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CONTRA LA CORRIENTE

¡¡LIBERTAD A LOS DIRIGENTES MAPUCHES ENCARCELADOS!!

                        El Gobierno, a través del Ministerio del Interior, ha presentado un requerimiento en contra de una docena de dirigentes de diversas comunidades mapuches. Este requerimiento tiene como fundamento la destrucción de varios camiones de una empresa maderera, los que operaban en la localidad de Lumaco. La empresa en cuestión, Forestal Mininco S.A., es propiedad del grupo Angelini, uno de los principales financistas de la DC, lo que significó la violenta arremetida del Gobierno en contra de las comunidades mapuches de la zona.
            Carabineros realizó golpizas masivas en contra de mujeres, niños y ancianos; se les destruyeron plantaciones y ganado. Todo esto en represalia por la quema de camiones que se atribuía a activistas mapuches.
            El gobierno pro-imperialista de Frei, sirviente de la opresión yankee y declarado enemigo de las masas explotadas de nuestro país, no hace con este acto criminal, otra cosa que escribir una página más en la larga historia de opresión del Estado burgués chileno sobre las nacionalidades aborígenes oprimidas. El Gobierno (y la derecha), se han limitado a continuar la opresión que la burguesía chilena ha ejercido sobre los indios. A su vez la burguesía criolla sólo ha seguido la senda colonialista del imperio español.
            Debemos recordar que desde los orígenes coloniales -hasta nuestros días- la existencia física de Chile se ha sustentado sobre la base del genocidio y expoliación de las nacionalidades aborígenes. Chile se expresa incluso geográficamente como la usurpación de los pueblos aborígenes.
            Del mismo modo, debe subrayarse la admirable resistencia indígena que tras cinco siglos sigue vigente. Con la ocupación de tierras, con los enfrentamientos a los desalojos, la oposición al desarrollo de proyectos como Ralco, podemos decir con orgullo que la Guerra de Arauco no ha terminado, y que el reclamo que ha salido de las gargantas mapuches desde hace siglos sigue vivo: AUTEDETERMINACIÓN, el soberano derecho de las nacionalidades aborígenes a autogobernarse y organizarse de conformidad a sus propios intereses, tradición y culturas. Es este reclamo, el que nuestra organización hace propio de un modo incondicional.
LA CUESTIÓN ABORÍGEN ¿UN PROBLEMA CULTURAL?.
            Desde luego este problema, al interior de la izquierda ha admitido diversas lecturas, pero en general la actitud ha sido la de guardar un silencio cómplice con la represión burguesa. En general, podemos decir que buena parte de la izquierda (aquella que gira en torno del stalinismo y la socialdemocracia), se ha limitado a repetir que se debe respetar la tradición y cultura aborígenes, que se les deben reconocer derechos en cuanto nación y que deben ser integrados a nuestra sociedad. Su argumentación descansa sobre la concepción sociológica de que los aborígenes son marginales, por lo que la respuesta a sus demandas pasa por el apoyo chileno en términos de su integración cultural.
            Si en lugar de revolucionarios fuésemos asistentes sociales, no podríamos sino estar de acuerdo con el planteamiento integracionista que sostienen la generalidad de los reformistas e indigenistas. Precisamente porque el integracionismo -cultural o no- es la política de la burguesía chilena.
            En nombre del integracionismo -luego de terminada la Guerra del Pacífico, en la que tan bien se sirvieron los intereses británicos- los gobiernos “liberales” de la época (Pérez, Pinto, Santa María, Balmaceda), encarnados en el siniestro Gral. Cornelio Saavedra llevaron adelante el genocidio más grande de nuestra historia. Durante la eufemísticamente llamada “Pacificación de la Araucanía”, el Estado chileno sostuvo una política de exterminio racial especialmente sobre los mapuches, que significó la muerte de cerca de un millón y medio de indios. El posterior poblamiento de la zona sur del país se hizo sobre la base de inmigrantes europeos principalmente alemanes y suizos (uno de cuyos descendientes es el propio Frei) y chilenos “blancos”.
            “Pacificación”, “integración”, “preservación de su cultura”, son los nombres que a través del tiempo ha ido tomando la opresión burguesa en contra de las nacionalidades aborígenes. Algunos sostienen, que el Estado chileno es multinacional (esto contraría incluso la propia Constitución que lo califica de unitario), con lo que pretende soslayarse que si bien hay diversas naciones bajo el Estado chileno hay una -la chilena- que oprime a las restantes, las aborígenes.
            La liberación de las nacionalidades aborígenes, no seguirá un camino distinto del de otras nacionalidades oprimidas en Europa, Asía o el lejano oriente. Kurdos, vascos, irlandeses, bosnios, chechenos, aymaras, tupiguaraníes, nacionalidades oprimidas todas, bajo condiciones históricas y latitudes diversas, desafían a sus opresores turcos, castellanos, británicos, serbios, rusos, bolivianos, paraguayos, con una misma aspiración: la autodeterminación política, su libertad como pueblo.
REVOLUCIÓN Y AUTODETERMINACIÓN
            Es patrimonio de las clases dominantes y explotadoras la opresión nacional. También lo fue de la burocracia stalinista, fue el propio Stalin quien sostuvo una política de “integración” forzada de múltiples nacionalidades a la Unión Soviética. Esta política incubó las actuales luchas independentistas que terminaron destruyendo el Estado Obrero, ya que a su cabeza se pusieron movimientos nacionalistas proclives a la restauración del capitalismo. La política del stalinismo, como también el de la burguesía, es la de la opresión nacional, la de la contrarrevolución.
            En contra de estas políticas hace casi ya un siglo, se planteó con entera claridad Lenin, quien en su obra “El derecho de las nacionalidades a la autodeterminación”, desarrolla el programa proletario en relación con las nacionalidades oprimidas en la etapa de descomposición capitalista, el imperialismo. Recomendamos su lectura a ciertos “leninistas” partidarios de la integración.
            Nuestra política, leninista, está claramente expuesta en nuestro Programa partidario. En él señalamos, al detallar las tareas de la Dictadura del Proletariado en Chile que “Nuestro gobierno revolucionario se hará cargo además, de las nacionalidades aborígenes oprimidas, confiriéndoles todo el apoyo político y económico a efecto se autodeterminen conforme a sus propias aspiraciones y se liberen de la opresión del sanguinario Estado burgués chileno, cuestión que comienza por la devolución de sus tierras, usurpadas por el colonialismo español”.
            La liberación mapuche y del conjunto de nuestras nacionalidades aborígenes sigue un camino opuesto al de la “integración”. Dentro de los marcos capitalistas, las nacionalidades aborígenes sólo encontrarán represión y miseria.
            La nación mapuche, en su existencia precolombina, era un pueblo-clase. De aquellos a los que Engels definió como de “Comunismo Primitivo”, sin clases sociales ni propiedad privada, con una estructura militar sustentada en el armamento general de la población y familiar del tipo matriarcal. Esta estructura permitió resistir exitosamente al Imperio Español por más de trescientos años.
            Esta formación social ha sido reducida a su más mínima expresión en las actuales “reservaciones indígenas” que son verdaderos campos de concentración. El capitalismo ha destruido estas sociedades no sólo militarmente; productivamente además socava sus bases, les priva de sus tierras (base de su economía agrícola) e “integra” a los mapuches como mano de obra explotada, como proletariado. Esta es otra forma de exterminio.
            De ahí que hay antagonismo entre autodeterminación y capitalismo. La liberación de las nacionalidades aborígenes supone la supresión del régimen burgués, por ello sólo el proletariado en el poder será capaz de liberarlas. Será necesario forjar -en la lucha- un verdadero frente antiimperialista, que comandado por el proletariado, arrastre al conjunto de las masas explotadas y oprimidas del campo y la ciudad (entre las que están las naciones oprimidas mapuche, pehuenche, huilliche, rapa-nui, aymara, etc.) en la perspectiva de la Revolución Proletaria.
            La Revolución dará a los pueblos aborígenes el derecho irrestricto a autodeterminarse, a autoorganizarse como Estado inclusive. La Revolución necesita liberar a los pueblos aborígenes, como parte de la tarea de liberar al conjunto de los explotados, en esta medida la lucha nacional acompañará a la lucha revolucionaria quitándole esta bandera de lucha a los nacionalistas e indigenistas burgueses que la utilizan para perpetuar la opresión capitalista.
            Hoy esto significa forjar un gran frente de solidaridad con los mapuches perseguidos en Lumaco, como paso para estructurar un frente común de lucha de obreros y naciones aborígenes oprimidas por el Estado burgués.  

 

Lucha Obrera 18, Febrero 1998

 

 

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