente señalando que debe ponerse en perspectiva de la consigna de Gobierno que la contextualiza. Perfecto, muy bien, pero ocurre que la llamada consigna poder –como correctamente habría criticado el cro. de Clase contra Clase- no es tal. Plantear “Todo el poder a los piqueteros y a la clase trabajadora organizada” en la actualidad significa disolver la revolución argentina, ello por cuanto implicaría que la burocracia que usurpa la dirección de la Asamblea Nacional Piquetera y del movimiento asambleario en general asuma el Gobierno. Lenin no planteó “Todo el poder a los Soviets” sino hasta el momento en que los bolcheviques, es decir la clase obrera, lideraba estos órganos hasta entonces tendenciales de doble poder; el POR boliviano no planteó “Todo el poder a la COB” –como muchos revisionistas le reclaman- precisamente porque el partido (POR) no estaba maduro ni era capaz de asumir el liderazgo de ese movimiento.
La referida consigna de poder es expresiva de espontaneísmo, de la incomprensión del papel del partido revolucionario en el interior de los órganos de poder que crean las masas. La consigna que ustedes plantean , de materializarse, sería una catástrofe: la burocracia socialdemócrata del CTA entraría a la Casa Rosada con la misión de liquidar la revolución y consumar un Frente Popular, aspecto esencial en la política que desarrollan. Los invitamos, también, a revisar los materiales de la Asamblea Nacional Piquetera, a compenetrarse de la política policíaca que ha impuesto en esas Asambleas la burocracia, etc.. Una vez más camaradas, les planteamos la necesidad de contrastar los esquemas, los prejuicios, con la realidad.

 

4.- CONTRAPUNTO CUATRO: Más breves, porque muchos de los conceptos vertidos más arriba son también aplicables a esta polémica, tenemos que señalar respecto de nuestro supuesto “inmediatismo revolucionario”, nuestros tempestuosos ímpetus, nuestros deseos apasionados y otros piropos que nos brindan generosamente: por todos ellos ¡MUCHAS GRACIAS!.
No es necesario tanta puntualización sobre lo complejo que será el proceso revolucionario. Lo será aún mucho más que las dificultades que ustedes apuntan. En ningún momento hemos planteado que la clase obrera argentina vaya a tomar el poder en cosa de días, nada más ajeno a nuestros conceptos y caracterizaciones para ese país. Indudablemente, el proceso revolucionario abierto plantea un proceso de lucha de que enfrenta a la revolución y a la contrarrevolución. No hablamos de un juego, hablamos de una lucha sin cuartel que enfrenta a la minoritaria, decadente y parasitaria burguesía argentina, con la inmensa masa explotada que ha logrado tumbar tres Gobiernos en menos de un mes y que ahora va por Duhalde. 
Sin embargo esa inmensa y mayoritaria masa explotada, en al que emerge el proletariado como clase conductora, carece de una dirección política, de un partido revolucionario que exprese auténtiamente sus intereses de clase. Mientras esta dirección no madure y se enraíce en el seno de sus luchas, la clase obrera y los explotados argentinos en general no lograrán imoponerse. La sociedad argentina necesita un nuevo amo, por así decirlo, y ese amo, el proletariado, no ha madurado para tan altas funciones.
En este marco adquiere un carácter nodal la lucha por un Gobierno Obrero-Campesino, por la Dictadura del Proletariado, si el partido político del proletariado no lo declama abiertamente, es imposible que la vanguardia se agrupe en torno a esta estrategia arrastrando al grueso de las masas, insurreccionalmente. No se trata lanzar consignas sobre problemas menudos frente a impulso instintivo por acabar con burguesía y por tanto el imperialismo. El partido del proletariado debe ser capaz de expresar  políticamente el contenido del impulso instintivo comunista de las masas, los hechos demuestran que para las masas se va agotando el camino del electoralismo. Repetimos la gesta del 19-20 de Diciembre marca un hito extraordinario en la formación de la conciencia política de los explotados y corresponde al partido revolucionario darle expresión política.
El problema no es –como plantean ustedes- de si se tiene conciencia o no de lo largo y dificultoso de este proceso, que estará plagado de avances y retrocesos. La cuestión es torno a qué estrategia convoca el partido revolucionario a las masas, con qué política le disputa a la burguesía el poder. No será llamando a una Asamblea Constituyente, respecto de la cuál las masas argentinas no alimentan ni la más mínima expectativa, porque ya han vivido esa experiencia infinidad de veces; tampoco será llamando a que la burocracia de la CTA tome el poder. Mientras los órganos de poder no maduren como tales, como expresión de la clase obrera, el partido obrero debe desplegar todos sus esfuerzos por agrupar a la vanguardia en torno a su estrategia, interpretando el accionar de las masas, potenciando esa acción directa como lucha por el poder.
El “largo” proceso al que ustedes aluden que se resisten a caracterizar como “etapa” pero no atinan a darle otro nombre, de modo alguno impide caracterizar que la lucha HOY en la Argentina es por la Dictadura del Proletariado, porque ese es el carácter de su Revolución en el que las masas se expresarán insurreccionalmente, esto es con fusiles en las manos con milicias obreras, con la capacidad de fuego de la burguesía aniquilada. Este es el único camino que conduce a la revolución, la acción directa, la violencia revolucionaria, la lucha insurreccional que es el momento en que el programa proletario se expresa a través de la boca de los fusiles haciendo fuego contra la burguesía, el imperialismo y toda especie de menchevique colaboracionista. Esto divide aguas con cierto reformismo que diluye todo en acciones huelguísticas (como si esa fuera la máxima expresión de lucha de los explotados) y con el foquismo petardista de la pequeña burguesía, los cuartelazos a lo Chávez, etc..

 

5.- CONTRAPUNTO QUINTO: Aquí, definitivamente, entramos en otro terreno de discusión, ustedes rechazan el apoyo e impulso a los saqueos. Con esta postura se ponen frontalmente en contra de una de las tendencias más poderosas del movimiento argentino y que fue el que en definitiva hizo caer a De la Rúa. Esta línea, que reproduce milimétricamente la política de todo el arco político de la “izquierda” argentina, exuda legalismo y democratismo.
Ustedes rechazan impulsar los saqueos y potenciarlos como control obrero de los medios de distribución con un argumento vergonzante y formalista: “El control obrero de la producción y distribución se puede efectuar sólo a condición de que los trabajadores tomen el control de las fábricas y empresas, no impulsando el robo y el saqueo, ello sólo puede servir para justificar una mayor represión de las masas”.
En primer lugar tenemos que aclarar que jamás hemos planteado que los saqueos sean una forma de control obrero. Lo que hemos dicho es que son una creación de las masas, que expresa el instinto comunista de las masas, de ataque a la propiedad privada y que como criatura de la lucha de clases debe ser acogida por los revolucionarios y potenciada con una perspectiva de lucha por el poder político. Nada más, aplicación del ABC marxista. En ningún texto de los clásicos aparecen mencionados los Cordones Industriales, de hecho sólo tangencialmente ejercieron Control Obrero, sin embargo es deber del partido revolucionario reconocer esa creación de las masas, potenciarla e impulsarla como expresión de poder dual, de lucha por el poder. Por eso nos parece una pedantería sostener “nos parece un completo error, los saqueos aunque sean organizados, difícilmente al control obrero de la distribución de los bienes de consumo”. Con ese criterio ustedes no habrían apoyado a los Cordones Industriales, ni la Guerrilla en Cuba ni en Colombia, ni la Intifada, ni las talas ilegales (esto también es robo de madera) de los Mapuches de la Coordinadora Arauco-Malleco. Ninguna de estas creaciones de las masas se corresponde con ninguna figura específica de vuestro manual, efectivamente no aparecen mencionadas en el Programa de Transición, ni se avienen a categorías canonizadas por los clásicos. Así razona un monje, no un trotskysta.
Ustedes no pueden exigirles a las masas hambreadas y humilladas de las villas de los conurbanos de las principales ciudades argentinas, que tienen que esperar a que los obreros se tomen las fábricas para poder comer. Lo que impulsó los saqueos, compañeros, fue el hambre, el hambre de millones de cesantes en un país devastado por los grupos económicos, la banca y las transnacionales. Un país que según recientes informes exhibe un 47% de cesantía real. Pero para ustedes esas masas que llenaron las calles, que cortaron rutas, que arrastraron a la pituquería de la Capital Federal a salir con sus cacerolitas a la calle, esas masas para ustedes ROBAN, es decir son delincuentes. Esa definición no sólo no califica como marxista: ES POLICÍACA.
Los que roban en argentina son los bancos que se fundieron con US$60.000 millones, con la plata de los pequeños ahorristas. Los que han desmontado el aparato productivo del país, los que hacen negocio con el hambre, la desnutrición y la miseria. Ellos, los capitalistas son los delincuentes, ellos son los que han saqueado el país. Que ustedes nos digan de que las masas salieron a las calles a mediados de Diciembre en Argentina ni más ni menos que a delinquir es incomprensible, es cerrar los ojos a la realidad. Por lo demás en términos marxistas –lean las Tesis sobre Feuerbach de Marx- la delincuencia no es más que la más elemental y despolitizada expresión INDIVIDUAL de resistencia frente al capital. Qué clase de marxistas salen en defensa de la propiedad privada de los grandes propietarios de supermercados: ninguno, simplemente porque vuestra posición los coloca de lleno fuera del marxismo y de los intereses de los explotados.
En segundo lugar, ustedes impugnan los saqueos porque para materializarse el control es necesario que “previamente” los obreros ejerzan el control de fábricas y empresas. Vale decir ustedes rechazan que tendencialmente, los saqueos puedan apuntar al control obrero. Aquí, camaradas, nuevamente se cae en el formalismo, los procesos históricos jamás se guían por ningún libreto. Es responsabilidad de los revolucionarios interpretar a las masas, descubrir las profundas fuerzas sociales que se expresan a través de sus acciones, con la finalidad de fortalecer el predominio proletario en las mismas. En los últimos veinte años, a escala mundial pero también en Argentina y Chile, se ha vivido un proceso de vaciamiento de las organizaciones sindicales. Durante los 80 el proletariado combatió a la Dictadura de Pinochet no desde los sindicatos, lo hizo desde las poblaciones, desde donde se derrotó efectivamente a la dictadura (con las limitaciones que conocemos). Con esto queremos decir que el hecho de que los obreros no hayan ido con pendones y bombos del Sindicato a ocupar y expropiar (saquear) los supermercado, como clase estuvieron presentes en este movimiento. Estuvieron presente especialmente el proletariado cesante, desocupado. Los que no estuvieron presentes fueron los “izquierdistas”, los que prefirieron preocuparse por la legalidad del asunto.
6.- ÚLTIMO PUNTO A PROPÓSITO DE VUESTRA “DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS” A LA QUE SE SUMA EL POS: No nos queda claro qué carácter tiene esta “Declaración”, especialmente porque personalmente se me informó que la reunión del Sábado 2 de Marzo se suspendía por dificultades de varios asistentes. No obstante ello, las cuatro organizaciones firmantes tuvieron tiempo para reunirse y aprobar nada menos que una “Declaración de Principios”. Curioso. De todos modos entendemos que esta Declaración de Principios involucra a los firmantes y no pretende ser la Declaración del Coordinador. No podría ser de otra forma aún cuando no nos queda claro.
La totalidad de la teoría marxista, del programa proletario, puede resumirse en tres ideas muy básicas. Quienes no la comparten no tienen lugar dentro del marxismo, podrán corresponder a otras vertientes inclusive del socialismo utópico, pero no del marx-leninismo trotskysta. Éstas son 1.- Que la estrategia que encolumna las fuerzas motrices de la Revolución, como punto de arranque de la Revolución Socialista Mundial hacia el Comunismo, es la Dictadura del Proletariado (Gobierno de los órganos de poder de los explotados, en países atrasados Gobierno Obrero Campesinos); 2.- Que sólo mediante la violencia revolucionaria, la acción directa accederán los explotados al poder, cuestión que niega por principio la gradual, pacífica y “electoral” transformación del capitalismo en socialismo; 3.- Que los medios de producción deben ser expropiados a la burguesía y socializados bajo control obrero.
Ninguno de estos conceptos están presentes en vuestra “Declaración de Principios”, aunque se enuncian una serie de cuestiones con las que en general estamos de acuerdo. Por lo mismo creemos que esta Declaración debe ser complementada a partir de los puntos que enunciamos.
Con fraternales saludos revolucionarios

 

Raúl Bengolea, por el CC del POR (Chile)
14.03.02

 

 

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